domingo, 3 de abril de 2022

SORAYA Y SU NUEVO HOGAR 1



                                                  
Soraya y su nuevo hogar
                                                           
Capítulo 1     
                                                 
Soraya sale del armario.



         El día había amanecido despejado con un cielo azul, pero para Soraya el día parecía lúgubre y nublado, era el día señalado en el calendario con un círculo rojo, el cual al pasar solamente en ropa interior por la cocina, cogiendo un rotulador negro le puso una equis, una hoja del calendario que  pendía sujeta con un tomate colorado, adjunto a un pequeño imán metálico en la puerta de la nevera.

     Se acababa de vestir como cada día debía salir para el trabajo. Era una chica de veintidós años, una melena color castaño que le sobre pasaba hombros abajo casi hasta la cintura, un metro sesenta de estatura, no pesaría mucho más de unos cuarenta y ocho kilos, muy bien formada con unos pechos erectos por su juventud, cadera estrecha, un trasero pequeño pero bien formado, respingón. Ese día vestía pantalón vaquero ajustado, un suéter verde esmeralda que hacia resaltar sus preciosos ojos azules. Antes de salir de casa se contempló en el espejo, se debía de ver bien, por su simpática sonrisa. Aunque esta, se borró de su rostro al rondarle algo que la preocupaba en su mente.  Tan solo hacía unos días había acudido a una cita en un céntrico restaurante de Barcelona. Desde ese día no había vuelto a ser la misma, se mostraba nerviosa y torpe desde entonces. En el trabajo la habían llamado la atención varias veces por pillarla con la mente en blanco, desatendiendo sus labores en el centro. Incluso había sido llamada al despacho del jefe de sección, siendo regañada por desatender su trabajo.

      Podía tener serios problemas, si no se mostraba más atenta. Apenas llevaba cuatro meses trabajando en ese puesto, le había costado muchos quebraderos de cabeza el conseguirlo, era una empresa farmacéutica de gran estatus en la cual se realizaban medicamentos especiales o llamados por algunos laboratorios como fórmulas magistrales, las cuales eran de una cuantiosa cantidad económica, así como tener que mantener la seriedad y discreción necesaria. Desde el día que tuviera la cita en el restaurante, varios de los ensayos de esas fórmulas, no habían pasado el nivel requerido, teniendo que desechar componentes, que no hay que añadir tenían un precio considerable, de ahí que fuese requerida su presencia al despacho del jefe.

     Ese era el día señalado, recogió una pequeña maleta con ruedas y salió de la casa. Era viernes, debía presentarse en una dirección que le habían proporcionado en aquella cita. Pero eso sería a la tarde, después del trabajo. Esa mañana intento pasar desapercibida en su puesto, realizando pequeños trabajos que no requerían tenerles una gran atención. La mañana se hizo eterna, no hacía más que mirar el reloj de la pared, este parecía que no se moviese, pero logro mantenerse serena y fueron pasando las horas, a pesar de sus nervios a flor de piel, llego la hora de salir. Debía presentarse a eso de las cuatro de la tarde en la dirección, aún faltaban dos horas, por lo que tenía tiempo sobrado para comer, aunque sentía un nudo en la garganta y no creía que pudiera probar bocado alguno.

     Al salir pensando en que disponía de tiempo suficiente, decidió ir hasta las cercanías de donde debía ir caminando. Total, eran solo unas manzanas no tardaría demasiado en llegar. Se detenía en los escaparates de tiendas de ropa, así como superficies de muebles. Viendo muebles soñaba en cómo podría acomodar el pequeño piso que había mirado hacia unos días y que pensaba en comprar cuando dispusiera de ahorros suficientes. Si conseguía que prosperase el asunto que la preocupaba, era algo que le había costado mucho tomar la decisión. Desde que apenas era una adolescente había frecuentado foros de las redes sociales, sobre todo de determinado gremio como solía decirles ella, había hecho amistades en ellos, así como incluso llegar a quedar en persona con algunas chicas que los frecuentaban, llegando incluso a intimar con una de ellas. Sonia era una de esas amigas, con la cual solía chatear con frecuencia por WhatsApp. Pensando en ella sintió que en el bolsillo trasero del pantalón vibraba el móvil, lo extrajo y miro, era Sonia.

(…Hola Soraya!...)

     Sonriendo miro el mensaje…

(…Hola Sonia, que tal tía…?)

(…Como te fue en tu cita?...)

(…Bien, he quedado para hoy…)

(…Que guayyy, me alegro que por fin te hayas decidido…)

(…No veas que nervios…)

(…Uy… te tengo que dejar Soraya, ya me contaras como te ha ido…)

(…Hasta luego… Sonia…)

      Sonriendo apago el móvil…

    Mirando el reloj, su pulso se aceleró de golpe. Faltaban apenas treinta minutos y aún estaba a tres manzanas llevaba tiempo sobrado para llegar. Pero debía caminar a buen paso, no sabía que sucedería si llegaba tarde su primera cita, pero tampoco deseaba averiguarlo, así que acelero su ritmo de caminar. En apenas quince minutos estaba frente a la puerta de entrada, estaba más nerviosa de lo que había estado jamás. Permanecía en la puerta mirando hacia la calle, de espaldas a la entrada, cuando sintió que una mano palmeaba su hombro. Sobresaltada se dio la vuelta, ante ella tenía a una señora mayor de unos sesenta años, alta, altísima, con un cuerpo corpulento para ser el de una mujer, vestía un traje azul marino compuesto de chaqueta y una falda por encima de la rodilla, con una blusa blanca. Llevaba gafas de montura de pasta con las cuales, le daba el aspecto de una profesora de colegio, con un rostro tan serio que hacía temblar solo estar ante ella.

Señora: Soy la señora Stuart, tú debes de ser Soraya, verdad? Acompáñame te están esperando.

     Soraya caminaba tras ella, no podía imaginar que pudiera haber una mujer con aquella altura, ella apenas le llegaba al ombligo. Entro en el ascensor tras aquella mujer, la cual al entrar se volvió hacia ella, quedando una enfrente de otra, escucho como las puertas del ascensor se cerraban a su paso. No era capaz de mirar a los ojos a aquella mujer, ahora que estaba más cerca de ella, pudo apreciar mejor la estatura de esa torre de mujer, apenas llegaba ella a la altura de sus pechos.

      Tras subir varios pisos Soraya pudo escuchar la voz automática del ascensor que indicaba el piso que se había detenido el ascensor… “planta veinticinco”… se apresuró a salir, para permitir a la Sra. Stuart que pudiera salir, esta sin mediar palabra se dirigió a la puerta del rellano que permanecía abierta, entrando dentro. Al traspasar la puerta, vio que la aguantaba abierta una chica vestida de doncella de su edad, la cual se apresuró a cerrar una vez hubieron entrado la señora y Soraya. Soraya se giró hacia la chica, apenas tuvo tiempo de mirarla, pero le pareció ver que la falda del uniforme no le cubría demasiado, pues por un momento le dio la impresión de ver que llevaba unas bragas blancas. Al volver la cabeza, vio que la mujerona se había alejado unos pasos de ella, por lo que se apresuró para alcanzarla, esta caminaba por un largo pasillo, al llegar al fondo a la derecha había una puerta, por la cual la señora entro, entrando Soraya tras ella. Una vez adentro la mujer se detuvo, permitiendo que ella entrase y cerrar la puerta a su paso.

(Sra. Stuart)  -. Desnúdate!

     Intimidada ante la presencia de aquella mujer, empezó a desabrocharse el pantalón y bajárselo, se quitó los zapatos para poder sacarse los pantalones, luego se sacó el jersey verde esmeralda dejándolo doblado sobre la cama, recogiendo del suelo los pantalones hizo lo mismo, quedándose en braguitas rosas y sujetador a juego.

(Sra. Stuart)  -. Las bragas y el sujetador también! Venga! No tengo todo el día…

    Roja de la vergüenza se desabrocho el broche del sujetador, luego sin mirar a ninguna parte se bajó las braguitas rosas, sacándoselas primero el pie derecho e izquierdo, dejándolas encima de su ropa.

(Sra. Stuart)  -. Bien, ahora déjame verte, date una vuelta…. Bien veo que has obedecido las reglas, ahora hay que vestirte de la manera que lo harás de ahora en adelante, de quedarte en esta casa, claro está. Los señores te aleccionaran convenientemente de las reglas de esta casa, y una de ellas es no hacer esperar. Hay que vestirte rápidamente o no comenzaras muy bien tu primer día… .- Diciendo estas últimas palabras, la Sra. Stuart se dirigió a la cómoda, extrajo unas bragas blancas con dibujos de flores silvestres azules. -. Ponte las bragas…

    Soraya las cogió de la mano enorme de la Sra. Stuart, al desdoblar las braguitas y ver lo grandes que eran se las quedo mirando como asqueada, eran horribles y lo peor de todo, debía ponérselas. Se agacho lo justo y necesario para pasar sus pies por las perneras, se las subió lentamente ajustándoselas a su cintura, le quedaban justo por debajo del ombligo, casi tapando este. Se veía ridícula así misma, con gusto habría salido de allá con rapidez, pero en cierta forma, ya se esperaba algo así. Su amiga Sonia se lo había advertido,… “Soraya, en este mundo descubrirás cosas que no te van a gustar, pero otras, que serán como estar en el séptimo cielo”… Luego la Sra. Stuart le dio una blusa azul celeste, sin decir nada, se la puso y abotono los botones, una vez puesta espero sin decir nada. La Sra. Stuart le dio una falda. Esta sin abrir la boca se la puso, era una falda tableada gris claro, con unos tirantes, vio que la falda apenas no le cubrían las bragas por detrás, dejando a la vista la parte baja de las braguitas, en una de las paredes había un espejo de cuerpo entero, se miró en él, viendo lo mona que estaba con el modelito, al darse la vuelta y mirarse el trasero, vio lo que ya había presentido, la falda dejaba a la vista parte de las perneras que cubrían su trasero. Entonces la Sra. Stuart le dio unos calcetines blancos que le cubrían los tobillos, y acto seguido unos zapatos negros tipo Merceditas sin tacón. Luego sintió que la agarraban de la mano y tiraban de ella, saliendo de la habitación al pasillo. Entrando por otra puerta que al entrar por ella y encenderse la luz daba al baño, en el. Sintió como su cabello era cepillado con esmero, en unos minutos la Sra. Stuart le había hecho unas trenzas.

(Sra. Stuart)  -. Bien preciosa! Ya estas preparada para salir a presentarte a los señores, vamos… no les hagamos esperar más! Vamos…

     Salieron del baño, una vez fuera. La Sra. Stuart la cogió de la mano, haciéndola caminar a su lado, tenía que dar zancadas largas para poder ir a su paso, sentía como la falda a cada paso se le levantaba dejando expuesto su trasero a miradas, por el pasillo se volvieron a cruzar con la doncella, está la miro con desprecio, algo que extraño a Soraya, la cual giraba la cabeza hacia ella sacándole la lengua, entonces más extrañada aun, Soraya giro su cabeza hacia atrás, mientras sentía que la Sra. Stuart tiraba de ella. Entonces vio como la doncella iba sobándose el culo por encima de sus bragas blancas, lo que más la extraño fue que la doncella llevaba el trasero colorado como un tomate maduro.

(Sra. Stuart)  -. Vamos niña!!! No te distraigas mirando a la doncella, o vas a ir a presencia de los señores, llevando el culo como ella de colorado.

     Esas palabras hicieron que Soraya dejara de distraerse y a saltos se pusiera al lado de la alta mujer que la conducía ante lo señores. Algo que sucedió rápido, ya que sin darse apenas cuenta, entraban en el salón donde permanecían sentados en sendos sillones el señor y su señora esposa, la pareja con la que había tenido una cita hacia unos días, y que le habían causado a Soraya una buena impresión, de ser las personas adecuadas que ella buscaba.

(Sr. John)  -. Hola pequeña Soraya! Ya veo que conoces a nuestra Ama de Llaves. A mi esposa ya la conoces, por el momento deberás llamarla Sra. Abba. Y a mí, Sr. John. Si pasas este fin de semana pasando la prueba y tú decides quedarte con nosotros, pasaras a llamarnos mamá y papá, entendido? Estás de acuerdo.

(Soraya)  -. Sí, señor John.

(Sr. John)  -. Tal y como habías visto en nuestro anuncio en la red social del club spankilandia, somos un matrimonio que ambos somos spankers, por lo cual serás sometida a una estricta disciplina. Como habíamos hablado, de pasar esta prueba de este fin de semana. Nuestro chofer será el encargado de llevarte al trabajo e irte a recoger, para no llamar la atención, lo hará en un vehículo normal e utilitario, ya que llevarte en limusina sería muy sospechoso para una trabajadora, y no queremos que en tu puesto de trabajo piensen lo que no es, verdad? Viviendo en esta casa, no tendrás gastos, pero como toda hija tendrás una asignación semanal, excepto cuando estés exenta de esta, por hallarte castigada sin paga. Eso es algo que sucedería si por ejemplo, en tu día libre no regresas dentro de tu horario pactado o te presentas en un estado poco… digamos poco aceptable. Una de las normas de esta casa, la cual es algo que no aceptaremos de ninguna de las maneras, es la impuntualidad a la hora de presentarte, tanto al desayuno, comida o cena. O como puedes ver, mejor dicho como vas a poder comprobar de manera inmediata por tu tardanza en vestirte. No te preocupes, ahora vas a ser castigada, pero tu tardanza es una mera excusa para que puedas comprobar como serás castigada en esta casa. Conocemos por ti, que nunca has sido castigada antes, ni de niña. No te debes preocupar, muchas spankee´s como tú se ven en tu misma situación. Nosotros hemos tenido otras chicas como tú, que no han sido castigadas nunca, y otras que si han vivido esa experiencia desagradable, pues en la infancia no resulta nada agradable. Pero en cambio una vez que son adultas, recuerdan con cierta nostalgia esa época de su vida y otras… como tú, tienen el morbo por conocer que se habría sentido de haberlo vivido, aunque de adulta resulta muy distinto y estimulante, solamente habría que ver el estado de tus braguitas en este preciso instante, que sabes vas a ser castigada. Ya has podido ver, pues debes de haber visto a Carmen cierto? Ella también es una spankee, pero en ella su fantasía es de servir de doncella, bajo una estricta disciplina. Sobre gustos no hay nada escrito como puedes ver, tu caso buscas un papá y una mamá, los cuales sean estrictos contigo…. Nos habíamos quedado en… que vas a ser castigada por tu tardanza al vestirte. Como será tu primera azotaina será ante mi esposa y yo presentes, la Sra. Stuart además  de Ama de Llaves de la casa, es la encargada de la disciplina en esta casa, cuando yo o mi esposa estamos ausentes para aplicarla, ella se encargara de darte tu primera azotaina. Sra. Stuart cuando este usted dispuesta puede empezar con la muchacha.

     La Sra. Stuart no se hizo de rogar, caminando hacia el rincón fue en busca de una de las sillas de respaldo recto, era una silla rustica del siglo XVIII. La pesada silla fue levantada con una sola de sus manos, como si resultara ligera como una pluma. La llevo hasta el centro del salón colocándola a solamente unos metros de los anfitriones y señores. Se sentó en ella acomodando la falda con sus manos asiéndola a la altura de los muslos y subiéndola lo justo para poder sentarse cómodamente, mirando a Soraya se palmeo el muslo derecho, indicándole que debía colocarse sobre sus rodillas.

     Soraya no sabía a donde centrar su mirada, hacia el Sr. John, hacia la Sra. Abba o la Sra. Stuart la cual la esperaba que comenzara a andar hacia ella. Por fin iba a hacer realidad su sueño, la de veces que había pensado como sería el tener que tenderse boca abajo sobre las rodillas de otra persona, para recibir una azotaina en el trasero. En esos instantes no sabía qué hacer. Por un lado deseaba con locura ir corriendo a tumbarse sobre las rodillas, por otro lado, temía tener que hacerlo y ser ella misma quien lo hiciera. No era como lo había imaginado que sucediera, siempre se había pensado, que sería la otra persona quien la iría a buscar y de la oreja la condujera hacia el lugar donde recibiría el castigo. El Sr. John había hablado que debía tener las braguitas mojadas, pero la verdad era que no se había parado a pensar en ello, hasta en ese instante. Ya que ahora era diferente la situación, sin duda alguna si le eran bajadas las bragas, todos iban a poder ver que las llevaba empapadas, eso si la hacía quedarse en babia sin saber que debía hacer con exactitud, la vergüenza que sentía en esos instantes era tal, que no se atrevía a dar un solo paso adelante. Era como si tuviera los pies clavados en el suelo, por si fuera poca la vergüenza que sentía, se acababa de recordar lo horteras que resultaban las bragas que había tenido que ponerse. Sin darse cuenta alguna de ello, sus manos estaban tratando de estirar el borde de su corta falda, para cubrir esa prenda que resultaba visible apenas se diera la vuelta y comenzase andar hacia la Sra. Stuart. Solo de pensar que aquel matrimonio que unos días atrás tan solo había estado con ellos de manera desenvuelta y cómoda, estando vestida de manera normal. Ahora era totalmente distinto, iba vestida como una niña de once años, cuando ella era una adolescente de veintidós años, el solo estar así vestida ya le producía una angustia, así como una vergüenza que no llegaba a comprender, pero que en su interior era una sensación nueva, y por increíble que pudiera parecer, era una sensación agradable, nunca se lo había planteado, aunque el día de la cita se lo habían planteado, aunque no de manera directa… “Experimentaras todo tipo de experiencias que no puedes ni plantearte…” pero está en concreto jamás lo habría imaginado. Desde que conociera al matrimonio de spankers, en esos días se había imaginado infinidad de veces tumbada sobre las rodillas del hombre, en cambio, jamás se hubiera imaginado una situación así. No, esto no se lo podía esperar, pero así iba a suceder en breve.  Cada vez que levantaba su mirada hacia la Sra. Stuart, la veía como la observaba en silencio, al mirarla directamente sus miradas se cruzaron, viendo como la Sra. Stuart volvía a palmearse el muslo derecho, ahora de manera sonora y repetidamente. Aquel sonido acompañado del gesto firme y de su mirada penetrante hizo que Soraya empezara a caminar lentamente hacia ella, no podía explicarse por qué lo hacía, porque avanzaba…   pero algo en su interior le decía que debía ir, ahora su mirada no se apartaba de aquel rostro impenetrable, serio, sin mostrar ninguna señal visible que Soraya pudiera ver.

      Andaba lentamente… se había girado hacia ella, hacia la Sra. Stuart, ya no le importaba que el matrimonio pudiera verle la parte baja de sus bragas, así como ver la horterada de sus dibujos de flores silvestres azules, ahora se masajeaba el trasero introduciendo su mano izquierda  bajo su falda, acariciando el culito respingón por encima de aquella horterada de braguitas, en las yemas de sus dedos podía sentir el relieve de aquellos dibujos de flores silvestres azules, parecía absurdo, pero de alguna manera el tacto de aquella tela de algodón de sus bragas en las yemas de sus dedos era agradable.

     A medida que se acercaba hacia la inmutable Sra. Stuart, Soraya apenas estaba a unos metros, de buena gana hubiera echado a correr saliendo de aquella casa, pero las sensaciones que estaba experimentando eran superiores a ella. La angustia de sentir que nada que hiciera podría cambiar el destino, desear que todo ya hubiera acabado, no teniendo que seguir pasando aquella vergüenza, pero al mismo tiempo el deseo de verse sobre las rodillas de aquella montaña de huesos, ahora se sentía culpable de pensar así, debería decírselo? Que la había llamado en sus pensamientos “montaña de huesos”. Solo con verle aquel rostro serio e impenetrable se respondió así misma, “ni hablar”.  Aunque una tenue sonrisa apareció en sus labios, algo que creyó había pasado desapercibido.

      Pero no fue así…

    La montaña de huesos… se levantó de la silla con un aireado enfado, sobre todo en los aspavientos que hacía con sus brazos y en la forma en que movía sus labios. Soraya apenas escucho sus palabras, solamente vio la mole del cuerpo de la Sra. Stuart acercándose hacia ella, lo siguiente que sintió, fue un intenso dolor en el lóbulo de su oreja izquierda…

(Sra. Stuart)  -. Se puede saber de qué demonios te estas riendo? Ahora te voy a enseñar yo a reírte de una servidora…

(Soraya)  -. No señora, no me reía de usted, de verdad!

      Su disculpa no debió ser muy convincente, quizás, porque se tapó con su mano derecha la boca para que no la viera sonreír de nuevo…

(Sra. Stuart)  -. Con que no, eh! Te estas riendo de mi persona? Ahora vas aprender a respetar a quienes están en esta casa para enseñarte modales… .- El enfado de la señora era considerable, hasta ese momento había hablado en un perfecto castellano, pero al estar enfadada y furiosa, su vocabulario había aireado un claro acento inglés. Con su mano derecha había sorprendido a Soraya agarrándola del lóbulo de su oreja izquierda, conduciéndola  hacia donde había ubicado la silla momentos antes. -. Te voy a enseñar a respetarme…

     Soraya se vio en un momento de pie, parada ante la mujer que se la veía contrariada por el enfado, la cual seguía retorciéndole el lóbulo de su oreja izquierda. Soraya se había llevado su mano izquierda a la oreja, tratando de que le soltara la oreja, no lo logro. Pero sintió como la presión en el lóbulo de la oreja desaparecía, para a continuación sentir como la mano derecha de la Sra. Stuart descendía por su espalda, hasta posarse en su cintura. Entonces Soraya sintió que la mano izquierda de la Sra. Se había posado en su cadera derecha, sintiéndose izada del suelo, lo siguiente que sintió fue los muslos de la Sra. Stuart a ser posada sobre ellos boca abajo, era una sensación agradable. Pero al estar sobre las rodillas, sentía como la brisa enfriaba su trasero, no lo podía ver, pero descubrió que su corta falda se le había levantado por sí sola, dejando expuesto su trasero y aquellas horteras bragas bien expuestas a la vista de todos. Aquello la hizo ruborizarse por la vergüenza, aunque fue poco el tiempo que tuvo para pensar en esa cuestión, algo la hizo volver a la realidad. En su trasero sintió por primera vez un buen azote en su culo, tuvo tiempo de saborear el momento, la Sra. Stuart era una consumada spanker, sabía que era la primera vez de la chica, era algo psicológico dejarla tiempo antes de empezar la azotaina de manera eficiente, el segundo y tercer azote fueron seguidos uno tras otro, luego la mano de la mujer trazo unos círculos sobre el trasero de Soraya, por encima de sus bragas.  Algo que Soraya agradeció ronroneando como una gatita, su mano derecha fue a su trasero frotándoselo suavemente. Su cuerpo sintió como una sacudida leve, y sus piernas temblaron esporádicamente al mismo tiempo las dos, se acababa de correr sintiendo su primer orgasmo a través del spanking habían sido demasiadas emociones en tan breve espacio de tiempo.

      Soraya estaba muy avergonzada, se acababa de correr escandalosamente ante tres personas, pero al mismo tiempo se encontraba muy agradecida, Sonia, su amiga tenía razón iba a sentir sensaciones sublimes, “pero otras no lo serán tanto…créeme”. Esta última frase la mantenía intrigada, pronto iba averiguarlo…

      Sintió como su mano derecha se la cogía por la muñeca, retorciéndosela sin forzarla, pero posándola sobre su espalda doblada sobre ella. Sintió al instante un fuerte azote en el culo, seguido de otros tan fuertes y seguidos, la azotaina acababa de comenzar, esta no era de broma. Enseguida sintió como el calor de su trasero iba incrementándose a cada nuevo azote, estos sí que dolían, haciendo que Soraya comenzara a mover sus caderas de un lado a otro, aunque era muy poco el margen que tenía, pues sintió que estaba firmemente sujeta sobre el regazo. Apenas se podía mover, por lo que sus piernas, ahora se agitaban como si fueran espasmos a cada fuerte azote que sentía arder su trasero, el calor en él, comenzaba a ser cada vez más molesto, pronto de su garganta empezaron a surgir gemidos de dolor, la pesada mano de la Sra. Stuart estaba siendo muy efectiva caldeando su pequeño trasero, sus piernas comenzaron a patalear en el aire de manera espontánea, su brazo izquierdo intentaba apoyarse con su mano en algún lugar donde poder hacer fuerza para liberarse, aunque la azotaina había empezado siendo placentera, ahora solo deseaba que terminara de una vez. Su trasero le ardía de manera insoportable para ella, no deseaba llorar, por lo que apretaba los dientes con fuerza. De manera vagamente su cabeza miro hacia su derecha, vio como el matrimonio observaba como Soraya recibía la azotaina que estaba recibiendo, aquello la hizo avergonzarse hasta la raíz. En ese instante la lluvia torrencial de azotes sobre su trasero, paro.

     Sintió como unas fuertes manos se introducían bajo la cinturilla de su falda, segundos después estas, se introducían entre la cinturilla del elástico de sus bragas, al sentir que le iba la Sra. Stuart a bajar las bragas, esta se retorció intentando evitarlo girando sus caderas, movimiento que resultó infructuoso, pues sintió como sus bragas eran bajadas por sus muslos hasta posarse a la altura de sus rodillas.

     La azotaina se reanudo con fuerza, los azotes ahora dolían igual o más, no podría Soraya calibrar si dolían más o menos, pero lo que si había cambiado era el sonido de los azotes al hacerlo ahora sobre su trasero desnudo, ya no pudo seguir mirando al matrimonio que la observaba, la azotaina estaba resultando muy dolorosa, más de lo que a ella le hubiera gustado, ya no conseguía aguantar por más tiempo aquel intenso ardor, por lo que de sus pupilas emanaron sus lágrimas, no podía pensar en nada, solo deseaba que aquella mujer o montaña de huesos dejara de azotarla en el culo. Algo que sucedió unos minutos después, cuando la señora vio que la muchacha agotada había dejado de forcejear, quedando desmadejada sobre sus rodillas llorando, mientras nada podía hacer para impedir aquella azotaina que le estaban dando, su primera azotaina.

     La Sra. Stuart dejo de calentarle el trasero a Soraya, esta quedo sobre su regazo llorando imperceptiblemente, sollozando de manera apagada, estaba dolorida y agotada. Sintió como era levantada de los muslos de la Sra. Stuart, lo primero que hizo al sentirse liberada, fue llevarse sus manos a su trasero desnudo, poso sobre él, las palmas de sus manos, le dolía demasiado para frotárselo, la Sra. Stuart se agacho lo necesario para sujetar las bragas de Soraya, buscando el elástico de la cinturilla, le subió las bragas haciendo que Soraya retirase sus manos y le arreglo la falda. Aunque seguidamente vio como la Sra. Stuart se levantaba de la silla, cogiendo de la mano izquierda a Soraya, la condujo de ella hasta donde estaba sentado el Sr. John. Soraya con su mano derecha se acariciaba el culo por encima de sus braguitas de flores silvestres azules, una vez estuvieron delante a menos de un metro, el Sr. John la cogió por la cintura levantándola del suelo y la sentó sobre sus piernas, abrazándola y permitiendo que la chica apoyara la cabeza sobre su pecho gimoteando, mientras el señor posaba su mano sobre el culo de Soraya.

(Sr. John)  -. Bueno mi pequeña, Soraya. Ahora ya sabes lo que es recibir una azotaina en el trasero, y como será a partir de ahora durante estos dos días y lo que queda del día de hoy que permanecerás en esta casa, cada vez que sea necesario, se te calentara el culito, y no te pienses ni por un momento que una azotaina es únicamente dada con la mano, dependerá de tu comportamiento. Puedes recibir una azotaina con la mano, cepillo, paddle, cinturón, regla, etc… ahora la Ama de Llaves te llevara a tu habitación y te pondrá crema hidratante en el culo. Señora Stuart! Puede llevársela!

     






Azotes del futuro 9


por Millard


El Congreso y el presidente quedaron tan impresionados con la disminución de la delincuencia juvenil y los aparentes cambios en la actitud de los niños en general desde la introducción de las máquinas de dar nalgadas, que destinaron dinero adicional para que se fabricara una versión más pequeña y económica de la máquina. disponible para las escuelas. Apuntar primero a las escuelas secundarias de esta gran nación significó que literalmente se ordenaron miles de máquinas. El periódico DesMoines fue el primero en publicar la noticia de que se había pedido una máquina para Fillmore Jr. High, y sería una de las primeras instaladas. El artículo explicaba los antecedentes de las máquinas y brindaba detalles específicos sobre cómo los administradores escolares y los maestros se beneficiarían al poder administrar disciplina inmediata. El periódico mostraba fotos de la nueva máquina, incluida una que mostraba la parte trasera de un niño, después de la finalización de una sesión. ¡La foto en color de su trasero brillantemente rojo no dejó dudas en la mente de Desmoine de que las máquinas eran eficientes!

El alumnado trató de no mostrar demasiada emoción por la máquina, que había sido instalada en el área de descanso de un antiguo maestro. A los profesores les encantó el hecho de poder tomar una merecida taza de café, y poder mirar fijamente la máquina, e incluso secretamente esperar que estuviera en uso en algún momento cuando ellos estaban allí.

Las máquinas diferían de las de los disciplinariums oficiales. era más pequeño No estaba cerrado. No tenía habilidades automáticas de implementos alternativos. Sólo podía usar el implemento que había elegido. La mayoría de las escuelas, incluida Fillmore Jr. High, eligieron la paleta, aunque solo sea por la razón de que la paleta se ha utilizado históricamente en las escuelas durante eones. Esta paleta, sin embargo, no era una pesada cosa de madera hecha en un taller de carpintería para los maestros. Era una paleta Lexan de última generación, de 4 pulgadas de ancho, con 16 orificios de 3/8" espaciados aleatoriamente a lo largo de su extremo comercial de 22". Si bien era posible dar un chapuzón sobre la ropa, no se fomentaba, ya que la máquina tenía escáneres que verificaban la severidad del castigo al registrar cambios de color y calor en las nalgas del niño o la niña. Como las grandes máquinas, sí incluía un gran monitor frente al estudiante que mostraba de cerca el trasero que estaba siendo castigado. A diferencia de la mayoría de las máquinas grandes, la máquina de la escuela también podría usarse para transmitir castigos reales a las aulas, utilizando los monitores de aula existentes.

Charles Evans era un chico simpático, un poco lento en sus acciones, pero tranquilo, y un chico cuya cara pecosa solía tener una amplia sonrisa. En sus 13 años, nunca había visitado un Disciplinarium y solo había remado una vez en la escuela. Fue entonces cuando el entrenador Rider calentó los asientos de nailon de todo el equipo de baloncesto masculino de quinto grado, después de que intentaron echar un vistazo al vestuario de las chicas. Todo esto iba a cambiar, y Charles desearía haberse quedado en casa en la cama, o al menos nunca haber escuchado la palabra "cigarrillo" después de haberse enganchado a las cosas 2 meses antes, hasta el punto de correr el riesgo de fumar a escondidas. debajo de la escalera trasera de la escuela. Fumar estaba estrictamente prohibido y se castigaba con una visita al Disciplinarium. Charles, sin embargo, tuvo "suerte"

Todo el proceso, ser atrapado, llevado ante el subdirector y caminar hasta el salón, no podría haber tomado más de 15 minutos. Sin embargo, en esos 15 minutos, ¡la escuela cobró vida con las noticias! Charles fue llevado a la habitación, donde vio la máquina por primera vez y, por primera vez en su carrera escolar, estaba lo suficientemente asustado como para llorar. Había dos maestros en la sala, y el subdirector dijo que estaba bien que se quedaran como testigos, luego dijo que no era tan importante como con una nalgada normal, ¡porque planeaba transmitir esto a toda la escuela! Charles se congeló ante esas palabras. ¡El director puso una videograbadora y le mostró a Charles un video de 4 minutos sobre la forma correcta de remar! Lo obligaron a quitarse los jeans y los calzoncillos (frente a una maestra, nada menos), mostrando a todos su pene casi sin vello, que trató sin éxito de tapar con las manos. Le hicieron cambiarse los zapatos y subirse a una almohadilla de la máquina, que se había puesto en marcha y emitía un suave zumbido. Le dijeron a Charles que agarrara un juego de manubrios amarillos sobre su cabeza y sintió que las abrazaderas de aire se inflaban sobre sus muñecas y tobillos. Lentamente, una barra acolchada empujó contra su hueso púbico, empujando sus nalgas hacia afuera, mientras la máquina lo inclinaba lentamente. Vio un gran monitor encenderse frente a él, mostrándole (y a toda la escuela, iba a aprender), un primer plano de su trasero. Sonó un timbre suave y sucedieron dos cosas casi a la vez. Primero, pudo ver un brazo que se separaba de la máquina, que sostenía una cosa parecida a una paleta de plástico transparente. Entonces, el monitor frente a él se iluminó con el número "30". En cuestión de segundos, se produjo un silbido, y el fuego iluminó su trasero cuando se aplicó el primer golpe. Contuvo el aliento, decidido a no gritar, cuando un brazo idéntico invisible para él desde el otro lado golpeó su trasero nuevamente. Fue tomado por sorpresa y gritó. Ahora también podía ver, a través de los ojos llorosos, su trasero en el monitor, como rayas rojas brillantes, con pequeños círculos blancos (donde estaban los agujeros de las paletas) formados en ambas mejillas. Golpeó una segunda ráfaga de golpes, y sintió como si su trasero estuviera en llamas. Para el sexto asalto, estaba tratando de mover su trasero fuera de peligro. Para el décimo asalto, corcoveaba como un potro salvaje y gritaba a todo pulmón. (Más tarde, sus amigos le dijeron que debería aprender a limpiarse mejor el trasero, ya que tenía un trozo de papel higiénico pegado en el agujero). Nunca supo si podían verlo o no, ya que lloraba tanto que no podía. no ver el monitor,

Charles fue ayudado a salir de la máquina y los dos maestros le levantaron la ropa interior y los jeans. Decir que ahora era famoso era quedarse corto, ya que los niños y niñas rozaban su trasero para verlo estremecerse.

Dos días después se encendió el monitor de su clase de historia y disfrutó viendo a un niño y una niña, a los que habían pillado fumando, recibiendo lo mismo que él había recibido. Estaba avergonzado, sabiendo que sus bolas y su agujero estaban a la vista de toda la escuela, y estaba asombrado por el primer plano claro de la anatomía de Cheryl Jackson, ¡la animadora principal de Fillmore Jr. High!

Ir a la página de contenido de esta serie.

Azotes del futuro 8



por Millard

Era una tontería apostar, pero Jon sentía que era el mejor jugador de baloncesto de la ciudad. Estaba observando los movimientos del chico alto y negro. Si bien el niño era mayor que los 12 años de Jon, era mucho más lento. Jon vio que tenía una cadena de oro muy bonita. Pensó que sería un gran regalo de Navidad para su mamá. Empezó a jugar un juego de 3 contra 3 y vio que era mucho mejor jugador que el niño negro. Finalmente, durante un descanso, el niño se le acercó y lo felicitó. Jon estaba orgulloso de sí mismo. Le dijo al niño cuánto le gustaba su cadena. El niño dijo, oye, ¿lo quieres? Cuando Jon dijo que sí, el niño dijo que podían jugar uno contra uno y que, si ganaba, podría quedarse con la cadena. Jon pensó un minuto y dijo, ¿y si pierdo? El niño dijo que entonces, podría ocupar su lugar en una hora en el Disciplinarium, ya que le habían dado un "

(Consulte la historia original de FUTURESPANK para obtener detalles sobre el sistema Disciplinarium).

Jon lo pensó y estuvo de acuerdo. Aunque nunca había estado en un Disciplinarium, lo habían azotado mucho y había oído que no era tan malo. Además, sabía que podía vencer al niño.

Bueno, estaba snooked. El niño lo derrotó y le dio su desliz con tiempo suficiente para que Jon tomara su lugar. Él y sus amigos siguieron a Jon, para asegurarse de que lo hiciera. Jon entró en el edificio, deslizó el "deslizamiento" (en realidad, una tarjeta de plástico) a través del lector. Había bancos de plástico a lo largo de la pared y música suave. Había una niña de su edad y un niño mayor esperando. Vio que se encendían unos números, y la chica salió y pasó por la puerta. Pronto, la puerta se abrió y salieron dos niños llorando, y el otro niño entró. Jon estaba empezando a preguntarse sobre la sabiduría de esto, cuando apareció "su" número. Fue hasta la puerta y la abrió. Dentro había 5 máquinas grandes. La luz del número 3 estaba parpadeando y él fue allí. Una voz mecánica le indicó que se quitara toda la ropa debajo de la cintura, excepto los zapatos (oye, espera un minuto, pensó, no acepté esto). La voz le dijo que tenía 2 minutos para desvestirse y entrar a la máquina, o se le otorgarían golpes de penalización. Pensó que era mejor que lo hiciera. Se quitó los pantalones y los calzoncillos de jockey y entró en la máquina. Se le indicó que se parara sobre las huellas amarillas y que agarrara las muñequeras superiores. Cuando lo hizo, las correas suaves se apretaron contra sus tobillos y muñecas, y la máquina movió hacia él una cosa parecida a una mesa que estaba acolchada en el medio, luego lo empujó suavemente sobre ella, mientras las correas adicionales se apretaban alrededor de sus hombros, cintura y hombros. muslos. Estaba inclinado, y de repente una pantalla de televisión se iluminó frente a él, mostrando una vista de un niño inclinado, cuya bolsa, pene y agujero estaban a la vista. Se movió un poco para confirmar que era SU trasero el que estaba en exhibición. Luego, la pantalla se iluminó y mostró un castigo de nivel 3. Jon sabía que eso era 3 veces tu edad en la cantidad de golpes. La máquina luego mostró 45. Estaba en pánico. Debería tener 36 años, pero luego recordó que estaba tomando el lugar del niño, que debe tener 15 años.

Jon escuchó un zumbido y de repente sintió un dolor terrible cuando una paleta de lexan le golpeó la nalga derecha con muchos agujeros pequeños. En un segundo, otra paleta le golpea la mejilla izquierda. A Jon se le cortó el aliento, mientras los golpes continuaban y los números bajaban. Después de la primera docena, comenzó a llorar, luego sollozar y finalmente gritar de dolor, pero no había nadie para escucharlo. Podía ver que su trasero se había vuelto de un tono rojo brillante, mientras las paletas subían y bajaban por sus mejillas.

Pareció una eternidad, pero en realidad fueron solo unos 20 minutos, hasta que la máquina lo liberó y se puso de pie para recibir más dolor. Salió tambaleándose al exterior, vestido (pero no podía ponerse los jockeys sobre el trasero inflamado, así que se los guardó en el bolsillo). Salió con rigidez, recuperó "su" tarjeta y se la devolvió al niño mientras salía. El niño le preguntó si le gustaría volver a jugar un juego mañana.

Ir a la página de contenido de esta serie.

Azotes del futuro 7: El juez



por Millard




El juez del Tribunal de Menores Hiram T. Fogle había sido juez durante 40 años. Se vio obligado a jubilarse después de cumplir 65 años, pero luego fue elegido nuevo juez del Tribunal de Menores del condado de Adams después de que la ex jueza Judy Walkins luchó contra el uso del nuevo Disciplinarium que se estaba construyendo a solo una cuadra del juzgado del condado. El juez Hiram consideró que los jóvenes merecían una palmada en la espalda, ¡siempre y cuando fuera "lo suficientemente bajo y lo suficientemente fuerte"! Era famoso por este dicho, y probablemente fue la razón por la que fue elegido, ya que los votantes estaban cansados ​​de la delincuencia juvenil y, en general, sentían que los niños necesitaban una buena paliza de vez en cuando.
La primera tarea del juez Hiram fue ordenar cambios en el Disciplinarium, de acuerdo con un fallo judicial reciente en Dakota del Sur, que permitió a los tribunales de menores ordenar que los niños fueran exhibidos después de sus castigos, como disuasión para otros niños. Por lo tanto, el nuevo Disciplinarium de la ciudad se equipó con una gran ventana de vidrio plano, con cinco bancos de "exhibición". Estos bancos eran ingeniosos porque eran cómodos para acostarse, pero también estaban equipados con restricciones automáticas, al igual que las máquinas de azotes. Un niño que iba a ser puesto en exhibición después de una nalgada, sería dirigido por un corredor separado hacia el área de exhibición, donde se le indicaría que se arrodillara en un banco de sujeción específico. El banco separó sus piernas, levantó sus traseros y bajó sus cabezas.

Los primeros en ser ordenados "en exhibición" fueron un grupo de 5 boyouts, que habían decidido pintar con aerosol sus nombres en el costado del estacionamiento de la ciudad, ¡mientras vestían uniforme! El juez Hiram les otorgó a cada uno un "5", lo que significaba cinco veces más golpes de castigo que sus edades, que eran de 12 a 15 años. Luego les ordenó una hora de tiempo de exhibición.

Los exploradores fueron llevados inmediatamente al disciplinrium desde el juzgado, seguidos por una gran multitud, incluido un fotógrafo del Daily Sentinal. Las fotos de los niños entrando al disciplinarium con sus camisetas y pantalones cortos del uniforme de los boy scouts, con medias largas, estaban en la primera plana del periódico. Debido a la fecha límite de publicación, más imágenes "después" no llegarían hasta el día siguiente.

La multitud esperaba ansiosamente fuera del disciplinarium a que salieran los chicos. El disciplinarium era el modelo más nuevo y tenía 6 máquinas de azotes, por lo que todos fueron "servidos" al mismo tiempo. Después de unos 15 a 20 minutos, se abrió una puerta de metal y los cinco exploradores salieron a la ventana delantera iluminada por el sol del disciplinarium. Los primeros tres niños eran dos niños de doce años y un niño de 13 años, que lloraban copiosas lágrimas, mientras se masajeaban el trasero mientras salían. El primer chico era un rubio, cuyo rostro estaba tan rojo como su trasero que pronto sería visto. Estaba frotando y frotando su trasero mientras salía lentamente. Aproximadamente en el momento en que vio la multitud que se había formado, se detuvo, miró fijamente y la multitud se deleitó con la vista de su pene, que hasta ese momento había aparecido como nada más que una pequeña protuberancia roja sobre sus testículos. saltó a la erección completa de 4 pulgadas en todo su esplendor sin pelo. Rápidamente se agarró, mientras se movía hacia el banco más alejado. El segundo niño, que también tenía 12 años y no tenía pelo, pero parecía hispano, solo miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas. simplemente miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas. simplemente miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas.

Cuando los muchachos se giraron y miraron hacia los bancos, se arrodillaron en reclinatorios acolchados. Estos estaban separados por un área alfombrada, lo que significaba que, en el proceso de arrodillarse, sus partes íntimas se exhibían por completo. Debido a la separación, incluso sus perineos y rectos estaban completamente abiertos a la vista. Se inclinaron hacia adelante y fueron atados con correas en las piernas, sobre los tobillos, la espalda y los hombros, y se les obligó a sujetar las muñecas en el suelo. La pared trasera de la pantalla estaba completamente cubierta por un espejo, para que sus rostros también se vieran y pudieran ver las caras de la multitud mirando sus traseros y áreas privadas.

¡Qué rojas estaban sus nalgas! Era evidente que dos habían recibido la paleta de plástico, ya que se podían ver pequeñas marcas en relieve donde había dejado su firma en sus nalgas. A un niño le habían puesto la correa, y se podían ver marcas de correas enojadas en ambas mejillas, e incluso dentro de las mejillas, sobre su pequeño agujero, que parecía más rojo que el resto de su trasero.

En ese momento, los dos niños mayores entraron por la puerta. Ambos tenían vello púbico y penes bastante más grandes, en comparación con sus amigos exploradores más jóvenes. Ambos se cubrieron lo mejor que pudieron, excepto que la sorpresa de sentir sus penes a la vista hizo que ambos se pusieran erectos, lo que sí pareció deleitar a la multitud. Ambos muchachos habían recibido el bastón, y las marcas vívidas del bastón estaban arriba y abajo de sus nalgas, incluidas algunas que estaban hacia arriba y hacia abajo, causando una especie de patrón de "tres en raya" en sus traseros.

Una foto de gran angular de la multitud y cinco niños apareció en la primera plana y fue recogida por dos de los servicios de noticias. El sistema telefónico y el fax del juez Hiram se vieron abrumados por los muchos comentarios que recibió, el 95% de los cuales fueron positivos.

Aparte, la tropa de niños exploradores votó para mantenerlos como miembros, y toda la tropa se ofreció como voluntaria para limpiar la pintura de la pared que sus amigos habían pintado. Se citó al jefe de exploradores diciendo que estaba decepcionado de que hubieran hecho tal cosa, pero honestamente creía que ni ellos ni ningún otro explorador volvería a hacer algo así.


miércoles, 30 de marzo de 2022

Azotes del futuro 6: Paleta rota


por Millard

Los trece años fueron una edad traumática para mí. Mi padre nos había dejado a mi madre, a mi hermana menor ya mí, y prácticamente tuvimos que hacerlo solos. Mamá tenía 2 trabajos, camarera durante el día y clasificadora de correo por la noche. Ella no podía pagar una niñera, así que me convertí en una combinación de hermano mayor/niñera para mi hermanita Abby de 7 años. Una cosa acerca de tener a mamá fuera la mayor parte del tiempo es que me dio tiempo para invitar a mis amigos. Por supuesto, nadie quería tener nada que ver con Abby, así que se quejó con mamá de que yo siempre invitaba a chicos a casa y que no la dejaba invitar a ningún amigo. Creo que golpeó a mamá en una noche equivocada, porque procedió a gritarle a Abby Y a mí. Me dijeron que no podía invitar a ningún amigo a menos que mamá estuviera en casa, y le dijeron a Abby que dejara de chismear. Ahora,

Empecé a pensar en una forma de "vengarme" del pequeño chismoso. ¡Pensé que, dado que no podía invitar a ningún amigo, esperaría a que ella hiciera algo malo y le haría ampollas en el trasero! Sé que mamá la ha azotado antes, tal como me ha azotado a mí. La diferencia es que a mí no me han azotado desde que tenía 12 años, ya Abby no la han azotado desde que papá se fue. De todos modos, nunca me pareció justo. Siempre lo compré con una paleta de madera que tenía este pequeño dicho "Para el lindo cervatillo con el oso detrás". Tenía animales pintados en él. Hombre, esa cosa podría picar. Mamá siempre me hacía quitarme los pantalones y la ropa interior y pasar por encima de su rodilla izquierda. Luego, ella sostenía mis piernas con su rodilla derecha, manteniendo así mi trasero doblado en un ángulo agudo, mientras mis manos colgaban frente a mí. Entonces ella simplemente explotaría en mi trasero. No sé si contó los golpes o simplemente azotó hasta que le dolió el brazo. Sé que lloré después de cada azote y que llevaría marcas rojas durante días después.

A Abby, por otro lado, generalmente solo la golpeaban sobre la base de sus bragas (si tenía puesto un vestido) o sobre sus jeans. Solo puedo recordar que se lo quitó cuando estaba desnuda en la bañera y salpicó agua por todas partes.

Entonces, mi plan era vengarme de ella azotando su pequeño trasero cada vez que hacía algo "malo". Tendría que ser algo malo, o mamá vería a través de mí. Ahora que tenía que estar a solas con ella por las noches, ¡tendría mucho tiempo para cuidarla! Efectivamente, unos dos días después, derramó jugo de uva en el sofá y cuando le grité que lo limpiara, me respondió y dijo que yo no era su madre. ¡Vi mi oportunidad y la aproveché! Al ir al armario de mamá, encontré la paleta colgada de un gancho y la llevé a la sala de estar, donde Abby estaba sentada viendo Tela-Tubbies. Cuando vio la paleta, se le salieron los ojos de las órbitas y pude verla bajarse el borde de la falda por delante. Me preguntó por qué tenía la paleta y le dije que mamá había dicho que debería darle una nalgada si hacía algo. y su pequeño berrinche derramando y gritando era demasiado. Había decidido que necesitaba aprender una lección. (Ahora, Abby estaba en un lío. Ella también había escuchado a mamá decirme que podía azotarla si tenía que hacerlo, pero tampoco pensó que la azotaría con esa paleta).

¡Me senté en el borde de un taburete acolchado y le dije que viniera para poder azotarle bien el trasero! Empezó a gemir y se quedó sentada allí. Le dije que iba a contar, y que si llegaba a diez, vendría y la azotaría allí, luego me sentaría y la azotaría de nuevo cuando finalmente se acercara. Se deslizó hacia adelante en el sofá, apagó sus lágrimas y comenzó la rutina de negociación con la que todos los niños están familiarizados. Ya sabes en el que dices que lo sientes y nunca lo volverás a hacer, etc. La interrumpí contando. A las 5, se puso de pie y caminó lentamente hacia mí. Se agarró el trasero mientras se acercaba. También siguió preguntando sobre la paleta, diciendo que mamá nunca la había remado y por qué la tenía fuera. Le dije que pronto lo descubriría. Finalmente llegó a mí, y bajé la paleta, le levanté la falda, y metí la mano en los agujeros de las piernas de sus bragas, y las bajé hasta los tobillos. ¡Ella realmente comenzó a gritar entonces!

La puse sobre mi regazo, levanté su pequeña falda plisada y miré su pequeño trasero. Estaba apretando sus nalgas juntas y tratando de cubrirlas con sus manos. Agarré sus manos y las sostuve en su espalda, con mi mano izquierda. Luego procedí a azotar su pequeño trasero con mi mano derecha, hasta que quedó de un color rosado. Estaba llorando, pero me di cuenta de que en su mayoría eran llantos falsos. Luego la moví más lejos en mi regazo, tomé la paleta y simplemente la golpeé en su pequeño trasero.

Sucedieron tres cosas, ella gritó tan fuerte que pensé que los vecinos llamarían a la policía, pateó sus piernas tan rápido que sus bragas volaron y levantó su trasero en el aire justo cuando estaba dando el segundo golpe.

Supongo que las leyes de la física trabajaron en mi contra, o realmente no sabía cuánta fuerza había en mi brazo, o la combinación de ella subiendo en el aire y la paleta bajando ejerció presión sobre él, ¡porque se rompió en el mango!

Abby gritó como si la estuvieran desollando viva, y su pequeño trasero se volvió de un rojo brillante. La dejé plantada y le dije que había terminado, y dije algo tonto sobre obedecerme, pero incluso a su corta edad, ella sabía que me tenía, y me tenía bien. Se puso de pie, con las manos en el trasero, sin molestarse siquiera en bajarse la falda por delante, y simplemente dijo entre sollozos con hipo. "Espera a que le diga a mami lo que me hiciste". Le dije que se fuera a bañar y se fuera a la cama, pero también sabía que era un niño muerto.

Entré a ver a Abby un poco más tarde, y ella estaba acostada en su cama, acostada boca abajo, con su trasero desnudo y rojo sobresaliendo. Dijo que estaba esperando a mamá. No pude evitar notar que había pequeños moretones en su mejilla derecha. Traté de decir que lo sentía, pero ella se volvió y me sonrió.

Efectivamente, mamá llegó a casa, y tan pronto como se abrió la puerta, y antes de que pudiera decir algo, Abby comenzó a llorar desde su habitación. Mamá se acercó a ella y escuchó toda la historia. Pasó un tiempo "consolando" a Abby, y luego salió, con fuego en los ojos. Traté de explicarle lo que había pasado, que todo fue su culpa, por levantar el trasero, pero ella no me escuchó. Simplemente recogió los pedazos de la paleta y fue al cajón de la cocina. Sacó una hoja de papel y escribió algunas cosas en ella. Luego se volvió hacia mí y me dijo con dulzura que, dado que disfrutaba tanto con el remo, se encargaría de que pasara algún tiempo con uno. Me dio la hoja de papel y me dijo que fuera al Disciplinarium que estaba a dos cuadras de Franklin Street.

(Lectores, si no han oído hablar de un Disciplinarium, consulten el artículo original de FutureSpank para obtener más detalles).

Sabía lo que era un Disciplinarium, ya que todos mis amigos habían estado en uno en un momento u otro. Traté de rogar para salir, pero mamá estaba cansada y molesta. Me dijo que las máquinas estaban abiertas toda la noche y que tenía solo 30 minutos desde el momento en que firmó el comprobante de castigo para llegar allí, o recibiría más. Luego se dio la vuelta y volvió a entrar en la habitación de Abby.

Sostuve el temido papel en mi mano. Decía "4" en el nivel de castigo, y ella había marcado el código que ahora permitía a los padres elegir los medios de castigo, en lugar de que la máquina lo hiciera por ellos. ¡Sabía que un "4" significaba 4 veces mi edad, o (matemáticas rápidas aquí) 52 golpes! Estaba temblando y temblando, pero no podía hacerle saber lo mal que me sentía, o ella me enviaría allí todo el tiempo, al igual que la madre de mi amigo Víctor.

Salí del departamento y caminé las dos cuadras hasta el Disciplinarium, que, según su letrero, estaba abierto las 24 horas "para servirte". ¡Puedo pensar en mejores maneras de ser "servido" que tener una máquina que te patee el trasero! Deslicé mi tarjeta de identificación en el lector de tarjetas y luego ingresé la hoja de castigo de mamá. Luego entré en la habitación, ¡que estaba desierta! En segundos, mi número de seguro social apareció en un tablero y me dijo que me reportara a la "Unidad 1". Me acerqué a la puerta y la abrí. Era una puerta pesada, que se movía sorprendentemente fácil. Al entrar, pude ver que había 4 máquinas, y de hecho, una de las máquinas estaba "en funcionamiento" y tenía la puerta cerrada. "Mi" máquina tenía una luz parpadeante y fui al frente. Había un letrero que me decía que me quitara toda la ropa por debajo de la cintura, incluidas las camisas que pudieran caer por debajo de la cintura. Me indicó que me dejara los zapatos puestos. También decía que tenía dos minutos para desvestirme, entrar en la máquina, pisar las almohadillas amarillas y agarrar las correas amarillas. Luego, el reloj comenzó a correr desde 120.

Víctor me había dicho que no me metiera con la máquina. Si fuera demasiado lento, solo agregaría más trazos a su oración. Me temblaban las manos cuando me desabroché el cinturón y me deslicé los vaqueros y la ropa interior hasta los tobillos. Me costó mucho quitármelos sobre los zapatos, y el reloj marcaba las 28 cuando por fin me puse de pie. Me di cuenta de que el faldón de mi camisa colgaba hacia atrás, así que simplemente me lo saqué por la cabeza y lo tiré sobre el banco. Allí me quedé, desnudo a excepción de un par de Nikes, cuando la puerta se abrió a la otra máquina, y salió un niño de unos 15 años. Estaba llorando a mares y luciendo una erección furiosa en lo que me parecía ser un pene enorme. Estaba empezando a tener un mechón de cabello rubio allí, y mis bolas se estaban haciendo más grandes, ¡pero me avergoncé de mi pequeño cuando vi a este niño! Vi el reloj en "9" y corrí hacia la máquina.

Con un sonido sibilante, las ataduras se formaron alrededor de mis tobillos y muñecas. Pronto me di cuenta de que no podía mover las manos ni las piernas. Una cosa parecida a un banco frente a mí se levantó y se dobló por la mitad, y finalmente empujó justo contra mi hueso púbico, obligándome así a retroceder, mientras las restricciones de los brazos me empujaban hacia adelante. Me encontré agachado, desnudo, dentro de una extraña máquina. Estaba asustado, pero también un poco asombrado. En ese momento, un gran monitor cobró vida frente a mí. Pude ver un primer plano de un trasero, y con un movimiento rápido, ¡descubrí que era mío! Era extraño ver tu propio trasero así. Podía ver mi bolsa colgando, y cuando empujé, incluso pude ver mi agujero. Entonces, me pregunté quién más estaba viendo este pequeño espectáculo, y apreté mis mejillas.

Otro movimiento zumbante me devolvió a la realidad. Vi el número "52" encenderse en la esquina de la pantalla, y luego escuché, en lugar de sentir, que algo perverso me golpeaba el trasero. Lancé un "ay" involuntario y miré hacia atrás para ver un tipo de paleta de plástico, con muchos agujeros, retrocediendo, mientras un gemelo se estrellaba contra mi trasero desde el otro lado. Al principio, el dolor no era tan grave. La paleta de mamá en realidad dolía más que esto, recuerdo haber pensado. Luego, las paletas golpearon nuevamente, justo debajo de las dos primeras marcas. Parecían estar cronometrados para que uno pudiera estar golpeando mientras el otro se rearmaba. WHACK, WHACK, pausa, WHACK, WHACK, pausa, continuó. Las paletas comenzaron en la parte superior de mi grieta y se abrieron paso hacia abajo. Pude ver las marcas rojas en mi trasero en el monitor, ¡y me di cuenta de que estas cosas duelen más que la paleta de mamá! A estas alturas, estaban en el lugar donde termina mi trasero y comienzan mis piernas. Parecían detenerse allí y seguir golpeando en el mismo lugar. ¡Hombre, dolió! Sentí lágrimas corriendo por mi rostro y mocos saliendo de mi nariz, mientras las paletas seguían golpeando. Miré la pantalla y vi "26" encenderse, hubo una pausa y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes! ya que hubo una pausa, y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes! ya que hubo una pausa, y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes!

Otra correa inflable apretada sobre mi cintura, junto con una en cada muslo. La máquina separó mis piernas y luego las paletas volvieron a funcionar. Ahora funcionaron de modo que en realidad entraron en mi área de grietas mientras volvían a bajar por mi trasero.

No recuerdo haber conocido tal dolor y terror. Si esta cosa puede doler tanto, ¿qué más es capaz de hacer? ¡Lo descubrí en los números 11 y 10 en el monitor, cuando las paletas comenzaron a golpear justo encima de mi ano! Luego, se movieron hacia abajo, hasta que estuve seguro de que mis bolas, que ahora arrojaban salvajemente, serían golpeadas. Aparentemente, la máquina es demasiado buena para permitir que eso suceda.

Tan rápido como comenzó, terminó. Pude ver que mi trasero estaba en una forma terrible, con ronchas de las paletas y pequeñas ampollas levantadas como cosas de los agujeros. La máquina me puso de pie, encendió las luces y me soltó, mientras la puerta se abría con un silbido. Ahora, fui yo quien salió a la luz, tocándome suavemente el trasero y sollozando lágrimas que parecían no parar. No había nadie más allí, me vestí con cautela y me fui. Deslicé mi tarjeta para mostrar que había terminado, y la máquina, con una voz metálica, dijo "gracias". Recuerdo que pensé qué tontería era decir eso. Caminé lentamente a casa, sintiendo el dolor en mi trasero con cada paso. Sé que mamá estará feliz con los resultados. ¡No puedo esperar para decirle que Abby también tiene la edad suficiente para ir!

Ir a la página de contenido de esta serie.

Azotes del futuro 5: Fase de Penalización



por Millard

Consulte FutureSpank 4 para conocer los antecedentes y el artículo original de FutureSpank para obtener detalles específicos.

Aaron se había olvidado de los golpes de penalización que se había ganado por demorarse en desvestirse y entrar a la máquina. Hubo un ruido de rechinamiento, y el acolchado contra el que estaba recostado comenzó a empujar contra su área púbica de manera alarmante. Al principio, fue un empujón suave, luego realmente empujó y realmente dolió. Sus brazos ahora estaban siendo tirados muy fuerte, y sus piernas estaban siendo tiradas hacia abajo. De repente, un rayo golpeó su trasero ya rojo, cuando un bastón de lexan cortó en el medio de su trasero. Podía ver en el monitor que el bastón todavía estaba tratando de enterrarse en sus nalgas. El dolor era asombroso. Gritó y gritó pidiendo ayuda, y tiró de sus ataduras, pero nada detuvo el bastón de empujar sus mejillas. De repente, retrocedió, y antes de que pudiera respirar de nuevo, golpeó de nuevo, en el lugar exacto, más duro que la primera vez. ¡Gritó de nuevo! ¡Esto no era un castigo, esto estaba más allá del castigo!

Con los ojos llenos de lágrimas, miró el monitor y vio que el bastón se apartaba repentinamente de su trasero. Podía ver una tremenda roncha roja donde habían golpeado los dos golpes. Su trasero estaba en llamas, y se sentía como si hubiera sido cortado por la mitad por el bastón. El monitor mostró "Penalty Strokes 2", mientras el bastón golpeaba de nuevo su ahora desprevenido trasero. Esta vez, el bastón golpeó en la división de su trasero, donde terminaba su trasero y comenzaban los muslos. De nuevo, ¡el derrame cerebral fue terrible! ¡La mente de Aaron hizo sonar una campana de peligro! ¡Iba a recibir dos golpes de penalización, no tres! Entrecerró los ojos de nuevo para mirar el monitor, y todavía decía "Penalty Strokes 2" cuando el bastón visitó el mismo lugar en su trasero. Esta vez, trató de enterrarse en su piel nuevamente. Podía ver el bastón comprimiendo la carne de su trasero, como si estuviera tratando de empujar hasta el final. Lloró de dolor, las lágrimas ahora corrían libremente por su rostro, mientras que los mocos también fluían de su nariz y caían al suelo. Su mente estaba dando vueltas, mientras el bastón zumbaba de nuevo en su trasero con la ferocidad de 1000 abejas picando a la vez. Esta vez recibió un golpe en la parte superior de su trasero, donde apenas comienza su fisura. Nuevamente, la caña trató de penetrar y nuevamente se repitió el golpe.

¡La mente de Aaron estaba entumecida! ¡Esto no podía estar pasando, tenía que haber algún error! Podría haberse ganado 2 golpes por ser un estúpido, pero no 6: haz eso SIETE cuando el bastón golpeó una vez más su trasero indefenso. De nuevo, gritó y gritó pidiendo ayuda, y de nuevo su única respuesta fue otro golpe, seguido de otro, y éste de otro.

Sollozaba tanto que apenas podía respirar. El dolor llegó en oleadas mientras su tortura parecía no tener fin. ¡Estaba más allá del pánico! El monitor mostraba grandes ronchas rojas que se oscurecían por todo su trasero. De repente, las luces se encendieron, sintió que la almohadilla se alejaba lentamente de él, sintió que la tensión en sus piernas disminuía y lentamente se puso de pie. En cuestión de segundos, fue liberado, la puerta se abrió y una voz metálica de computadora dijo "que tengas un buen día". Salió tambaleándose y pudo ver que la puerta de salida se cerraba cuando alguien se fue. Estaba solo en la antesala, ya que las puertas de las otras dos máquinas estaban cerradas y tenían carteles rojos de "en uso". Sabía que tenía que decirle a alguien que la máquina se había estropeado, que le habían dado diez veces los golpes de penalización que le habían otorgado. Rápidamente, recogió sus calzoncillos y se los puso. pero el elástico cerca de la parte superior de su trasero estaba demasiado apretado. Con un grito, se los quitó con cuidado y se puso suavemente los pantalones cargo, que, por diseño, cayeron hasta la mitad de su trasero y se adhirieron a la piel que estaba tratando de proteger. No podía sentarse para atarse los zapatos, tenía que poner los pies en un banco, y eso también le metía los pantalones en las nalgas. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida. y eso también tiró de sus pantalones en su parte inferior. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida. y eso también tiró de sus pantalones en su parte inferior. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida.

Mac estaba sentado allí, con un grupo de 6 niños de todas las edades. Los ojos de los niños se salían de las órbitas mientras miraban de Aaron al monitor de la pared y viceversa. Aaron supo en un instante que Mac había usado su llave y vio todo el programa. También sabía, por la expresión de los rostros de los niños, que ellos también habían observado. Trató de controlar sus sollozos lo suficiente como para contarle a Mac sobre el problema de Penalty Stroke. Quería que supiera que había recibido 20 golpes cuando solo merecía 2. Mac escuchó por un segundo y luego interrumpió y dijo que no sabía nada acerca de cuántos golpes de penalización había ganado. ¡Todo lo que sabía era que estaba sorprendido de que Aaron fuera tan estúpido como para ganárselos! Luego le dijo a Aaron que nunca más quería verlo fumando en su esquina, ¡o le dolería mucho el trasero! Con eso, se levantó y se fue.

Aaron se secó los ojos con los calzoncillos y buscó a alguien a quien contárselo, pero no había nadie allí excepto las próximas víctimas. Uno de los cuales, una adolescente, estalló en fuertes sollozos cuando pasó caminando, mostrando su trasero rojo a medias. Aaron se dio cuenta de repente de que no tenía a quién acudir, nadie ante quien quejarse. El Disciplinarium fue totalmente automatizado y totalmente anónimo. Enganchó sus cargas y caminó lentamente hacia afuera. Sabía que había sido agraviado, pero también sabía que, sin importar qué, ¡nunca volvería a este lugar!

Ir a la página de contenido de esta serie.

domingo, 27 de marzo de 2022

Azotes del futuro 4


por Millard

¡Aaron Kevin O'Brien, de diez años, se sintió muy bien! Sabía que su madre no quería que se asociara con la "pandilla" de chicos que siempre se reunían en la esquina, pero como ella había tomado el segundo trabajo en la panadería, y lo había dejado solo, había decidido que sabía más. sobre lo que tenía que hacer que ella. ¡Después de todo, era su vida! Le tomó un poco de tiempo estar de pie, pero finalmente se le permitió pararse y hablar con los chicos que se encontraban en la esquina. No eran un mal grupo de niños, pero todos "se veían mal". Se vistieron con pantalones cargo que parecían que se caerían en cualquier momento, y calzoncillos tipo bóxer que estaban expuestos debido a la precaria sujeción que tenían los pantalones cargo en sus respectivas partes inferiores. También fumaban, lo cual era una violación de la ordenanza municipal que prohibía fumar a cualquier menor. Aaron parecía un poco mayor de sus 10 años, pero no había forma de que pudiera comprar cigarrillos. Así que se los robó a su madre. Realmente se sentía genial, parado allí con los muchachos y mirando con aire de suficiencia a los ancianos que intentaban pasar, pero tenían que caminar por la calle porque los muchachos bloqueaban la acera.

sargento "Mac" McMillen tenía la guardia diurna y estaba paseando en un automóvil sin identificación cuando observó a los niños. Rápidamente se detuvo en la acera y saltó de su auto. Los chicos lo vieron y echaron a correr como si sus vidas dependieran de ello. Todos, es decir, excepto Aarón, que estaba ocupado sacando una piedra de su zapato. Ni siquiera sabía que los demás se habían ido, o que un policía estaba cerca hasta que una mano musculosa lo levantó en posición vertical tirando del elástico de sus calzoncillos. Gritó una blasfemia y se volvió para mirar el rostro enojado de Mac McMillen. Mac le preguntó qué diablos pensaba que estaba haciendo, fumando y causando problemas en su ritmo (el de Mac). Aaron, que podría haber sido capaz de salir de la mayoría de las cosas con palabras dulces, en cambio le dijo algo profano al sargento, y lo izaron aún más. y arrojado a la parte trasera del coche de policía. Mac le dijo que iba a cuidar su boca inteligente y se alejó.

Aaon comenzó a sentirse como un niño asustado, cuando el auto se alejó de la acera y condujo solo unas pocas cuadras, estacionándose en el gran lote del segundo Disciplinarium de la ciudad. (Consulte la historia original de FutureSpank para obtener detalles de Disciplinariums). Sacando a Aaron del auto, Mac exigió su tarjeta de identificación, que Aaron sacó lentamente de su bolsillo. Luego lo empujaron hacia adelante, a través de la puerta, hacia el interior del edificio asépticamente limpio. el sargento Pasó su tarjeta y presionó un botón "3". Luego hizo que Aaron se sentara en uno de los bancos de madera que bordeaban la habitación. Aaron miró a su alrededor y vio a otros 5 niños sentados allí. Frente a él estaban sentadas dos niñas, que parecían tener 12 o 13 años, un niño mayor y un niño de su edad. Junto a él estaba sentado un niño que parecía tener unos 7 años. Aaron había oído hablar del Disciplinarius, e incluso su madre lo había amenazado con enviarlo a uno, pero nunca pensó que estaría en uno. El sollozo universal de los otros niños hizo que su corazón diera un vuelco, ¡y de repente comenzó a pensar en lo que iba a pasar aquí!

Rodando sus largas pestañas, miró al sargento. con su mejor aspecto de niño pequeño, y le preguntó si no podía enviarlo a casa. Le dijo que había aprendido la lección y estaba asustado. Incluso logró que le saliera una lágrima del ojo. Mac no tenía nada de eso, y casualmente mencionó que iba a disfrutar viendo el programa. Aarón no sabía a qué se refería. En ese momento, la pista en movimiento llamó los números de identificación de las dos niñas y el pequeño a su lado, indicándoles que entraran y se reportaran a una máquina específica. Con eso, el sargento se acercó a un panel de pared y marcó un código. Esto hizo que se encendiera un gran monitor de televisión en la pared y, en unos minutos, mostró un primer plano de un trasero doblado. De repente, una cosa parecida a una correa golpeó el trasero. Luego se repitió una y otra vez. no había sonido, pero era evidente para Aaron (y los demás) que el trasero en la pantalla estaba recibiendo una paliza de primera clase. Después de unos minutos, la cámara retrocedió, mientras las piernas de la víctima se separaban lentamente, revelando un pequeño agujero de color marrón rosado y una pequeña bolsa cuyas bolas se movían hacia arriba y hacia abajo, aparentemente en movimiento con un sollozo del niño. Luego, las correas comenzaron en el área entre sus mejillas, y se podía ver cómo se esforzaba contra sus ataduras.

el sargento presionó otro botón, y lo que obviamente era uno de los traseros de la niña apareció a la vista, ¡ya que estaba siendo golpeado por una paleta de plástico transparente! el sargento Apagó el televisor, se volvió hacia Aaron y le dijo que en solo unos minutos, él sería la estrella de este espectáculo y que esperaba que hiciera una muy buena actuación para todos en la sala.

Aaron ahora sintió lágrimas reales en sus ojos, ya que dos cosas sucedieron casi a la vez. La puerta se abrió y las dos niñas, seguidas por el niño pequeño, salieron. Todos estaban rojos, y todos tenían lágrimas rodando por sus rostros. Cada uno de ellos se frotaba el trasero mientras salían lentamente. Lo segundo que sucedió fue que Aaron y los otros niños fueron instruidos adentro. Aaron siguió a los otros dos muchachos adentro. Fue instruido a la Máquina 3. Había un monitor encendido frente a la máquina. Le instruyó verbalmente, y en movimiento impreso, que se quitara toda la ropa por debajo de la cintura, excepto los zapatos y los calcetines. Enfatizó que esto incluía cualquier cola de camisa que pudiera extenderse por debajo de la cintura. Le dijeron que tenía dos minutos para hacer esto e informar dentro de la máquina dónde debía pararse sobre las dos almohadillas amarillas para los pies, y agarra las correas de mano amarillas. El no hacerlo en el tiempo asignado resultaría en golpes de penalización.

Aaron observó a los otros chicos quitarse los pantalones y la ropa interior. El niño mayor estaba a su lado y casi corrió hacia la máquina. Aaron ya podía ver marcas rojas de enojo en su trasero, y se preguntó qué había hecho para merecer una segunda visita aquí. ¿O lo habían atado en casa y luego lo habían enviado aquí por si acaso? La puerta de la Máquina Dos se estaba cerrando, cuando la atención de Aaron se centró en el otro chico que parecía tener su edad. ¡Él también estaba desnudo debajo de la cintura, pero no parecía tener prisa por ser azotado! Se volvió hacia Aaron para recoger sus pantalones, y Aaron pudo ver que su pequeño pene sin pelo estaba tan erecto que apuntaba hacia el techo. Aaron pensó que eso era realmente extraño, mientras el niño caminaba hacia la Máquina Uno. Sus pequeñas y regordetas nalgas se movían mientras caminaba.

Aaron se sorprendió al escuchar que su propio monitor le informaba que le quedaban 20 segundos antes de que se le otorgara un golpe de penalización. Aaron se puso de pie y empujó sus pantalones cargo hacia abajo (de todos modos, apenas los sostenía su trasero) seguido de sus bóxers. Salió de ellos cuando el monitor anunció que se le había otorgado un golpe de penalización, ¡y recibiría otro en 45 segundos! Sosteniendo su pene para esconderlo de la cámara (no sabía si estaba encendida, si podía verlo o no), corrió hacia la máquina, justo cuando el monitor le otorgaba otro golpe. Saltó sobre las almohadillas para los pies y agarró las correas de mano. Escuchó, luego sintió que las ataduras se inflaban sobre sus tobillos y muñecas, y se dio cuenta de que estaba completamente atado.

En ese momento, la máquina lo inclinó en un ángulo de 45 grados y se empujó contra su área púbica. Aaron encontró que esto era algo erótico y sintió que su pene se endurecía hasta sus 4 pulgadas completas. Un monitor frente a él se iluminó con un primer plano de su propio trasero. Apretó las mejillas y pudo ver cómo se contraían en la pantalla. Un nuber "30" se iluminó en la esquina, y Aaron escuchó un zumbido detrás de él, ¡seguido de un momento de dolor increíble! El primer golpe de una paleta de plexiglás transparente que tenía varios agujeros se había estrellado en la parte superior de sus nalgas, viniendo de su lado izquierdo y cubriendo ambas mejillas, con un énfasis real en su mejilla derecha. Contuvo el aliento, obligándose a no llorar y darle alguna satisfacción a ese policía, ya que fue golpeado nuevamente, en la misma área, por una paleta que salió de su lado derecho. Esto fue seguido por otra serie de dos golpes un poco más abajo. Esto ocurrió 3 veces más, hasta que toda el área de su trasero quedó cubierta con pequeños círculos blancos de donde se habían encendido los agujeros en la paleta. Podía ver las marcas blancas y el color rojo de sus nalgas en su monitor.

Luego se inclinó un poco más hacia adelante y sintió que le separaban las piernas. Podía ver su bolso, que había apretado tanto como podía (tanto que sus bolas sobresalían como pequeñas pelotas de tenis), y pronto su pene todavía erecto, que estaba aplastado contra el banco, e incluso su ano. . Ahora lloraba, tanto de dolor como de vergüenza. Sin embargo, esto fue solo un breve respiro, ya que la máquina volvió a cobrar vida y colocó diez golpes más de fuego rápido arriba y abajo de su trasero. Luego, se inclinó un poco más y le dieron diez golpes verticales en el trasero, cinco en cada mejilla. A estas alturas, estaba gritando de dolor, ¡nunca en su joven vida había sentido tanto dolor!

Afortunadamente, vio que su monitor mostraba "0", pero luego sintió que sus piernas se separaban y vio "golpes de penalti".

Ir a la página de contenido de esta serie.

Azotes del futuro 3


por Millard




Danny era un buen chico, pero le costó mucho demostrarlo. Siempre se metía en problemas en la escuela y sabía que podía salirse con la suya en cualquier cosa en casa. Acababa de cumplir 15 años y estaba deseando poder conducir el próximo año. Lo único que realmente le molestaba (aunque no lo admitiría), era que todos sus amigos habían llegado a la pubertad hacía mucho tiempo. Danny apenas estaba comenzando a llegar allí, y la única señal de eso, incluso, era el escaso mechón de cabello rubio sobre su pequeño pene de niño (como él pensaba en él). Llegó temprano a casa, ya que había sido expulsado. Pensó que sería muy divertido agregar un poco de sodio a una mezcla química en la clase de ciencias, y la nube de gas amarillo resultante provocó la evacuación de toda la escuela. Arrojó los papeles sobre la mesa y se fue a su habitación. donde cavó debajo de su cama en busca de su escondite de pornografía. Estaba acomodándose en medio de una buena revista, cuando sintió, más que escuchó algo.
La madre de Danny estaba de pie en la puerta. No la había oído entrar. Debió haberlo visto frotándose el pene mientras leía el libro. Ella no dijo nada al principio, luego explotó. Ella le dijo lo difícil que era criar a un niño sola, cómo trabajaba muchas horas para darle un hogar y ahora, una vez más, estaba en problemas. Él solo la miró, porque había escuchado este disco antes. Su madre nunca le había puesto una mano encima, y ​​sus "castigos" como castigarlo simplemente no funcionaban, porque ella nunca estaba en casa para controlarlo.

Fue en ese momento en su meditación cuando sus oídos captaron algo que ella había dicho que lo hizo sentarse. Ella le estaba diciendo que estaba harta de él y que había firmado un formulario para enviarlo al nuevo Disciplinarium en Plain City. Ella le dijo que se levantara y fuera al auto, ya que lo iba a dejar en su camino de regreso al trabajo. Al principio, Danny no le creyó, luego, cuando vio la mirada en sus ojos, comenzó a actuar como un niño pequeño y triste, que siempre la convencía. Ella no quiso saber nada de eso y le dijo que bajara las escaleras.

Caminó hacia el automóvil y no habló con su madre durante los 15 minutos de viaje hasta el Disciplinarium. Estaba al tanto de la apertura de la "máquina" en Plain City, e incluso había oído hablar de una programada para su aldea. Pensando en retrospectiva, recordó que uno de los niños de 13 años de su escuela había sido enviado a la cosa antes. El niño simplemente se negó a hablar sobre eso, Danny pensó que solo estaba avergonzado, tener 13 años y recibir nalgadas y todo. Entonces, Danny recordó que tenía mucho más de 13 años y estaba a punto de conseguirlo. No le daría a su madre la satisfacción de actuar asustado, pero realmente lo estaba.

Llegaron al Disciplinarium, y su mamá lo acompañó a la máquina de registro, deslizó su tarjeta e ingresó un "5" en la máquina. Danny la miró con incredulidad en sus ojos. ¡Él nunca había sido azotado, y ella le estaba dando un "5"! Trató de razonar con ella, explicando que eso significaba que tendría 5 veces su edad en golpes. Ella solo le sonrió, le dio unas palmaditas en el trasero y le dijo que tuviera un buen día. Luego subió a su auto y se alejó. Danny se dio la vuelta y vio a otros 2 niños sentados allí, un niño de unos 8 años y una niña de unos 10. ¡Dios mío, pensó que esto realmente era una máquina para niños!

Un letrero que se desplazaba solicitaba que se ingresara un número de seguro social específico y se informara a la máquina n.º 2. (Danny se sorprendió de que hubiera más de una máquina). La niña se levantó y, con lágrimas rodando por sus mejillas, caminó hacia la puerta, seguida por el niño. Danny miró el letrero, y estaba instruyendo a otro número para que informara a la máquina n. ° 1, ¡y luego vio su propio número de identidad indicándole que informara a la máquina n. ° 3! Los demás ya habían entrado cuando Danny se acercó a la puerta. Cuando alcanzó la manija, la puerta fue abierta por 3 niños que lloraban y parecían trillizos. Incluso estaban vestidos igual, y todos estaban llorando y tocándose el trasero.

Danny entró en la habitación, estaba tenuemente iluminada, pero vio a la niña parada allí con una camiseta sin mangas, zapatos y calcetines de charol, ¡sin nada más! No pudo evitar mirar fijamente mientras ella caminaba hacia la puerta de su máquina, entraba y agarraba dos anillos amarillos sobre su cabeza. Vio su pequeño trasero contraerse, mientras la puerta se cerraba.

Luego vio que el niño estaba inclinado, quitándose los calzoncillos, sobre sus tenis. Danny podía ver su pequeño agujero y su bolsa, y casi se rió, ¡excepto que ahora entendía que iba a tener que hacer lo mismo! El letrero sobre su máquina le decía que tenía 3 minutos para quitarse toda la ropa debajo de la cintura, excepto los zapatos y los calcetines, y luego presentarse en la máquina para ser castigado. Simplemente se sentó en un banco y miró, mientras el niño caminaba de la misma manera que la niña y entraba en su máquina. Danny observó hasta que la puerta se cerró. Estaba empezando a asustarse mucho. Notó que su reloj marcaba 1 minuto y 20 segundos. Se desabrochó el cinturón y se desabrochó los vaqueros. Lentamente se desabrochó y más lentamente se bajó los jeans hasta los tobillos. Luego, escuchó un timbre y vio que el letrero decía " Un segundo de pánico se apoderó de él y comenzó a llorar cuando un gran monitor se iluminó frente a él. Un banco acolchado se levantó del suelo. Tenía una cosa acolchada como una almohada en el medio, y empujaba contra sus huesos púbicos. Se sentía bastante bien, y sin pensarlo, sintió que su pene se aplastaba contra la cosa. ¡Dios mío, tengo una erección! En ese momento, otra máquina apretó un cinturón acolchado justo por encima de su trasero y lo inclinó suavemente hacia adelante. Miró el monitor y vio su trasero, que ahora estaba iluminado por un foco. Sus piernas estaban ligeramente separadas, y podía ver su mal, y la punta de su pene estúpidamente rígido debajo de eso. y empujó contra sus huesos púbicos. Se sentía bastante bien, y sin pensarlo, sintió que su pene se aplastaba contra la cosa. ¡Dios mío, tengo una erección! En ese momento, otra máquina apretó un cinturón acolchado justo por encima de su trasero y lo inclinó suavemente hacia adelante. Miró el monitor y vio su trasero, que ahora estaba iluminado por un foco. Sus piernas estaban ligeramente separadas, y podía ver su mal, y la punta de su pene estúpidamente rígido debajo de eso. y empujó contra sus huesos púbicos. Se sentía bastante bien, y sin pensarlo, sintió que su pene se aplastaba contra la cosa. ¡Dios mío, tengo una erección! En ese momento, otra máquina apretó un cinturón acolchado justo por encima de su trasero y lo inclinó suavemente hacia adelante. Miró el monitor y vio su trasero, que ahora estaba iluminado por un foco. Sus piernas estaban ligeramente separadas, y podía ver su mal, y la punta de su pene estúpidamente rígido debajo de eso.

El monitor mostraba un gran "65" en la parte superior. Se quedó sin aliento ante la idea de 65 cualquier cosa, y luego escuchó un silbido seguido de un dolor intenso, ¡como si algo le hubiera golpeado el trasero! No pudo decir qué era al principio, pero luego vio un borrón en el monitor. Vio una cosa clara tipo paleta con muchos agujeros rompiéndose en su mejilla derecha, donde empujó y se quedó por un segundo, luego se alejó rápidamente y fue reemplazado por su hermano en la mejilla izquierda. Danny jadeó, luego gritó cuando las paletas subieron y bajaron por sus dos nalgas. Eran casi demasiado rápidos para ver, pero no demasiado rápidos para sentir. Podía ver su trasero volviéndose de un color rojo cereza. El dolor en su trasero era intenso. Honestamente podría decir que nunca había sentido algo así. Crecía, y crecía, y amenazaba con dominarlo. No se detuvo.

Ahora tenía las piernas separadas y sentía como si le partieran el trasero. Podía ver su agujero, y mejillas extremadamente rojas muy separadas, cuando las paletas comenzaron a trabajar a lo largo del corredor interior de su trasero. Golpearon, uno tras otro, arriba y abajo de su raja, en cada lado, golpeando incluso en su ano. Él gritó. Los remos eran implacables. Ya no podía mantener la cabeza erguida, solo observaba ocasionalmente el lento progreso de los números.

Cuando los números llegaron a 20, volvió a sentir que la mesa se movía. Pareció empujar su trasero aún más, mientras juntaba sus piernas. Luego, sin previo aviso, las paletas golpearon de nuevo, esta vez sobre ambas mejillas a la vez. Uno de la izquierda, seguido de uno de la derecha. Los golpes fueron más lentos y mucho más duros, aterrizando en su trasero rojo brillante ya hinchado.

Finalmente se detuvo y vio que el monitor mostraba "0".

Sintió euforia, al darse cuenta de que lo había vivido. Estaba pensando en formas de disculparse con su madre y la escuela, para no tener que volver nunca más, cuando la pantalla mostró "9" seguido de "golpes de penalti". Simplemente no pudo más, así que gritó para que alguien lo escuchara. Sintió que la mesa se movía y se encontró acostado, excepto por la almohadilla que mantenía su trasero apuntando hacia arriba. Una vez más, sus piernas se separaron y una vez más miró su agujero y su bolsa. Un zumbido sobre su cabeza llamó su atención. Miró hacia arriba y vio que una cosa parecida a una correa volaba hacia abajo, mientras su mejilla derecha se incendiaba. La correa había caído desde la parte superior de su mejilla hasta el lugar exacto donde su muslo se encontraba con su trasero. El segundo golpe golpeó su mejilla izquierda, de la misma manera. No podía creer el fuego que provocó. Pronto, las correas se movieron y los números 4, 5, 6 y 7 golpearon. ¡No eran nada en comparación con los dos últimos, que cayeron en ángulo recto dentro de sus mejillas ampliamente abiertas, directamente por la grieta, sobre su agujero y sobre su perineo, deteniéndose a solo centímetros de sus bolas!

Sus gritos sollozantes resonaron en las paredes de metal cuando lo pusieron de pie, se aflojaron las ataduras y se abrió la puerta para él. Continuó gritando, mientras tocaba suavemente sus nalgas. Estaban hinchados y se sentían casi duros. Sintió un dolor ardiente justo dentro de sus nalgas con cada paso. A través de los ojos llenos de lágrimas, y con mocos cayendo sobre su pecho agitado, caminó lentamente hacia su ropa. Apenas podía agacharse para recoger sus jeans. Sabía que nunca podría ponerse sus ajustados pantalones cortos de jockey. Lentamente, se inclinó y luchó con sus jeans. Finalmente, se los puso, metió sus shorts en un bolsillo de los jeans, después de limpiarse los ojos y la nariz, y se dirigió a la puerta. Cuando lo abrió, un niño de 12 años con los ojos muy abiertos lo miró fijamente. Quería poner una mirada de macho, pero simplemente no podía.

Cuando abrió la puerta, se dio cuenta de que iba a tener que caminar la milla de regreso a su casa. Lentamente, puso un pie delante del otro y, con espasmos de dolor en el trasero que lo atacaban con cada paso, caminó hacia su casa. Cuando abrió la puerta, vio dos cosas en la mesa de la cocina. La primera fue una nota de su madre que las cosas iban a ser diferentes a partir de ahora, y la siguiente cosa fue una correa de barbero de cuero muy gastada, con una etiqueta de precio de la tienda de segunda mano todavía en ella. Con un escalofrío, Danny caminó lentamente hacia su habitación, se quitó los jeans y cayó boca abajo sobre su cama. Estaba demasiado dolorido para dormir, y temía que si se drogó, su mamá podría despertarlo con la correa. Oh, iban a haber cambios hechos, ¡de acuerdo!


Azotes del futuro 2


por Millard
¡Darin era un niño desagradable! Sería el primero en admitirlo. Tenía 11 años, era alto, con cabello castaño rizado y, en todo caso, un poco bajo de peso. Su padre era el gerente de producción de Airway Industries y, por lo tanto, la familia estaba muy segura económicamente. A Darin le gustaba que cualquiera que quisiera escucharlo supiera que él era rico y no como los otros niños. Si no hubiera sido por la prematura muerte de su madre, y la posterior lástima que la mayoría de los adultos sintieron por él, probablemente todos lo hubieran ignorado. Los pueblos pequeños pueden hacer eso. Oberlin Corners era un pueblo pequeño, casi rural, excepto por la planta de Airways. Era tranquilo allí, y se consideraba un gran lugar para criar niños. Fue, por lo tanto, con una sensación de asombro que la gente del pueblo se enteró de la construcción de una máquina de disciplina justo en el centro de la ciudad, cerca del palacio de justicia. Como Oberlin Corners era la sede del condado, la mayoría sintió que era una especie de premio político. La delincuencia juvenil, en su mayor parte, era desconocida en la ciudad. Se sabía que en Somersville, a solo un par de millas de distancia, había un grupo de niños que siempre parecía tener problemas con las autoridades, pero no tanto en Oberlin Corners.

A Darin le gustaba burlarse de la gente y era conocido por ser algo así como un ladrón. El tendero local simplemente llevaría un registro de lo que robó, y su padre eventualmente pagaría la cuenta. Se sabía que también había robado cosas de la tienda local de Woolworth, pero, de nuevo, la mayoría de la gente simplemente miró hacia otro lado, con su padre siendo una gran peluca y todo. Todo eso cambió el día que Darin decidió subir la apuesta y robó un par de binoculares de la farmacia que costaron más de $120.00. Desafortunadamente para Darin, el juez visitante Blakewood Spencer estaba en la tienda cuando ocurrió el robo. Agarró a Darin cuando salía de la tienda y lo llevó adentro. Cuando el farmacéutico empezó a decir cosas como que todo estaba bien, y que tal vez el chico se olvidó de pagar, el juez empezó a oler una rata. Sus sospechas se confirmaron cuando el alguacil de la ciudad le preguntó si podría haberse equivocado en su historia. El juez Spencer sacó su teléfono celular y llamó al sheriff, quien llegó en 10 minutos. Le dijo que quería que arrestaran al niño y lo llevaran a la sala del tribunal de inmediato.

Darin al principio se rió del anciano que lo había agarrado. Sabía que muy pronto, alguien le diría que había puesto sus patas sobre el chico equivocado. Pero, cuando llegó el sheriff, lo esposó y lo llevó al juzgado, comenzó a preocuparse un poco. Lo llevaron a la sala del tribunal y se alegró de ver a su padre y al abogado de la empresa entrar también en la sala. Su padre exigió saber qué estaba pasando. Cuando el juez se lo dijo, se ofreció a pagar los binoculares y dijo cosas como que estaba seguro de que el farmacéutico no querría presentar cargos. El juez Spencer lo hizo callar diciéndole que Darin acababa de cometer un delito grave y que él (el tribunal) había sido testigo de todo. Citando las nuevas leyes de menores, ordenó a Darin que se pusiera de pie y lo sentenció a una visita inmediata al Disciplinarium. donde recibiría un "4". Según las disposiciones de la ley, el castigo ocurriría dentro de las 2 horas y no podría ser apelado. El padre de Darin miró a su abogado, quien solo pudo negar con la cabeza. Intentó hablar con su hijo, pero Darin había sido sacado a empujones de la sala del tribunal por una puerta trasera. Pronto, lo pusieron en una patrulla del sheriff y lo condujeron una cuadra corta hasta el Disciplinarium.

Darin nunca había sentido miedo en su vida, ¡pero ahora lo sentía! El ayudante del alguacil pasó la tarjeta de Darin por la máquina, marcó el 4 y empujó a Darin adentro. Allí le quitó las esposas y le dijo que se callara y se sentara. Para Darin, parecía que el ayudante se estaba divirtiendo. Darin sintió un escalofrío en la columna mientras miraba alrededor de la habitación. Había otros dos niños allí, un niño que parecía tener unos 10 años y una niña que tenía la cabeza gacha entre las manos. En unos minutos, levantó la vista y él vio que era Sally Bankerson, que estaba en su clase de quinto grado. Tenía lágrimas en los ojos, pero lo miró a él y al diputado con sorpresa. Como se trataba de un pueblo pequeño, el Disciplinarium solo tenía una máquina. A los pocos minutos se abrió una puerta de acero y salió una niña de 7 u 8 años llorando a mares, tomándose el trasero con ambas manos, que también sostenía un pequeño par de bragas azules. Aparentemente no quería volver a ponérselos o no podía. De todos modos, su vestido estaba tan arrugado en la parte de atrás que podías ver sus pequeñas mejillas rojas cuando deslizó su tarjeta y se fue. Darin tragó saliva por un minuto mientras la máquina instruía al número de seguro social tal y cual para reportarse adentro. Levantó la vista y vio a Sally caminar lentamente hacia la puerta, suspirar, abrirla y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. Aparentemente no quería volver a ponérselos o no podía. De todos modos, su vestido estaba tan arrugado en la parte de atrás que podías ver sus pequeñas mejillas rojas cuando deslizó su tarjeta y se fue. Darin tragó saliva por un minuto mientras la máquina instruía al número de seguro social tal y cual para reportarse adentro. Levantó la vista y vio a Sally caminar lentamente hacia la puerta, suspirar, abrirla y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. Aparentemente no quería volver a ponérselos o no podía. De todos modos, su vestido estaba tan arrugado en la parte de atrás que podías ver sus pequeñas mejillas rojas cuando deslizó su tarjeta y se fue. Darin tragó saliva por un minuto mientras la máquina instruía al número de seguro social tal y cual para reportarse adentro. Levantó la vista y vio a Sally caminar lentamente hacia la puerta, suspirar, abrirla y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. su vestido estaba tan arrugado en la parte de atrás que podías ver sus pequeñas mejillas rojas cuando deslizó su tarjeta y se fue. Darin tragó saliva por un minuto mientras la máquina instruía al número de seguro social tal y cual para reportarse adentro. Levantó la vista y vio a Sally caminar lentamente hacia la puerta, suspirar, abrirla y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. su vestido estaba tan arrugado en la parte de atrás que podías ver sus pequeñas mejillas rojas cuando deslizó su tarjeta y se fue. Darin tragó saliva por un minuto mientras la máquina instruía al número de seguro social tal y cual para reportarse adentro. Levantó la vista y vio a Sally caminar lentamente hacia la puerta, suspirar, abrirla y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje. y desaparecer dentro. La habitación estaba totalmente insonorizada, por lo que Darin no podía decir qué estaba pasando adentro. Tampoco miró el reloj, pero pareció pasar solo un minuto antes de que se abriera la puerta y saliera Sally. Ella también estaba llorando y tenía ambas manos en sus nalgas cuando salió. Al poco rato, el otro chico se levantó e hizo el mismo viaje.

Mientras esperaban que saliera el niño, el oficial le dijo a Darin que realmente lo iba a "conseguir". Le preguntó a Darin si sabía lo que significaba un "4". Darin pensó, y finalmente recordó haber escuchado de algunos niños que eso significaba la cantidad de golpes que iba a recibir. No pensó que 4 golpes lo matarían, y le dijo eso al oficial. El diputado solo se rió y dijo que se llevaría una verdadera sorpresa. Demasiado pronto, el niño salió y él también estaba llorando y frotándose el trasero como si estuviera en llamas. La voz llamó el número de Darin, y con una valentía que solo podría haber sentido alguien que nunca había sido disciplinado en su vida, se levantó y caminó hacia la puerta.

Abrió la puerta y se encontró cara a cara con una gran cosa de metal con forma cilíndrica. Había un pequeño banco a su izquierda y un letrero que le indicaba que se quitara toda la ropa debajo de la cintura, incluidos los faldones de las camisas que colgaban debajo de la cintura. El letrero decía que se dejara los zapatos puestos. Le indicó que observara el gran reloj, pues solo tenía 3 minutos para desvestirse e ingresar a la máquina. Dijo además que no ingresar a la máquina en el estado apropiado de desnudez y en el momento apropiado resultaría en un castigo adicional. Antes de que realmente pudiera absorber lo que había en el letrero, escuchó una campana fuerte y el reloj comenzó a moverse.

De repente, Darin sintió que se le formaba sudor en las axilas. Tuvo que quitarse la ropa?? Quería preguntar qué significaba eso, pero la puerta estaba cerrada con llave y nadie respondió a sus golpes. Pronto, escuchó otra campana, y el reloj marcaba 2 minutos. Empezó a entrar en pánico. Miró dentro del gran cilindro de metal, pero estaba oscuro allí. Otra campana le dijo que solo tenía un minuto. Lentamente, se quitó la camisa. Tenía las manos en la hebilla del cinturón de sus pantalones cortos cuando se escuchó un terrible timbre. Un letrero sobre la máquina decía "castigo adicional" y se encendía un "1". Se desabrochó el cinturón, el botón y la cremallera, y se bajó los pantalones cortos, mientras sonaba otra campana y se encendía un "2". Darin sabía que eso adicional no era bueno que sucediera. Metió los dedos en el elástico de sus pantalones cortos de jockey y se los bajó lentamente. Se inclinó y salió de ellos, de pie allí desnudo a excepción de sus tenis, calcetines y una camiseta blanca. A pesar de que no había nadie en la habitación, se sintió avergonzado y rápidamente puso una mano sobre su pequeño pene y escroto sin vello, y otra sobre la raja de su trasero. Luego otra campana, y "3" se encendió. Tragó saliva y entró en la máquina. Adentro estaba oscuro, pero destacaban dos huellas pintadas de amarillo, así como unas correas amarillas para colgar. Se le indicó que se subiera a las almohadillas para los pies y agarrara las correas. Realmente dudó en hacer eso. Primero, estaba casi desnudo, y segundo, no sabía qué pasar, y tercero, estaba asustado, y cuarto, ¡tenía ganas de orinar! En ese momento, escuchó otra campana y salió corriendo para mirar hacia arriba y vio un "4" iluminado. Se apresuró a entrar, pisó las almohadillas para los pies, y agarró las correas con todas sus fuerzas. Con un silbido, las ataduras se apretaron alrededor de sus tobillos y muñecas, y se dio cuenta de que estaba atado.

Con otro silbido, un banco acolchado que estaba frente a él se levantó en un ángulo de 90 grados y empujó suavemente hacia él. Era algo extraño, construido como una "X" con una almohadilla en la parte superior donde iba su cabeza, y un área elevada que lo golpeaba justo en sus huesos púbicos. Una correa silbó alrededor de su espalda y sintió que lo bajaban. Escuchó algunos ruidos metálicos y trató de mirar hacia atrás, pero no pudo ver nada en la oscuridad. Entonces, de repente se encendió una luz de inundación, justo sobre su trasero. Al mismo tiempo, un gran monitor de televisión se iluminó frente a él. En él, pudo ver algo blanco. Le tomó un segundo darse cuenta de que eran un par de nalgas, y le tomó otro segundo darse cuenta de que eran SU par de nalgas. Su trasero estaba levantado, y debido a la forma de la mesa, sus piernas estaban separadas, por lo tanto, su pequeño niño en todo su esplendor rosa y arrugado estaba allí mismo en exhibición. Además, a la luz brillante, podía ver su bolso y sus pelotas colgando. Intentó apretar las mejillas, pero la forma en que estaba hecha la mesa se lo impedía.

Luego, el monitor se iluminó con "44" en la esquina superior. Darin no sabía lo que eso significaba. De repente, escuchó un sonido sibilante, ¡y su trasero se incendió! Una correa invisible había aterrizado justo en el medio de su trasero, atrapando su mejilla izquierda y continuando hacia su lado derecho. Nunca había sentido algo así, y por un segundo, su mente tardó en asimilarlo todo. Luego, en un instante, el dolor lo devolvió a la realidad. Vio que el número cambiaba a "43", y antes de que pudiera pensarlo, otro golpe, en el mismo lugar, pero del otro lado, le sacudió el trasero. El dolor fue más rápido esta vez, y dejó escapar un pequeño grito. Luego, fue golpeado dos veces a una velocidad cegadora, primero a la derecha, luego a la izquierda, ambos golpes a lo largo de la línea que separa los muslos y las nalgas. ¡Estaba en llamas! Levantó la cabeza y gritó: hasta ahora, dos golpes más golpeaban exactamente en el mismo lugar, seguidos de dos más, solo una fracción más arriba. Gritó, apenas podía respirar. Trató de bajarse de esa mesa. Intentó mover el trasero, pero fue premiado con una serie de 8 golpes más por su esfuerzo. Las caricias subían lentamente por su trasero. Con los ojos llorosos, vio que el monitor mostraba "30" y vio su trasero. Era rojo brillante, desde el fondo hasta la mitad. Mientras miraba, vio un borrón en el monitor, y dos golpes más lo golpearon. Estaba fascinado, ya que pareció tomar un segundo o dos para que el dolor llegara a su cerebro. pero fue premiado con una serie de 8 golpes más por su esfuerzo. Las caricias subían lentamente por su trasero. Con los ojos llorosos, vio que el monitor mostraba "30" y vio su trasero. Era rojo brillante, desde el fondo hasta la mitad. Mientras miraba, vio un borrón en el monitor, y dos golpes más lo golpearon. Estaba fascinado, ya que pareció tomar un segundo o dos para que el dolor llegara a su cerebro. pero fue premiado con una serie de 8 golpes más por su esfuerzo. Las caricias subían lentamente por su trasero. Con los ojos llorosos, vio que el monitor mostraba "30" y vio su trasero. Era rojo brillante, desde el fondo hasta la mitad. Mientras miraba, vio un borrón en el monitor, y dos golpes más lo golpearon. Estaba fascinado, ya que pareció tomar un segundo o dos para que el dolor llegara a su cerebro.

Se dio cuenta de que un "4" significaba cuatro veces tu edad. Había escuchado eso, pero nunca pensó que significaría algo para él. Las correas silbaron de nuevo, y sintió más dolor, mientras besaban sus nalgas una y otra y otra vez. Estaba sollozando ahora, y las lágrimas y los mocos corrían por su rostro y en el suelo. El dolor inundó su trasero de nuevo, y solo podía quedarse allí y llorar.

Se dio cuenta de que ya no sentía dolor y abrió los ojos al sentir que la mesa se movía. Oh, gracias al Señor, pensó. Pero, cuando sus ojos se enfocaron, vio que el número "12" todavía estaba en el monitor. El estaba confundido. Observó cómo se movía su terrible trasero rojo mientras la mesa se apartaba aún más, hasta que sintió que lo estaban desgarrando. Luego, escuchó un movimiento cuando los brazos parecían moverse por encima de él. Luego, con un "CRACK" "CRACK" las correas golpearon su trasero a lo largo. Uno golpeó desde su cabeza, abrasando su mejilla derecha, mientras que el otro golpeó desde sus pies, abrasando su izquierda. Volvieron a golpear, excepto que esta vez se movieron hacia la raja de su trasero. Volvieron a chocar, luego otra y otra vez, hasta que casi se tocaron. Luego, una pausa, y fue golpeado dentro de su grieta, por la máquina en su cabeza. La correa cubría toda su área de grietas, terminando justo en su boyhole! Gritó, cuando la correa golpeó de nuevo, un poco más abajo, sobre su perineo, justo antes de su escroto.

El monitor mostró "0", y finalmente sintió que podía respirar de nuevo. Luego, la mesa se movió y él se puso de pie nuevamente, sus piernas se juntaron y esperó a salir. Sin embargo, en lugar de desatarlo, ahora estaba inclinado en un ángulo de 45 grados y el monitor mostraba "castigo adicional 4 golpes". Lo había olvidado. No pudo más. El monitor mostró que su trasero estaba en muy mal estado. ¡Nadie podía esperar que tomara más! ¡Él estaba asustado! Tanto que orinó. Allí mismo, en esa maldita máquina, acaba de orinar. Realmente no pudo evitarlo. Se escuchó un timbre, seguido de agua fría rociando todo el piso y sobre él. Se enjuagó la orina y en realidad se sintió bien en su trasero. Podía ver lo brillante que estaba su trasero en el monitor, ya que el agua lo cubría. Entonces, sin previo aviso, sintió como si alguien lo hubiera cortado por la mitad. Un bastón lo había golpeado, justo en medio de su trasero ya desgarrado. Gritó una y otra vez, y otra vez, y finalmente otra vez. Cuando abrió los ojos, pudo ver 4 "vías de tren" rojas lívidas en su trasero.

Luego se encendieron las luces y él se puso de pie. La mesa y las ataduras de la mesa se apartaron, y sintió que se aflojaban las ataduras de los tobillos, cuando se abrió la puerta y entró una dama española con un balde y un trapeador. Cuando abrió la puerta, detuvo el ciclo de la máquina y Darin se colgó de sus manos. Empezó a secar el agua y la orina con una solución de limpieza fuerte. Se acercó a él y le pasó las manos por las nalgas. Dijo algo en español, y luego trapeó su camino hacia el otro lado. Ella se agachó, agarró sus bolas y, mirándolo, dijo con un fuerte acento. "¡Orinas en mi piso otra vez, y te corto estos!" Luego se fue, cerró la puerta y la máquina terminó de liberar a Darin. Salió corriendo, pero no había nadie alrededor. Se vistió rápidamente, y descubrió con la misma rapidez que no podía soportar la presión de sus pantalones cortos de jockey en su trasero. Se los guardó en el bolsillo y salió. Había 2 niños pequeños asustados esperando, junto con el diputado. El diputado le dio una palmada en el trasero y le deseó un buen día, recibiendo la reacción esperada de Darin, quien saltó hacia adelante cuando lo tocó.

Darin se paró frente al edificio, buscando a su padre oa alguien que lo llevara a casa, pero no había nadie. Lentamente, con pasos dolorosos, emprendió el largo camino de regreso a casa.

Ir a la página de contenido de esta serie.