viernes, 31 de diciembre de 2021
Azotes en mi niñez por hacerme pis en la cama
miércoles, 29 de diciembre de 2021
Ruleta trasera
Cuándo era niño, un amigo y yo decidimos que, dado que siempre nos arriesgamos a que nos atrapen cuando alguno de los dos hace algo por lo que el otro cree que debería ser castigado, seríamos buenos al respecto y nos daremos la oportunidad de escapar de una corrección. . En broma lo llamamos Ruleta Trasera
(un juego de Ruleta Rusa). Ambos consideramos que el juego es justo y lo consideramos un método excelente para mantener al otro en línea, ya que no deja resentimiento en ninguno de los lados.
Es realmente un juego de números
, pero usamos un viejo juego de dominó. Cuando se decreta un castigo, el culpable se sienta a una mesa, baraja las fichas de dominó, boca abajo, y las divide en cuatro grupos como si hubiera cuatro jugadores en la mesa. Luego, para evitar cualquier selección
en el trato debido a la capacidad de identificar algunos de los más bajos
a través de incluso pequeñas imperfecciones o marcas en la espalda, el otro socio seleccionará uno de los grupos, al azar, e informará al crupier
que este es el grupo que utilizará cuando juegue. Ambos nos reunimos alrededor de la mesa para ver el dibujo.
El primer dominó sacado indica si el culpable será azotado o si el culpable saldrá libre. Si se dibuja el doble espacio en blanco, significa que no hay azotes en absoluto. Cualquier otra cosa que no sea el doble espacio en blanco significa que habrá una paliza. Las posibilidades de sacar el doble en blanco son, por supuesto, extremadamente raras, pero ha sucedido algunas veces y agrega un interés considerable en el juego. Siempre que sucede, se felicita al ganador
y se cierra el episodio.
Si primero se dibuja algo diferente al doble en blanco, entonces el número de puntos en el siguiente dominó indica qué implemento para azotar se va a usar. Para proporcionar una referencia rápida, tenemos esta lista escrita y colocada en la mesa:
0-1 puntos = mano
2-3 puntos = zapatilla
4-5 puntos = cepillo
6-7 puntos = pala
8-9 puntos = cinturón
10-11 puntos = correa
12 puntos = bastón
Como cualquiera puede imaginar, el número extraído en este momento es muy importante para el culpable.
Luego, los cinco dominós restantes se vuelven hacia arriba y el número total de puntos en estas cinco piezas indica el número de azotes que se darán cuando se administre el azote. El máximo, por supuesto, no puede ser más de 50 (12 + 11 + 10 + 9 + 8), y el mínimo no menos de 10 (0 + 1 + 2 + 3 + 4). El promedio ronda los 25, aunque nunca mantuvimos un récord. Creemos recordar que el máximo se dibujó una vez y el mínimo dos, durante los últimos tres años. Eso no es muy frecuente si se considera que el juego
se juega al menos una vez a la semana y, a veces, dos o tres veces a la semana. Probablemente hemos jugado el juego unas 200 veces en los últimos tres años.
Luego, la nalgada se da con el culpable en la posición infantil normal, boca abajo sobre la rodilla, si el implemento es la mano, el cepillo para el cabello o la paleta. La paliza se da con el culpable inclinado sobre una silla o acostado boca abajo en la cama, si el implemento es el cinturón, la correa, el interruptor o el bastón. Todas las nalgadas se dan en el trasero desnudo, despojado de la cintura para abajo o completamente desnudo.
Se podría decir que nuestro método es injusto en el sentido de que una ofensa menor puede recibir una mayor cantidad de azotes que una ofensa mayor. Esto es cierto, pero mi amigo y yo nos encargamos de eso variando la severidad de los azotes en consecuencia. Por lo tanto, un mínimo de diez azotes fuertes con la mano podría generar un castigo más drástico que un máximo de 50 golpes ligeros con el bastón o el cepillo para el cabello.
Ambos sabemos que manejamos los resultados de la ruleta trasera
con discreción, y eso también es un factor importante para eliminar el resentimiento en cualquiera de nuestras partes. Pero ambos sabemos que cuando merecemos ser azotados, sin duda nos azotará, y sabemos que la cantidad de azotes ganados
en la Ruleta Trasera se administrará con comprensión. ¿Qué más consideración podría pedir cualquier niño desobediente o travieso?
lunes, 27 de diciembre de 2021
La amiga de mamá
Mi nombre es Adri y tengo 11 años. Si tuviera que señalar un momento en el que todo comenzó debería decir que fue cuando Claudia, una amiga de mi mamá, vino a quedarse unos días con mi familia. Ella y mi mamá se conocían desde la escuela primaria y desde entonces habían mantenido la relación. Sin embargo Claudia se fue a vivir a Estados Unidos hace cinco años, y ahora estaba de visita y, se iba a quedar con nosotros unos días. Francamente la mujer a mí no caía para nada bien, cada vez que me veía me sonreía de una forma rara, como si se burlara de mí, sumado a que constantemente me llamaba bebé lo que me hacía sentir incomodo. Aunque para mi suerte centraba casi todo su tiempo en jugar con mi pequeña hermana de ocho meses. Era obvio que le encantan los bebés.
Así como les relaté fueron transcurriendo los días de su visita, hasta que en el último día surgió algo que no esperaba. Un familiar que vivía en otra provincia había enfermado y mis padres debían viajar, y se llevaban con ellos a mi hermana, sin embargo yo debía quedarme porque tenía que ir al cole y ¿A quién pudieron pedirle que se quede unos días más para cuidarme? Sí, acertaron a Claudia. Obviamente que me quejé y protesté pero fue en vano, finalmente mis padres se fueron y me dejaron al cuidado de aquella odiosa mujer.
El primer día transcurrió en relativa armonía, Claudia se mostraba amable y gentil todo el tiempo, supongo que fue por eso que en cierta medida bajé mis defensas.
Fue en el segundo día cuando todo comenzó, era domingo y como era mi costumbre fui a bañarme luego de levantarme. Cuando me dirigí a mi habitación para vestirme encontré, abierto sobre mi cama, un pañal de "princesas" de mi hermana. Me resultó extraño, pero simplemente lo saqué de allí y no le di mayor importancia. Enseguida entró Claudia.
-¡¿Qué haces aquí?! –dije molesto.
-Vine a ayudarte a cambiarte.
-¡¿Qué?! No necesito ayuda.
-Claro que sí, bebita.
-¿Estás loca? No soy una niña
-No me hables así, a mami no le gusta.
-Definitivamente estás loca, y voy a llamar a mis padres ahora mismo.
Encaré para la puerta con toda la intención de salir, pero no lo logré, la mujer me aferró con fuerza de un brazo y de un solo tirón me puso sobre su regazo, me quitó el tallón atado a mi cintura (dejándome desnudo) y comenzó a nalguearme en el trasero, intenté resistirme pero ella tenía más fuerza y los golpes eran en verdad muy dolorosos, tanto que no pude impedir empezar a llorar como un bebé.
-¿Vas a ser una buena niña ahora? –me preguntó.
-Sí –respondí casi sin escucharla, solo quería que se detuviera tal castigo.
-Bien –dijo y me recostó sobre la cama.
Tomó el pañal del suelo, lo colocó debajo de mi culo, me colocó talco que usaban con mi hermana y me lo cerró bien fuerte. En ese momento yo no era consciente de lo que sucedía realmente, los golpes me habían dejado aturdido.
Cuando realmente tomé consciencia tenía un apretado pañal con el que se me dificultaba mucho caminar, un chupete en la boca y aquella desquiciada mujer me llevaba a la cocina de la mano. Con mucho esfuerzo me sentó en la silla alta de mi hermana y comenzó a preparar lo que imaginé era el desayuno. Obviamente que no estaba de acuerdo con nada de lo que allí sucedía, pero más grande era mi miedo hacia aquella mujer y lo que podía llegar a hacer, ya había mostrado algo pero pensé que podría incluso llegar a ser peor.
Preparó una papilla especial que venía pre-preparada y que obviamente mis papás habían comprado para mi hermana. Me puso un babero y comenzó a darme de comer esa cosa. Al principio me resistí pero después de probar unas cucharadas no estaba malo del todo y lo cierto es que me moría de hambre, así que me tragué mi orgullo y me comí todo el plato.
-Buena bebita –repetía constantemente Claudia.
A partir de mi buena predisposición ella mejoró su actitud hacía mí. Con increíble fuerza me levantó en brazos y me llevó a lo que sería, por tiempo indeterminado, mi nueva habitación que era la de mi hermana. El lugar era la imagen misma de una pieza de niña, mucho rosa, y el lugar estaba adornado con muchos juguetes y pilas de pañales acompañados de talco y toallitas húmedas.
La mujer me colocó en el suelo y armó alrededor mío un corralito, me colocó unos juguetes dentro y luego salió de la habitación sin decir nada. Esperé unos segundos y me acerqué a la puerta, con mucho cuidado tanteé el picaporte, estaba cerrado con llave. Con resignación entré nuevamente en el corralito intentando pensar en que iba a hacer.
Las horas pasaron y comencé tener la necesidad de ir al baño, golpeé la puerta para que me permitiera salir pero jamás tuve respuesta del otro lado. Hice tanto esfuerzo como pude pero finalmente el pipi me ganó y en pocos segundos había humedecido todo mi pañal y se sentía muy pesado. La situación simplemente me superaba y comencé a llorar sin poder detenerme. Fue cuando Claudia volvió a la habitación.
-¿Qué sucede bebita? –me preguntó mientras tocaba mi pañal –Ah, no te preocupes mami está aquí.
Colocó un cambiador de plástico en el suelo y me recostó en él, sacándome del corralito. Me quitó mi pañal mojado y lo dejó a un lado. Me puso talco y un nuevo pañal.
-¿Ves? Ya estas limpia y sequita –dijo con ternura mientras terminaba de cerrarlo.
Sacó de su bolsillo un peine y comenzó a cepillarme el cabello, vale decir que tengo el pelo bien largo. Me hizo una raya al medio y me ató dos colitas con unos moños. Y me puso un vestido amarillo y unos zapatos. Jamás en mi vida me había sentido tan humillado pero simplemente no me atrevía a contradecir a esa mujer.
Luego se sentó a mi lado y tomando unos juguetes intentó animarme, decidí por mi bien seguirle la corriente. Por suerte eso mató mucho tiempo, y comenzó a darme sueño. La mujer lo notó, me alzó y me acurrucó en la cuna y allí me quedé dormido.
El primer día así trascurrió, obviamente que hacía la noche volvió a darme de comer la papilla, y antes de dormir debió volver a cambiarme el pañal. Desde mi cuna tuve que escuchar cómo me cantaba, por más ridículo que suene, eso me calmó y finalmente me volví a dormir.
Uno de mis mayores miedos era que me obligara a ir de esa forma a la escuela, pero no fue así, falté. Cuando me desperté el sol ya brillaba y el reloj marcaba las once de la mañana.
A esa hora Claudia entró, me sacó de la cuna, se sentó en el suelo, me recostó sobre ella, y me dio a beber leche de un biberón.
Cuando terminé me sacó todo la ropa y en alzas me llevó hasta el baño, donde me lavó completamente. Para esa altura ya estaba entregado y no tenía ni la más mínima intención de resistirme o quejarme, ella disponía de mí como deseaba.
Así transcurrieron cuatro días desde la partida de mis padres y frente a la situación hice lo único que podía hacer, verle el lado positivo: no ir a la escuela. Por lo demás si le seguía la corriente a mi "nueva mami" el trato era excelente, así que traté de aprovecharlo al máximo.
En el cuarto día ambos nos divertíamos con los juguetes de mi hermana, hasta que ella se detuvo, olio en el aire y dijo:
-Creo que alguien ya se hizo caca -se levantó y tiró por la parte de atrás del pañal para ver -.Sí, ya te ensuciaste –confirmó.
Fue cuando caí en la cuenta que era cierto, en estos días había ensuciado mi pañal varias veces, pero siempre de una forma consciente. Pero ese día no fue así, jamás había notado cuando me había hecho popo.
Una vez más la mujer me recostó sobre el cambiador y me quitó el pesado pañal.
-¡Guau! También está lleno de pipí –dijo.
Era increíble había ensuciado y mojado el pañal y jamás me percaté. Quizás para esa altura ya había enloquecido como ella, el caso es que no me importaba, comenzaba a disfrutar de aquella situación que me había trasformado en, palabras de Claudia, una adorable bebita. Y así era todo el tiempo, con pañales, chupetes y vestidos pasaba todo el día divirtiéndome con los juguetes de mi hermana, escuchando cuentos y canciones. Y ni siquiera tenía la necesidad de ir al baño, puesto que dejaba todo ese trabajo al pañal.
Justo cuando empezaba a divertirme, mis padres llamaron que regresarían al día siguiente. Ambos nos entristecimos aquella tan bonito que ahora ambos gozábamos terminaría pronto. Es por eso que ese último día lo disfrutamos al máximo, yo sobre todo y gocé cada segundo de ser una bebita.
Al día siguiente mis padres volvieron, para esa altura yo ya vestía normal, algo que me hacía sentir un tanto incomodó. Dos días después Claudia partió.
Me quedé mirando en la dirección en que se fue, preguntándome cuando regresaría, para volverme una vez más su bebita.
Una niña en pañales
Me pongo pañal por primera vez
Mi madrastra
Mis papás me dejan con mi tía
domingo, 26 de diciembre de 2021
Adrià descubre su gusto por los pañales Capítulo 4 Final
Mamá - ¿Adrià tienes problemas y mojas la cama por la noche?
Adrià -No, la verdad es.... que me gusta usarlos. (Adrià se puso muy rojo en ese mismo momento)
Mamá -No pasa nada tranquilo, todo el mundo tienes sus gustos y unos son mas raros que otros pero no tiene nada de malo peor sería si fumaras o si bebieras.
Adrià-Entonces......¿Me guardaras el secreto?
Mamá - Claro que si, será nuestro secreto.
Le tiró el pañal a las manos y le dijo: la próxima vez guárdalos mejor ;)
Eso tranquilizo mucho a su hijo no creía que su mamá reaccionaría así de bien .
Los días pasaron tranquilamente, hasta que un día su mamá le pregunto: ¿Te gustaría que te cambiara los pañales?
El mostró una cara de felicidad en su rostro y asintió moviendo la cabeza, nunca pensó que su mamá ademas de aceptarlo le quería cambiar. Enseguida saco los pañales y el talco y se tumbo en la cama con su chupete en la boca.
Su mamá le dijo: "Parece que mi bebe lo tenía todo planeado". Mientras le baja los pantalones, y empieza a hacerle cosquillas en la barriga. Adrià no podía parar de reírse y se hizo un poco de pipí antes de que su mamá le pusiera los pañales hizo una mancha en el calzoncillo.
Ella le dio uno azotes suaves y con ternura en el culo y le dijo: "Parece que a este bebe hay que ponerle los pañales cuanto antes". Enseguida procedió a retirarle los calzoncillos y tirarlos a el suelo ya que estaban mojados, hacía mucho tiempo que no lo veía desnudo, enseguida comento: "Valla parece que el bebe no la tiene pequeña"(su pene estaba bastante contento hasta tenía un poco de esperma en la punta) su mamá se la bajó y se la limpió con unas toallitas de bebe ademas le subió las piernas con una mano y también le limpio el culito. Dijo:"Ya esta limpio mi bebe.
Adrià no podía estar mas feliz siempre había querido que alguien lo cambiara y ahora lo estaba haciendo su mamá con un cariño como nunca antes había tenido con el.
Espolvoreo mucho talco por sus genitales y ano, tanto que se veía todo blanco como si hubiera nevado. Su mamá le ajusto el pañal a la perfección. Mostró una sonrisa y procedió a marcharse, antes de que cruzara la puerta Adrià la llamo y le dijo: "Mama querrías darme el biberón".
Ella gustosamente respondió que si, lo coloco cobre sus piernas y se sentó en la cama mientras procedía a dárselo. Adrià se quedo dormido justo cuando se lo acabo, su madre lo acostó y lo tapó cuidadosamente para que no se despertara y lo dejo solo en pañales y con el chupete en la boca.
Este juego lo realizaron muchas otras mas veces y los dos lo pasaban genial, aveces la madre se pasaba limpiándole el pene y acababa masturbandole pero a Adrià le gustaba mucho, otras le introducía pastillas para dormir machacadas en el biberón y cuando se dormía le colocaba un supositorio para que que se hiciera popo encima, Adrià a veces no entendía porque pasaba esto.
Al despertarse le decía que era muy marrano y le daba unas palmadas cariñosas en el culo hasta que lo tenía rojo.
Adrià descubre su gusto a los pañales Capítulo 3
A los 12 años Adrià empezó la secundaria que era en otro sitio diferente y ya no tendría acceso a pañales tan fácilmente. Entonces empezó a investigar en Internet sobre pañales y donde comprarlos, enseguida encontró que habían pañales de su talla para personas con sus gustos, pero el se había fijado en unos que salían por la televisión llamados Drynites, los anunciaban como pañales para los niños y adolescentes con enuresis.
Un día que sus padres no estaban en casa se animo a salir a comprarlos, ya sabía todos los supermercados que pañales vendían y se fue a el mas lejano de su pueblo donde no lo conocían y donde iba demasiado. Al llegar a la puerta de la tienda el corazón le iba a mil y casi no podía ni caminar, se dirigió a el pasillo correspondiente sin mirar a nadie y rezando porque nadie lo conociera, al llegar a caja por suerte no había nadie pasó el paquete rápido, la chica se le quedo mirando le sonrió y le dijo el precio, el como ya lo tenía todo preparado saco la mochila de clase y los metió hay.
Adrià salió de la tienda lo antes posible directo a casa, como se había ido lejos tenía un buen paseo de unos 15 minutos, al llegar a un banco se paro para poner el paquete bien, que lo llevaba incómodo, en ese momento se quedo empanado mirando el paquete y enseguida se empalmo, lo puso bien y continuo su camino hacia casa, aceleró un poco el ritmo ya que estaba ansioso de utilizarlos.
Al llegar a casa los sacó inmediatamente de la mochila y se puso a observar el paquete, después de unos 5 minutos se decidió ha abrirlo, nunca pensó que sacar el primero fuera una dificultad, al estar tan juntos le costó un poco. Pero ya lo tenía en sus manos, después de tanto tiempo ya podría utilizar un pañal tranquilamente sin tener que fingir ninguna herida, se tumbo en el sofá y levanto la piernas para luego ponérselos como unos calzoncillos, al colocárselos le quedaban perfectos, en su cara podía verse una felicidad inigualable, la misma que tienen los mas pequeños de la casa el día de reyes o de papa noel.(Entre los que me incluyo yo). Pero tenía un problema, tenía el pene tan duro en ese momento que se le salía por encima del pañal , pero lo pudo colocar de lado.
Corriendo y feliz se fue ha observarse en el espejo, le quedaban de lujo, todo lo que quedó de mañana se lo tiró en el sofá solamente con pañales aunque en dos ocasiones como el pene le sobresalía jugo con él, con ellos puestos, pero tenía un problema no sabía donde guardarlos, entonces cogió el paquete y lo colocó detrás del sofá, como eran pañales muy discretos los llevo todo el día debajo de la ropa hasta la noche la cuál también la pasó con ellos, para hacer pipí se los bajaba ya que no tenía muchos y quería utilizarlos mucho tiempo, pero cuando ya estaban a punto de romperse entonces si que los utilizaba y los llenaba hasta desbordarse, alguna vez hizo hasta alguna mancha en la cama pero lavaba la colcha y listo.
Después de un tiempo se compró también un chupete y talco, lo escondía todo en la cama de debajo, al ser hijo único solo la utilizaba en ocasiones especiales cuando venían amigos o se quedaban familiares a dormir. Todo le iba bien en la vida, los estudios, los amigos y utilizaba pañal siempre que quería. Pero un día todo cambio...
Adrià descubre su gusto a los pañales Capítulo 2
La siguiente experiencia con los pañales fue cuando tuvo 10 años, estaba en 5ª de Primaria. Un día haciendo el pino en el recreo del colegio un compañero que iba corriendo se tropezó con su cabeza lo que le causó un fuerte golpe que le dejó en ese mismo instante bastante mareado. En seguida acudieron varios profesores y lo llevaron a la enfermería ,le pusieron una bolsa con hielo en la cabeza para calmar el chichón que le salió. Adrià enseguida se encontró mejor, de un primer vistazo observo la habitación ,nunca le había hecho falta entrar a la enfermería, observo en un armario con las puertas de cristal unos pañales que supuso que sería por si los niños pequeños sufrían algún accidente, quiso coger uno pero no pudo porque la enfermera estaba a su lado, pero tenía un plan.
El día siguiente bajando por las escaleras hacia el patio simulo tropezarse con una piel de plátano aunque el golpe que se llevó fue real, de inmediato unos compañeros le acompañaron hacia la enfermería y le contaron todo lo que paso a la enfermera. Ella dijo: "Parece que le has cogido cariño a este sitio". Adrià fingió que le dolía mas de lo que en realidad era , la enfermera le colocó una pomada en la espalda y fue a llamar a su madre para que lo recogiera. En ese momento aprovechó para coger un pañal del armario y lo guardo debajo de sus pantalones.
Cuando volvió la enfermera le dio la mala noticia de que su mamá no contestaba a el teléfono (cosa que el ya sabía puesto que estaba trabajando) enseguida se puso de pie de un salto y dijo: "Creo que esa pomada es milagrosa pues ya no me duele nada". Antes de que la enfermera pudiera pronunciar una palabra Adrià ya estaba fuera dirigiéndose al baño dispuesto a colocárselo.
Cuándo llegó al baño se metió en uno y cerró la puerta con pestillo, se denudó en un momento y dejó al aire un pene pequeño y contento con sus testículos sin nada de vello. Bajó la taza del váter y colocó el pañal encima, se sentó y lo cerro todo lo fuerte que pudo para notarlo mas. Ya casi se había acabado el patio así que volvió a clase con el pañal puesto, como ese día tenía gimnasia llevaba chándal y no se le notaba casi nada excepto porque le salía un poco por delante, lo suficiente para que si alguien lo viera pusiera enseguida que era un pañal. Pero lo tapaba con su camiseta a rayas diagonales azules y blancas.
Durante las siguientes clases no presto atención puesto que estaba mas atento al pañal ,la profesora al darse cuenta le pego un grito el cual asustó a Adrià y mojo un poco el pañal, fue muy poco por fortuna y nadie se dio cuenta, el quería mojarlo completamente como la última vez pero le entro miedo a que lo descubrieran sus compañeros y se empezaran a reír de el, por ello no lo mojo mas aunque si se había llenado un poco lo suficiente para que solo lo notara el.
Como todos los días su mamá fue a recogerlo en coche, le pregunto que como estaba de la espalda que había escuchado el mensaje de la enfermera pero que no pudo ir a por el , respondió que ya estaba bien. Sabía que la madre enseguida lo llevaría al medico si le decía algo y el no quería ir y menos con pañal. Cuando se subió a el coche, al ser un sitio cerrado empezó a oler a meado, para que no se enterara su madre simuló que tenía calor y abrió la ventanilla, acto seguido sin que se enterara se sacó el pañal y en un momento de descuido lo tiró por la ventanilla del coche.
Adrià empezó a frecuentar más la enfermería simulando caídas y mareos de vez en cuando para así poder utilizar pañales, a veces si no lo mojaba nada se lo dejaba toda la tarde hasta que ya en su cuarto tranquilo lo mojaba entero.
Adrià descubre su gusto a los pañales Capítulo 1
Mi hermanastra me pone un pañal y me pega en el culo
Unirse a una nueva familia es siempre un ajuste. Es fácil asumir que todas las familias operan de la misma manera, pero no lo hacen ... realmente, realmente no lo hacen. Cuando Adri y su mamá se mudaron con Alba y su papá, ella no esperaba tal contraste en los estilos de crianza.
Alba , de 12 años, su padre le dio una cantidad de libertad apropiada para su edad. Podía salir por su cuenta porque sabía cuándo se esperaba que volviera. Podía irse a la cama cuando quisiera porque sabía cuánto necesitaba dormir cada noche. Podía tomar sus propias decisiones sobre moda e higiene porque estaba en esa edad en la que ambos eran de suma importancia. Su padre reconoció y respetó su edad.
Adri, de 13 años, por otro lado, todavía tenía su hora de dormir, la hora del baño, el toque de queda, la ropa y las idas y venidas en general estrictamente dictadas para él por su madre. No podía mover el dedo del pie sin que su madre lo supiera. A veces parecía que se olvidaba de que había un 1 en su edad y solo reconocía el 3.
A pesar de sus diferencias en libertad y, seamos sinceros, madurez, Alba y Adriy se hicieron amigos rápidamente.
Sus padres aún no estaban casados. Estaban trabajando para lograrlo y asegurándose de que fuera lo correcto para ambos.
Al principio, los niños eran iguales en su futura familia. No pasó mucho tiempo para que esa fachada se resquebrajara. Una noche, Alba escuchó a Adri gritando ¡¡¡Mammiiiii!!!
Sabía que no era de buena educación escuchar a escondidas, pero la curiosidad se apoderó de ella. No podía creer lo que oía cuando sus gritos se hicieron más fuertes y sus súplicas se volvieron cada vez más parecidas a las de un niño pequeño. Con la puerta de su dormitorio entreabierta, la niña valientemente echó un vistazo. Adri estaba siendo azotado por su mami. Pero fue lo que presenció después de sus azotes lo que la dejó boquiabierta.
Alba nunca le contó a Adri lo que vio y lo que sabía. Firme en su madurez, conservó su dignidad y lo trató igual que antes.
Pero las cosas habían cambiado. Alba se enamoró de un niño de 13 años de su vecindario, y no pasó mucho tiempo antes de que fueran novios.
¡Es tan maduro!
Alba se desmayó por el chico que era un año mayor que ella.
¡Pero yo tengo la misma edad!
Adri protestó. Él estaba enamorado de Alba, y no era como si sus padres estuvieran casados o algo así.
Es diferente contigo,
dijo Alba vagamente.
¡Jopelines!
protestó Adri mientras se marchaba furioso.
Alba se dio cuenta de inmediato de que no era correcto decirlo. Sabía lo sensible que era Adri por verse más joven que su edad. Pero no importa cuántas veces ella trató de disculparse, él le dio la espalda.
No solo estaba herido ... estaba celoso. Celoso de que Alba tuviera novio y él no tuviera novia. Celoso de que su novio, que tenía la misma edad que él, se veía como un adolescente y él todavía se veía como un niño.
Cuanto más la ignoraba Adri, más se daba cuenta Añba de que tenía razón todo el tiempo. Él era todavía demasiado inmaduro para procesar su nueva relación de una manera razonable y racional, como un adolescente adecuada haría.
Después de casi tres semanas, Alba decidió que era hora de resolver esto de una vez por todas. Llamó a la puerta de Adri cortésmente, solo para que él le gritara. ¡Vete!
Finalmente había tenido suficiente.
Ella irrumpió en su habitación (él era demasiado joven
para una cerradura en su puerta, a pesar de que ella tenía una y era más joven que él), se sentó en el borde de su cama y lo agarró.
¡Oye! ¿Qué estás haciendo?
dijo con miedo mientras ella lo tomaba por sorpresa.
En un instante, sus pantalones cortos y calzoncillos le llegaban hasta los tobillos. Solo le quedaban la camiseta sin mangas y los calcetines.
Algo,
dijo Alba con frialdad, debería haberlo hecho hace mucho tiempo.
Ella lo colocó sobre su regazo y presionó su mano contra su trasero recién descubierto. Trató desesperadamente de alejar su cuerpo de niño de ella, pero ella era demasiado fuerte.
El primer azote sonó como el estallido de un globo para ella y lo sintió él. Gritó en voz alta cuando todo su cuerpo se sacudió. Cuando su cuerpo se hundió de nuevo, sintió que su pequeño y rígido pipí (Así lo llamaba su mamá) sin pelo quedaba atrapado entre sus piernas.
Los azotes continuaron. No tenía la fuerza de su mamá, ni de su papá, pero podía superarlos en velocidad ... ¡y lo hizo!
Paraaaaaa!!!
el rogó.
Lo siento
suplicó, aunque no sabía por qué se estaba disculpando.
Mientras su mano subía y bajaba rápidamente hacia el culo de Adri, sus pequeñas piernas se balanceaban hacia adelante y hacia atrás hasta que sus calzoncillos y pantalones cortos fueron pateados al suelo.
No pasó mucho tiempo antes de que se redujera a un charco de sollozos agonizantes, temblores, tos y asfixia.
Finalmente, las nalgadas terminaron.
Mientras lo soltaba suavemente de su regazo, él hundió la cabeza en las sábanas y lloró en los patrones de bote juvenil en los que su madre aún insistía. Desde su posición, no podía ver lo que estaba haciendo Alba.
Un minuto después, ella lo levantó lentamente hasta su regazo. Él sollozó en su hombro perfumado durante varios minutos agonizantes mientras ella frotaba maternalmente el dolor de su trasero rojo.
Adri lloraba de algo más que de dolor. Fue por la pura humillación de ser desnudado, colocado sobre el regazo de Alba y azotado por una chica más joven que él. Fue por su pérdida de estatus. Él puede tener una adolescente y ella todavía era una preadolescente, pero ahora era oficialmente la más madura. Iba a ser la hermana mayor si sus padres se casaban alguna vez. El novio de Alba tenía la misma edad que Adri pero iba por delante de él en la carrera de madurez. No es de extrañar que ella lo eligiera a él en lugar de a mí , pensó Adri con desdén sobre sí mismo.
Los sollozos angustiados de Asri se convirtieron en sollozos más manejables mientras frotaba crema espesa en sus nalgas desnudas y ardientes. Luego sintió que lo colocaban en la cama suavemente sobre su espalda mientras ella frotaba más crema entre sus piernas y sobre su pipí. La confusión se convirtió en reconocimiento cuando sus piernas se elevaron en el aire y sintió el toque extraño de sus delicados dedos esparciendo loción perfumada para bebés por sus nalgas y partes de bebé. El reconocimiento se convirtió en profundos sollozos una vez más cuando los pegajosos instrumentos de la infancia se pegaron a su piel desnuda y la realidad de la situación lo golpeó.
Ella supo.
¡Alba lo sabía!
Shhh, está bien, bebé,
arrulló mientras rociaba y frotaba una cantidad saludable de talco para bebés sobre su trasero en el aire y entre sus piernas levantadas.
Pero sus palabras de consuelo
solo lo hicieron llorar más fuerte.
Alba sabía que Adri todavía mojaba la cama y necesitaba un pañal para su problema infantil.
Ella lo supo desde que espió esa primera paliza que vio y fue testigo de cómo su mamá lo preparaba para irse a la cama después.
Adri no pudo hacer nada más que quedarse allí y llorar con el pulgar en la boca mientras Alba deslizaba el pañal debajo de su trasero levantado.
Después de que le pegaron el pañal a Adri, todavía estaba aturdido por el giro de los acontecimientos que acababan de suceder. Siguió robóticamente la siguiente parte de la rutina cuando salió de la cama, se puso de pie frente a Alba y automáticamente colocó sus brazos sobre sus hombros mientras ella le hacía levantar un pie y luego el otro en un par de pantalones de plástico blanco. Con lágrimas todavía nublando sus ojos, miró su camisa sin mangas, pañal grueso, pantalones de plástico y calcetines cortos. Sus pequeñas piernas pálidas todavía mostraban rastros de talco para bebés y su piel brillaba con loción y crema. No era un adolescente, se dio cuenta, sin importar lo que dijera su certificado de nacimiento. Alba era más madura. Su novio era más maduro. Él no era más que un bebé, pensó con intenso desprecio por sí mismo.
No queriendo estar expuesto ni un segundo más, Adri se retiró rápidamente a su cama. Alba lo arropó, lo besó en la frente y apagó las luces.
Ninguno de los dos se dio cuenta de que sus respectivos papás estaban asomándose desde el otro lado de la puerta y asintiendo con aprobación. ¡Vamos a casarnos!
simultáneamente se susurraban el uno al otro y se reían.
Mientras la luz de la noche brillaba cálidamente sobre la cama, Alba miró fijamente la escena durante varios segundos y reflexionó sobre el nombre irónico que era Adri para un niño pequeño para su edad, prepúber, mojado en la cama de 13 años que todavía recibía azotes de forma rutinaria. por ser travieso y llevar pañales a la cama todas las noches.