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El aire en la habitación de JC vibraba con el zumbido constante de la laptop y el eco amortiguado de sus propias risas. Las persianas, a medio cerrar, filtraban el sol de la tarde en franjas doradas que danzaban sobre el polvo suspendido en el ambiente. JC, con su remera roja, se estiró en la silla giratoria, sus codos excavando en el cojín gastado. A su lado, Mike, envuelto en su buzo azul, se inclinaba hacia la pantalla, sus ojos brillando con una mezcla de curiosidad y nerviosismo. Tenían catorce años, y la tarde se les escurría entre videos de patinadores torpes y compilaciones de bromas pesadas.
Esta es una locura, ¿viste?
, JC murmuró, señalando un vídeo con el mentón.
Mike apenas parpadeó. No tanto como el último. El tipo se rompió la muñeca de verdad.
Un escalofrío recorrió la espalda de JC Nah, ese fue un montaje. Demasiado perfecto.
Se sumergieron en otro video, esta vez de gente intentando trucos de parkour y fallando espectacularmente. Las carcajadas llenaron la habitación, pero a medida que el vídeo avanzaba, la intensidad disminuía. Mike, con el pulgar, deslizó el cursor hacia abajo, buscando algo más.
Che, mirá esto,
Mike dijo de repente, su voz bajando un tono. Sus ojos se fijaron en un recuadro lateral, una sección de Videos Personalizados
que antes habían ignorado.
JC se enderezó, la curiosidad picándole. ¿Qué es? ¿Más gente cayéndose?
No. Es... diferente.
Mike señaló la pantalla. Un anuncio parpadeaba, con un texto que capturó su atención de inmediata. Se requieren dos chicos entre 13 y 14 años para un video de nalgadas. Muy buen pago. Mandar fotos de frente y de espaldas, y si es posible, con traseros desnudos.
El silencio se instaló en la habitación, denso y cargado. Las risas se habían evaporado, reemplazadas por una especie de asombro mudo. JC sintió un calor subir por su cuello. Mike, a su lado, parecía haber quedado sin aliento. Sus miradas se encontraron, una chispa de travesura y sorpresa bailando en sus ojos.
¿Nalgadas?
JC finalmente logró articular, la palabra sonando extraña en su boca.
Mike se encogió de hombros, pero sus ojos no abandonaron la pantalla. Parece que sí. Y... ¿traseros desnudos?
El recuerdo de la semana pasada, vívido y un poco vergonzoso, irrumpió en sus mentes. El partido de truco, la apuesta estúpida con los pibes del barrio: el equipo perdedor se sacaba una foto con el culo al aire. Ellos habían perdido. Y sí, tenían esas fotos. Dos de ellas, de hecho. Una con ellos abrazados de frente, sonriendo, y otra, la infame, donde se habían bajado los pantalones hasta los tobillos, mostrando sus nalgas redondas. El trasero de Mike era notoriamente más burbuja
, como lo había descrito JC en tono de broma, aunque el suyo no se quedaba atrás.
Nosotros... tenemos esas fotos, ¿no?
Mike preguntó, su voz apenas un susurro, como si temiera que alguien más los escuchara.
JC avanzando lentamente, una idea audaz comenzando a formarse en su mente. Las de la apuesta. Las que sacamos para reírnos.
Buen pago
, dado. ¿Qué tan buen pago? Mike se mordió el labio inferior, sus ojos brillando con una mezcla de tentación y duda.
Nariz. Pero suena... interesante,
JC musitó, su mirada fija en la pantalla, luego en Mike. Y... tenemos buen culo, ¿no?
Mike soltó una risita nerviosa. El tuyo no está mal. El mío es... bueno, lo sabes.
Lo sé, lo sé. El mejor.
JC le dio un codazo suave. La tensión se rompió un poco, dejando espacio para una risa más genuina. Entonces, ¿y si lo hacemos? ¿Qué perdemos?
¿Y si nos descubren?
Mike frunció el ceño.
¿Quien? Nadie va a saber que somos nosotros. Es internet. Y dice vídeo personalizado . Debe ser para alguien específico, no para que lo vea todo el mundo.
JC intentó sonar más seguro de lo que se sentía. La idea era una locura, pero también... emocionante.
Mike se inclinó hacia la pantalla de nuevo, leyendo el anuncio en voz alta. Muy buen pago . Imagina lo que podríamos comprar. La nueva PlayStation. O una bicicleta eléctrica.
La perspectiva de dinero, y mucho, era un poderoso incentivo. Sus ahorros combinados apenas alcanzan para un par de juegos viejos.
Mandamos las fotos. Total, si no les gustamos, no pasa nada,
JC sugirió, su voz ganando un poco de firmeza. Y si sí... pues vemos qué onda.
Mike asintiendo, una sonrisa lenta y traviesa extendiéndose por su rostro. Valle. ¿Cuáles eran? ¿Las del celular de tu mamá?
JC se levantó y fue a buscar el teléfono de su madre, que estaba cargando en la cocina. Regresó en unos segundos, las fotos ya en la pantalla. Las miraron, la imagen de sus traseros desnudos, redondos y pálidos contra el verde difuminado del parque, les hizo reír de nuevo. Era una foto divertida, inocente en su contexto original. Ahora, adquiriría un nuevo significado, y ligeramente más atrevido.
Este hijo,
JC confirmó, un latido acelerándose en su pecho. La de frente también, por si acaso.
Mike ascendió. Abrieron la página web que mostraba el anuncio, buscaron el formulario de contacto y, con una mezcla de nerviosismo y euforia, adjuntaron las imágenes. Escribieron un breve mensaje, diciendo que tenían catorce años y estaban interesados. Luego, hicieron clic en Enviar
.
Una vez que el mensaje se fue, un silencio diferente llenó la habitación. Era un silencio de anticipación, de haber cruzado un umbral. Se miraron, sus rostros reflejando la misma pregunta: ¿Qué acabamos de hacer?
Bueno, ya está,
JC exhaló, como si hubiera estado manteniendo la respiración durante un tiempo.
Si. Ya está,
Mike repitió, sus ojos aún fijos en el punto donde el botón de Enviar
había estado.
La tarde siguió su curso, pero la ligereza de antes se había ido. Jugaron un rato en la consola, pero sus mentes no estaban del todo en el juego. Cada vez que el teléfono de JC vibraba con una notificación, ambos saltaban, esperando la respuesta. No hubo nada esa noche.
A la mañana siguiente, el sol ya alto, JC se despertó con el sonido de un mensaje en su laptop. Parpadeó, frotándose los ojos, y se incorporó en la cama. Mike, que se había quedado a dormir, aún roncaba suavemente en el colchón inflable en el suelo. JC abrió la laptop con un clic, el corazón latiéndole fuerte en el pecho.
Era un correo electrónico. El remitente era CustomVideo Productions
.
Mike, Mike, despertate,
JC susurró, la urgencia en su voz.
Mike gruñó, dando la vuelta. Cinco minutos más...
No, en serio. Nos respondieron.
Eso hizo que Mike se sentara de golpe, el sueño desvaneciéndose de sus ojos. Se arrastró hasta la cama de JC, sus ojos fijos en la pantalla. JC abrió el correo.
Estimados JC y Mike,
leyó en voz alta, su voz un poco temblorosa. Agradecemos su interés en nuestra propuesta. Sus fotos son excelentes y cumplen con los requisitos. Nos gustaría programar una videollamada para mañana a las 16:00 horas para discutir los detalles del proyecto. Por favor, confirmen su disponibilidad.
Una ola de emoción recorrió a ambos chicos. ¡Lo habían logrado! O al menos, el primer paso.
¡Guau! ¡Esto es real!
Mike exclamó, con una sonrisa de oreja a oreja.
Confirmamos, ¿no?
JC preguntó, aunque la respuesta era obvia.
Claro que sí. ¡Confirmará!
JC tecleó una respuesta rápida y entusiasta, confirmando la videollamada. El resto del día pasó en una neblina de excitación y nervios. Intentaron parecer normales, pero cada vez que se miraban, una sonrisa cómplice se formaba en sus labios.
Al día siguiente, a las cuatro de la tarde, se sentaron frente a la laptop de JC, el corazón golpeándoles contra las costillas. Habían ordenado un poco la habitación, como si eso fuera a disimular su nerviosismo. La llamada entrante apareció en la pantalla. JC hizo clic en aceptar.
La pantalla se encendió, revelando el rostro de un hombre de mediana edad, con el pelo cuidadosamente peinado y una sonrisa profesional. Detrás de él, una oficina pulcra y moderna.
Hola chicos. Soy el Sr. Vargas, de CustomVideo Productions,
el hombre dijo, su voz suave y amigable. Gracias por unirse a esta llamada.
Hola,
JC y Mike respondieron al unísono, sus voces sonando un poco más agudas de lo normal.
Bien, vamos directo al grano,
continuó el Sr. Vargas, su sonrisa inmutable. Hemos recibido sus fotos y estamos muy impresionados. Tienen el perfil que buscamos para este proyecto en particular.
Mike le dio un codazo a JC, una mirada de orgullo en su rostro.
Como vieron en el anuncio, se trata de un video de nalgadas,
explicó el Sr. Vargas, sin rodeos. Es un encargo de un cliente específico, que busca una recreación de una situación muy común en ciertos hogares. Y sí, es posible que el video, una vez aprobado por el cliente, se suba a nuestra plataforma como parte de nuestra colección de Custom Videos , si así lo desea.
JC tragó saliva. La idea de que el video pudiera estar en internet para que cualquiera lo viera era un poco intimidante, pero el muy buen pago
seguía siendo un eco tentador en su cabeza.
Ahora, lo más importante,
dijo el Sr. Vargas, su tono volviéndose un poco más serio. Ustedes son menores de edad. Por lo tanto, necesitamos la autorización escrita de uno de sus padres o tutores legales. Sin eso, no podemos proceder.
Los chicos se miraron, la emoción cediendo un poco al obstáculo. ¿Cómo le iban a decir a sus padres algo así?
Y... ¿de qué se trata el vídeo exactamente?
Mike preguntó, tratando de desviar la conversación.
El Sr. Vargas sonriendo. Excelente pregunta. Se trata de una actuación. Contrataremos a una actriz profesional que interpretará el papel de la madre de JC. La trama es sencilla: la madre los encontrará a ustedes dos fumando a escondidas. Una situación clásica, ¿verdad?
JC y Mike se miraron de nuevo, un poco desconcertados. fumar. No fumaban, pero podían actuar.
Y como castigo por su travesura, la madre les dará a ambos una serie de nalgadas. Primero, con la mano abierta, y luego, con la madera de un cepillo de pelo ovalado.
El Sr. Vargas hizo una pausa, observando sus reacciones.
Los ojos de JC se abrieron un poco. ¿Un cepillo de pelo? Eso sonaba... más intenso de lo que habían imaginado. Mike se encogió, un pequeño escalofrío recorriéndole.
Será todo muy profesional, por supuesto,
aseguró el Sr. Vargas. Hay un guión, una dirección. Es una actuación, como cualquier otra producción. Queremos que sea creíble, pero siempre con su seguridad y bienestar en mente. Se les pagará una suma muy generosa por su tiempo y participación.
¿Y la autorización de los padres... cómo haríamos eso?
JC preguntó, su voz un poco ronca.
Necesitamos que uno de sus padres firme un consentimiento informado, donde se detalle el tipo de video, el pago y su rol. Podemos enviarles el documento para que lo revisen. Entendemos que es un tema delicado, pero es un requisito legal ineludible.
El señor Vargas mantuvo su mirada firme.
Un silencio incómodo se cernió sobre la videollamada. Los chicos se miraron, la pregunta flotando en el aire. ¿Estaban dispuestos a ir tan lejos? La idea de contarle a sus padres sobre un video de nalgadas era casi tan aterradora como la idea de las nalgadas mismas.
¿Y si... y si no queremos que se suba a la web?
Mike preguntó, su voz apenas un susurro.
Podemos negociarlo con el cliente,
respondió el Sr. Vargas, su tono algo menos flexible. Pero la compensación económica sería menor. El valor principal para nosotros, y para el cliente, es la posibilidad de que sea un producto que pueda comercializarse. Es un video personalizado , sí, pero también es contenido para nuestra plataforma.
Entendiendo,
JC murmuró, sopesando las opciones. Menos dinero, menos exposición. Más dinero, más riesgo.
Piénsenlo, chicos,
dijo el Sr. Vargas, detectando la indecisión. Tienen hasta mañana para decidir si quieren continuar. Si es así, me avisan y les envío el formulario de consentimiento. Si no, no hay problema. Agradecemos su tiempo.
Gracias, Sr. Vargas,
JC dijo, la llamada terminó con un clic.
La pantalla volvió a la imagen de su escritorio. La habitación se sentía más pequeña, el aire más pesado.
¿Un cepillo de pelo?
Mike dijo, rompiendo el silencio. Su voz sonaba un poco ahogada.
Si. Y lo de la autorización de los padres...
JC se pasó una mano por el pelo. Eso es lo complicado.
¿Se lo vas a decir a tu mamá?
Mike preguntó, sus ojos suplicantes.
JC se imaginó la cara de su madre. La furia, la decepción. La vergüenza. No lo sé. ¿Y vos?
Mi papá me mata,
Mike dijo con firmeza. Me encierra hasta los dieciocho.
Bueno, pero es por una buena plata,
JC intentó argumentar, aunque sonaba hueco. Podríamos decir que es para un comercial o algo así. Y que es una escena de actuación, que es todo falso.
¿Falso? ¿Y el cepillo de pelo?
Mike replicó, con el ceño fruncido. Y el culo rojo de verdad, eso no es falso.
Un escalofrío real recorrió la espalda de JC La idea de un cepillo de pelo contra su piel, y la de Mike, no era tan divertida ahora. Pero la promesa de una suma considerable de dinero seguía flotando en el aire, una sirena tentadora.
Es una vez,
dijo JC, tratando de convencerse a sí mismo tanto como a Mike. Y después, chau. Con la plata podemos hacer lo que queramos. Compra la PlayStation 5, la que sale el mes que viene. ¿Te imaginas?
Los ojos de Mike se iluminaron un poco ante la mención de la consola de juegos. La de la nueva generación... Sí, pero... ¿y si duele mucho?
No estás actuando, Mike. Acérdate. Es para un vídeo. No te van a lastimar de verdad.
JC le puso una mano en el hombro. Además, estamos los dos. No va a ser tan malo si estamos juntos, ¿no?
Mike respiró hondo, la indecisión aún grabada en su rostro. No sé, JC. Esto es... esto es un montón.
Perder. Pero pensá en la plata. ¿Cuántas veces en la vida vamos a tener una oportunidad así de hacer algo así y que nos paguen un montón?
JC insistió. Además, si no lo hacemos, siempre nos vamos a quedar con la duda. ¿Y si era una boludez? ¿Y si no dolía tanto?
Mike se rascó la nuca. Y la foto de nuestros culos ya la mandamos. Ya sabes cómo somos.
Exacto. Ya estamos a medio camino,
JC lo animó. Solo tenemos que convencer a uno de nuestros viejos para que firme. Podríamos decir que es un casting para una serie de internet para adolescentes, que buscan chicos con carisma. Y que hay una escena donde te castigan, pero es todo falso y accionado.
¿Y lo de las nalgadas con cepillo?
Mike levantó una ceja.
Eso no lo decimos. Decimos que es un contrato de confidencialidad y que no podemos hablar de los detalles.
JC sintió una oleada de astucia. Mi mamá es más fácil de convencer que tu papá. La mía siempre quiso que yo hiciera algo artístico, aunque sea un extra. Podría decir que es una oportunidad para empezar.
Mike lo miró fijamente, sopesando la propuesta. Pero si se entera de lo del cepillo...
No se va a enterar. Firmará el papel, y listo. Después del video, no hay problema,
aseguró JC, aunque una parte de él sintió un punzón de culpa. Vamos, Mike. Piénsalo bien. ¿Plata o quedarnos con las ganas?
El silencio volvió a caer, pero esta vez, era un silencio de deliberación. Mike cerró los ojos por un momento, imaginando la PlayStation 5, los nuevos juegos, la libertad de tener su propio dinero. La imagen del cepillo de pelo aún lo inquietaba, pero la tentación era fuerte.
Bueno,
Mike finalmente dijo, abriendo los ojos. Había una nueva determinación en ellos, mezclada con un poco de miedo. Pero si duele mucho, te juro que te mato.
JC soltó una carcajada nerviosa, una sensación de alivio inundándolo. Trato hecho. Y si no duele tanto, me debes una pizza grande.
Ambos se miraron, una sonrisa nerviosa en sus rostros. Habían tomado una decisión. Una decisión que, sabían, cambiaría el curso de su amistad, y quizás, de sus vidas, de una manera que aún no podía comprender del todo. La aventura, extraña y un poco aterradora, había comenzado.
JC le envió un correo al Sr. Vargas, confirmando su interés en continuar. El productor respondió casi de inmediato, adjuntando el formulario de consentimiento. El documento era largo, lleno de jerga legal, pero el punto principal era claro: la autorización para que dos menores de edad participaran en una producción que involucra disciplina corporal actoral
.
Esa noche, JC esperaba el momento oportuno. Su madre, agotada después de un largo día de trabajo, estaba sentada en el sofá, navegando por su tableta. JC se acercó con el formulario impreso, el corazón latiéndole como un tambor.
Mamá, ¿puedo hablar con vos un segundo?
JC preguntó, su voz sonando más seria de lo que pretendía.
Su madre levantó la vista, una ceja arqueada. Claro, hijo. ¿Pasa algo?
No, no. Es algo... importante. Una oportunidad.
JC se sentó a su lado, extendiendo el papel. Unos productores me contactaron a mí ya Mike. Es para un casting de una serie web nueva. Buscan chicos de nuestra edad.
¿Una serie web? ¿Mi JC actor?
Su madre irritante, una pizca de orgullo en su voz. Contaminar.
JC le explicó la oportunidad
, omitiendo cuidadosamente los detalles más escabrosos. Habló de la experiencia, de la posibilidad de ganar un buen dinero para sus estudios futuros, de la escena de castigo
que era totalmente simulada y accionada, como en las películas
. Su madre, siempre soñadora y con una vena artística, escuchó con atención. La idea de que su hijo fuera parte de una producción, aunque fuera pequeña, le atraía.
¿Y este papel qué es?
preguntó, señalando el formulario.
Es el consentimiento. Porque somos menores. Es para que sepas que tenés conocimiento y autorizarás mi participación. Es un formalismo,
explicó JC, con una naturalidad que apenas podía creerse a sí mismo. Hay una cláusula de confidencialidad, por eso no puedo contarte todos los detalles de la trama, mamá. Pero es algo inocente, de adolescentes, no te preocupes.
Su madre leyó el documento, sus ojos recorriendo las líneas. JC observó su rostro, buscando cualquier señal de duda o sospecha. Pero ella parecía más interesada en la idea de que su hijo pudiera estar actuando
.
¿Y el pago? ¿Es bueno?
preguntó, volviendo al pragmatismo.
Muy bueno, mamá. Suficiente para comprarme esa guitarra que quiero, y para que Mike y yo ahorremos para la universidad,
JC exageró un poco, pero la cifra del Sr. Vargas era realmente tentadora.
Finalmente, con un suspiro, su madre tomó la lapicera. Bueno, si es una oportunidad para vos, y es algo sano... confío en tu juicio, JC
Firmó el documento, su rúbrica elegante y decidida.
Un peso gigantesco se quitó de los hombros de JC Sonrió, sintiendo una mezcla de alivio, triunfo y una punzada de culpa. Gracias mamá. Te juro que no te vas a arrepentir.
Al día siguiente, JC escaneó el documento firmado y se lo envió al Sr. Vargas. La respuesta fue rápida y entusiasta. Excelente, JC Todo en orden. Les enviaré los detalles para la sesión. Será en un estudio que acondicionamos para que parezca una casa. La madre ya está lista.
Los siguientes días fueron una mezcla de euforia y ansiedad. Hablaban del dinero, de lo que harían con él. Pero también de las nalgadas, del cepillo, de la vergüenza. La realidad del actuar
se cernía sobre ellos, cada vez más tangible. La fecha se acercaba, y la tensión crecía con cada hora que pasaba. Los dos chicos, inmersos en su pequeña conspiración, se preparaban para la intensa sesión de azotes que les esperaban. La inocencia de la apuesta del truco se había transformado en una aventura que prometía mucho más que unas simples risas. Y sabían, en lo profundo de sus jóvenes corazones, que no había vuelta atrás.