domingo, 10 de agosto de 2025

ALESSANDRO CASTIGADO 2

María está sentada en la cama y Alessandro sigue en un rincón de su habitación esperando a que lo llamen. Estos minutos lo han llevado a reflexionar sobre muchas cosas: primero, sobre cómo terminó en esta situación, y segundo, sobre por qué su madre tardaba tanto y qué pretendía hacer; pero, por desgracia para él, está a punto de descubrirlo.

María: Ven, vuelve a mi regazo. Alessandro sale del rincón y, sin decir palabra, asume la posición; su madre no pierde tiempo, toma a su hijo con la mano derecha y con la izquierda intenta abrir sus rojas nalgas, logrando vislumbrar el estrecho y rosado agujerito de Alessandro, quien, si antes estaba rojo de vergüenza, ahora está morado y aún más humillado que antes.

María intenta aprovechar este momento porque el culo de Alessandro está menos rígido y con la delicadeza de una madre coloca el trocito de jengibre sobre el agujerito, frotándolo unos segundos y ejerciendo poca presión.

Alessandro ahora está más asustado que antes y aún no ha entendido qué es lo que acaricia su tierno agujerito, así que aprieta el culo con todas sus fuerzas, recibiendo una bofetada. Alessandro: ¿Qué cojones haces? ¿Qué es eso que tienes en la mano? ¿Estás loca? Y entonces María: Este es un trocito de jengibre que he pelado y mide poco más de 4 cm. Lo que iba a hacerte se llama comúnmente la práctica del figging, que se utilizaba antiguamente para diversos castigos corporales ya que el jengibre tiene jugos que, al entrar en contacto con la cavidad anal, provocan una terrible sensación de ardor.

Alessandro: ¿Y quieres usarlo conmigo? ¿Por qué estás loca? No me basta con que me castiguen como a un niño, y ahora esta cosa ni siquiera existe. No voy a dejar que me metan un pedacito de jengibre en el culo.

 María: No montes un escándalo. Me da igual lo que digas. Esto te lo meteré por el culo, aunque intentes resistirte. Acepta tu castigo como un hombre.

Mientras discutían, suena el intercomunicador y María se ve obligada a bajar las armas, al menos por ahora, mientras Alessandro permanece en su habitación, buscando una salida, quizás esperando la llegada de su padre. Pero no sabe que su madre acaba de abrirle la puerta a su hermana Giulia, quien, al verlo desnudo y con el culo rojo, se echa a reír y empieza a burlarse de él. María aprovecha la situación y le pide ayuda a Giulia para intentar sujetar a Alessandro e introducirle el jengibre. María le ordena a su hijo que se ponga a cuatro patas en la cama. Alessandro se niega inicialmente, pero tras algunas amenazas y azotes, asume la posición a regañadientes, así que su hermana interviene y se aparta de la cara de Alessandro, sujetándole la cabeza y obligándole a levantar el trasero.

María: Giulia, ayúdame, sujétalo, siéntate sobre su cabeza y ábrele el culo con ambas manos para que pueda meterle esto. Giulia: ¡Dios mío! No puedo creerlo, por fin has entendido que necesita un castigo de verdad, además de los azotes de siempre. Ahora que hablamos, por fin recibirá su merecido.

Alessandro intenta resistirse, retorciéndose como solía hacerlo cuando su madre estaba sola, pero es demasiado tarde porque dos personas lo sujetan y no puede escapar del agarre de su hermana. Ella coloca ambas manos sobre el culo rojo de Alessandro y, con un movimiento brusco, le separa las nalgas, revelando el tesoro que han estado escondiendo. Giulia: ¡ Mira, mira lo que tiene aquí! Dos nalguitas calientes esconden un agujerito apretado que está a punto de ser castigado. Debiste haber sido un niño muy travieso para merecer este castigo. Qué lástima que no pueda sacarte una foto ahora.

Mientras tanto, María ha sacado el jengibre del cuenco y, casi sin previo aviso, también ella, con un gesto amable y brusco, se lo mete en el culo. Alessandro suelta un gritito y le aprieta el culo con fuerza.

Al principio siente una sensación extraña, casi fresca, y después de unos segundos, empieza a sentir ardor. Alessandro permanece allí sufriendo unos minutos y le ruega a su madre que le quite ese molesto tapón del ano, pero obtiene el efecto contrario: su madre y su hermana casi juegan a azotarlo con las manos desnudas y a tocar el jengibre, provocando aún más ardor en el estrecho agujero de Alessandro, quien, ya sin fuerzas, intenta soportar el dolor sin hacer demasiado ruido.

Tras diez minutos jugando con el pelirrojo, su madre le saca el trocito del culo, lo tira a la basura y le dice que su castigo ha terminado. Así que Alessandro se pone en posición fetal en la cama, desnudo, con el culito rojo y el agujero ardiendo como un demonio, llorando como un niño desesperado. Su madre vuelve a la cocina a preparar la cena, mientras su hermana, aprovechando el momento, le saca una foto a escondidas en la puerta y se va a su habitación, completamente satisfecha...