domingo, 30 de enero de 2022
Con 13 años, Don Romero me pega en el culo - Parte 1
Con 12 años mi niñera me pega en el culo - Parte 2
Con 12 años mi niñera me pega en el culo - Parte 1
Hola, me llamo Adrián, cuando tenía 12 años en 1996, durante unas convivencias con mi clase de 1⁰ ESO, al bañarme junto a mis compañeros, me empezó a llamar la atención los hermosos y carnosos culos que ellos tenían, mirándome el mío, descubrí que era igual de carnoso como el de los demás chicos.
Cuando regresé de los tres días de convivencias, con el colegio, yo me deleitaba mirándomelo en el espejo de mi habitación o del baño, también empecé a tener la fantasía de aparecer desnudo en una revista mostrando mis nalgas.
Un día mis padres tenían que salir y decidieron contratar a una niñera, yo le dije que a los 12 años, ya era grande, pero ellos insistieron, contratándola.
Eran las 8 de la tarde cuando llegó la niñera, la Señora Gutiérrez, una mujer corpulenta, mediana estatura y pelo negro.
Mis padres me la presentaron, entonces ella hizo una pregunta:
¿Si no se comporta bien, tengo permiso para disciplinarlo?
Mi mamá dijo: ¿en qué consiste la disciplina?, en darle unas buena azotaina en el culo respondió la niñera, mi madre sonrió y me preguntó a mí: ¿Qué quieres: azotes o un día sin salir, ni ver televisión?, yo pensé y opté por los azotes.
En verdad estaba sorprendido y caliente al mismo tiempo, era la oportunidad de no solo mostrar mis nalgas, sino de tener por primera vez un Una buena zurra
y yo ya pensaba en conseguirlo sin que la niñera se diera cuenta que fuese a propósito.
Mis padres se fueron y me dejaron a solas con la Sra. Gutiérrez. Yo ya tenía un plan en mente, como ella me había dicho que no comiera nada antes de la cena, yo fui a la cocina, me dirigí al frasco de galletitas que había en el armario, lo manoteé y lo deje caer, se escuchó un fuerte ruido y se hizo pedazos.
Ella llegó furiosa y dijo: No te dije que no podías comer antes de cena, ¿mira lo que hiciste?, tenía mucha hambre le respondí.
Ella me miro enfadada, me dijo que recogiera las galletitas y el frasco roto y lo pusiera en el cubo de la basura. Yo agarré la escoba y obedecí, entonces me dijo: ¿Ya sabes lo que te espera?, No, ¿Qué?, Una buena azotaina en el culo y con el culo al aire. ¿Qué? le respondí y me empecé a quejar, pero al final dije: bueno, está bien, acepto el castigo. (En realidad era lo que quería: obtener unos azotes y desnudar mi culo. Estaba Súper Excitado)
Ella entonces agarró una silla de la cocina, se sentó y me hizo señas de ir hacia dónde estaba ella, yo fui a su lado y me dijo: Bájate los pantalones (estaba vestido de con una camiseta azul y un pantalón corto blanco) , procedí a bajarme los pantalones hasta las rodillas, entonces me miró y dijo: los calzoncillos también; me bajé mis calzoncillos blancos y los junté con mis cortos, tapé mi tita (pene) con las manos, ella retiró mis manos diciéndome que me inclinara sobre sus rodillas, yo lo hice apoyando la manos en el piso , ella me levantó un poco la camiseta para dejar expuesto todo mi culo y me acomodó para una posición óptima. NO LO PODÍA CREER MIS DESEOS SE HACÍAN REALIDAD, MOSTRAR MI BLANCO Y CARNOSO CULO, CON EL ADICIONAL DE UNAS BUENAS NALGADAS QUE SEGURO ME DEJARÍAN EL CULO MUY... MUY ROJO.
Entonces empezó la paliza: SPANK... SPANK... SPANK... SPANK... Ella pegó primero en el medio del culo, luego alternado cada nalga, y centro de mi culo SPANK... SPANK... SPANK... AY... AY... AY... yo respondía.
Al principio pegó lentamente, luego cada vez más rápido, pero siempre muy fuerte. No dejó milímetro cuadrado de mi culo sin azotar. SPANK... SPANK... SPANK... AYYY... AYYYY... AYYYY..., yo gritaba de dolor pero al mismo tiempo me excitaba mucho... Luego de 10 minutos de duras e intensas nalgadas se detuvo, y me dijo que me le levantara, me levanté , me di vuelta, me miré el culo, estaba rojo brillante , puse mis manos en mis nalgas y empecé a dar saltitos tratando de aliviar el dolor.
Ella entonces dijo, Falta la segunda parte, tu falta fue demasiado grave. ¿Qué, más todavía? le respondí. Si, más, entonces me ordenó que me inclinase sobre la mesa de la cocina, obedecí exhibiendo mi culo al aire rojo fuego. Agarró una cuchara de madera grande que estaba colgando sobre el mueble de la cocina (pensar las veces que mi mamá la usó para cocinar y ahora aterrizaría con fuerza en mi pobre culo) y empezó a golpear mis doloridas nalgas SMACK... SMACK... SMACK... AAAAYYYYYYYYYYY... AAAAAAAYYYYYY... AAAAYYYYYYYY... ¡Como picaba la cuchara! ¡Dolía como el infierno!!! , después de 40 golpes en cada nalga, ella se acercó y toco mis nalgas ardientes... dijo que es suficiente, que me levante y vaya al rincón por 30 minutos, con las manos arriba de la cabeza y la nariz en la pared, lo hice, me puse en el rincón como ella ordenó, ella se acercó, levantó un poco la camiseta y la sujetó, para que exhibiera todo mi culo, al tiempo que me dio con la mano 10 azotes para terminar.
¡¡¡ MI SUEÑO SE HABÍA HECHO REALIDAD!!! ESTABA MOSTRANDO MI CULO DESNUDO, MUY... MUY...ROJO, DESPUÉS DE UN UNA ZURRA
, LA NIÑERA LO MIRABA. Después de los 30 minutos ella vino con una crema suavizante y la paso por todas mis nalgas ardientes al tiempo que mi tita se ponía tiesa AAAAHHHH!!! ¡¡¡Que Alivio y Que placer!!!! Ella pasó la crema dando masajes en mi culo por 1 o 2 minutos.
Me puse la ropa y cenamos, yo sentado sobre un almohadón, luego miramos tele. A la medianoche llegaron mis padres, la niñera le explicó el incidente a mi mamá, le dijo que me dio una azotaina y que podía ver si quisiera, yo me negué a mostrarle el culo a mi mamá, diciéndole que estaba bien, que me lo merecía, mi mamá estuvo de acuerdo. La señora Gutiérrez se fue, dejándole su tarjeta esperando volver. Yo saludé y me fui a mi habitación.
Cuando entré enbmi habitación me bajé los pantalones y calzoncillos, mirándome el culo (que estaba todavía muy rojo) en el espejo, me hice una súper paja recordando todo lo que había pasado, desde quedarme con el culo al aire, pasando por el spanking con la mano y con la cuchara hasta que me pasó la crema AAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!!!! QUE PLACER !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Al final tuve mi orgasmo seco, el mejor de toda mi corta vida.
Había tenido una experiencia inolvidable, gracias a la Señora Gutiérrez, una niñera que había conocido apenas unas horas atrás, que hizo que le mostrase el culo, dándome fuertes azotes con la mano y con la cuchara de madera, para finalizar pasándome crema en mis nalgas ardientes y desnudas. Todo eso en una sola noche. Desde esa noche, yo esperaba, que mis padres volvieran a salir de vuelta, para que la Señora Gutiérrez volviera y repetir esos momentos tan calientes y alucinantes.
sábado, 29 de enero de 2022
Adrián aún usa calzoncillos de niño pequeño
Durante años, tener el trasero al descubierto y recibir nalgadas en la rodilla fue prácticamente el castigo estándar para Adrián. Sin duda, se equilibró con castigos, acostarse temprano, pérdida de privilegios y otras medidas disciplinarias más políticamente correctas, pero nada tuvo un mayor impacto en él, tanto literal como figurativamente, que una azotaina con el culo al aire.
Por esta razón, siguió siendo el método de disciplina preferido por sus padres, independientemente de su edad. No es que fuera un chico particularmente malo. Por el contrario, en realidad se portaba bastante bien, quizás debido a la firme pero justa disciplina de sus padres.
Pero en ocasiones, como con la mayoría de los niños, superó los límites y sería responsable de sus acciones. La mayor parte del tiempo su comportamiento mostraba que a pesar de su avanzada edad, todavía era un niño muy travieso y parecía que solo un castigo apropiado para un niño travieso sería suficiente. Si bien Adrián quería argumentar que debería estar exento de los castigos infantiles, sus padres simplemente insistieron en que su comportamiento y no su edad cronológica dictarían cómo y cuándo sería castigado.
Fue una lección que aprendió muy bien en su fiesta de su 12⁰ cumpleaños. Sus padres habían accedido a invitar a algunos de sus amigos más cercanos a una pequeña fiesta. Adrián esperaba una fiesta más involucrada. Sintió que, dado que se estaba convirtiendo en un adolescente, su fiesta debería ser una verdadera explosión. Sus padres simplemente negaron con la cabeza cuando el pobre adolescente recién nombrado no pudo ver la ironía en él al anunciar que ahora era un adolescente y no debería ser tratado como un niño mientras al mismo tiempo se quejaba de que quería una fiesta más elaborada como cuando era un niño. Si fuera tan maduro como decía ser, habría apreciado más la reunión íntima con sus amigos que las fiestas exageradas con castillos hinchables que sus amigos tenían cuando estaban en primer grado. Un adolescente de verdad se habría sentido mortificado si sus padres sugirieran tal fiesta. Por supuesto, esa no era la clase de fiesta en la que Adrián estaba pensando, pero como la mayoría de los niños inmaduros, él realmente no sabía lo que quería y estaba pensando en una injusticia que simplemente no existía.
Con esta actitud gestando bajo la superficie, se sentó con 4 de sus amigos más cercanos en la terraza mientras abría los regalos que le habían traído. Toni, Marc, Iker y su mejor amigo Juan estaban reunidos a su alrededor mientras abría sus regalos uno por uno. Su madre estaba a un lado cortando su pastel de cumpleaños recién cantado. Toni, Marc e Iker tomaron el camino más fácil y simplemente le compraron tarjetas de regalo de Amazon. Juan era su mejor y más cercano amigo y queriendo mostrar algo de pensamiento en su regalo, en realidad había hablado con la madre de Adrián y recibió una sugerencia para un regalo que realmente quería.
Cuando Adrián abrió la caja, era un videojuego que él realmente pidió a principios de verano, pero a pesar de este hecho, estaba decepcionado con el regalo. En la tontería que es la mente de un niño pequeño inmaduro, Adrián había asumido que sus padres le habrían comprado ese juego para su cumpleaños y cuando vio que Juan se lo había regalado a él, en realidad sintió que le habían estafado un regalo de cumpleaños. El niño tonto había pensado que si Juan recibía un regalo que esperaba que sus padres recibieran, se quedaría corto en regalos de cumpleaños. Fue pensar así lo que demostró que, a pesar de sus afirmaciones en contrario, Adrián realmente era solo un niño pequeño e inmaduro por dentro.
A medida que Adrián internalizaba su decepción, se le hizo difícil ocultar su desdén y dejó el juego a un lado sin siquiera darle las gracias a Juan.
Juan, más astuto que Adrián, se dio cuenta de esto y simplemente salió y preguntó: ¿Hay algún problema con el juego? ¿No es ese el que querías?
Sí, es el que quería, está bien.
Adrián respondió con sarcasmo.
La sonrisa abandonó el rostro de Juan y se quedó abatido ante la clara decepción en la voz de Adrián. Después de todos los problemas por los que pasó Juan para conseguirle lo que quería, esperaba que él apreciara más su regalo. Juan estaba madurando mucho más rápido que Adrián, tanto física como emocionalmente. Juan había llegado a aprender la alegría de dar a alguien un regalo bien pensado y, de hecho, disfrutó dar más que recibir. Pero Juan, en muchos sentidos, todavía era solo un niño y se tomó un poco mal el aparente rechazo. En lugar de dejarlo pasar, empujó un poco el tema.
Si ese es el juego que querías, ¿por qué estás enfadado?
preguntó, sintiéndose un poco rechazado, con los ojos llorosos muy levemente.
Fue en este punto que Adrián mostró exactamente por qué todavía necesitaba que le bajaran los pantalones y los calzoncillos y que le azotaran su trasero travieso como si tuviera 5 años.
Recogió el juego y se lo arrojó a Juan gritando: Toma, te gusta tanto, juega.
La esquina del juego dio en el brazo de Juan y dejó escapar un leve aullido. No es que le doliera mucho, al menos no físicamente, pero sí que le pilló por sorpresa. Pero justo cuando Juan estaba a punto de ponerse de pie y gritarle al pequeño desagradecido, la madre de Adrián habló.
¡Adrián!, ¿Qué diablos te ha pasado?
Su madre estaba estupefacta y avergonzada por lo absolutamente infantil que se estaba comportando con su invitado. Se acercó a su hijo, lo agarró del brazo y lo levantó de la silla.
El corazón de Adrián ya comenzó a latir con fuerza en su pecho. Tenía muchas esperanzas de que ahora que era un adolescente sus días de azotes terminarían, pero la mirada en los ojos de su madre le dejó muy claro que estaba tristemente equivocado. Adrián había visto esa mirada muchas veces a lo largo de los años y sabía que le esperaba una zurra. Aún así, mantuvo la esperanza de que ahora que era un adolescente se libraría del castigo infantil.
Adrián entró en pánico cuando su madre lo agarró y lo levantó. Sintió que su estómago se revolvía profundamente dentro de él mientras su corazón saltaba hasta el fondo de su garganta. Rápidamente miró a sus amigos. Mientras que Iker, Toni y Marc tenían sonrisas en sus rostros, Juan tenía una mirada mortalmente seria en la suya.
El silencio de la madre de Adrián le decía mucho. Su madre trató de nunca azotar con ira y el hecho de que ella estaba trabajando duro para mantener la calma y el control realmente solo reafirmó que su trasero pronto pagaría el precio de su indiscreción infantil.
Adrián se resignó a que lo arrastraran a la casa y tal vez lo arrastraran hasta su habitación, donde su madre le desnudaría el trasero y le broncearía el trasero con su confiable cepillo de madera, como solía hacer cuando él se portaba mal. Estaba agradecido de que su habitación daba al frente de la casa y no a la parte trasera donde estaba la terraza. Con el aire acondicionado encendido en la casa y todas las ventanas cerradas, tal vez sus amigos no serían capaces de averiguar qué sucedió realmente cuando lo arrastraron adentro.
Pero cualquier esperanza de que los azotes de Adrián pasaran desapercibidos por sus amigos se hizo añicos cuando su madre agarró los pantalones cortos elásticos que llevaba puestos y se los bajó hasta que le cayeron hasta los tobillos.
¡NO! Mami, por favor no me pegues aquí delante de mis amigos.
Lloró, las lágrimas ya comenzaban a formarse en sus ojos ante la repentina e inesperada exposición de sus ajustados calzoncillos blancos.
El pánico se apoderó de Adrián y se sintió abrumado por la vergüenza insoportable que ahora estaba sufriendo. Allí estaba él, con 12 años y hace solo unos momentos, 4 de sus amigos más cercanos le cantaban el cumpleaños feliz .
Ahora estaba parado allí, su madre agarrando con fuerza su brazo mientras sus pantalones cortos estaban en sus tobillos y sus calzoncillos ajustados a la vista de sus amigos.
Sus amigos, incluso Juan, no pudieron evitar reírse en voz baja en el sitio del pobre Adrián parado allí con aspecto de niño de 5 años con sus calzoncillos infantiles a la vista. Ninguno de ellos habría sido atrapado en calzoncillos ajustados y cada uno de ellos llevaba calzoncillos o calzoncillos bóxer. Si bien ninguno de ellos realmente lo pensó dos veces antes, de repente, los 4 de forma independiente comenzaron a darse cuenta de lo mucho más joven que se veía Adrián del resto de ellos. Él parado allí en ropa interior, su mamá llevándolo hacia un banco cercano, realmente hizo que el niño pareciera mucho más joven que sus 12 años.
Juan especialmente comenzó a notar que Adrián se parecía mucho más a su bebé de 8 años y menos a un adolescente como él. Adrián era prácticamente del mismo tamaño que su hermano pequeño y tenía la misma mirada de niño pequeño en su rostro. Juan no pudo evitar mirar el bulto prácticamente inexistente en la parte delantera de los calzoncillos de Adrián. Juan se había vuelto muy consciente de cómo se estaban desarrollando sus propios genitales y el pene cada vez más largo que tenía ahora.
Como la mayoría de los niños de su edad, Juan solía explorar sus genitales en la privacidad de su cama justo antes de quedarse dormido. Le gustaba pasar los dedos por su pequeño pene y estaba fascinado con el calor que irradiaba su ya impresionante erección de 5 pulgadas. A menudo lo envolvía con la mano para calentar sus dedos helados, lo que envió un escalofrío arriba y abajo de su cuerpo. Por supuesto, su exploración pronto lo llevó a tener un orgasmo y eso también se convirtió en una sensación que no pudo evitar querer explorar más. Acababa de asumir que todos sus otros amigos se veían iguales allí abajo, pero ahora mirar la falta de bulto de Adrián lo hizo dudar. Su hermano pequeño tenía un bulto más grande en sus calzoncillos que Adrián parecía estar haciendo en sus calzoncillos ajustados. Era una imagen que solidificó la idea de que Adrián se parecía más a un niño pequeño y menos a un adolescente. Su hermano pequeño tenía un bulto más grande en sus calzoncillos que David parecía estar haciendo en sus calzoncillos ajustados.
Mientras Juan observaba la escena que se desarrollaba ante él, los sentimientos melancólicos que estaba experimentando por el hecho de que Adrián rechazara su regalo pronto fueron reemplazados por un placer culpable al ver que Adrián recibía su merecido. Adrián estaba actuando como un niño mimado y Juan estaba ciertamente feliz de ver que le bajaban los pantalones y aún más feliz de ver que, como el niño pequeño que era, Adrián todavía usaba calzoncillos blancos de niño. Diablos, incluso el hermano de 8 años de Juan se graduó en calzoncillos hace años, queriendo parecerse más a su hermano mayor. Pero el pobre Adrián estaba atrapado en calzoncillos ajustados y ahora todos sus amigos lo sabían. Mientras Juan continuaba mirando al niño de aspecto patético que su mamá arrastraba, sintió que su pene se agitaba en sus calzoncillos. Pronto creció a su longitud completa de 5 pulgadas y estaba empujando la parte delantera de sus pantalones cortos.
Adrián, por otro lado, estaba mortificado. ¿Cómo podía su madre bajarle los pantalones delante de sus amigos de esa manera? Ahora todos sabían que todavía estaba obligado a usar ropa interior ajustada como un niño pequeño. Le había rogado y suplicado a su madre que le comprara unos calzoncillos tipo bóxer como los que usaban todos sus amigos y todo lo que ella decía era, ya veremos. Cada día que tenía que ponerse los calzoncillos vivía con el temor de que se descubriera su vergonzoso secreto. Siempre tuvo mucho cuidado de asegurarse de que la cintura de sus calzoncillos nunca se mostrara por encima de sus pantalones. Con frecuencia veía calzoncillos bóxer en sus amigos y compañeros de clase, lo que servía como un recordatorio constante de que él y solo él usaban calzoncillos ajustados entre sus compañeros. Ahora, ese secreto estaba fuera y en plena exhibición para que 4 de sus mejores amigos lo vieran.
Su situación no terminó con la exposición de sus calzoncillos a sus amigos, eso por sí solo ya habría sido suficientemente malo, pero el hecho de que su madre los expusiera al bajarle los pantalones en preparación para una azotaina lo empeoró mucho más. ¿Cómo podría volver a mirar a sus amigos a los ojos sabiendo lo que estaban a punto de presenciar? A medida que los pensamientos fluían por su cabeza, realmente comenzó a entrar en pánico cuando se dio cuenta rápidamente de que su madre casi siempre lo golpeaba en el trasero desnudo. Al darse cuenta de que sus calzoncillos también estaban en peligro de ser bajados, Adrián comenzó a temblar y temblar con ansiosa anticipación de que su exposición a sus amigos aún no estaba completa. A pesar de lo vergonzoso que era ser visto con sus calzoncillos ajustados, de repente significaban todo en el mundo para él, ya que eran lo único que impedía su exposición total.
Aún así, lloró, mami, lo siento. Por favor, no me azotes
, mientras sus ojos se humedecían por la vergüenza y la vergüenza que estaba sufriendo. ¿No podemos al menos entrar? Por favor, no me azotes aquí delante de todo el mundo.
Pero sus súplicas no parecieron tener impacto en la determinación de su madre de hacer justicia rápida y firme a su pequeño travieso. Él la había avergonzado por su comportamiento y ella no sintió la necesidad de evitarle una vergüenza a cambio. Su amigo había sido testigo de su mal comportamiento, por lo que también deberían ser testigos de su castigo.
Sabía que no debía resistirse activamente a su madre. Todavía era mucho más fuerte y más grande que él y luchar contra ella habría sido un gran error. Pero estaba paralizado por el miedo y la vergüenza y estaba rígido e inmóvil mientras trataba de escapar de la realidad de que le bajaran los pantalones de esa manera frente a sus amigos. A pesar de su resistencia pasiva, su madre no tuvo problemas para arrastrar al niño pequeño desde donde estaba hasta un banco en la terraza donde ella se sentó.
Adrián se sintió tan impotente y vulnerable cuando su madre lo llevó al banco. En algún momento de ese proceso, los pantalones cortos se le salieron de las piernas, de modo que sus ajustados calzoncillos blancos eran la única prenda que tenía puesta de cintura para abajo. A pesar de que era un cálido día de verano, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y se estremeció un poco cuando la cálida brisa de verano sopló sobre sus piernas ahora completamente desnudas. Podía oír los latidos de su corazón en sus oídos y temblaba incontrolablemente, pero estaba tan abrumado por las emociones que era difícil procesar cuán completamente humillado estaba realmente el niño.
Mientras todo sucedía tan rápido, aún logró mirar a sus amigos mientras observaban la escena que se desarrollaba rápidamente ante ellos. Uno por uno, sus ojos llorosos se encontraron con los de ellos, cada uno con su propia expresión, pero todos con la misma alegría silenciosa al ver cómo arrastraban al niño malcriado hacia el banco.
Adrián se volvió una vez más hacia su madre, con los ojos húmedos por las lágrimas que ya corrían por sus mejillas y cerró los ojos con fuerza esperando que le bajaran los calzoncillos en cualquier momento. De repente, sintió que su cuerpo caía por los aires mientras lo subían al regazo de su madre. Sintió que su camiseta se levantaba ligeramente cuando su madre colocó su brazo sobre su cintura para estabilizarlo para la inminente nalgada. Antes de que pudiera siquiera registrar lo que estaba sucediendo, sintió el fuerte golpe en su trasero cuando su madre pasó su mano por la parte trasera de su ropa interior.
Sucedió tan rápido que Adrián gritó sorprendido: ¡AY! Mami, no, por favor, no me pegues.
Al principio, se sintió mortificado por la realidad de recibir una azotaina por encima de la rodilla frente a sus amigos, pero se sintió aliviado de que sus calzoncillos, por vergonzosos que fueran, permanecieran en su lugar. También se alegró de que su madre no recuperara el cepillo de madera para el cabello que era su herramienta favorita para azotar. Su ligero alivio duró poco cuando su madre una vez más bajó la mano sobre la parte inferior de su ropa interior.
¡AY! Mami, por favor,
gritó al darse cuenta de que, si bien sus calzoncillos podrían haberlo evitado la indignidad de tener su trasero al descubierto, hizo poco para protegerlo de la mano firme de su madre. Y si bien su mano puede no haber tenido el mismo ardor que el cepillo para el cabello, todavía causó una impresión suficiente en su tierna y pequeña parte trasera como para hacerlo llorar.
¡AZOTE!, ¡ AY! ¡MAMI! NO, por favor no me pegues.
, se lamentó cuando comenzó a llorar incontrolablemente ahora.
Con cada golpe en su trasero, las lágrimas y el llanto se intensificaban y sus súplicas incontrolables solo aseguraban a su madre que sus azotes estaban teniendo el efecto deseado.
Mientras continuaban las bofetadas, Adrián se retorcía y se movía en el regazo de su madre. Su madre nunca esperó que se quedara quieto o estoico para una azotaina. De hecho, si Adrián se hubiera acostado sobre su regazo y hubiera recibido cada azote sin siquiera un gemido, habría sentido que los azotes estaban perdiendo su eficacia. El hecho de que tuviera que volver a colocar al niño que luchaba en su regazo le aseguró que estaba transmitiendo su mensaje.
¡Azote!, ¡ Ay, mami, no!
¡Azote!, ¡ Por favor mami, lo siento!
¡Azote!, ¡ No me pegues más!
Pronto estaba llorando como un bebé y no se podía discernir nada de sus súplicas. Sus súplicas coherentes pronto fueron reemplazadas por llantos y sollozos discordantes mientras los azotes lo reducían a un niño pequeño contrito y arrepentido.
Juan se sentó, a meros pies de distancia, y se encontró hipnotizado al ver el breve trasero cubierto de Adrián mientras se meneaba y forcejeaba sobre el regazo de su madre. La camiseta de Adrián ahora estaba levantada hasta los hombros. El ligero bronceado de la piel de Adrián después de un verano de pasar el rato en la piscina hizo que los calzoncillos blancos brillantes se destacaran aún más. A pesar del ligero sentimiento de culpa por ser el catalizador de los azotes de Adrián, Juan disfrutó mucho al ver a su amigo reducido a un niño llorón.
Hacía que Juan se sintiera mucho más masculino y superior y le gustaba la sensación. Una sensación que estaba teniendo un tremendo impacto en la dura erección que ocultaba en sus pantalones cortos.
Juan observó con fascinación cómo el culito de Adrián se retorcía en el regazo de su madre. Miraba fijamente mientras él tensaba su trasero anticipándose al siguiente azote, un movimiento que hacía que sus calzoncillos se apretaran contra su trasero y hacía claramente visible la forma de sus glúteos redondeados. Juan imaginó cómo se vería su trasero sin la mínima proyección de sus apretados calzoncillos y se encontró comenzando a respirar más pesado y más rápido con los pensamientos.
Mientras Juan observaba cada azote golpear el trasero de su pobre amigo, con cada grito y cada llanto, Juan sintió un hormigueo en su pene.
¡Azote!, ¡ AY, NO!
Adrián lloraba entre sollozos mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas y caían suavemente sobre la cubierta de abajo.
Cuando Adrián se redujo a un niño pequeño que sollozaba y lloraba, se había olvidado del hecho de que sus amigos estaban allí presenciando todo y, en cambio, solo se estaba concentrando en la sensación de escozor en su trasero. Era como casi todos los otros azotes que había recibido antes. Al principio, parecía que nunca terminaría, pero finalmente se detuvieron. Por lo general, le tomó unos minutos darse cuenta de que los azotes se habían detenido, ya que al final estaría llorando incontrolablemente. Con 12 años de experiencia azotando a su travieso hijito, su madre sabía exactamente cuánto tiempo y con qué fuerza debía azotarlo para conseguir el efecto deseado sin que se volviera excesivo. Se había llegado a ese momento y sostuvo a su hijo sobre su regazo mientras el niño seguía llorando durante unos minutos.
Juan seguía mirando la parte inferior cubierta de los calzoncillos de su amigo, concentrándose en la parte superior de sus piernas donde se encontraban con sus calzoncillos. Juan podía ver la ligera curva de las mejillas de Adrián sobresaliendo por debajo de sus calzoncillos y el enrojecimiento de su trasero allí como evidencia de cuán efectiva había sido la azotaina. Sería un espectáculo que Juan recordaría durante mucho tiempo.
Juan miró a los otros chicos y notó que sus sonrisas y risitas habían sido reemplazadas por un silencio avergonzado. Seguro que todos secretamente disfrutaron ver los pantalones de Adrián bajados y su pequeño trasero travieso recibiendo el castigo que tanto merecía, pero aun así, estaban avergonzados por su amigo. Después de todo, este todavía era su cumpleaños y todavía había un pastel y un helado sin comer. No había duda de que presenciar la azotaina, sin importar cuánto lo hayan disfrutado en secreto, arruinó seriamente la fiesta. De repente, Juan se sintió culpable por disfrutar los azotes de Adrián y su erección disminuyó rápidamente cuando la culpa se apoderó de él.
La madre de Adrián levantó al niño de su regazo. A estas alturas, su llanto había disminuido de un llanto incontrolable a un sollozo silencioso, pero todavía estaba bastante molesto. Se quedó allí secándose las lágrimas de los ojos, momentáneamente ajeno al hecho de que estaba parado allí con su trasero cubierto a la vista. Sus pantalones cortos todavía estaban tirados en el suelo donde se le habían resbalado mientras lo arrastraban hacia el banco.
Mientras Juan observaba a Adrián parado allí limpiándose las lágrimas y tratando de recuperar la compostura, comenzó a darse cuenta de lo débil, pequeño y vulnerable que se veía su joven amigo. Si bien Juan era solo unos meses mayor, de repente se encontró mirando a Adrián de la misma manera que miraba a su hermano menor. Se preocupaba por Adrián, se preocupaba mucho por él. Estaba empezando a sentir lástima por él y por lo indefenso e inocente que se veía en esos calzoncillos ajustados, ahora apretados en su raja inferior dejando poco a la imaginación. La vista de un Adrián pequeño y derrotado hizo que Juan quisiera caminar hacia él y abrazarlo y sin pensar que eso era exactamente lo que comenzó a hacer.
Cuando la madre de Adrian vio que Juan se acercaba, le dio un codazo a Adrián para que se disculpara con Juan por arrojarle la caja. Juan se paró frente a su amigo y se dio cuenta de cuánto más alto que él era. Miró al niño que estaba de pie frente a él en sus diminutos calzoncillos.
Lo siento, Juan. Gracias por el regalo.
Oyó que le decía el chico entre sollozos reprimidos.
Escuchar el remordimiento genuino de su amigo y la voz mansa y contrita hizo que el pulso de Juan se acelerara. Extendió la mano y colocó sus brazos alrededor del niño más pequeño y lo abrazó. Adrián apoyó la cabeza en el hombro de Juan y dejó escapar algunos sollozos más y lloró un poco al sentir el calor del cuerpo de su mejor amigo. Instintivamente, Adrián colocó sus brazos alrededor de Juan y lo abrazó con fuerza mientras su llanto comenzaba de nuevo al revivir la mala forma en que trataba a su mejor amigo. Juan frotó la espalda del niño y le susurró suavemente al oído que lo perdonaba y que estaba contento de haberse dado cuenta de la forma infantil en que había estado actuando. Sintiendo el temblor de Adrián, aún llorando, su cuerpo cerca del suyo, estaba causando que el pene de Juan se agitara una vez más en sus pantalones cortos y una extraña sensación irradiara desde su estómago e ingle.
Juan apretó al niño contra él mientras su ingle presionaba el estómago de Adrián. Juan, todavía frotando la espalda del niño, encontró que sus manos se movían más y más abajo de su cuerpo hasta que sus manos estaban contra la cintura de los calzoncillos de Adrián. Sintió un ligero escalofrío recorrer su cuerpo al sentir la cinturilla elástica de los calzoncillos ajustados del chico y el recuerdo de cómo su mejor amigo todavía estaba allí de pie en tan sólo sus calzoncillos. Quería desesperadamente pasar sus manos por el breve trasero cubierto del chico, para sentir el calor que irradiaba a través de su ropa interior debido a sus recientes azotes, pero tenía miedo de hacerlo. Mientras estaba allí, con las manos apoyadas en la parte superior de los calzoncillos de Adrián, incluso se imaginó colocando sus manos dentro de los calzoncillos de Adrián y sintiendo su trasero desnudo recién azotado. Tragó saliva y su pulso se aceleró a medida que crecía el deseo de tocar el trasero del chico, pero en el fondo sabía que simplemente no podía justificar sus acciones. Le dio a su amigo un fuerte apretón final y sin pensarlo le dio un beso en la mejilla antes de soltarlo y dar un paso atrás.
Mientras saboreaba la salinidad de las lágrimas del rostro de Adrián, al instante se arrepintió de haberlo besado. Rápidamente miró a los otros chicos sentados allí, pero no podía decir lo que estaban pensando. No podía creer que acababa de besar a su mejor amigo, pero sentía tanta lástima por el niño indefenso, de pie allí llorando con solo sus calzoncillos de niño para proteger su modestia. Si bien sintió que merecía los azotes que recibió, también se sintió mal por el niño por tener que soportar la humillación frente a todos sus amigos y sus instintos protectores se activaron. Así fue como se sintió cuando vio a su hermanito llorando o herido y a menudo lo abrazaba y lo besaba también. No quiso decir nada con el beso más que decir cuánto se sentía mal por su pobre amiguito, pero también mostró cómo Juan ya no veía a Adrián como un igual. sino como un niño pequeño que necesitaba su protección y guía. Cambiaría su relación durante mucho tiempo.
Por suerte, la madre de Adrián rompió la tensión al declarar que lamentaba tener que castigarlo pero que él se alegraba de ver que había aprendido la lección y que todos lo habían perdonado. Le dijeron que recuperara sus pantalones cortos, entrara y se lavara la cara y cuando volviera a salir, todos podrían fingir que nunca pasó nada y que ella serviría el pastel.
Adrián, de repente recordó que estaba parado allí con sus calzoncillos a la vista, rápidamente recuperó sus calzoncillos y se vistió rápidamente. Entró corriendo a la casa mientras los otros 4 niños se miraban unos a otros inseguros de cómo actuar después de los eventos que acababan de presenciar. Por su parte, Juan se sentó allí procesando las complejas emociones que acababa de experimentar.
Juan no creía que fuera gay, ya que a menudo se encontraba mirando a las chicas del vecindario y fantaseaba con cómo se veían desnudas. Tampoco se encontró fantaseando con otros niños, pero ver a Adrián en calzoncillos y cómo apenas los llenaba, escucharlo llorar como un niño pequeño mientras observaba a su madre azotar su trasero de niño travieso desencadenó algo en Juan que nunca antes había sentido. .
Esa noche, cuando Juan estaba solo en la cama, cerró los ojos y repitió la escena en su cabeza. Mientras se imaginaba de nuevo que le bajaban los pantalones cortos a Adrián dejando al descubierto sus apretados calzoncillos, se quedó sin aliento al verlo. Se imaginó a sí mismo mirando la parte delantera de los calzoncillos de Adrián que ocultaban lo que debe haber sido un pene pequeño e inmaduro mientras sentía crecer su propia erección de 5 pulgadas en su mano. En su fantasía, imaginó que esta vez su madre le bajaba los calzoncillos al niño y dejaba al descubierto su pequeño pene sin vello. Si tan solo Juan supiera que su fantasía era precisa y que Adrián era de hecho totalmente calvo y pequeño abajo, habría hecho que su fantasía fuera aún más poderosa. Acarició su vara en crecimiento lentamente mientras imaginaba bofetada tras bofetada cayendo sobre el pequeño trasero indefenso de Adrián y escuchó el eco de sus gritos y súplicas mientras el asalto continuaba en su trasero desprotegido. Tan pronto como las imágenes de los eventos del día se reprodujeron en su cabeza, embellecidas por la imaginación de Juan, una vez más sintió que su cuerpo se estremecía cuando un fluido delgado pero pegajoso escapó de su pene palpitante. Cuando Juan recuperó un pañuelo para limpiar la evidencia, la experiencia lo confundió. Entendió por qué pensar en las chicas desnudas de su clase le provocaba estos sentimientos tan poderosos, pero le llevaría un tiempo entender por qué ver a su mejor amigo azotado y llorando tenía el mismo efecto en él. una vez más sintió que su cuerpo se estremecía cuando un fluido delgado pero pegajoso escapó de su pene palpitante.
Eso fue hace más de un año, y Adrián, que ahora tiene 13 años, se preguntó si tal vez este sería el año en el que finalmente superaría que le azotaran el trasero. Dado que recibió una nalgada menos de un mes antes de cumplir 14 años, no era razonable que Adrián considerara la idea y sería menos de una semana después cuando descubriera lo equivocado que estaba. Y la peor parte de esa nalgada sería que su mejor amigo Juan, una vez más, estaría allí para presenciarlo.
domingo, 23 de enero de 2022
Dos peques con el culete rojo
¿Qué convierte a los niños en pequeños monstruos? Era una tarde de sábado perfecta, los hermanos Kevin y Adam estaban jugando en el patio. Kevin estaba actuando como el malo y dejando que Adam lo atrapara, como solo el pequeño Batman podía hacerlo. Ambos muchachos tenían puestos pantalones cortos y camisetas de verano y nada más. Corriendo en el patio trasero, bailando alrededor de la morera.
Kevin miró el montículo de tierra y su ingeniero interno comenzó a enviarle señales. Acababa de regresar de ver Godzilla
con su tío. La inspiración lo llenó y la necesidad de crear un pueblo para poder fingir ser un lagarto gigante lo venció. Abrió el agua a la manguera y roció el área hasta que tuvo un bonito pozo de barro y un pequeño estanque. Su hermano pequeño, Adam, observaba a su hermano mayor y quería unirse.
¿Qué estás haciendo?
Adam de ocho años le dice a Kevin de 9 años.
Voy a construir una ciudad, con caminos y casas y esas cosas. ¿Quieres ayudarme a construir, entonces podemos jugar a Godzilla y aplastarlo?
Ah, sí, haré la cueva de los murciélagos. No rompas mi cueva de murciélagos.
Tienes que ayudarme a hacer la ciudad también, ok, entonces puedes hacer tu cueva de murciélagos.
Está bien.
Ambos muchachos se sentaron en el lodo húmedo y crearon múltiples montones de tierra. Había una especie de orden en él, y una especie de caminos entre las pilas. Cada niño fue cubierto rápidamente de pies a cabeza con barro. Ya no parecían niños sino Ewoks sin pelo, sucios Ewoks sin pelo. Ambos fingieron ser Godzilla. Los niños se habían convertido en pequeños monstruos, ya no eran niños pequeños. Kevin hizo sonidos de gente llorando aterrorizada mientras presionaba sus pies descalzos en el suelo viscoso. Hizo girar los dedos de los pies para hacer huellas más grandes. Hay una alegría primaria, al dejar que tus pies se hundan y se mezclen con el barro. Cada niño sintió esta alegría y gruñó un gruñido feliz.
Tengo pipí, Kevin.
OK vamos.
Kevin Ewok Godzilla entró a la casa a través de una puerta corrediza, con Adam Batman Godzilla justo detrás. Los chicos se dirigieron al baño y se pararon hombro con hombro, cada uno sosteniendo su pequeño pene y orinaron. Poniéndose los pantalones cortos cubiertos de barro en su lugar, volvieron a salir al desierto del patio trasero. La alfombra blanca que no disimulaba demasiado bien las huellas de los pies negros, era la evidencia de este viaje. Un error que cometen la mayoría de los Ewoks y Godzilla cuando viajan. Diez minutos después, la madre de Kevin y Adam vio el camino. Madre estaba infectada, ella también se convirtió en un monstruo. Se convirtió en Mama Godzilla, encontró a los niños afuera y emitió su grito de Godzilla. Este grito es poderoso, los chicos están aturdidos y congelados en el barro. El grito también tiene un poder mágico. Papá aparece casi al instante. No importa en qué parte de la tierra esté, el grito lo hace aparecer. Esto ha sido probado científicamente al menos una vez.
¿Que esta pasando aqui?
dice papá.
Vimos Godzilla en casa del tío, así que estábamos jugando.
Kevin inocentemente.
Es ampliamente conocido que las Mama Godzilla no pueden hablar, se comunican con colores en la cara o con un elaborado baile. Mama Godzilla señala a los niños y luego señala el rastro de barro en su alfombra blanca que alguna vez estuvo limpia. Luego, ella y papá giran la cabeza hacia atrás y miran a los niños.
¿Por qué entraste en casa todo cubierto de barro?
pregunta papá.
Teníamos pipí.
dijo Adán.
Podrías haber hecho pipí allí en el árbol.
No puedo hacer pis en un árbol, soy Batman. Batman hace pipí en el lavabo.
Papá se golpea la frente con la mano. Señala a los niños, luego señala un área a la que quiere que vayan. Parecen conocer el idioma de papá y saben que es mejor que se muevan. Ahora papá consigue la manguera, que fue el comienzo de todo esto. Los rocía a ambos desde la cabeza hasta los pies descalzos. Luego, papá les quita toda la ropa y los rocía nuevamente. No les queda ni una mota de barro. Papá toma 2 toallas y envuelve a dos niños pequeños. Papá les sonríe a cada uno mientras se paran frente a él. Recoge a cada uno y los lleva a la casa. Uno por uno, pone a cada niño en el pasillo, desnudos, con la nariz tocando la pared. Ambos muchachos en su lugar ahora, cada uno sabe que está en problemas. Papá se inclina entre ellos, respirando en sus cuellos, susurra.
Tu madre me ha pedido que me asegure de que nunca más te sientes.
Ambos niños giran la cabeza aterrorizados para mirar a su papá.
He decidido daros una buena azotaina.
Los niños respiran , se miran entre sí con un alivio parcial y luego vuelven a mirar a su padre.
Por supuesto, tendré que azotar muy, muy fuerte. Me aseguraré de que sus traseros queden más rojos que un tomate, y que ambos no puedan sentarse. Pueden llorar
.
Dijo papá, y puso sus manos en la parte superior de los dos hermosos niños. Les revolvió el cabello y luego volvió sus cabezas para mirar hacia la pared nuevamente.
Papá fue al baño y comenzó a bañarse; le puso burbujas y se aseguró de que fuera agradable y cálido. Puso dos toallas nuevas y esponjosas en el armario. Se sentó en el inodoro y miró hacia el pasillo a sus pequeños desnudos. Las narices pegadas a la pared, las manos hacia abajo a los lados.
Adam, ven aquí chico.
Voy,
dice Adam y gira y corre hacia su papá. Salta a los brazos de su papá y lo abraza. Papá le devuelve el abrazo, luego lo pone de pie frente a él y lo mira.
Deberías saber mejor que tener barro por toda la casa.
Tuve que ir a hacer pis
Lo sé, pero la próxima vez, haz pipí antes de jugar en el barro. Godzilla siempre hace pis antes de demoler una ciudad.
En serio, ¿come 30 minutos antes de nadar también?
Apuesto a que lo hace.
Papá dice y toma al niño y fácilmente lo levanta sobre sus pies y lo coloca sobre el regazo de espera de su padre.
No quise papá.
Lo sé cariño, pero quiero que pienses en tu trasero antes de volver a ensuciar la casa.
Papá hace los ajustes finales y comienza con agradables y crujientes azotes en el pequeño y regordete trasero. Su hijo menor se contonea y se mueve mientras la mano de papá baila sobre sus mejillas. Las huellas de manos rosadas se convierten en huellas de manos rojas. Papá azota las piernas superiores y luego las inferiores unas cuantas veces más. Frota el culito y luego levanta a su hijo. Pone a su hijo menor en las burbujas y vuelve a sentarse.
Kevin, ven a buscar un poco.
Sí papi.
dice Kevin, y se da la vuelta lentamente y camina aún más lento hacia su padre.
No es justo para ti, solo tienes un año más que tu hermano, pero espero más de ti. Necesitas ver lo que haces y lo que él hace.
Papi explica y pone al niño sobre su rodilla izquierda y luego usa su pierna derecha para callarse. Papá toma la muñeca derecha de su hijo y se la clava en la parte baja de la espalda. Esta posición ata al niño y no lo deja escapar. Kevin siente que esto se va a quemar cuando comienza a gemir.
Papá levanta la mano y la mantiene allí unos momentos.
¡azote! ¡Azote! No camine en la casa cubierta de barro.
¡Azote! ¡Azote! No dejes que tu hermano entre en la casa cubierto de barro.
Por favor, no más papi.
¡Azote! ¡Azote! ¡Azote! Una última cosa.
¡Azote! ¡Azote! No molestes a tu madre.
¡Azote! ¡Azote! ¡Azote! Muy bien, todo hecho. Vamos a meterte en el baño con tu hermano.
Lo siento mucho, papi.
Kevin llora y salta tan pronto como su padre lo suelta. Kevin no pierde el tiempo saltando a los grandes brazos de su papá para un abrazo reconfortante. Kevin tiene el trasero rojo y ardiente, y necesita un fuerte abrazo. Papá se lo da a su hijo mayor. Papá apoya su propia cabeza sobre la de su hijo. Kevin se calma y suelta su apretón, y papá lo siente y pone al niño en el baño. El tierno trasero de Kevin toca el agua tibia y se estremece antes de acomodarse. Ahora ambos muchachos desnudos están en las burbujas.
Papá comienza el proceso de fregar a sus dos hijos. Adam hundió la cabeza en el agua y volvió a salir a tomar aire, sonriendo.Bueno, pareces feliz de nuevo, Batman.
Papi, no soy Batman en este momento. Soy Aquaman.
Papá sonríe para sí mismo, recuerdos de sí mismo a esta edad y de su propio papá azotándolo. Se enjabona el jabón y vuelve al trabajo, limpiando a sus pequeños monstruos.
sábado, 15 de enero de 2022
Satisfaciendo mi curiosidad
domingo, 9 de enero de 2022
Helena en casa de sus tíos
En su pueblo no había escuelas,así que sus padres decidieron mandar a Helena con su tía y tío.
Helena, no se lo creía pues sus tíos se veían muy amables, de todas formas "pensaba Helena" nunca azotarían a su sobrina por muy mal que se portara, pero se equivocaba.
A la semana siguiente empezaba la escuela, asique Helena viajó a casa de su tía que vivía bastante lejos, pues ella viviría en casa de su tía hasta que terminara sus estudios.
El primer día la tía de Helena, se sentó al lado de Elena y dejó las reglas bien claras;
-Helena, nosotros somos muy considerados y cariñosos "explicaba" pero si te portas mal te ganarás unos azotes en las nalgas tanto mías como mi marido y tú no te quejarás o será peor, te podremos azotar con una vara, cinturón, cepillos, tablas, paletas de madera e incluso con la manguera que es lo más doloroso, y claro que una azotaina a dos o cuatro manos "cuando emilia (su tia) terminó de decir esto Helena se quedó aterrorizada, todo lo que ella creia era justamente al reves" a tu prima ya le azotamos mil veces incluso dos o tres veces por dia, y tu por ser mi sobrina no serás una excepcion.
Helena era de Barcelona allí no escuchaba de mucha gente nada de azotes, pero su tia era de un pequeño pueblo ,allí sí que habia escuchado mucho sobre nalgadas.
Helena intentaba portarse bien, era buena estudiante, ciertamente si que recibio una que otra regañina pero solo de palabra por sacar menos de un 8 en un exámen. Últimamente iba bajando en notas, ellos le dieron la advertencia de que si seguía así le ganaría una buena azotaina bien fuerte.
Un día tenian un importante exámen de biología, la verdad muy dificil. La prima le advertia que estudiara pero ella pasaba ¡pero si está chupado! -decia Helena.
Pero pronto descubriría que no.
El día del exámen Helena se quedó en blanco, pero al fin y al cabo, penso ella, habré aprovado y con buena nota.
Al día siguiente entregaron los exámenes y cuando Helena lo vio se le quedó la cara blanca ¡por favor profesor subame la nota si no mis tíos me azotaran! -suplicó Helena al final de la clase.
Lo siento mucho Helena, ya te he dicho muchas veces que estás bajando mucho la nota y si te azotan la verdad creo que te lo mereces, lo que me extraña es no haberte azotado yo ya. Y recuerda que tienes que traerlo firmado.
La prima le contaba a Helena todo lo que le iba a pasar y ella se aterrorizaba y lamentaba.
Helena, no enseñó su exámen.
Al siguiente día el profesor advirtió que si no lo firmaban sus padres le azotaria y la prima ya le dijo que dolia bastante...
Asique en casa lo firmo, al día siguiente lo presentó, esa no era la firma el profesor reconocia perfectamente la firma.
Asique dijo a los alumos que tenía que hacer una llamada.
Llamó a sus tíos y ellos negaron firmar nada asique llegaron a un acuerdo...
Al final de las clases llamo a Helena y le dijo que viniera a su despacho. Ella obedeció y el profesor le obligó a quitarse las braguitas y subirse la falda ella se preguntaba porque llorando pero obedecio.
El profesor la tumbó en sus piernas y le dijo por falsificar la firma te has ganado una azotaina.
El profesor la tumbo en sus rodillas y la azotó durante media hora, con su mano, que parecía de acero. Helena pensaba que no aguantaba más. Por fin terminó, ella estaba bañada en lagrimas y pataleaba durante el castigo. A sus 13 años había recibido su primera azotaina y fue si profesor.
El profesor le mandó a casa y ella fue llorando, por el camino su culo parecia que ardía.
Al llegar su tía le esperaba con un cinturón más ancho en la mano.
Le azotó sin parar ella suplicaba que parara que el profesor ya le habia dado una azotaina, pero ella seguía.
Más tarde le tumbó bocabajo en sus piernas y cogió un pimiento super picante que tuvo que coger con guantes y dijo, creo que esto no lo podrás soportar te puedo asegurar que vas a llorar desesperadamente como nunca lo has hecho -y luego sonrio malvadamente.
Helena no sabia que iba a pasar.
Su tía le abrió las nalgas muy doloridas y introdujo el pimiento eso picaba y Helena chillaba como una loca no paraba de llorar le rogo que lo sacaba y ella lo metio aún más adentro y dijo no te lo he metido del todo para que te pique.
-mas no! -suplico- .
Ella dijo-tranquila solo quiero volver a ponerte el pimiento.
Ella lloró y como se resistió pues otras 200 nalgadas con la zapatilla muy fuerte.
Luego le puso un pimiento, y otra vez 2 horas después y volvia a poner uno nuevo por si ya no picaba y le ''tapono el culo'' para que no se te ocurra tirarte un pedo. Y así si te lo aguantas te dolerá y aprenderás.
Le puso un supositorio y lo volvio a poner todo ella le ponia laxantes en las comidas pero uno que hacia que la caca fuera más dura e hiciera caca más a menudo así apendreria.
Los pimientos los llevo toda una semana y le producieron hemorroides temporales de modo que cuando era azotada la tia le azotaba entre las nalgas para que doliera más y los castigos fueron durante toda la semana y los castigos fueron frecuentes y Helena atendió la leccion.