domingo, 3 de abril de 2022

SORAYA Y SU NUEVO HOGAR 2



                                                        
Soraya y su nuevo hogar
                                                                  
Capítulo 2
                                  
Soraya experimenta lo que será su próximo hogar

… ahora la Ama de Llaves te llevara a tu habitación y te pondrá crema hidratante en el trasero, veras como te hará sentirte mejor. Señora Stuart! Puede llevársela!
      Soraya sintió  presión en una de sus manos, la Sra. Stuart le agarraba  su mano derecha, ella seguía con la cabeza, apoyando su mejilla izquierda sobre el pecho del Sr. John, se sentía bien estando abrazada, a pesar que él, había sido quien ordenase a la Sra. Stuart que le diera aquella primera azotaina, sin motivo aparente, simplemente para que se hiciera una idea clara de la disciplina de la casa o eso le  pareció escuchar.  Le sorprendió en un primer momento que fuera algo de locos, recibir una azotaina sin haber hecho nada para merecérsela. Luego, cuando escucho las palabras y aquella velada amenaza, de que según qué caso podría recibir una azotaina con cualquier instrumento, aquello la amedranto! Pero al mismo tiempo, habiendo recibido aquella azotaina, en la que había acabado llorando como una niña, razonando con calma, había sido un gran alivio averiguarlo en ese momento, y no, esperar a recibir una azotaina con cepillo, cinturón u otro instrumento cualquiera y descubrir las consecuencias demasiado tarde. Al no tener experiencia alguna, el único que temía era el cinturón, no porque conociera sus efectos, si no, por las habladurías en los grupos que frecuentaba. En ese momento agradecía que hubiera sido de ese modo, ahora sabía lo que podía llegar a doler una azotaina con la mano, y simplemente razonando un poco, temblaba solo de pensar que podría ser… recibir con aquellos otros implementos o instrumentos.
     Su brazo izquierdo colgaba del cuello del Sr. John, el contacto de su cuerpo, su mejilla izquierda posada sobre su pecho, mientras el Sr. John, con la mano derecha introducida bajo su falda acariciándole el trasero por encima de sus braguitas, la hacía  sentirse bien, muy bien, a pesar de tener el trasero en llamas, pero a pesar de arderle sus nalgas, se sentía bien así recién calentada o recién castigada. No se quería separar de él, pero la Sra. Stuart tiraba de su mano derecha para que la acompañara, ella se resistía a soltarse, pero segundos después, el mismo Sr. John fue quien movía su pierna hacia el lado derecho, y el trasero de Soraya resbalaba de su muslo, su cuerpo ayudado por el Sr. John con sus manos, la separo de sí mismo depositándola de pie en el suelo con delicadeza, para facilitar que se la pudiera llevar la Sra. Stuart, en ese momento una palmada cariñosa y sonora, es lo que la joven recibió en su trasero, pudo Soraya sentir por primera vez el contacto de la mano de quien iba a ser su spanker, ese primer azote en el culo, sintió que sus braguitas se humedecían aún más, aparte de la sorpresa y un nuevo leve ardor en el culo protegido por sus bragas, pero aun así, pudo sentir que era una mano grande y fuerte, pero sobre todo pesada aunque solo había sido una palmadita cariñosa.
     La Sra. Stuart girando sobre sí misma, se encamino hacia la salida del salón, tirando de la mano de Soraya, está había vuelto su cabeza hacia atrás con una sonrisa en sus labios, mientras caminaba  con su cuerpo resistiéndose casi dejándose arrastrar mientras miraba a su spanker,  su mano izquierda se sobaba el culo por encima de sus bragas, en la zona que había recibido la palmada, sin saber que las  estaba mostrando, pues, parte de la falda se le había quedado trabada en su cintura, dejando a la vista la parte izquierda del trasero de Soraya, pudiéndola observar con gracia como se sobaba con su mano moviéndola arriba y abajo, sobre  el trasero por encima de sus braguitas de dibujos de flores silvestres azules, así como lo colorado que tenía el culo, al quedar al descubierto parte de su nalga izquierda, pues la parte baja de sus nalgas quedaban al descubierto al no cubrirlas sus braguitas e inicio de sus muslos donde se notaba claramente que esa zona también se había centrado la azotaina.  
      Una vez salieron del salón, Soraya se dejó llevar por la fuerte mano de la Sra. Stuart, sentía una sensación que no esperaba experimentar, era nueva para ella. Resultaba algo raro para ella, pero era una sensación apaciguadora, le ardía el trasero bastante, pero no comprendía como podía sucederle, sus braguitas se seguían humedeciendo a cada paso que daba, y por raro que pareciera la sensación de llevar su culo ardiendo la embriagaba de placer, eso acompañado por que la Sra. Stuart la condujese hacia su habitación, eso la hacía sentirse como cuando era niña y su mama la llevaba al baño a bañarla, era como… volver a ser pequeña a sus veintidós años, pero con el contraste de llevar el culo como un tomate maduro, ardiéndole de manera placentera, algo que no había imaginado que así fuera, no hallaba palabras para describir aquellas sensaciones que estaba sintiendo por primera vez, y que la embriagaban. Iba Soraya tan abstraída en sus pensamientos, que ni se percató que ya estaban en su habitación, pareció despertar cuando vio que la Sra. Stuart se sentaba sobre la cama, sin decirle nada en absoluto, tiro de Soraya haciéndola caer sobre su regazo boca abajo, su cuerpo se estremeció de terror pensando que la iba a castigar de nuevo, sobre todo al levantarle la falda y sin mediar palabra bajarle Las bragas a medio muslo, las nalgas temblaban como si tuviera un tic nervioso de miedo, era incapaz de detener aquel leve temblequeo. Cuando sintió algo líquido y frio en sus nalgas, luego siguió un apaciguador sentimiento, así como tranquilizador cuando la mano derecha de la Sra. Stuart repartía por toda la superficie del trasero aquella crema hidratante, ahora recordaba las palabras del Sr. John tranquilizándose relajando el trasero, resulto algo sensacional, a no ser por las frases que dijo la Sra. Stuart mientras le acariciaba el culo, trazando círculos haciendo que la piel castigada fuese absorbiendo aquella delicia de crema fresquita y placentera…
(Sra. Stuart)  -. Serás desvergonzada! Mira cómo te has puesto las bragas recién puestas limpias, cochina!!! No te da vergüenza haberlas mojado de esa forma, guarra!!! Debería ir a buscar el cepillo y darte una buena azotaina para que aprendieras!!! Que te has creído tú!!! Y esto! Que es esto, eh? Mira como llevas la entrepierna, cochina!!! .- Esto último se lo decía al pasar la mano por su entrepierna, repartiendo bien la crema, y sus dedos rozar el sexo de Soraya el cual se encontraba completamente mojado de sus fluidos, y como esos dedos se adentraban más en esa delicada zona, llegando incluso a introducir en el sexo uno, dos y tres dedos, que hicieron que Soraya se avergonzara de sí misma al sentir el contacto íntimo, pero al mismo tiempo se moría de puro placer, ya que aquella caricia interna desbordo por completo a la joven, estallando su sexo en un orgasmo espontaneo e inesperado, que le hizo temblar sus muslos irrefrenablemente. -. Nada más faltaba esto por ver!!! Marrana!!! Mira que correrte en mis dedos, cochina!!! Ahora mismo voy a ir a decírselo al Señor y que venga a castigarte, por cochina y marrana!!! Súbete las bragas tu misma, que voy a avisarle. Ya te puedes preparar para la que te espera!!!
      La Sra. Stuart la dejo caer al suelo empujándola con sus manos, cayendo de rodillas Soraya,  y  ponerse en pie de sopetón, seguidamente está, salió como una exhalación por la puerta cerrándola.
      Soraya quedo asustada mirando hacia la puerta, estaba metida en un problema,  se levantó del suelo al tiempo que se subía las braguitas las tenía bajadas a medio muslo enrolladas así mismas, se las subió lentamente al costarle un poco el desenrollarlas, pero en segundos ya se las había ajustado a su cintura. Las palabras de la “montaña de huesos” habían calado en la mente de Soraya.  Las lágrimas habían vuelto aparecer en sus mejillas, emanaban de sus pupilas brillantes. El estómago le daba vueltas, como si tuviera mariposas revoloteando en su interior, sus manos sudorosas no dejaban de emanar el sudor, la angustia que sentía era enorme, el temor a lo que iba acontecer en breve la atormentaba, en cualquier momento se abriría aquella puerta entrando el Sr. John seguramente indignado. Soraya sin saber qué hacer, iba y venía de un extremo a otro en el interior de la habitación, estaba enfurecida con ella misma por ser tan tonta y haberse mojado sus bragas, iban pasando los minutos, cada vez estaba más asustada. En su mente, se maldecía una y otra vez así misma por haberse mojado las bragas de tal forma, hubo un momento que se ilumino su rostro con una sonrisa, pensó en mirar en el cajón de donde la Sra. Stuart había extraído la ropa interior, pensó que deberían de haber otras iguales o similares para cambiarse las bragas antes de que el Sr. John entrara por la puerta. Pero para su sorpresa no había ninguna iguales, habían como dos docenas de bragas bien colocadas, estaban de tal forma guardadas que a la vista estaba que si las tocaba, sabría la Sra. Stuart que las había tocado, pues nadie podía tener la ropa interior tan bien ordenada, mirándolas paso las manos con cuidado sobre ellas, quizás debajo hubiera otras que fueran iguales, pero tampoco fue así, las que habían debajo eran también diferentes, dio una pataleta de disgusto con su pie derecho en el suelo.
      La puerta se abrió en ese instante, del susto que se llevó, se le cayeron al suelo una de las braguitas que había sacado sin querer, debido al auto reflejo del pánico que sintió  ver al abrirse la puerta de la habitación. Disculpándose ante la sombra que veía que entraba por la puerta…
(Soraya)  -. Le ruego que me discul…
        Se calló repentinamente al ver quien entraba por la puerta, era Carmen la doncella.
(Carmen)  -. Que te sucede? Vaya cara de susto tienes, ni que hubieras visto un fantasma…
       Eso enfureció sobre manera a Soraya…
(Soraya)  -. Joderrr!!! Podías llamar antes de entrar, vaya susto me has dado! Creí que era el Sr. John que venía a… cas…tigar…me, pues la Sra. Stuart me ha dicho que iba a buscarle…
(Carmen)  -. La he visto entrar en su habitación, cuando ha salido de esta!
(Soraya)  -. Entonces… no ha ido a buscar al Sr. John?
(Carmen)  -. Ni creo que lo haga, el señor y la señora han salido de la casa, yo les he cerrado la puerta al salir. Porque debía ir avisarle?
(Soraya)  -. Pues porque me he…moja… .- En ese instante Soraya se calló, le daba vergüenza decir el porqué. -. A ti qué diablos te importa…
(Carmen)  -. Vaya con la niña pija, vaya maneras de responder.
(Soraya)  -. A mí no me llames pija, .- Poniéndose los brazos en jarras avanzo altanera hacia Carmen con cara de pocas amigas -. y menos una criada como tú, yo al menos no vengo a esta casa a servir a nadie…
(Carmen)  -. Vaya con la mojigata que hace un momento berreaba por una simple azotaina!
(Soraya)  -. A mí no me llames mojigata o te vas a enterar!!! Y yo no berreaba…
    Las dos chicas estaban a menos de un metro en ese momento,  una de otra…
(Carmen)  -. Ha sí! Y que me vas hacer tú! Niña pija y llorona!!!
(Soraya)  -. A mí no me llames llorona!!! Vas a ver tú…
    Las dos se agarraron de los pelos forcejeando entre ellas, empezando una pelea entre ellas dos, cayendo sobre la cama arrugándola toda, forcejeaban una contra la otra, sus faldas cortas y tableadas se agitaban por si solas en el aire, desvelando sus bragas así como sus colorados traseros, acabando cayendo de la cama y rodando por el suelo, Soraya fue la primera en levantarse, dando a Carmen una patada en el culo que la hizo darse con la cabeza en el suelo, intento levantarse con rapidez, pero al estar desprevenida acabo recibiendo otra patada en el vientre, la cual la hizo rodar por el suelo tirando el tapete que había sobre la mesita de noche, cayendo este al suelo y arrastrando tras el la lámpara que quedo hecha añicos al golpearse contra el suelo, Carmen había apoyado sus manos en el suelo para ayudarse a levantarse, entonces Soraya cogió una de las dos almohadas que habían en la cabecera de la cama, golpeando a Carmen con ella, trastabillando se pudo levantar del suelo y yendo hacia la cama, agarro la otra almohada para golpear a Soraya, la cual no cesaba de darle almohadazos en la cabeza, en el culo, en la espalda, en donde podía… Tardo un tiempo Carmen en rehacerse, pero al final pudo contratacar a su atacante de la misma forma, los almohadazos los recibía una y otra, las dos se estaban dando a base de bien, hasta que las almohadas no resistieron más golpes y estas se abrieron por la cremallera destrozada, empezando a salir plumas y más plumas de su interior, en segundos por toda la habitación volaban esas plumas y seguían saliendo más y más, hasta formar una nube de plumas llenando de estas, la cómoda, la mesita, la cama, el armario, las sillas, la mesa del escritorio, toda la habitación estaba llena de plumas, por todas partes… así estuvieron golpeándose una a la otra hasta que no salieron más plumas de las almohadas, entonces se liaron a bofetadas, tanto daba una, como recibía la otra, hasta que con el escandalo formado… apareció el Sr. John indignado, furioso…
(Sr. John) -. Qué diablos está pasando aquí? Se puede saber a qué viene este escándalo, como os habéis atrevido a destrozar la habitación de este modo y todo a vuestro paso? Y La Sra. Stuart? Donde esta esa mujer!!!! Y como ha podido permitir este destrozo!!! Esto os va a costar muy caro jovencitas!!!  Pero se puede saber dónde está esa mujer? Y vosotras dos… vosotras dos… que voy a tener que hacer con vosotras dos…? Habéis convertido la habitación en una cancha de boxeo… Pero voy hacer que os arrepintáis las dos! Ya lo creo que os vais a arrepentir!!! No sabéis ni por asomo la que os espera a ambas por vuestra desfachatez y locura!! En qué diablos estabais pensando para liaros entre vosotras a golpes? Es que no vais a explicar ninguna de las dos a que ha venido esto?
(Soraya)  -. Tranquilícese señor! Pagare los daños que he causado, ahora mismo abandonare su casa y me iré… Quizás no fue buena idea después de todo, venir a su casa… Igual no estoy preparada para esto…
(Sr. John)  -. Preparada, dices? Que no estas preparada? Pero que te has creído, que vivir en esta casa es un simple juego? Que basta con decir que igual no estabas preparada? Te has parado a pensar un momento que te vas a ir de rositas, habiendo formado este desastre? Chicas os voy a poner el culo ardiendo como un volcán en erupción…!!! A las dos…!!! Antes te había hablado de una hipótesis futura, de probar el cepillo…!!! Ahora después de esto…!!! Ya no es una hipótesis…!!! Lo vas a probar ahora mismo…!!! Y tú también…!!! Eso lo vas averiguar en breve, mejor dicho lo vais a averiguar las dos! Vamos a mi despacho!!! Y no quiero tener que repetíroslo dos veces!!! Ya os voy a enseñar lo preparadas que estáis las dos!!! Esa mujer…. Dónde está? Venga acompañadme…
     Abandonaron la habitación saliendo el Sr. John delante, detrás de él cabizbajas iban Soraya y Carmen, se lanzaban miradas entre ellas que las fundirían de ser un metal. Andaban por el pasillo, hasta que el señor se detuvo en una puerta… golpeando con fuerza con sus nudillos de la mano derecha en la puerta…
(Sr. John)  -. Señora Stuart, la quiero ver en mi despacho inmediatamente!!!
    Sin más palabras siguió por el pasillo a paso ligero. Las dos jóvenes caminaban tras él… tenían que acelerar el paso para poder seguirle, algo que sus traseros recientemente habían recibido una azotaina, y sintieran leves pinchacitos que les obligaban a sobarse estos al caminar, mirándose la una a la otra, destellándose con las chispas que surgían al cruzarse sus miradas… pasaron ante la puerta que daba al salón, donde vieron a la señora con el rostro congestionado posiblemente tras escuchar como las regañaba su marido y de los destrozos causados, pero no pudieron ver nada más, pues su paso fue rápido pasillo adelante.  Hasta unas puertas enormes, eran de roble muy antiguo y pesadas, las empuñaduras de los pomos estaban muy altos, a las altura de sus cabezas, empujándolas con fuerza estas se abrieron entrando en una estancia amplia, Soraya se quedó boquiabierta al entrar viendo que era una extensa biblioteca, nunca había visto tantos libros juntos, ni siquiera en la biblioteca pública, las estanterías ascendían desde un metro del suelo, en la parte baja eran puertas y repisas donde habían jarrones en vitrinas con grueso cristal, a simple vista no eran simples jarrones, encima y  hasta el techo altísimo eran estanterías, con tallados en las aristas, pudo ver que en la pared del fondo entre estanterías había unas escaleras de caracol, dando a un pequeño altillo rodeaba toda la estancia, luego las escaleras que ascendían, a otro altillo más arriba, así hasta cinco altillos pudo contar, como si fueran andamios o empalizada. Desde los cuales se podía acceder a los libros sin necesidad de escalera para ojearlos, nunca hubiera imaginado poder ver una biblioteca… tan enorme…tan completa… en uno de los fondos de la estancia, no habían libros, en cambio habían un montón de cuadros con retratos, debían de ser de descendientes familiares por su parecido, como un árbol genealógico, por la manera que estaban colocados, bajo ellos había una gran mesa de despacho, por la grandeza debía ser una mesa de una madera muy antigua, tenía tallas grabadas en la parte que daba a la amplitud de la biblioteca, muy similares a las tallas de las estanterías, con un enorme sillón de cuero marrón, tras la mesa. Vieron como el señor bordeaba la gran mesa y tomaba asiento. Las dos jóvenes quedaron en pie a unos metros de la mesa, donde les fue indicado detenerse y no pudiendo avanzar más, dado el rostro de enfado del señor, el cual les dio mucho respeto haciéndolas temblar, pero la que más lo temía era Carmen, pues ella por llevar más tiempo en la casa sabía que iba a ocurrir, en cambio Soraya aparte de estar decepcionada de ella misma, estaba convencida que debería marcharse en breve, lo había estropeado todo con su carácter irascible, pues había cometido un gravísimo error estropeándolo todo con su torpeza, con la de veces que había soñado vivir una experiencia así, y había desaprovechado la oportunidad de su vida. Las dos chicas se veían así mismas muy pequeñas ante una mesa tan enorme, aparte de la preocupación de ambas, pero de distinta manera, Soraya estaba convencida que tendría que irse, aunque ya le había anunciado el Sr. John que iba a ser castigada, al igual que Carmen. Estaba convencida que las dos serian expulsadas, en cambio, Carmen solo pensaba en la terrible azotaina que la esperaba, en su mente ni por un momento se le paso la idea de ser expulsada, pues conocía muy bien las consecuencias que iba a tener su poca cabeza, al liarse a mamporros con la que iba a ser la señorita de la casa e hija adoptiva de los señores.
(Sr. John)  -. Niñas!!! Se puede saber qué demonios estabais pensando para un comportamiento digno de pelantruscas de las calles…? No acabo de concebir en la mente como habéis podido comportaros de un modo tan grotesco, que no pienso tolerar en vosotras, ni dentro estas paredes…!!! Que os pensáis…? Que esto que ha sucedido no es nada, que con un simple lo siento, señor! Ya está arreglado? Y tu Soraya, desvergonzada!!! Que es eso de que te vas a marchar? Que vas a pagar los daños que has causado? Con tu sueldo tardarías años en pagar el destrozo que has causado! Y tú, Carmen? También vas a salir por esa puerta y te vas a marchar? Así, sin más? Ambas olvidáis un punto muy importante! Esta casa se rige por una férrea disciplina! Y las faltas que se cometen reciben un severo correctivo!!! .- Carmen tenía la cabeza inclinada mirando el suelo, tenía su blusa desabotonada por el forcejeo de la pelea, al igual que Soraya. Así como la blusa fuera de la cintura de sus faldas, la falda alicaída a uno de los costados, las bragas metidas las perneras en la media luna central de sus traseros, por lo visto habían forcejeado de ellas también, como con el resto de sus ropas y los calcetines caídos a los tobillos…-. Primero antes de nada, pequeñas desvergonzadas!!! No puedo ni miraros de la pinta que tenéis las dos, de la manera que habéis arrugado vuestras ropas, parecéis las dos, unas pordioseras, por fortuna no las habéis desgarrado! Venga! Arreglad vuestra pinta de gamberras callejeras y Arreglaos la ropa!  Vestiros como lo deben hacer dos jovencitas de vuestra edad, adecentaos ahora mismo las dos!  A que estáis esperando…? Queréis que lo haga yo mismo? Como me hagáis levantarme lo vais a lamentar…   
     Carmen y Soraya se miraron con sus ojos que seguían echando chispas entre ellas fulminándose con sus miradas, al ver sus ropas, la verdad es que estaban hechas unos cirios… avergonzadas  obedecieron. Se abotonaron sus blusas, las introdujeron los faldones de las mismas entre la cinturilla de sus faldas, pasándose las manos por sus cabellos se los arreglaron dentro de lo posible, al no disponer de cepillo cerca. Sus faldas fueron puestas rectas y en su lugar,  se subieron los calcetines y ambas arreglaron su ropa interior, introduciendo sus manos bajo sus cortas faldas y introduciendo dedos índice y corazón tensaron las perneras de sus braguitas ajustándoselas bien a sus traseros.
(Sr. John)  -. Eso está mejor, ahora tenéis buen aspecto las dos… al menos. Daos la vuelta y enseñad vuestras bragas, que vea que os habéis arreglado vuestras bragas…!!! .- Las dos a la orden dada se giraron sobre sí mismas, sus cortas faldas dejaban claramente a la vista la parte baja de sus bragas, se levantaron las faldas sonrojándose de la vergüenza al tener que mostrar sus braguitas al unísono. -. Bien podéis bajaros la falda y volver a mirar al frente de nuevo…
     En ese instante entro como una exhalación la Sra. Stuart. Venia contrariada con la mirada perdida, pues no comprendía nada de lo sucedido y mucho menos porque había sido requerida al despacho,  a paso ligero se acercó hasta el lateral de la mesa deteniéndose a la derecha del señor, entre el Sr. John a su izquierda y las chicas a su derecha, echándoles una severa mirada que las fulminaba, las dos chicas no pudieron mantener la mirada en ella, bajándola al suelo avergonzadas.
(Sra. Stuart)  -. Perdón señor! Que es lo que ha sucedido, no comprendo este requerimiento, no tanta urgencia, no, no…
(Sr. John)   -. Señora!!! Donde ha aprendido usted esos modales? Qué manera de entrar es esa en mi despacho, no la enseñaron de niña, que hay que llamar a las puertas para entrar .- Le corto el Sr. John sin dejarla terminar de hablar..- Ha usted le pago un sueldo mucho más que razonable para ocuparse de la casa, así como de la disciplina del servicio, ha ocurrido un acto intolerable con el servicio, en concreto con la doncella Carmen, la cual está bajo su tutela, y de la que debe ocuparse personalmente de ella. Me puede decir donde se encontraba usted, cuando debería estar custodiando la seguridad y cuidando la casa en mi ausencia. Es que no voy a poder salir sin tener que preocuparme del servicio? Para que la contrate a usted? Ha visto el destrozo que ha organizado la doncella? Vaya a la habitación de Soraya la invitada y explíqueme porque ha podido suceder ese hecho. Vaya!!! Ahora!!!
     La señora Stuart abandono el despacho, avergonzada por la bronca que acababa de recibir, encaminándose por el largo pasillo, al llegar a la habitación de Soraya y ver el destrozo que había, se llevó las manos a la cabeza. Aquello no podía traer nada bueno, estaba en riesgo su puesto de trabajo o algo que podría ser mucho peor, pero no podía traer nada bueno aquel desastre… en apenas unos minutos apareció en el despacho de nuevo, nuevamente entrando sin llamar, apareciendo con el rostro congestionado del enfado, fue directa hacia Carmen sin mediar palabra alguna, al estar a su lado, le empezó como si estuviera poseída a darle azotes con la mano en el culo a la doncella, como está trataba de escapar, la Sra. Stuart la sujeto haciéndola doblarse inclinándola hacia adelante y sujetándola bajo su brazo izquierdo, le levanto la falda y le bajo las braguitas blancas, los azotes seguidos no se hicieron esperar, Carmen forcejeaba bajo el brazo intentando escabullirse de la azotaina, sin éxito. El señor con cara de indignación la miraba consternado por su osadía, pues la Ama de Llaves estaba castigando a la doncella sin previo permiso del señor de la casa allí presente, algo que al señor no le gustó nada, por su gesto de disgusto…
(Sr. John)  -. Señora Stuart!!! Sra. Stuart!!! Ross Mery!!!
(Sra. Stuart)  -. Perdón señor no le escuchaba…
(Sr. John)  -. Quiere hacer el favor de dejar de darle azotes en el culo a la doncella y venir aquí!!! .- La señora Stuart y ama de llaves de la casa, soltó a la doncella Carmen. Esta tenía la cara claramente agraviada por la azotaina breve que acababa de recibir, había resultado algo bochornoso para ella, recibir aquella azotaina estando Soraya a solo dos metros de ella, viéndola sonreír, mientras Carmen se debatía bajo el brazo izquierdo de la ama de llaves, con las bragas bajadas y el trasero al aire, apenas se sintió libre de la inmovilización en la que se había visto, se subió las bragas blancas con rapidez con el rostro rojo de la vergüenza. Miraba a Soraya como había girado la cabeza y le sacaba la lengua. De buena gana se le hubiera lanzado al cuello y sacado los ojos a aquella indeseable que se burlaba de ella, pero sabía que estaba metida en un buen lio, y hubiera empeorado más su situación, si es que aquello era posible. En cambio, la Sra. Stuart se arregló la falda, así como su blusa, una vez se vio bien. Se acercó hasta estar frente a la mesa del despacho..- Le parece correcto lo que acaba de hacer Ross Mery! Para empezar Ross Mery! Estamos en mi despacho, y estas dos jóvenes han causado un buen estropicio, pero han sido las dos, las ejecutoras de esa acción, y no solo la doncella. Las dos serán convenientemente castigadas desde luego, no se preocupe que sabrán bien lo que han provocado ellas, puede estar bien segura de ello. En mi presencia que sea la última vez que castiga a Carmen sin haberla autorizado hacerlo, estando yo presente soy quien decide a quien se debe castigar, ha entendido? Ahora necesito saber dónde estaba usted? Pues de haber ocupado su lugar de supervisión del trabajo de la doncella, y de la casa en cuestión. Esto no habría podido suceder, verdad? O al menos, no de una magnitud que ha causado daños irreparables, se puede saber, o me puede decir que hacia usted encerrada en su habitación? No era su tiempo de esparcimiento personal, verdad que no? Entonces porque no estaba en su puesto? Puede explicármelo. .- John se levantó de su cómodo sillón, colocándose en el lateral de su mesa justamente en la esquina derecha. Estaba esperando una respuesta. Pero esta no llego a sus oídos… .- Es justo lo que me temía. No tiene excusa posible verdad? Hace el favor de acercarse a mi mesa y bájese la falda y inclínese sobre la mesa, no me gustaría tener que repetírselo…
     La señora Ross Mery Stuart era una mujer inglesa, en su familia había habido grandes Institutrices desde el siglo XVIII, ella no había podido ejercer como institutriz, por esa razón se había instruido para ser Ama de Llaves, un oficio muy característico del reino anglosajón para las mujeres. Ella personalmente había trabajado en grandes casas, y lo que estaba a punto de suceder, no iba a ser la primera vez. Además era justamente lo que se había temido que podría suceder, mucho peor que la bronca que acababa de recibir minutos antes. Si no tuviera la certeza de que era su responsabilidad, al escuchar la orden de inclinarse sobre la mesa, se habría negado. Pero ella sabía perfectamente cuál era su trabajo, y lo había incumplido por hacer algo que no debería de haber hecho, pero siempre había resultado una debilidad suya, ella tenía cierta tendencia hacia las chicas, nunca había estado con un hombre. Y la pequeña Soraya al llegar al clímax sobre sus rodillas, había sentido la enorme necesidad de apaciguarse a sí misma, por ello había desatendido sus obligaciones. Por lo tanto no lo dudó un instante, con su mano derecha bajo la cremallera del lateral de la falda, está  cayó alrededor de sus pies, se inclinó sobre la mesa apoyando su pecho, sentía cierta vergüenza al mostrar su intimidad ante un hombre, algo que además le horrorizaba. Pero se lo había buscado. Llevaba unas bragas grandes clásicas en una mujer de su edad, aunque no era muy mayor, apenas unos cuarenta y cinco años, estas eran de encaje negras, quedando expuestas ante un liguero negro, el cual sujetaban unas medias de costuras negras. Pudo sentir como el señor se alejaba de ella por el sonido de sus zapatos, y que unos segundos después volvía hacia ella. Sintió como depositaba algo sobre su espalda, pero no quiso saber con qué instrumento iba a ser castigada y no miro. Sintió una sensación fría en su espalda, los dedos del señor estaban fríos, ya que estos habían sujetado de sus dedos el elástico de la cinturilla de sus bragas negras de encaje, sintió vergüenza al quedar su trasero al aire y a la vista de un hombre, mas mientras este se las bajaba muslos abajo, sabiendo que su sexo estaba al descubierto ante su mirada, dada esa posición sabia como el sexo quedaba bien expuesto dado la desnudez, no lo solía llevar muy poblado de vello, pues le gustaba recortárselo. Una vez tuvo las bragas bajadas, sintió un estremecimiento al sentir como el objeto dejado sobre su espalda, volvía a ser recogido. Tal como estaba echada sobre la mesa, tenía la cabeza ladeada hacia las chicas, sabía que ellas no podían ver su desnudez desde su Angulo, pero no podía hacer nada para que no presenciaran su castigo. Por lo tanto ella las miraba fijamente, estas al verse observadas no hicieron gesto alguno, excepto cuando vieron que el instrumento elegido se elevaba por encima de la cabeza del señor, cerrando los ojos al ver que este descendía con fuerza hacia el trasero de la ama de llaves. En ese momento al verlas como cerraban sus ojos, supo que en breve iba a sentir mucho dolor en sus nalgas, y así fue sintió como la vara mordió sus blancas nalgas, el silbido en el aire al cortar este, fue lo que la hizo saber con qué instrumento iba a ser castigada, la vara subió y bajo varias veces seguidas, sin apenas más pausa que la de unos segundos en los cuales, apenas tuvo tiempo para coger aire. Todo acabo rápido, aunque fue un severo castigo, ya que en los apenas diez minutos que duró el castigo, cincuenta fuertes varazos habían dejado marcas cruzadas rojas y azuladas en sus rojas nalgas, pues la superficie de rojo era mayor que algunas marcas alineadas azuladas. Apenas recibió la orden de poder levantarse, lo que hizo primero fue subirse las bragas, no sin serias dificultades, aunque sus ojos apenas habían pestañeado durante el castigo, y no había surgido ningún gemido o quejido de dolor de sus labios, eso no quería decir que no hubiera sentido nada, el culo le dolía horrores, así lo atestiguaban los gestos que hacia al subirse las bragas negras de encaje, o como poco después con gran pesar tuvo que agacharse para poder subirse la falda, una vez se la hubo subido, cerro la cremallera en su costado derecho, y alisando el trasero de su falda, aunque al alisarlo, fueron varias veces las que sus manos pasaron por encima de este, con seriedad se giró hacia donde el señor se mantenía de pie tras de ella, y miro hacia el suplicante, pero con aspecto serio. Estaba deseando poder retirarse a su habitación.
(Sr. John)  -. Bien Ross Mery. Puede usted retirarse a sus aposentos, a la hora de la cena espero que este dispuesta para ocupar su puesto, retírese!!!
    Camino con toda normalidad saliendo del despacho, como si no hubiera ocurrido nada. Una vez fuera de la vista de miradas, rompió a llorar como una chiquilla, teniendo que apoyarse contra la pared para no caerse al suelo, sus manos se las llevó al culo sobándoselo con suavidad, teniendo la necesidad de caminar a su habitación apoyándose contra la pared, para facilitar sus pasos, al llegar y entrar, nada más cerrar la puerta se dejó caer sobre la cama boca abajo llorando desconsoladamente.

     Las chicas estaban aterradas Soraya y Carmen se miraban una a la otra, sin rencor alguno, ahora se sentían estúpidas las dos. Soraya después de ver lo que había sucedido con la mujer que hacia unas horas le había dado una azotaina a ella, y como había sido castigada esta. Ahora estaba segura de que no iba a salir de la casa, que no sería expulsada como pensaba, ahora tenía muy claro que iba a ser castigada ella y la doncella. Por eso todo el tiempo había visto muy preocupada a la doncella, esta si sabía que sus castigos eran inminentes, si no estaban sus traseros en llamas en aquellos instantes, era por una sola cuestión. El señor John deseaba saber de boca de la ama de llaves lo sucedido y si esta, tenía algo que ver en haber desatendido su trabajo. Soraya no era ninguna niña, y se daba cuenta de las cosas. Quizás al comienzo hubiera obrado de una manera poco al estilo de una spankee, pues era novata en este mundo y eso saltaba a la vista por sí solo. Pensar que iba a poder marcharse por lo sucedido, temiendo que la iban a expulsar era algo que en estos momentos tenía muy claro que no iba a suceder. 
    Tanto Soraya y Carmen estaban aterradas, pues veían como el señor aun llevaba la vara en la mano, Carmen estaba aterrorizada sin dejar de mirar aquella vara, en cambio, Soraya estaba aterrada del rostro de pánico que tenía Carmen, algo la decía que debía preocuparse, lo cual le indicaba que debía de ser algo terrible. Carmen respiro aliviada al ver como el señor dejaba de nuevo la vara en el lugar de donde la había sacado, a lo que Soraya al verla suspirar más tranquila, también se relajó bastante. Aunque seguía viendo pánico en la cara de Carmen. El señor John salió del despacho sin mediar palabras con ellas. Momento que aprovecharon para hablar…  
(Soraya)  -. Carmen lo lamento de veras mi comportamiento, yo no soy así.
(Carmen)  -. Descuida, no pasa nada. Además a una spankee le gusta ser castigada, a mí me encanta desde luego, pero cuando me apetece, me gusta meterme en problemas por mi sola y causándolos yo. Cuando los provoca otra persona, en este caso tú, no me hace gracia alguna, pues a mí la señora ya me ha dado una azotaina antes de llegar tú, y te aseguro que tiene una mano tan pesada como el señor. Y… también he llorado, no es que tú seas una llorona, no debía de habértelo dicho.
(Soraya)  -. Yo tampoco debía haberte respondido como he hecho. Lo lamento mucho… me podrás perdonar? Somos amigas? Si?
(Carmen)  -. Pues… porque no. Vale. Tienes mucha experiencia como spankee?
(Soraya)  -. Qué va! Es mi primera vez, y veo que soy muy incrédula. Yo creía que me iban a expulsar de su casa, por lo que hemos hecho. Y además mi primer día…
(Carmen)  -. Puede que te expulsen, pero no por este motivo… Pero no lo harán porque ellos quieran hacerlo, será porque tú pidas irte. Ellos en el tiempo que los conozco, no han echado nunca a nadie por ser traviesas o rebeldes. Las pueden expulsar por ser mal habladas o por robar, no como travesura, como travesura lo puedes hacer, el cogerles dinero, yo lo he hecho alguna vez y aquí sigo, pero las que han robado por sacar el dinero o joyas de la casa, son expulsadas de verdad y sin zurrarlas.
(Soraya)  -. Y como saben la diferencia…?
(Carmen)  -. Si robas y te compras algo trayéndolo a la casa, conservando el resto del dinero o gastándolo todo, pero teniendo lo comprado en esta casa, entonces lo ven como una travesura… además porque si yo robo algo, procuro que me pillen, y si no lo hacen, hago que me vean con lo que he comprado puesto, en otras palabras hago que me descubran, busco que me castiguen…
(Soraya)  -. Y… y son estrictos?
(Carmen)  -. Lo vas a comprobar en breve guapa! Por algo como esto, no lo sé. Nunca se me ha ocurrido y mucho menos lo he pensado en hacerlo. Aunque la angustia que estoy sintiendo por ello, es la leche, estoy que me meo en las bragas de miedo. Y eso me encanta, pero es pánico lo que tengo también…pero por otro lado, tengo mis braguitas… Ya te imaginas como… tu como estas?
(Soraya)  -. La verdad? No lo sé, asustada eso sí. La azotaina que me ha dado antes la Ama de llaves era mi primera vez, por lo tanto siento miedo en general por estar aquí, pero no puedo saber mucho más… es una incógnita, no sé, y no sé qué debo sentir, aunque no me arrepiento de estar aquí, eso sí lo sé y estoy segura de ello, la semana pasada solo de pensar en la cita con un matrimonio de spankers, iba excitada todo el día, después de la cita no te haces idea, no podía pensar en nada más que en verme sobre sus rodillas con la falda levantada, recibiendo una azotaina, estos días han sido una verdadera locura para mi…
(Carmen)  -. Ssssss… calla, se escuchan pasos… alguien viene…
      Volvió en unos minutos John entrando al despacho de nuevo, esta vez no venía solo. La Sra. Abba venia tras él hablando en inglés, estaba muy enfadada por las voces que daba, las chicas lo podían deducir de ese modo.
(Sr. John)  -. Podéis estar orgullosas chicas! Buena la habéis armado entre las dos. Mi esposa está que trina, esa habitación que habéis destrozado era de un valor incalculable, muchas de las piezas eran únicas. Como vosotras que sois únicas metiéndoos en líos, y vaya líos… ya veo que os habéis hecho amigas, ya veremos si después de la que os espera también lo sois. Y bien cual de vosotras dos me va a contar lo que ha sucedido hoy en esa habitación, cual de vosotras dos es la única culpable? Una pelea no es tal, si una de vosotras se hubiera negado a ella, la otra habría acabado desistiendo muy posiblemente. Por lo tanto según esa hipótesis, sois las dos culpables? O por el contrario solo una de vosotras. Pero seré indulgente con aquella que solamente se defendía, y recibirá más severamente la que peleaba de verdad, así como la causante de todo pagara solo ella, y la otra saldrá mejor parada, pero también será castigada, bastaba con haber acudido a la Ama de Llaves y ella lo habría solucionado, pero en ese aspecto os concedo la gracia de perdonar ese punto, dado que la Ama de Llaves no se encontraba en su puesto… Por lo tanto no seré muy severo, pero si os aplicare el correctivo con firmeza.
      John se apartó de ellas dirigiéndose hacia donde se había sentado su esposa, en el cómodo sillón de la mesa del despacho… Las dos chicas se susurraban entre ellas…
(Carmen)  -. Que quieres que hagamos? Se confiesa una inocente, y la otra reciba el… bueno, el…
(Soraya)  -. No sé, igualmente recibirá la que se confiese inocente, que van hacer, matarnos? No he provocado esto voluntariamente, simplemente sucedió… Pero tampoco me gustaría ahora que ya somos amigas que recibas más de la cuenta, siendo yo la culpable.
(Carmen)  -. Tienes razón que recibiremos las dos, quizás tardemos en recuperar nuestros traseros, pero no voy a dejar que seas tú la valiente, además me produce morbo ser castigada por culpa de una extraña, y ahora que somos amigas, es una pasada lo que estoy sintiendo en estos momentos, una mezcla de angustia y deseo, llevo el fondillo de mis bragas empapadas, incluso creo que empieza el fluido a bajar por mis muslos, siento algo que baja por ellos… mejor callamos y que sea, lo que sea, que nos ocurra por igual a las dos, te parece bien…
     Las dos sonreían al unísono al asentir Soraya a la propuesta, Carmen se levantó la falda  con una sonrisa enseñando sus bragas blancas a Soraya, era cierto, se las veía muy mojadas justo en el fondillo de ellas y entre sus muslos se apreciaban unas gotitas como de sudor, pero no era sudor… esta se reía al verle las braguitas, Soraya, envalentonada hizo igual levantándose su falda…enseñándole sus bragas blancas con flores silvestres azuladas. El fondillo de sus braguitas también se apreciaba un color amarillento clarito, también las llevaba mojadas, aunque no tanto como Carmen, quizás por ser temerosa a la azotaina, la desmotivaba en ese aspecto por el temor.  No hizo falta nada más… John las vio en su juego de revoloteo de faldas y braguitas a la vista.  Eso hizo que se precipitara la situación. Pero fue Abba, la esposa la que se precipito a paso ligero adelantando a su marido, encaminándose hacia Carmen a la cual le reprocho…
(Sra. Abba)  -. Se puede saber que has hecho con tu cofia? .- Carmen se encogió de hombros sin saber que responder, una bofetada en la mejilla izquierda muy sonora la hizo girar la cabeza, apareciendo en su mejilla la marca de los dedos y siguió al interrogatorio -. Y tu delantal, donde esta? .- Carmen tenía su mano izquierda posada en su mejilla, tras la sonora bofetada, no respondió. Otra bofetada resonó ahora en la mejilla derecha, dada con el revés de la mano derecha de la Sra. -. Eso es motivo para reírse tanto entre vosotras? Como os atrevéis a levantar vuestras faldas y mostrar vuestra intimidad de esa manera tan indecorosa? Por lo visto tenéis muchas ganas de reíros, verdad? Tan gracioso es el haber destrozado la habitación? Sabéis el valor sentimental que tenían los objetos que habéis roto? Os hacéis una idea de cómo me he sentido a ver mis recuerdos de la infancia desperdigados por el suelo? Creéis que se puede recuperar el mal que habéis causado entre las dos? Mi lámpara de noche, esa lámpara era de mi abuela, no tenía precio para mí. Era una lámpara que no valdría más de diez dólares, pero no la habría vendido ni por diez mil dólares. La colcha que cubría la cama, la había hecho yo de niña. Mi bisabuela me enseño hacer puntilla y juntas la habíamos hecho, creéis que tenía poco valor? Era mi mayor tesoro… y otros objetos varios que tenían ciertos recuerdos de infancia, y todos han terminado hechos añicos… La verdad, no tenéis ningún motivo para estar tan vivarachas, yo misma me voy a encargar de castigaros a las dos, y luego mi esposo que tiene más fuerza, espero que acabe por poneros vuestros culos como os corresponde… Tú!!! Vas a ser la primera…
     La señora Abba cogió del antebrazo a Carmen, y tirando de ella, casi arrastrando los pies y trastabillando,  se la llevo a la pared de la izquierda de la mesa y enfrente de la puerta, donde había un sofá tapizado de la época victoriana de extraordinario valor. Se sentó en uno de ellos, tirando del antebrazo hacia ella misma, Carmen avanzo ladeando su cuerpo hasta que sus rodillas tocaron sobre las piernas de la Sra. Al no poder avanzar más, perdió el equilibrio cayendo su cuerpo sobre las piernas de la Sra. Quedando boca abajo su cuerpo, sus piernas se levantaron por la inercia del suelo quedando perpendicular a su cuerpo, antes de dejarlas caer y apoyar la punta de sus zapatos contra el suelo, el revuelo de la falda tableada negra del uniforme de servicio fue tal, que quedo sobre su espalda bien estirado formando una corona, dejando al descubierto el trasero de Carmen únicamente cubierto por sus bragas blancas. Acto seguido la mano de la Sra. Abba comenzó a darle una azotaina por encima de sus bragas blancas, las cuales estaban en claro contraste con la parte del trasero ya colorado de la anterior azotaina y  que no cubría sus braguitas.  Pero fue algo breve, ya que la Sra. En su ímpetu por hacer danzar el trasero de la doncella, le daba azotes muy fuertes, sin recordar que hacía poco le había dado otra azotaina en ese mismo sofá, la mano de la Sra. Abba, sintió el esfuerzo realizado anteriormente, por lo que tomo la decisión de utilizar algo más certero al igual que menos molesto para ella, de forma más activa, la Sra. Introdujo sus dedos delgados y largos, entre la cinturilla del elástico  de las braguitas por la cintura, y tiro de estas hacia abajo, de un golpe quedaron a la altura de los tobillos tapando los zapatos negros sin tacón.  Entonces la Sra. Inclino su cuerpo manteniendo el de Carmen en su regazo, con el trasero aun colorado, rebusco en el suelo buscando su zapatilla, pero no la hayo. En ese momento su marido se inclinó alargando su mano al suelo, a unos metros de distancia, por lo visto había perdido la zapatilla en el forcejeo de conducir a la doncella, está intentando soltarse de la mano que la mantenía firmemente sujeta y al tirar tan bruscamente del antebrazo de la doncella.
      Acercándose al banco alargo su brazo ofreciéndole la zapatilla, sujeta por la puntera  paño, entregándole la zapatilla para que la agarrase por el talón.
(Sra. Abba)  -. Gracias, muy amable. Por traerme mi zapatilla para encargarme de calentarle el culo a  esta desvergonzada!!!
     La zapatilla era muy sencilla, para ser un adinerado matrimonio. La zapatilla era común, de paño la parte del empeine del pie con los dedos descubiertos, con un dibujo de floreado de margaritas, y descubierta la parte del talón, con un grueso tacón de unos cuatro centímetros de goma aireada por burbujas de aire para hacerla más cómoda y una suela muy fina por una lámina también de goma o plástico muy ligera y moldeable.
    Sin mediar más palabras La zapatilla empezó a azotar el culo desnudo de la doncella, el sonido que producía la zapatilla, era un sonido mudo, por el poco ruido que hacía. Pero al parecer eran contundentes a la hora de usarse para dar una azotaina, por la manera que la doncella estiraba sus piernas todo lo que su cuerpo era capaz, para poco después  retorciéndolas entre ellas, separándolas, abriéndolas en cualquier dirección si no fuera por la traba que hacían sus braguitas en sus tobillos. De buena gana Carmen habría intentado protegerse el culo, pero la señora se las había colocado sobre su espalda y sujetado bien con su mano izquierda. Contoneaban sus caderas a derecha e izquierda, haciendo lo propio con sus piernas, pero estas seguían trabadas por sus propias bragas. El culo de la doncella cada azote que recibía se ponía más y más colorado, eran incontables los azotes que habría recibido, pues la zapatilla no hacía más que subir y bajar rápidamente, tan rápido como a la señora le daba su brazo posibilidad de dar aquellos contundentes azotes. Carmen hacia todo tipo de muecas con sus labios, tanto al abrírsele la boca, como cuando apretaba los dientes con fuerza. No es que lo hiciera para no llorar, pues hacían bastantes azotes que sus lágrimas habían brotado de sus pupilas, cayendo por sus mejillas. La zapatilla era poco ruidosa, pero a la vista estaba, era muy efectiva por el color rojo intenso, que estaban tomando las nalgas de la doncella. La cual no paraba de moverse sobre las piernas de la señora, señal inequívoca del dolor que sentía en su trasero, pues los zapatillazos continuaban cayendo con la misma intensidad y rapidez.
     Soraya desde que viera como su nueva amiga, era conducida casi arrastras por la señora no había perdido detalle alguno, con los ojos como platos observaba como Carmen era tumbada sobre las rodillas, creyó que le daría la azotaina con la mano sobre las bragas blancas, casi le dio un vuelco el corazón al ver como la señora introducía sus dedos por la cinturilla del elástico y le bajaba las bragas. era la primera vez que iba a ver como otra chica recibía una azotaina en vivo y en directo, algo que resultaba muy excitante para ella y más cuando la señora comenzó la azotaina con la zapatilla, apenas llevaba unos minutos viendo cómo se retorcía su amiga, a la cual observaba como de debatía entre los azotes, en algo que se fijó atentamente fue en las braguitas blancas que se las habían bajado hasta los tobillos, le resultaba excitante en extremo, ver como las braguitas se estiraban hasta dar todo de la elasticidad del tejido quedando bien tensas, trabándole los pies, y como luego le quedaban colgando, para volver a estirarse en otra dirección. Soraya se sentía angustiada, pues luego llegaría su turno y seria ella la que se debatiera sobre el regazo, su mano derecha inconscientemente se la introdujo bajo la falda, más bien muy conscientemente, pues con la escena que estaba viendo se había excitado, sin poder evitar llevarse la mano al sexo, primero acariciándose por encima del fondillo de sus bragas, luego al ver que no la prestaban atención, decidió meter sus dedos por el interior del elástico de las perneras de sus braguitas y acariciarse sin nada que entorpeciera a sus dedos juguetones.
     Llego el momento que se dejaron de escuchar los lamentos y los azotes, aunque Carmen sentía arder su trasero intensamente y siguiera llorando, había sido una larga e intensa azotaina con la zapatilla. La señora soltó las manos de la doncella, estás no tardo en llevárselas a su trasero frotándose con fricción. Soraya saco en ese momento la mano de debajo de su falda, secándose los dedos en sus bragas, (temía que la pudieran haber visto, por la cochinada que acababa de hacer, al secarse sus dedos en sus bragas) y antes de arreglarse la falda alisando su trasero, pues podía llegar su turno de manera inminente.
    Para su sorpresa no fue así…
    El Sr. John se sentó en el banco de al lado, viendo como su esposa, hizo a Carmen levantarse de su regazo. Esta se sobaba el trasero vigorosamente, pues sentía un enorme picor, además que lo tenía muy ardiente, no había mirado hacia atrás, por lo tanto no había visto que el Sr. John estaba detrás de ella, viéndola sobarse el culo ya que lo tenía a la altura de su mirada, entonces Carmen girando su cintura hacia el lado izquierdo, lo había hecho con la intención de mirarse el culo, algo que no llego hacer, pues su sorpresa fue mayúscula al verle detrás de ella, con algo en la mano que la aterró de pánico.
       John la volteo como a una muñeca y asiéndola por la cintura, la levanto del suelo manteniéndola en vilo en el aire, y ante su sorpresa empezó a patalear para tratar de impedir que se la pudiera poner atravesada sobre su regazo, pero no lo logro, pese a su esfuerzo, el cual resulto en vano, pues acabo  colocándola seguidamente sobre sus rodillas, empezando una nueva azotaina en el trasero ardiente de Carmen, esta  comenzó a acusar el dolor, pues apenas se había podido recuperar de la azotaina con la zapatilla, y ya estaba recibiendo otra  de nuevo.  Soraya no podía apartar su mirada, su angustia por lo que estaba visualizando la había dejado parada, estaba aterrada de miedo, había visto videos de azotainas con el clásico cepillo de madera, y siempre se había sentido atraída por este instrumento, pero… ahora estaba viendo una azotaina en directo con el cepillo, las chicas que había visto en los videos que aguantaban estoicamente la azotaina con dicho instrumento, y ahora estaba viendo a Carmen recibiendo una azotaina con el cepillo.
       Carmen no paraba de retorcer su cintura, así como sus caderas. Sus manos se apoyaban en la pierna del señor, haciendo fuerza sobre el con sus brazos y levantando su cuerpo del regazo, pero los azotes certeros le hacían mover esos mismos brazos, volviendo su cuerpo a apoyarse sobre los muslos del señor, eran movimientos alocados por el intenso ardor que el cepillo de madera le hacía sentir en sus castigadas nalgas. Carmen tenía un trasero más  redondo y sus nalgas carnosas, recibían azotes en toda su superficie, no únicamente en el centro, el señor sabía cómo debía calentar un trasero, así que repartía los sus azotes por toda la superficie del trasero.
       Las piernas de Carmen se agitaban a la desesperada, pero las bragas continuaban trabándole los pies, pero ahora las patadas que daba al aire eran más enérgicas y las braguitas salieron de sus pies despedidas, levantando el vuelo unos metros, para ir a caer poco más allá.  Carmen se continuaba agitando sobre el regazo, pero el señor la tenía bien sujeta con la mano derecha de la cintura, ahora sus manos y pies subían y bajaban sin orden, dado  el intenso  ardor del trasero que  debía de ser verdaderamente muy intenso, sobre todo viendo como el culo había cambiado de color, de un rojo intenso a un color entremezclado de granate y violáceo. Soraya se sobaba su trasero, era como si lo estuviera sintiendo arder, contemplando la severa azotaina que estaba recibiendo Carmen. Sentía arrepentimiento de que por culpa de su fuerte temperamento, Carmen lo estuviera pasando tan mal. Por su mente se le estaba pasando la idea de confesar que había sido ella la culpable, pero por otro lado su temor a que llegase su turno era más desalentador y no se atrevió a confesar. Aunque eso la hacía sentirse mucho peor, de sus ojos salieron unas apagadas lágrimas, aunque no supo si era por cómo se debatía su amiga, o porque ahora sería su turno. Siempre en sus sueños se veía así misma llorando cuando recibía una azotaina, pero no se imaginaba que pudiera llegar a ser tan doloroso recibir una de verdad.
     Soraya se preguntaba cuánto tiempo más, podía durar la azotaina a Carmen. Viendo cómo se retorcía y de sus labios le caía saliva, su nariz moqueaba, y su llanto era desesperado.  Cada vez estaba más aterrada pensando cuando la iba a tocar a ella. Vio que su amiga ya apenas pataleaba en el aire con sus piernas, sus brazos apenas se movían tratando de aferrarse a algo, debía de estar agotada. Pero no por ello el señor se detenía apiadándose de ella, si no, todo lo contrario ahora que apenas oponía resistencia, los azotes eran más certeros en el trasero de Carmen, ya no tenía el culo rojo, ahora era de un color violáceo o granate oscuro, teniendo que dolerle muchísimo por su manera de llorar.
      El señor dejo el cepillo sobre el sofá, Carmen lloraba desconsolada. Había recibido una azotaina muy severa, pero también la falta cometida requería de un estricto castigo. Carmen sollozaba aspirando la mucosidad que colgaba de su nariz, con la mano derecha se quitaba la saliva que aun goteaba de su boca. La señora que no había perdido detalle de la azotaina, tenía en su rostro un gesto de preocupación, pero con una tenue sonrisa en sus labios, por lo cual se la veía satisfecha del castigo infligido a la doncella Carmen. Extrajo de uno de sus bolsillos un pañuelo, pasándoselo a Carmen por la nariz haciéndola sonar con fuerza, doblando el pañuelo volvió a pasárselo acabando de secarle la nariz, y luego con otro doblez, se lo paso por los labios de la boca secando la saliva.
    El señor dándole una palmada que hizo estremecer a Carmen…
(Sr. John)  -. Venga, levántate de mis rodillas… .- La ayudo a incorporarse con cariño, dejándola que se fuera recuperando y se levantara a su debido tiempo, quedando en pie poco después en el costado izquierdo de él, ya que la azotaina se la había dado con la mano izquierda. -. Bien pequeña! Tienes algo que decir a mi esposa?
(Carmen)   -. Sra. Abba. Siento mucho todo el malestar que tiene usted por los daños que he causado, espero que me perdone, no lo volveré hacer…
(Sra. Abba)   -. Espero que hayas aprendido la lección, y que no vuelva a suceder algo así de nuevo.  Ya me pensare si debo perdonarte, ahora ponte tus bragas y colócate en el rincón…
        Carmen agacho la cabeza retirándose, dio unos pasos atrás, y otros hacia su derecha, se giró sobre sí misma, entonces por fin vio sus braguitas en el suelo, camino hacia ellas con dificultad, las molestias en su trasero la hacían andar como si se hubiera torcido un pie y no lo pudiera apoyar, aunque en realidad era porque cada paso que daba sentía unos terribles pinchazos en sus nalgas, poniéndose ambas manos en la base del inicio de los muslos, sujetándose el trasero. Así podía andar con menos molestias, aunque el solo contacto de las palmas de sus manos ya le resultaba muy molesto.  Sollozando y haciendo muecas raras con sus labios, eran esclarecedores de sus molestias. Soraya la miraba sorprendida, no podía imaginar que pudiera ser tan doloroso, eso en los videos que había visto no salía, y en los relatos tampoco. Carmen llego al lugar que habían ido a parar sus bragas, sujetándose el culo con la mano derecha, doblo sus rodillas sintiendo que el trasero se le iba a partir en dos, esa era la sensación, al tener que agacharse para poder recoger sus bragas del suelo, agacharse fue doloroso en suma cuantía, pero levantarse aun fue peor, un…”Aaauuchh…” broto de su garganta más alto de lo que hubiera deseado, pero el dolor en el culo al enderezar su espalda al levantarse, fue muy superior a sus fuerzas.  Abrió sus braguitas mirando la parte delantera y trasera, les dio la vuelta al estar del revés, agacharse para pasar sus pies por las perneras fue mucho peor aún, pero haciendo un gran esfuerzo lo logro y se las fue subiendo poco a poco, al llegar a la base de las nalgas, sus gestos eran muy expresivos, arrugaba la nariz, apretaba los dientes y cerraba los ojos, se acabó de subir las bragas ajustándoselas a la cintura, y arreglado su falda estirando hacia abajo, luego acariciándose el culo sobre la falda tableada negra del uniforme de servicio, fue caminando con sus piernas arqueadas y su cuerpo algo encorvado hacia adelante dirigiéndose hacia el rincón, las lágrimas aun descendían por sus mejillas.
            Soraya no sabía que pensar, con el cuerpo que tenía Carmen el cual era robusto, ella que era más delgada, como iba a… No acabo de imaginarse el cómo acabaría, miraba a los señores, y estos la miraban a ella sin decirle nada. Para Soraya aquellos instantes resultaron horriblemente largos, hubiera deseado que ya la estuvieran calentando el trasero, esos momentos en silencio eran horribles, sus manos bajo su falda se sobaba el culo sobre sus braguitas, aun lo tenía caliente de la azotaina que había recibido momentos antes, y ahora no iba a ser una azotaina de mera prueba, ahora era de verdad y eso después de ver a Carmen la aterraba más si era ello posible. El primero en romper aquel silencio fue el Sr. John.
(Sr. John)  -.  Bien desvergonzada!!! Ha llegado tu hora. Luego decidiré que castigo te mereces aparte de la azotaina que te voy a dar ahora mismo… Ni por un momento te pienses que te vas a ir de esta casa, la falta que habéis cometido es muy grave, eso sí. Pero por ello vas a ser castigada como te mereces!!! Y no te creas, ni por un instante, que solamente vas a tener el trasero dolorido, vas a estar castigada el resto de estos dos días que permanezcas en esta casa, te aseguro jovencita! Que se te van a quitar las ganas de volver a cometer otra diablura similar en una buena temporada, la cual te vas a recordar cada vez que te sientes. Además vas a estar varias horas deseando ponerte en pie, porque vas a tener que realizar como castigo adicional copias, que te mantendrán ocupada hasta la hora de irte a la cama. Ahora ven aquí! Por tu bien, será mejor que no me hagas ir a por ti…!!!
      Soraya estaba situada a unos cinco metros, de pie, quieta, inmóvil. Era incapaz de dar un solo paso, con los dedos de sus dos manos, de nerviosismo, terror, angustia, enrollaba el dobladillo de su falda, y lo volvía a desenrollar inconscientemente. Sabía que por su bien debía acercarse hacia el Sr. John el cual impaciente se palmeaba su muslo derecho con la palma de su mano, derecha. Soraya veía como los ojos del señor, se entornaban moviendo sus cejas, estaba por momentos cambiando su semblante apaciguador, a pesar de su enfado más que visible, lo que hacía que la joven temblara de miedo, solo de pensar que ella iba a acabar con el culo igual que su nueva amiga. Por lo que creyó que era mucho mejor para sí misma, obedecer. Empezando a avanzar lentamente, arrastrando sus pies, pues tenía la impresión que su cuerpo le pesaba como una tonelada. Pero era peor lo que se le venía encima de no obedecer. Avanzaba alisándose la falda por su cadera izquierda con dicha mano, mientras con la derecha se sobaba el trasero por encima de su corta falda e intentando estirar esta hacia abajo, sin lograr su objetivo, pues la falda era algo más corta por detrás, mostrando la parte baja de sus braguitas al andar con el balanceo de la falda tableada y amplitud, así como por la brisa más ligera por la volatilidad de la misma,  o simplemente quedarse inmóvil. Caminaba hacia el costado izquierdo del Sr. John, la azotaina a Carmen se la había dado utilizando la mano izquierda, por tanto pensó que era zurdo. Pero al estar a su alcance el Sr. John la hizo pasar por delante de él, tirando de su mano derecha, colocándola a su costado derecho. Una vez ante él, la mantuvo de pie a su lado derecho, le paso la mano derecha desde la rodilla subiéndola lentamente por su muslo, hasta llegar posándola sobre su trasero, cubierto por las bragas blancas de algodón con sus dibujos de flores silvestres bajo la corta falda, su cuerpo se estremecía al contacto de aquella mano, John podía notar como temblaba el cuerpo de Soraya.
(Sr. John)  -.  Te habías creído que podías salir de esta casa sin castigo? La nula experiencia que tienes como spankee, quizás te ha hecho una mala jugada, pero para que tengas conocimiento de causa, una spankee no se escapa de rositas cuando ha cometido una travesura, o una falta, por grave que esta sea. Aprenderás que puedes ser castigada en cualquier momento, y si la falta es grave, tiene serias consecuencias como castigos adicionales, comprendes? Ello significa que en cualquier momento podrás ser requerida a mi presencia, para ser castigada de nuevo. A esta serie de castigos, se le denomina en el mundo spanko, castigo de mantenimiento. Es una modalidad de correctivo que aprenderás que resulta sumamente efectivo, pues si una azotaina como la que te voy a dar ahora mismo, vas a experimentar como te va a quedar tu trasero, piensa lo que será recibir nuevas azotainas durante el día, cada “X” horas. Te haces una idea aproximada? No, imagino que no puedes imaginártelo, porque desconoces lo que puede resultar ser, pero lo sabrás!
      Estaba nerviosa como nunca lo había estado, el tiempo pasaba muy lentamente, las palabras de John resonaban en su mente… “Castigos adicionales” … “Correctivo” … “Castigo de mantenimiento” … Todo le sonaba en el interior de su mente como algo que tenía que ser muy doloroso, se preguntaba así misma si sería capaz de soportar esos castigos, “No sería demasiado para ella?”… Pero, a pesar de lo asustada que estaba por lo que oía, el fondillo de sus braguitas no hacía más que traicionarla, pues estas, cada vez las tenía más húmedas. Cuando quiso darse cuenta de ello, ya estaba boca abajo sobre sus muslos, tenía su barriguita apoyada en su muslo derecho, sus pechos se aplastaban sobre su muslo izquierdo, pues este, tenía las piernas abiertas en un ángulo de treinta grados más o menos, para que estuviera cómodamente echada sobre sus piernas. Sus brazos caían apoyando las palmas de sus manos en el suelo, su cabeza ligeramente caída, levantándola tenia frente a ella a la Sra. Abba observándola, con su rostro serio sin expresar nada, solamente la veía enfadada. Algo que la hacía sentirse culpable y que era necesario ser… castigada… por haber causado ese malestar. Sus piernas colgaban dejando su trasero bien expuesto, con las rodillas flexionadas en un ángulo de noventa grados tocando el suelo la punta de sus zapatos modelo Merceditas. Sintió como las manos sujetaban el dobladillo de su falda y se la levantaba dejando su trasero al descubierto, Soraya se sintió avergonzada. Era la primera vez que se quedaba con su trasero expuesto en bragas ante un hombre, el cual era un desconocido para ella y que lo conocía solo de unas horas antes. Aparte del día de la cita en el restaurante, en el que se vieron por primera vez. En solamente unas horas había recibido una azotaina ante él, y ahora estaba sobre sus rodillas a punto de ser castigada por él. Era una sensación que resultaba complicada de comprender, como podía haber llegado hasta esa situación…
       Pensando en estas cosas raras, sintió como en su trasero empezaba a sentir el peso de la mano del extraño, bueno ya no era un extraño, era el Sr. John su futuro spanker y de aceptar quedarse, su nuevo papá. Era complicado el comprenderlo, pero allí estaba ella sobre las rodillas echada boca abajo a punto de recibir una azotaina, mientras aquella mano, se limitaba acariciarle el culo por encima de sus bragas trazando círculos. Sintió que la presión de aquella mano había desaparecido, cerró los ojos, pensó que había llegado el momento y no se equivocó, la mano la sintió con fuerza como palmeaba su culo, era el primer azote, pero no fue el último, ya que desde ese instante la mano continuo azotándola en el trasero una y otra vez. Su trasero ya calentito aun por la azotaina que había recibido, por lo cual su trasero comenzó arderle de nuevo, pero en esta ocasión sentía que ardía más intensamente, la mano de John le resultaba muy pesada y a cada  azote que recibía, aun le resultaba mucho más pesada aun.
     Soraya apretaba los ojos con fuerza manteniéndolos cerrados, sus dientes los escuchaba chirriar en su mente. Los primero azotes que recibía en su vida por un hombre, no habían estado nada mal, aunque le habían dolido más de lo deseado para ella. Se sentía mal hacia ella misma por los daños causados en la habitación, por lo que se había propuesto aguantar la azotaina sin protestar y sin resistirse a ella. Pero los azotes resonaban en sus oídos, aunque antes que escucharlos, primero sentía el impacto de ellos en su trasero, algo que estaba resultando abrasador en esa zona. Con lo cual comenzó a sentir que sus efectos estaban resultando excesivamente notables, lo que hizo que meneara el trasero, pero eso no mitigaba su resquemor, a lo que siguió fue moverse sobre el regazo mientras la mano de su spanker, seguía con fuerza dándole más y más azotes,  comenzando Soraya a mover desde  tenuemente sus caderas, pasando a moverlas frenéticamente, así como a separar sus piernas o  encogiéndolas sobre si mismas intentando cubrir su trasero con sus pies. John tuvo que apartarle las piernas, pero Soraya se dio cuenta que así lograba que la azotaina que estaba recibiendo cesara, por lo que volvió a encoger sus piernas de nuevo.
      Entonces sucedió… John introdujo sus dedos entre el elástico de sus bragas y se las bajo hasta por debajo de las rodillas, la azotaina continuo ahora sobre su colorado trasero desnudo, Soraya ahora avergonzada de mostrar su trasero desnudo, junto sus muslos pues recordaba cuando había visto a su ya nueva amiga Carmen, como esta, mostraba su sexo en esa posición, este resaltaba sobre sus muslos abiertos al recibir la azotaina, esa visión hizo que a Soraya se le enrojecieran sus mejillas de la vergüenza, tanto como ya tenía su culo de colorado. Esos minutos que intento cubrir su sexo cerrando los muslos, causaron que la azotaina resultara muy dolorosa para ella, dejando de pensar en si mostraba su sexo más de lo que deseara, o simplemente tenía el culo desnudo, el trasero paso a arderle tanto que ya no podía mantenerse ni un momento concentrada en nada mas, que en patalear con sus piernas alocadamente, sus lágrimas no se hicieron esperar. Hubo en un momento dado, una ligera pausa. Lo siguiente que sintió fue que la azotaina le picaba mucho más, ahora los nuevos azotes eran insoportables, por lo que sus movimientos eran más alocados y se agitaba sobre las rodillas de su spanker dándole más trabajo a él…
      Su trasero ardía como si tuviera una hoguera encendida, en ese momento fue cuando se percató, estaba siendo castigada con el cepillo de baño de madera. No podía pensar, no podía articular palabra alguna, solamente salían de sus garganta aullidos de dolor a cada nuevo azote de cepillo en su culo. Estaba siendo regañada mientras era castigada, pero aquellas palabras que sabía que le hablaban a ella, no las comprendía… Solo le preocupaba su ardor en el trasero que cada vez iba a más y más… No sabría decir cuánto duro la azotaina, Soraya solo sentía que el culo le abrasaba, era terrible, nunca hubiera imaginado que pudiera dolerle tanto el culo y no se desmayara del dolor…
     Cuando de nuevo sintió que le subían sus bragas, entonces se vio que estaba de pie junto al Sr. John, y como este le ajustaba la cinturilla de sus braguitas en sus caderas, bajo su falda tableada. En ese momento pensó en sobarse el trasero, pero el solo tacto de sus manos por encima de la falda sobre él, le resulto tan doloroso que se limitó a pasar sus manos por sus caderas, bajando por sus muslos, a cada intento de acariciarse el culo, desistía de hacerlo. Llorando Soraya sintió que era sujetada de su mano izquierda, y que el mismo Sr. John la llevaba de la mano saliendo del despacho, delante de ella, iba la Sra. Abba llevando de la mano a Carmen.
      Momentos después entraban en el salón, ahora ya algo más calmada solamente sollozaba, pero seguía sin poder acariciarse el culo, lo sentía arder como nunca. A lo que había que sumar, lo doloroso que resultaba para ella el caminar pues al hacerlo este se agitaba, con lo que se acrecentaba el picor del trasero al rozar este sobre sus bragas, pues estás parecían ser de lija. Sentía como estás le apretaban el culo, resultándole muy molestas las bragas. al final pudo haciendo un esfuerzo posar su mano derecha en el trasero de su falda, notando que estas se le habían subido más, pero en cambio, se palpo la falda en su cadera, está, estaba en su lugar, no se le había subido, entonces porque mostraba más sus bragas? volvió a palparse el trasero, y en ese momento lo sentía más… lo tenía inflamado, pudo deducir en ese momento, Carmen que se iba sobando el trasero y caminaba delante de ella de la mano de la Sra. Abba, también la vio que tenía el culo más inflamado y que la falda le cubría menos el trasero, dejando entrever más sus braguitas blancas.
      En el salón, al llegar a la mesa pudo ver como la Sra. Abba obligaba a Carmen a sentarse en una silla que desentonaba con las demás, pues era de madera. Y las sillas de la mesa eran acolchadas, ella se vio arrastrada al lado inverso de donde se había sentado Carmen. Donde había otra silla de madera, en la que Soraya fue izada por el Sr. John y depositada sobre el duro asiento de madera, sintió como la silla era empujada hacia la mesa, entonces pudo apreciar que sobre la mesa tenía unas hojas de folios ante ella, y Carmen sentada frente a ella, tenía también los mismos útiles que ella.
(Sr. John)  -. Bien pequeñas!!! Ahora hasta la hora de cenar vais a estar haciendo líneas las dos!!! Escribid…!!! .- Soraya sentía que el culo le dolía horrores y tenerlo sobre la dura madera de la silla, no le hacía disminuir sus molestias, si no, todo lo contrario, su ardor se acrecentaba más. Por otro lado, al sentarla sobre la silla, la falda se le había levantado sentándola directamente sobre sus braguitas a la dura silla, tan solo hacía unos instantes que estaba sentada, y el elástico de las braguitas se le clavaba en su nalgas, teniendo que levantar el culo de la silla primero de una nalga y arreglarse el elástico, luego levantar la otra nalga y aligerar la presión del elástico de esa nalga. Al tener a Carmen ante ella, la vio hacer lo mismo con sus bragas, pues debía sentir la misma presión en su culo del elástico de sus bragas, como ella. Ambas cogieron de sobre la mesa unos bolígrafos, y  predispuestas a escribir ambas esperaban. -. Escribid, vamos!!!  “No debemos discutir entre nosotras, y mucho menos destrozar y causar daños materiales”      Ya podéis empezar a escribir, hasta la hora de la cena faltan tres horas, y después de la cena os iréis a la cama las dos, CASTIGADAS!!!
      La Sra. Abba se sentó en uno de los sillones del salón a leer un libro, en cambio el Sr. John se limitó a observarlas en permaneciendo en pie a unos metros de la mesa, de tanto en tanto se paseaba por el salón yendo y viniendo con las manos entrelazadas a su espalda, se acercaba a la mesa observando cómo iban copiando.
    Soraya cuando le veía que iba hacia un lado, aprovechaba para apoyar sus pies en el suelo y así haciendo fuerza sobre los pies, levantaba el culo del duro asiento y con la mano izquierda se arreglaba las braguitas que hacían presión sobre su trasero, había momentos que no podía saber que le molestaba más, si el dolor de su trasero o la presión del elástico de sus bragas hacían sobre él… Carmen hacia lo mismo que Soraya, cada vez que le veían que les daba la espalda.  Así transcurrió la primera hora y les fue bastante bien, unas veces aprovechaban para liberar el elástico de sus bragas de sus traseros y otras lo aprovechaban para sobarse el culo, les iba bastante bien hasta que fueron descubiertas…
(Sra. Abba)   -. Niñas!!! Que no vuelva a ver despegar esos culos de las sillas!!!! Si os duele el culo y os molestan las bragas, haberlo pensado antes…!!!
(Sr. John)   -.  Que es lo que ocurre?
(Sra. Abba)  -. Las muchachas, que les duele el culo, y cada vez que les das la espalda, las desvergonzadas aprovechan tu descuido para sobarse el trasero o aliviar el elástico de las bragas… Pero se han olvidado que yo también las vigilo, aunque este leyendo el libro…
(Sr. John)  -. Cómo? Así es como obedecéis? Esto es un castigo que os habéis ganado…SINVERGUENZAS!!!!
       John, enfadado se encamino hacia la más cercana a él en ese momento, Carmen. Está, asustada le vio cómo se dirigía hacia ella, de muy gana se hubiera levantado de la silla y salir corriendo, pero eso, no hubiera hecho más, que retrasar lo que fuera a suceder, por lo tanto se quedó muy quietecita y espero que le iba a pasar. Viviendo bajo el mismo techo que unos spankers, solamente podía suceder algo que sabía muy bien, e iba a ser en breve…
      Carmen sentada a la mesa con su rostro contraído por el miedo, vio como el Sr. John llegaba hasta ella, y como este retiro la silla en la que estaba sentada hacia atrás, haciéndola girar hacia la izquierda de él, de esa manera quedaba casi en frente de él. Puso el pie izquierdo apoyado sobre el asiento de la silla, al mismo tiempo la agarraba bajo las axilas y la levanto en vilo, flexiono la pierna colocando a Carmen sobre su muslo boca abajo, sujetándola con su brazo izquierdo pasándolo bajo su cuerpo el cual quedo inerte en el aire, de no ser por el brazo, hubiera quedado colgando y posiblemente habría acabado cayendo al suelo de cabeza, asi el brazo lo evitaba. Le levanto la falda con la mano derecha y le bajo las bragas blancas a medio muslo. La mano derecha una vez le bajo las braguitas, empezó a darle una azotaina con azotes muy rápidos, en la posición que se encontraba podía levantar su brazo por encima de su cabeza extendiéndolo recto, para luego dejarlo caer e impulsarlo para que su mano diera lo más fuerte posible sobre el culo a Carmen. Esta no tardo en sentir arder intensamente su trasero, el cual lo tenía muy dolorido, y esa nueva azotaina la hizo ponerse a llorar al caer el primer azote, aunque Carmen ya lloraba cuando le vio retirar la silla de la mesa y sentirse ella como era arrastrada la silla y ella sentada al tiempo. Fueron una cincuentena de azotes en apenas un minuto, pero a Carmen le pareció ser mucho más tiempo. Volvió a sentirse como una niña pequeña, cuando de nuevo la cogió por las axilas, dándole la vuelta y haciéndola sentar de nuevo, teniendo aun las bragas bajadas… “AAAAUUUUCCHHH”… Fue el grito de sorpresa de Carmen al sentir como su culo desnudo y dolorido, hacia contacto con el duro asiento. La silla fue de nuevo arrastrada y arrimada a la mesa…
   Soraya lo vio aterrada como dejaba a Carmen sentada a la mesa, y en cuatro pasos había bordeado al mesa y ya estaba ante ella. Sucediendo exactamente igual, separando la silla de la mesa, con Soraya sentada en ella. Como la agarro por las axilas y apoyando el mismo pie sobre el asiento de la silla, coloco a Soraya sobre su muslo. Está, a ser su cuerpo más manejable dada su esbeltez, quedaba en equilibrio sobre su muslo, por lo cual con la mano derecha le bajo las bragas, al tiempo que la mano izquierda le había levantado su falda, los azotes fueron rápido y fuertes en caer sobre su trasero más pequeño y respingón, fue una cincuentena aproximadamente ya que no los conto, pero si le dolieron mucho más al ser su trasero más pequeño, por lo que la mano prácticamente abarcaba el trasero al completo, de la misma manera, fue izada y depositada de nuevo sentada sobre la silla “AAAUUUCCHHH”… fue su aullido al hacer contacto su trasero desnudo sobre la silla, pues al igual que a Carmen, no le subió las bragas, supuestamente para que las molestias se acentuaran en sus trasero, y no hubiera prenda alguna que mitigara sus molestias…
    Llego la hora de la cena, ellas continuaban sentadas en sus sillas haciendo líneas, desde la azotaina no se habían vuelto a mover de sus sillas, aunque sus culos estaban muy adoloridos y adormecidos, cuando la Sra. Stuart llego para servir la cena, está, esperaba que Carmen como doncella la ayudara a poner la mesa, pero los señores no les permitió a ninguna de las dos, levantarse de sus sillas.  Durante la cena solamente hablaban los señores, y miraban a Ross Mery cuando iba y venía a servirles, pues está, meneaba el trasero más de lo habitual, y cuando creía que nadie la miraba tallaba con sus manos el trasero de su falda. Al acabar la cena…
(Sra. Abba)  -. Ross Mery!
(Sra. Stuart)  -. Si, señora.
(Sra. Abba)  -. Llévese a las chicas a sus habitaciones, que se pongan el pijama y me esperen, yo iré a meterlas en la cama.
(Sra. Stuart)  -. Como ordene la señora. Chicas! Dad las buenas noches! Y acompáñenme!!!
     Las chicas Soraya y Carmen, dieron las buenas noches disponiéndose a levantarse de las sillas, algo que llevaban horas deseando poder hacer, pero no les resulto tan sencillo. Tenían las dos el trasero adormecido, “AAaauuu” “AAAauuu”… las dos protestaron al unísono, al despegar sus culos de las sillas de madera, y otro… “AAyyyy” “AAAyyy” al quedar de pie las dos, peor resulto para ambas subirse las braguitas y pasarlas por sus culos doloridos. La Sra. Stuart que las aguardaba, al ver que ya se habían subido las dos las braguitas, empezó a caminar hacia la puerta. Las chicas hicieron lo propio tras ella, con sus manos en sus traseros sobándoselos, así desaparecieron de la vista de los señores que no perdieron detalle alguno de cómo se iban frotando sus culos por encima de sus faldas, y como caminaban ligeramente con las piernas entreabiertas, para evitar el roce de sus nalgas sobre sus bragas ya que tenían la impresión de que estas, eran de papel de lijar en vez de tela de algodón. Minutos después, la Sra. Stuart entraba en el salón a retirar los platos de la cena…
(Sra. Stuart)  -. Señora. Las chicas ya la aguardan con sus pijamas puestos.
(Sra. Abba)  -. Gracias… Puede usted también retirarse a su habitación, mañana ya retirara todo esto con calma antes del desayuno, pero lo hará usted sola. Por la mañana despertare yo a Carmen y ha Soraya…
(Sra. Stuart)  -. Como usted ordene, señora. Buenas noches señora, señor, si no disponen ustedes nada más, me retirare a mi habitación…
(Sr. John)  -. Si, una cosa más. Pase usted por mi despacho, y recoja el cepillo de madera, lléveselo a su habitación, deje la puerta sin echar la llave, pues en breve iré a darle las buenas noches, y me será necesario el cepillo de madera de baño… Entendido?
(Sra. Stuart)  -. SSSSi. Señor…, como… mande el… señor…
      La Sra. Stuart se despidió contrariada, eso no se lo esperaba ella, simplemente se retiró pasando previamente por el despacho…
     Ross Mery estaba en su habitación en espera del señor fuera a darle las buenas noches, estaba aún vestida, pues no sería adecuado y decente, esperarlo ya vestida con el camisón… sobre la cama había dejado el cepillo, en la espera, a veces giraba la cabeza hacia la cama, y se lo quedaba mirando unos segundos, volviendo a mirar luego hacia el pomo de la puerta, en cualquier momento podía girar y aparecer el señor. El cuerpo de Ross Mery se sobresaltó de golpe, al escuchar llorar en una de las habitaciones contiguas, era de la doncella, Carmen. Luego solamente se escuchaba un murmullo de esta sollozando, y poco después, silencio… Transcurrieron unos minutos y de nuevo se escuchó llorar, esta vez era la habitación de Soraya, unos minutos y solo se escuchaba sollozar, para luego no escuchar nada.
    Angustiada Ross Mery aguardaba en su habitación, entonces vio que el pomo de la puerta giraba abriéndose la puerta, era la Sra. Abba y tras ella entraba el Sr. John.
(Sr. John)  -. Ross Mery. Lo sucedido en la tarde de hoy es algo inconcebible, y usted lo sabe muy bien, no puedo evitar lo que he de hacer, me pesa enormemente tener que hacerlo, pero no puede quedar su falta sin un castigo estricto, las chicas como las culpables que son, ya han sido castigadas y lo seguirán siendo, como usted con su experiencia conoce perfectamente que debe ser así. Usted no es culpable de los actos de unas spankee´s traviesas, pero, hay algo que me ha desconcertado, cuando la he castigado en mi despacho. He visto que tenía usted las bragas mojadas, ello no sería de extrañar, pues al igual que nosotros mismos usted tiene nociones como spanker, por eso la contrate. Mi esposa, aquí presente estoy más que seguro que debe llevar sus bragas mojadas, sobre todo después de haber castigado a las dos chicas hace breves instantes. Pero lo que me ha desconcertado de usted! Es que no se hubiera cambiado de bragas, y en estas había restos claros que recientemente se había masturbado, por lo que deduzco que usted había dejado de atender a sus labores, por masturbarse en la intimidad de su habitación, en vez de atender sus tareas lógicas con su trabajo… Estoy en un error y por lo tanto estoy equivocado?  De estar equivocado, saldré de su habitación y no usare ese cepillo, si estoy en lo cierto, quítese la falda y bájese las bragas, y se pone sobre mis rodillas para aplicarle el cepillo…
     Ross Mery estaba colorada de la vergüenza que estaba pasando, podía decir sin ningún reparo que estaba el señor equivocado y se habría librado de recibir una azotaina con el cepillo de madera… Pero no pudo hacerlo, sus manos temblorosas las llevo a su cadera izquierda, donde estaba el botón y el corchete que sujetaba su falda, bajo la cremallera dejando caer sus falda al suelo, retiro primero un pie y después el otro, se agacho a recoger la falda doblándola y depositándola sobre la cama, luego se bajó las bragas blancas con dibujos de rosas de buen tamaño a las rodillas, mientras veía que el señor, había recogido el cepillo y se había sentado en una silla que previamente había colocado en el centro de la habitación, al ver que ella se desabrochaba su falda, con lo que atestiguaba de manera afirmativa que tenía el señor razón…

Continuará...
       

SORAYA Y SU NUEVO HOGAR 1



                                                  
Soraya y su nuevo hogar
                                                           
Capítulo 1     
                                                 
Soraya sale del armario.



         El día había amanecido despejado con un cielo azul, pero para Soraya el día parecía lúgubre y nublado, era el día señalado en el calendario con un círculo rojo, el cual al pasar solamente en ropa interior por la cocina, cogiendo un rotulador negro le puso una equis, una hoja del calendario que  pendía sujeta con un tomate colorado, adjunto a un pequeño imán metálico en la puerta de la nevera.

     Se acababa de vestir como cada día debía salir para el trabajo. Era una chica de veintidós años, una melena color castaño que le sobre pasaba hombros abajo casi hasta la cintura, un metro sesenta de estatura, no pesaría mucho más de unos cuarenta y ocho kilos, muy bien formada con unos pechos erectos por su juventud, cadera estrecha, un trasero pequeño pero bien formado, respingón. Ese día vestía pantalón vaquero ajustado, un suéter verde esmeralda que hacia resaltar sus preciosos ojos azules. Antes de salir de casa se contempló en el espejo, se debía de ver bien, por su simpática sonrisa. Aunque esta, se borró de su rostro al rondarle algo que la preocupaba en su mente.  Tan solo hacía unos días había acudido a una cita en un céntrico restaurante de Barcelona. Desde ese día no había vuelto a ser la misma, se mostraba nerviosa y torpe desde entonces. En el trabajo la habían llamado la atención varias veces por pillarla con la mente en blanco, desatendiendo sus labores en el centro. Incluso había sido llamada al despacho del jefe de sección, siendo regañada por desatender su trabajo.

      Podía tener serios problemas, si no se mostraba más atenta. Apenas llevaba cuatro meses trabajando en ese puesto, le había costado muchos quebraderos de cabeza el conseguirlo, era una empresa farmacéutica de gran estatus en la cual se realizaban medicamentos especiales o llamados por algunos laboratorios como fórmulas magistrales, las cuales eran de una cuantiosa cantidad económica, así como tener que mantener la seriedad y discreción necesaria. Desde el día que tuviera la cita en el restaurante, varios de los ensayos de esas fórmulas, no habían pasado el nivel requerido, teniendo que desechar componentes, que no hay que añadir tenían un precio considerable, de ahí que fuese requerida su presencia al despacho del jefe.

     Ese era el día señalado, recogió una pequeña maleta con ruedas y salió de la casa. Era viernes, debía presentarse en una dirección que le habían proporcionado en aquella cita. Pero eso sería a la tarde, después del trabajo. Esa mañana intento pasar desapercibida en su puesto, realizando pequeños trabajos que no requerían tenerles una gran atención. La mañana se hizo eterna, no hacía más que mirar el reloj de la pared, este parecía que no se moviese, pero logro mantenerse serena y fueron pasando las horas, a pesar de sus nervios a flor de piel, llego la hora de salir. Debía presentarse a eso de las cuatro de la tarde en la dirección, aún faltaban dos horas, por lo que tenía tiempo sobrado para comer, aunque sentía un nudo en la garganta y no creía que pudiera probar bocado alguno.

     Al salir pensando en que disponía de tiempo suficiente, decidió ir hasta las cercanías de donde debía ir caminando. Total, eran solo unas manzanas no tardaría demasiado en llegar. Se detenía en los escaparates de tiendas de ropa, así como superficies de muebles. Viendo muebles soñaba en cómo podría acomodar el pequeño piso que había mirado hacia unos días y que pensaba en comprar cuando dispusiera de ahorros suficientes. Si conseguía que prosperase el asunto que la preocupaba, era algo que le había costado mucho tomar la decisión. Desde que apenas era una adolescente había frecuentado foros de las redes sociales, sobre todo de determinado gremio como solía decirles ella, había hecho amistades en ellos, así como incluso llegar a quedar en persona con algunas chicas que los frecuentaban, llegando incluso a intimar con una de ellas. Sonia era una de esas amigas, con la cual solía chatear con frecuencia por WhatsApp. Pensando en ella sintió que en el bolsillo trasero del pantalón vibraba el móvil, lo extrajo y miro, era Sonia.

(…Hola Soraya!...)

     Sonriendo miro el mensaje…

(…Hola Sonia, que tal tía…?)

(…Como te fue en tu cita?...)

(…Bien, he quedado para hoy…)

(…Que guayyy, me alegro que por fin te hayas decidido…)

(…No veas que nervios…)

(…Uy… te tengo que dejar Soraya, ya me contaras como te ha ido…)

(…Hasta luego… Sonia…)

      Sonriendo apago el móvil…

    Mirando el reloj, su pulso se aceleró de golpe. Faltaban apenas treinta minutos y aún estaba a tres manzanas llevaba tiempo sobrado para llegar. Pero debía caminar a buen paso, no sabía que sucedería si llegaba tarde su primera cita, pero tampoco deseaba averiguarlo, así que acelero su ritmo de caminar. En apenas quince minutos estaba frente a la puerta de entrada, estaba más nerviosa de lo que había estado jamás. Permanecía en la puerta mirando hacia la calle, de espaldas a la entrada, cuando sintió que una mano palmeaba su hombro. Sobresaltada se dio la vuelta, ante ella tenía a una señora mayor de unos sesenta años, alta, altísima, con un cuerpo corpulento para ser el de una mujer, vestía un traje azul marino compuesto de chaqueta y una falda por encima de la rodilla, con una blusa blanca. Llevaba gafas de montura de pasta con las cuales, le daba el aspecto de una profesora de colegio, con un rostro tan serio que hacía temblar solo estar ante ella.

Señora: Soy la señora Stuart, tú debes de ser Soraya, verdad? Acompáñame te están esperando.

     Soraya caminaba tras ella, no podía imaginar que pudiera haber una mujer con aquella altura, ella apenas le llegaba al ombligo. Entro en el ascensor tras aquella mujer, la cual al entrar se volvió hacia ella, quedando una enfrente de otra, escucho como las puertas del ascensor se cerraban a su paso. No era capaz de mirar a los ojos a aquella mujer, ahora que estaba más cerca de ella, pudo apreciar mejor la estatura de esa torre de mujer, apenas llegaba ella a la altura de sus pechos.

      Tras subir varios pisos Soraya pudo escuchar la voz automática del ascensor que indicaba el piso que se había detenido el ascensor… “planta veinticinco”… se apresuró a salir, para permitir a la Sra. Stuart que pudiera salir, esta sin mediar palabra se dirigió a la puerta del rellano que permanecía abierta, entrando dentro. Al traspasar la puerta, vio que la aguantaba abierta una chica vestida de doncella de su edad, la cual se apresuró a cerrar una vez hubieron entrado la señora y Soraya. Soraya se giró hacia la chica, apenas tuvo tiempo de mirarla, pero le pareció ver que la falda del uniforme no le cubría demasiado, pues por un momento le dio la impresión de ver que llevaba unas bragas blancas. Al volver la cabeza, vio que la mujerona se había alejado unos pasos de ella, por lo que se apresuró para alcanzarla, esta caminaba por un largo pasillo, al llegar al fondo a la derecha había una puerta, por la cual la señora entro, entrando Soraya tras ella. Una vez adentro la mujer se detuvo, permitiendo que ella entrase y cerrar la puerta a su paso.

(Sra. Stuart)  -. Desnúdate!

     Intimidada ante la presencia de aquella mujer, empezó a desabrocharse el pantalón y bajárselo, se quitó los zapatos para poder sacarse los pantalones, luego se sacó el jersey verde esmeralda dejándolo doblado sobre la cama, recogiendo del suelo los pantalones hizo lo mismo, quedándose en braguitas rosas y sujetador a juego.

(Sra. Stuart)  -. Las bragas y el sujetador también! Venga! No tengo todo el día…

    Roja de la vergüenza se desabrocho el broche del sujetador, luego sin mirar a ninguna parte se bajó las braguitas rosas, sacándoselas primero el pie derecho e izquierdo, dejándolas encima de su ropa.

(Sra. Stuart)  -. Bien, ahora déjame verte, date una vuelta…. Bien veo que has obedecido las reglas, ahora hay que vestirte de la manera que lo harás de ahora en adelante, de quedarte en esta casa, claro está. Los señores te aleccionaran convenientemente de las reglas de esta casa, y una de ellas es no hacer esperar. Hay que vestirte rápidamente o no comenzaras muy bien tu primer día… .- Diciendo estas últimas palabras, la Sra. Stuart se dirigió a la cómoda, extrajo unas bragas blancas con dibujos de flores silvestres azules. -. Ponte las bragas…

    Soraya las cogió de la mano enorme de la Sra. Stuart, al desdoblar las braguitas y ver lo grandes que eran se las quedo mirando como asqueada, eran horribles y lo peor de todo, debía ponérselas. Se agacho lo justo y necesario para pasar sus pies por las perneras, se las subió lentamente ajustándoselas a su cintura, le quedaban justo por debajo del ombligo, casi tapando este. Se veía ridícula así misma, con gusto habría salido de allá con rapidez, pero en cierta forma, ya se esperaba algo así. Su amiga Sonia se lo había advertido,… “Soraya, en este mundo descubrirás cosas que no te van a gustar, pero otras, que serán como estar en el séptimo cielo”… Luego la Sra. Stuart le dio una blusa azul celeste, sin decir nada, se la puso y abotono los botones, una vez puesta espero sin decir nada. La Sra. Stuart le dio una falda. Esta sin abrir la boca se la puso, era una falda tableada gris claro, con unos tirantes, vio que la falda apenas no le cubrían las bragas por detrás, dejando a la vista la parte baja de las braguitas, en una de las paredes había un espejo de cuerpo entero, se miró en él, viendo lo mona que estaba con el modelito, al darse la vuelta y mirarse el trasero, vio lo que ya había presentido, la falda dejaba a la vista parte de las perneras que cubrían su trasero. Entonces la Sra. Stuart le dio unos calcetines blancos que le cubrían los tobillos, y acto seguido unos zapatos negros tipo Merceditas sin tacón. Luego sintió que la agarraban de la mano y tiraban de ella, saliendo de la habitación al pasillo. Entrando por otra puerta que al entrar por ella y encenderse la luz daba al baño, en el. Sintió como su cabello era cepillado con esmero, en unos minutos la Sra. Stuart le había hecho unas trenzas.

(Sra. Stuart)  -. Bien preciosa! Ya estas preparada para salir a presentarte a los señores, vamos… no les hagamos esperar más! Vamos…

     Salieron del baño, una vez fuera. La Sra. Stuart la cogió de la mano, haciéndola caminar a su lado, tenía que dar zancadas largas para poder ir a su paso, sentía como la falda a cada paso se le levantaba dejando expuesto su trasero a miradas, por el pasillo se volvieron a cruzar con la doncella, está la miro con desprecio, algo que extraño a Soraya, la cual giraba la cabeza hacia ella sacándole la lengua, entonces más extrañada aun, Soraya giro su cabeza hacia atrás, mientras sentía que la Sra. Stuart tiraba de ella. Entonces vio como la doncella iba sobándose el culo por encima de sus bragas blancas, lo que más la extraño fue que la doncella llevaba el trasero colorado como un tomate maduro.

(Sra. Stuart)  -. Vamos niña!!! No te distraigas mirando a la doncella, o vas a ir a presencia de los señores, llevando el culo como ella de colorado.

     Esas palabras hicieron que Soraya dejara de distraerse y a saltos se pusiera al lado de la alta mujer que la conducía ante lo señores. Algo que sucedió rápido, ya que sin darse apenas cuenta, entraban en el salón donde permanecían sentados en sendos sillones el señor y su señora esposa, la pareja con la que había tenido una cita hacia unos días, y que le habían causado a Soraya una buena impresión, de ser las personas adecuadas que ella buscaba.

(Sr. John)  -. Hola pequeña Soraya! Ya veo que conoces a nuestra Ama de Llaves. A mi esposa ya la conoces, por el momento deberás llamarla Sra. Abba. Y a mí, Sr. John. Si pasas este fin de semana pasando la prueba y tú decides quedarte con nosotros, pasaras a llamarnos mamá y papá, entendido? Estás de acuerdo.

(Soraya)  -. Sí, señor John.

(Sr. John)  -. Tal y como habías visto en nuestro anuncio en la red social del club spankilandia, somos un matrimonio que ambos somos spankers, por lo cual serás sometida a una estricta disciplina. Como habíamos hablado, de pasar esta prueba de este fin de semana. Nuestro chofer será el encargado de llevarte al trabajo e irte a recoger, para no llamar la atención, lo hará en un vehículo normal e utilitario, ya que llevarte en limusina sería muy sospechoso para una trabajadora, y no queremos que en tu puesto de trabajo piensen lo que no es, verdad? Viviendo en esta casa, no tendrás gastos, pero como toda hija tendrás una asignación semanal, excepto cuando estés exenta de esta, por hallarte castigada sin paga. Eso es algo que sucedería si por ejemplo, en tu día libre no regresas dentro de tu horario pactado o te presentas en un estado poco… digamos poco aceptable. Una de las normas de esta casa, la cual es algo que no aceptaremos de ninguna de las maneras, es la impuntualidad a la hora de presentarte, tanto al desayuno, comida o cena. O como puedes ver, mejor dicho como vas a poder comprobar de manera inmediata por tu tardanza en vestirte. No te preocupes, ahora vas a ser castigada, pero tu tardanza es una mera excusa para que puedas comprobar como serás castigada en esta casa. Conocemos por ti, que nunca has sido castigada antes, ni de niña. No te debes preocupar, muchas spankee´s como tú se ven en tu misma situación. Nosotros hemos tenido otras chicas como tú, que no han sido castigadas nunca, y otras que si han vivido esa experiencia desagradable, pues en la infancia no resulta nada agradable. Pero en cambio una vez que son adultas, recuerdan con cierta nostalgia esa época de su vida y otras… como tú, tienen el morbo por conocer que se habría sentido de haberlo vivido, aunque de adulta resulta muy distinto y estimulante, solamente habría que ver el estado de tus braguitas en este preciso instante, que sabes vas a ser castigada. Ya has podido ver, pues debes de haber visto a Carmen cierto? Ella también es una spankee, pero en ella su fantasía es de servir de doncella, bajo una estricta disciplina. Sobre gustos no hay nada escrito como puedes ver, tu caso buscas un papá y una mamá, los cuales sean estrictos contigo…. Nos habíamos quedado en… que vas a ser castigada por tu tardanza al vestirte. Como será tu primera azotaina será ante mi esposa y yo presentes, la Sra. Stuart además  de Ama de Llaves de la casa, es la encargada de la disciplina en esta casa, cuando yo o mi esposa estamos ausentes para aplicarla, ella se encargara de darte tu primera azotaina. Sra. Stuart cuando este usted dispuesta puede empezar con la muchacha.

     La Sra. Stuart no se hizo de rogar, caminando hacia el rincón fue en busca de una de las sillas de respaldo recto, era una silla rustica del siglo XVIII. La pesada silla fue levantada con una sola de sus manos, como si resultara ligera como una pluma. La llevo hasta el centro del salón colocándola a solamente unos metros de los anfitriones y señores. Se sentó en ella acomodando la falda con sus manos asiéndola a la altura de los muslos y subiéndola lo justo para poder sentarse cómodamente, mirando a Soraya se palmeo el muslo derecho, indicándole que debía colocarse sobre sus rodillas.

     Soraya no sabía a donde centrar su mirada, hacia el Sr. John, hacia la Sra. Abba o la Sra. Stuart la cual la esperaba que comenzara a andar hacia ella. Por fin iba a hacer realidad su sueño, la de veces que había pensado como sería el tener que tenderse boca abajo sobre las rodillas de otra persona, para recibir una azotaina en el trasero. En esos instantes no sabía qué hacer. Por un lado deseaba con locura ir corriendo a tumbarse sobre las rodillas, por otro lado, temía tener que hacerlo y ser ella misma quien lo hiciera. No era como lo había imaginado que sucediera, siempre se había pensado, que sería la otra persona quien la iría a buscar y de la oreja la condujera hacia el lugar donde recibiría el castigo. El Sr. John había hablado que debía tener las braguitas mojadas, pero la verdad era que no se había parado a pensar en ello, hasta en ese instante. Ya que ahora era diferente la situación, sin duda alguna si le eran bajadas las bragas, todos iban a poder ver que las llevaba empapadas, eso si la hacía quedarse en babia sin saber que debía hacer con exactitud, la vergüenza que sentía en esos instantes era tal, que no se atrevía a dar un solo paso adelante. Era como si tuviera los pies clavados en el suelo, por si fuera poca la vergüenza que sentía, se acababa de recordar lo horteras que resultaban las bragas que había tenido que ponerse. Sin darse cuenta alguna de ello, sus manos estaban tratando de estirar el borde de su corta falda, para cubrir esa prenda que resultaba visible apenas se diera la vuelta y comenzase andar hacia la Sra. Stuart. Solo de pensar que aquel matrimonio que unos días atrás tan solo había estado con ellos de manera desenvuelta y cómoda, estando vestida de manera normal. Ahora era totalmente distinto, iba vestida como una niña de once años, cuando ella era una adolescente de veintidós años, el solo estar así vestida ya le producía una angustia, así como una vergüenza que no llegaba a comprender, pero que en su interior era una sensación nueva, y por increíble que pudiera parecer, era una sensación agradable, nunca se lo había planteado, aunque el día de la cita se lo habían planteado, aunque no de manera directa… “Experimentaras todo tipo de experiencias que no puedes ni plantearte…” pero está en concreto jamás lo habría imaginado. Desde que conociera al matrimonio de spankers, en esos días se había imaginado infinidad de veces tumbada sobre las rodillas del hombre, en cambio, jamás se hubiera imaginado una situación así. No, esto no se lo podía esperar, pero así iba a suceder en breve.  Cada vez que levantaba su mirada hacia la Sra. Stuart, la veía como la observaba en silencio, al mirarla directamente sus miradas se cruzaron, viendo como la Sra. Stuart volvía a palmearse el muslo derecho, ahora de manera sonora y repetidamente. Aquel sonido acompañado del gesto firme y de su mirada penetrante hizo que Soraya empezara a caminar lentamente hacia ella, no podía explicarse por qué lo hacía, porque avanzaba…   pero algo en su interior le decía que debía ir, ahora su mirada no se apartaba de aquel rostro impenetrable, serio, sin mostrar ninguna señal visible que Soraya pudiera ver.

      Andaba lentamente… se había girado hacia ella, hacia la Sra. Stuart, ya no le importaba que el matrimonio pudiera verle la parte baja de sus bragas, así como ver la horterada de sus dibujos de flores silvestres azules, ahora se masajeaba el trasero introduciendo su mano izquierda  bajo su falda, acariciando el culito respingón por encima de aquella horterada de braguitas, en las yemas de sus dedos podía sentir el relieve de aquellos dibujos de flores silvestres azules, parecía absurdo, pero de alguna manera el tacto de aquella tela de algodón de sus bragas en las yemas de sus dedos era agradable.

     A medida que se acercaba hacia la inmutable Sra. Stuart, Soraya apenas estaba a unos metros, de buena gana hubiera echado a correr saliendo de aquella casa, pero las sensaciones que estaba experimentando eran superiores a ella. La angustia de sentir que nada que hiciera podría cambiar el destino, desear que todo ya hubiera acabado, no teniendo que seguir pasando aquella vergüenza, pero al mismo tiempo el deseo de verse sobre las rodillas de aquella montaña de huesos, ahora se sentía culpable de pensar así, debería decírselo? Que la había llamado en sus pensamientos “montaña de huesos”. Solo con verle aquel rostro serio e impenetrable se respondió así misma, “ni hablar”.  Aunque una tenue sonrisa apareció en sus labios, algo que creyó había pasado desapercibido.

      Pero no fue así…

    La montaña de huesos… se levantó de la silla con un aireado enfado, sobre todo en los aspavientos que hacía con sus brazos y en la forma en que movía sus labios. Soraya apenas escucho sus palabras, solamente vio la mole del cuerpo de la Sra. Stuart acercándose hacia ella, lo siguiente que sintió, fue un intenso dolor en el lóbulo de su oreja izquierda…

(Sra. Stuart)  -. Se puede saber de qué demonios te estas riendo? Ahora te voy a enseñar yo a reírte de una servidora…

(Soraya)  -. No señora, no me reía de usted, de verdad!

      Su disculpa no debió ser muy convincente, quizás, porque se tapó con su mano derecha la boca para que no la viera sonreír de nuevo…

(Sra. Stuart)  -. Con que no, eh! Te estas riendo de mi persona? Ahora vas aprender a respetar a quienes están en esta casa para enseñarte modales… .- El enfado de la señora era considerable, hasta ese momento había hablado en un perfecto castellano, pero al estar enfadada y furiosa, su vocabulario había aireado un claro acento inglés. Con su mano derecha había sorprendido a Soraya agarrándola del lóbulo de su oreja izquierda, conduciéndola  hacia donde había ubicado la silla momentos antes. -. Te voy a enseñar a respetarme…

     Soraya se vio en un momento de pie, parada ante la mujer que se la veía contrariada por el enfado, la cual seguía retorciéndole el lóbulo de su oreja izquierda. Soraya se había llevado su mano izquierda a la oreja, tratando de que le soltara la oreja, no lo logro. Pero sintió como la presión en el lóbulo de la oreja desaparecía, para a continuación sentir como la mano derecha de la Sra. Stuart descendía por su espalda, hasta posarse en su cintura. Entonces Soraya sintió que la mano izquierda de la Sra. Se había posado en su cadera derecha, sintiéndose izada del suelo, lo siguiente que sintió fue los muslos de la Sra. Stuart a ser posada sobre ellos boca abajo, era una sensación agradable. Pero al estar sobre las rodillas, sentía como la brisa enfriaba su trasero, no lo podía ver, pero descubrió que su corta falda se le había levantado por sí sola, dejando expuesto su trasero y aquellas horteras bragas bien expuestas a la vista de todos. Aquello la hizo ruborizarse por la vergüenza, aunque fue poco el tiempo que tuvo para pensar en esa cuestión, algo la hizo volver a la realidad. En su trasero sintió por primera vez un buen azote en su culo, tuvo tiempo de saborear el momento, la Sra. Stuart era una consumada spanker, sabía que era la primera vez de la chica, era algo psicológico dejarla tiempo antes de empezar la azotaina de manera eficiente, el segundo y tercer azote fueron seguidos uno tras otro, luego la mano de la mujer trazo unos círculos sobre el trasero de Soraya, por encima de sus bragas.  Algo que Soraya agradeció ronroneando como una gatita, su mano derecha fue a su trasero frotándoselo suavemente. Su cuerpo sintió como una sacudida leve, y sus piernas temblaron esporádicamente al mismo tiempo las dos, se acababa de correr sintiendo su primer orgasmo a través del spanking habían sido demasiadas emociones en tan breve espacio de tiempo.

      Soraya estaba muy avergonzada, se acababa de correr escandalosamente ante tres personas, pero al mismo tiempo se encontraba muy agradecida, Sonia, su amiga tenía razón iba a sentir sensaciones sublimes, “pero otras no lo serán tanto…créeme”. Esta última frase la mantenía intrigada, pronto iba averiguarlo…

      Sintió como su mano derecha se la cogía por la muñeca, retorciéndosela sin forzarla, pero posándola sobre su espalda doblada sobre ella. Sintió al instante un fuerte azote en el culo, seguido de otros tan fuertes y seguidos, la azotaina acababa de comenzar, esta no era de broma. Enseguida sintió como el calor de su trasero iba incrementándose a cada nuevo azote, estos sí que dolían, haciendo que Soraya comenzara a mover sus caderas de un lado a otro, aunque era muy poco el margen que tenía, pues sintió que estaba firmemente sujeta sobre el regazo. Apenas se podía mover, por lo que sus piernas, ahora se agitaban como si fueran espasmos a cada fuerte azote que sentía arder su trasero, el calor en él, comenzaba a ser cada vez más molesto, pronto de su garganta empezaron a surgir gemidos de dolor, la pesada mano de la Sra. Stuart estaba siendo muy efectiva caldeando su pequeño trasero, sus piernas comenzaron a patalear en el aire de manera espontánea, su brazo izquierdo intentaba apoyarse con su mano en algún lugar donde poder hacer fuerza para liberarse, aunque la azotaina había empezado siendo placentera, ahora solo deseaba que terminara de una vez. Su trasero le ardía de manera insoportable para ella, no deseaba llorar, por lo que apretaba los dientes con fuerza. De manera vagamente su cabeza miro hacia su derecha, vio como el matrimonio observaba como Soraya recibía la azotaina que estaba recibiendo, aquello la hizo avergonzarse hasta la raíz. En ese instante la lluvia torrencial de azotes sobre su trasero, paro.

     Sintió como unas fuertes manos se introducían bajo la cinturilla de su falda, segundos después estas, se introducían entre la cinturilla del elástico de sus bragas, al sentir que le iba la Sra. Stuart a bajar las bragas, esta se retorció intentando evitarlo girando sus caderas, movimiento que resultó infructuoso, pues sintió como sus bragas eran bajadas por sus muslos hasta posarse a la altura de sus rodillas.

     La azotaina se reanudo con fuerza, los azotes ahora dolían igual o más, no podría Soraya calibrar si dolían más o menos, pero lo que si había cambiado era el sonido de los azotes al hacerlo ahora sobre su trasero desnudo, ya no pudo seguir mirando al matrimonio que la observaba, la azotaina estaba resultando muy dolorosa, más de lo que a ella le hubiera gustado, ya no conseguía aguantar por más tiempo aquel intenso ardor, por lo que de sus pupilas emanaron sus lágrimas, no podía pensar en nada, solo deseaba que aquella mujer o montaña de huesos dejara de azotarla en el culo. Algo que sucedió unos minutos después, cuando la señora vio que la muchacha agotada había dejado de forcejear, quedando desmadejada sobre sus rodillas llorando, mientras nada podía hacer para impedir aquella azotaina que le estaban dando, su primera azotaina.

     La Sra. Stuart dejo de calentarle el trasero a Soraya, esta quedo sobre su regazo llorando imperceptiblemente, sollozando de manera apagada, estaba dolorida y agotada. Sintió como era levantada de los muslos de la Sra. Stuart, lo primero que hizo al sentirse liberada, fue llevarse sus manos a su trasero desnudo, poso sobre él, las palmas de sus manos, le dolía demasiado para frotárselo, la Sra. Stuart se agacho lo necesario para sujetar las bragas de Soraya, buscando el elástico de la cinturilla, le subió las bragas haciendo que Soraya retirase sus manos y le arreglo la falda. Aunque seguidamente vio como la Sra. Stuart se levantaba de la silla, cogiendo de la mano izquierda a Soraya, la condujo de ella hasta donde estaba sentado el Sr. John. Soraya con su mano derecha se acariciaba el culo por encima de sus braguitas de flores silvestres azules, una vez estuvieron delante a menos de un metro, el Sr. John la cogió por la cintura levantándola del suelo y la sentó sobre sus piernas, abrazándola y permitiendo que la chica apoyara la cabeza sobre su pecho gimoteando, mientras el señor posaba su mano sobre el culo de Soraya.

(Sr. John)  -. Bueno mi pequeña, Soraya. Ahora ya sabes lo que es recibir una azotaina en el trasero, y como será a partir de ahora durante estos dos días y lo que queda del día de hoy que permanecerás en esta casa, cada vez que sea necesario, se te calentara el culito, y no te pienses ni por un momento que una azotaina es únicamente dada con la mano, dependerá de tu comportamiento. Puedes recibir una azotaina con la mano, cepillo, paddle, cinturón, regla, etc… ahora la Ama de Llaves te llevara a tu habitación y te pondrá crema hidratante en el culo. Señora Stuart! Puede llevársela!

     






Azotes del futuro 9


por Millard


El Congreso y el presidente quedaron tan impresionados con la disminución de la delincuencia juvenil y los aparentes cambios en la actitud de los niños en general desde la introducción de las máquinas de dar nalgadas, que destinaron dinero adicional para que se fabricara una versión más pequeña y económica de la máquina. disponible para las escuelas. Apuntar primero a las escuelas secundarias de esta gran nación significó que literalmente se ordenaron miles de máquinas. El periódico DesMoines fue el primero en publicar la noticia de que se había pedido una máquina para Fillmore Jr. High, y sería una de las primeras instaladas. El artículo explicaba los antecedentes de las máquinas y brindaba detalles específicos sobre cómo los administradores escolares y los maestros se beneficiarían al poder administrar disciplina inmediata. El periódico mostraba fotos de la nueva máquina, incluida una que mostraba la parte trasera de un niño, después de la finalización de una sesión. ¡La foto en color de su trasero brillantemente rojo no dejó dudas en la mente de Desmoine de que las máquinas eran eficientes!

El alumnado trató de no mostrar demasiada emoción por la máquina, que había sido instalada en el área de descanso de un antiguo maestro. A los profesores les encantó el hecho de poder tomar una merecida taza de café, y poder mirar fijamente la máquina, e incluso secretamente esperar que estuviera en uso en algún momento cuando ellos estaban allí.

Las máquinas diferían de las de los disciplinariums oficiales. era más pequeño No estaba cerrado. No tenía habilidades automáticas de implementos alternativos. Sólo podía usar el implemento que había elegido. La mayoría de las escuelas, incluida Fillmore Jr. High, eligieron la paleta, aunque solo sea por la razón de que la paleta se ha utilizado históricamente en las escuelas durante eones. Esta paleta, sin embargo, no era una pesada cosa de madera hecha en un taller de carpintería para los maestros. Era una paleta Lexan de última generación, de 4 pulgadas de ancho, con 16 orificios de 3/8" espaciados aleatoriamente a lo largo de su extremo comercial de 22". Si bien era posible dar un chapuzón sobre la ropa, no se fomentaba, ya que la máquina tenía escáneres que verificaban la severidad del castigo al registrar cambios de color y calor en las nalgas del niño o la niña. Como las grandes máquinas, sí incluía un gran monitor frente al estudiante que mostraba de cerca el trasero que estaba siendo castigado. A diferencia de la mayoría de las máquinas grandes, la máquina de la escuela también podría usarse para transmitir castigos reales a las aulas, utilizando los monitores de aula existentes.

Charles Evans era un chico simpático, un poco lento en sus acciones, pero tranquilo, y un chico cuya cara pecosa solía tener una amplia sonrisa. En sus 13 años, nunca había visitado un Disciplinarium y solo había remado una vez en la escuela. Fue entonces cuando el entrenador Rider calentó los asientos de nailon de todo el equipo de baloncesto masculino de quinto grado, después de que intentaron echar un vistazo al vestuario de las chicas. Todo esto iba a cambiar, y Charles desearía haberse quedado en casa en la cama, o al menos nunca haber escuchado la palabra "cigarrillo" después de haberse enganchado a las cosas 2 meses antes, hasta el punto de correr el riesgo de fumar a escondidas. debajo de la escalera trasera de la escuela. Fumar estaba estrictamente prohibido y se castigaba con una visita al Disciplinarium. Charles, sin embargo, tuvo "suerte"

Todo el proceso, ser atrapado, llevado ante el subdirector y caminar hasta el salón, no podría haber tomado más de 15 minutos. Sin embargo, en esos 15 minutos, ¡la escuela cobró vida con las noticias! Charles fue llevado a la habitación, donde vio la máquina por primera vez y, por primera vez en su carrera escolar, estaba lo suficientemente asustado como para llorar. Había dos maestros en la sala, y el subdirector dijo que estaba bien que se quedaran como testigos, luego dijo que no era tan importante como con una nalgada normal, ¡porque planeaba transmitir esto a toda la escuela! Charles se congeló ante esas palabras. ¡El director puso una videograbadora y le mostró a Charles un video de 4 minutos sobre la forma correcta de remar! Lo obligaron a quitarse los jeans y los calzoncillos (frente a una maestra, nada menos), mostrando a todos su pene casi sin vello, que trató sin éxito de tapar con las manos. Le hicieron cambiarse los zapatos y subirse a una almohadilla de la máquina, que se había puesto en marcha y emitía un suave zumbido. Le dijeron a Charles que agarrara un juego de manubrios amarillos sobre su cabeza y sintió que las abrazaderas de aire se inflaban sobre sus muñecas y tobillos. Lentamente, una barra acolchada empujó contra su hueso púbico, empujando sus nalgas hacia afuera, mientras la máquina lo inclinaba lentamente. Vio un gran monitor encenderse frente a él, mostrándole (y a toda la escuela, iba a aprender), un primer plano de su trasero. Sonó un timbre suave y sucedieron dos cosas casi a la vez. Primero, pudo ver un brazo que se separaba de la máquina, que sostenía una cosa parecida a una paleta de plástico transparente. Entonces, el monitor frente a él se iluminó con el número "30". En cuestión de segundos, se produjo un silbido, y el fuego iluminó su trasero cuando se aplicó el primer golpe. Contuvo el aliento, decidido a no gritar, cuando un brazo idéntico invisible para él desde el otro lado golpeó su trasero nuevamente. Fue tomado por sorpresa y gritó. Ahora también podía ver, a través de los ojos llorosos, su trasero en el monitor, como rayas rojas brillantes, con pequeños círculos blancos (donde estaban los agujeros de las paletas) formados en ambas mejillas. Golpeó una segunda ráfaga de golpes, y sintió como si su trasero estuviera en llamas. Para el sexto asalto, estaba tratando de mover su trasero fuera de peligro. Para el décimo asalto, corcoveaba como un potro salvaje y gritaba a todo pulmón. (Más tarde, sus amigos le dijeron que debería aprender a limpiarse mejor el trasero, ya que tenía un trozo de papel higiénico pegado en el agujero). Nunca supo si podían verlo o no, ya que lloraba tanto que no podía. no ver el monitor,

Charles fue ayudado a salir de la máquina y los dos maestros le levantaron la ropa interior y los jeans. Decir que ahora era famoso era quedarse corto, ya que los niños y niñas rozaban su trasero para verlo estremecerse.

Dos días después se encendió el monitor de su clase de historia y disfrutó viendo a un niño y una niña, a los que habían pillado fumando, recibiendo lo mismo que él había recibido. Estaba avergonzado, sabiendo que sus bolas y su agujero estaban a la vista de toda la escuela, y estaba asombrado por el primer plano claro de la anatomía de Cheryl Jackson, ¡la animadora principal de Fillmore Jr. High!

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Azotes del futuro 8



por Millard

Era una tontería apostar, pero Jon sentía que era el mejor jugador de baloncesto de la ciudad. Estaba observando los movimientos del chico alto y negro. Si bien el niño era mayor que los 12 años de Jon, era mucho más lento. Jon vio que tenía una cadena de oro muy bonita. Pensó que sería un gran regalo de Navidad para su mamá. Empezó a jugar un juego de 3 contra 3 y vio que era mucho mejor jugador que el niño negro. Finalmente, durante un descanso, el niño se le acercó y lo felicitó. Jon estaba orgulloso de sí mismo. Le dijo al niño cuánto le gustaba su cadena. El niño dijo, oye, ¿lo quieres? Cuando Jon dijo que sí, el niño dijo que podían jugar uno contra uno y que, si ganaba, podría quedarse con la cadena. Jon pensó un minuto y dijo, ¿y si pierdo? El niño dijo que entonces, podría ocupar su lugar en una hora en el Disciplinarium, ya que le habían dado un "

(Consulte la historia original de FUTURESPANK para obtener detalles sobre el sistema Disciplinarium).

Jon lo pensó y estuvo de acuerdo. Aunque nunca había estado en un Disciplinarium, lo habían azotado mucho y había oído que no era tan malo. Además, sabía que podía vencer al niño.

Bueno, estaba snooked. El niño lo derrotó y le dio su desliz con tiempo suficiente para que Jon tomara su lugar. Él y sus amigos siguieron a Jon, para asegurarse de que lo hiciera. Jon entró en el edificio, deslizó el "deslizamiento" (en realidad, una tarjeta de plástico) a través del lector. Había bancos de plástico a lo largo de la pared y música suave. Había una niña de su edad y un niño mayor esperando. Vio que se encendían unos números, y la chica salió y pasó por la puerta. Pronto, la puerta se abrió y salieron dos niños llorando, y el otro niño entró. Jon estaba empezando a preguntarse sobre la sabiduría de esto, cuando apareció "su" número. Fue hasta la puerta y la abrió. Dentro había 5 máquinas grandes. La luz del número 3 estaba parpadeando y él fue allí. Una voz mecánica le indicó que se quitara toda la ropa debajo de la cintura, excepto los zapatos (oye, espera un minuto, pensó, no acepté esto). La voz le dijo que tenía 2 minutos para desvestirse y entrar a la máquina, o se le otorgarían golpes de penalización. Pensó que era mejor que lo hiciera. Se quitó los pantalones y los calzoncillos de jockey y entró en la máquina. Se le indicó que se parara sobre las huellas amarillas y que agarrara las muñequeras superiores. Cuando lo hizo, las correas suaves se apretaron contra sus tobillos y muñecas, y la máquina movió hacia él una cosa parecida a una mesa que estaba acolchada en el medio, luego lo empujó suavemente sobre ella, mientras las correas adicionales se apretaban alrededor de sus hombros, cintura y hombros. muslos. Estaba inclinado, y de repente una pantalla de televisión se iluminó frente a él, mostrando una vista de un niño inclinado, cuya bolsa, pene y agujero estaban a la vista. Se movió un poco para confirmar que era SU trasero el que estaba en exhibición. Luego, la pantalla se iluminó y mostró un castigo de nivel 3. Jon sabía que eso era 3 veces tu edad en la cantidad de golpes. La máquina luego mostró 45. Estaba en pánico. Debería tener 36 años, pero luego recordó que estaba tomando el lugar del niño, que debe tener 15 años.

Jon escuchó un zumbido y de repente sintió un dolor terrible cuando una paleta de lexan le golpeó la nalga derecha con muchos agujeros pequeños. En un segundo, otra paleta le golpea la mejilla izquierda. A Jon se le cortó el aliento, mientras los golpes continuaban y los números bajaban. Después de la primera docena, comenzó a llorar, luego sollozar y finalmente gritar de dolor, pero no había nadie para escucharlo. Podía ver que su trasero se había vuelto de un tono rojo brillante, mientras las paletas subían y bajaban por sus mejillas.

Pareció una eternidad, pero en realidad fueron solo unos 20 minutos, hasta que la máquina lo liberó y se puso de pie para recibir más dolor. Salió tambaleándose al exterior, vestido (pero no podía ponerse los jockeys sobre el trasero inflamado, así que se los guardó en el bolsillo). Salió con rigidez, recuperó "su" tarjeta y se la devolvió al niño mientras salía. El niño le preguntó si le gustaría volver a jugar un juego mañana.

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Azotes del futuro 7: El juez



por Millard




El juez del Tribunal de Menores Hiram T. Fogle había sido juez durante 40 años. Se vio obligado a jubilarse después de cumplir 65 años, pero luego fue elegido nuevo juez del Tribunal de Menores del condado de Adams después de que la ex jueza Judy Walkins luchó contra el uso del nuevo Disciplinarium que se estaba construyendo a solo una cuadra del juzgado del condado. El juez Hiram consideró que los jóvenes merecían una palmada en la espalda, ¡siempre y cuando fuera "lo suficientemente bajo y lo suficientemente fuerte"! Era famoso por este dicho, y probablemente fue la razón por la que fue elegido, ya que los votantes estaban cansados ​​de la delincuencia juvenil y, en general, sentían que los niños necesitaban una buena paliza de vez en cuando.
La primera tarea del juez Hiram fue ordenar cambios en el Disciplinarium, de acuerdo con un fallo judicial reciente en Dakota del Sur, que permitió a los tribunales de menores ordenar que los niños fueran exhibidos después de sus castigos, como disuasión para otros niños. Por lo tanto, el nuevo Disciplinarium de la ciudad se equipó con una gran ventana de vidrio plano, con cinco bancos de "exhibición". Estos bancos eran ingeniosos porque eran cómodos para acostarse, pero también estaban equipados con restricciones automáticas, al igual que las máquinas de azotes. Un niño que iba a ser puesto en exhibición después de una nalgada, sería dirigido por un corredor separado hacia el área de exhibición, donde se le indicaría que se arrodillara en un banco de sujeción específico. El banco separó sus piernas, levantó sus traseros y bajó sus cabezas.

Los primeros en ser ordenados "en exhibición" fueron un grupo de 5 boyouts, que habían decidido pintar con aerosol sus nombres en el costado del estacionamiento de la ciudad, ¡mientras vestían uniforme! El juez Hiram les otorgó a cada uno un "5", lo que significaba cinco veces más golpes de castigo que sus edades, que eran de 12 a 15 años. Luego les ordenó una hora de tiempo de exhibición.

Los exploradores fueron llevados inmediatamente al disciplinrium desde el juzgado, seguidos por una gran multitud, incluido un fotógrafo del Daily Sentinal. Las fotos de los niños entrando al disciplinarium con sus camisetas y pantalones cortos del uniforme de los boy scouts, con medias largas, estaban en la primera plana del periódico. Debido a la fecha límite de publicación, más imágenes "después" no llegarían hasta el día siguiente.

La multitud esperaba ansiosamente fuera del disciplinarium a que salieran los chicos. El disciplinarium era el modelo más nuevo y tenía 6 máquinas de azotes, por lo que todos fueron "servidos" al mismo tiempo. Después de unos 15 a 20 minutos, se abrió una puerta de metal y los cinco exploradores salieron a la ventana delantera iluminada por el sol del disciplinarium. Los primeros tres niños eran dos niños de doce años y un niño de 13 años, que lloraban copiosas lágrimas, mientras se masajeaban el trasero mientras salían. El primer chico era un rubio, cuyo rostro estaba tan rojo como su trasero que pronto sería visto. Estaba frotando y frotando su trasero mientras salía lentamente. Aproximadamente en el momento en que vio la multitud que se había formado, se detuvo, miró fijamente y la multitud se deleitó con la vista de su pene, que hasta ese momento había aparecido como nada más que una pequeña protuberancia roja sobre sus testículos. saltó a la erección completa de 4 pulgadas en todo su esplendor sin pelo. Rápidamente se agarró, mientras se movía hacia el banco más alejado. El segundo niño, que también tenía 12 años y no tenía pelo, pero parecía hispano, solo miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas. simplemente miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas. simplemente miró a la multitud y caminó hacia la máquina sin siquiera quitarse las manos del trasero. Su pene era más pequeño, pero más lleno, y descansaba sobre un saco cuyas bolas colgaban muy bajas, y se movía adelante y atrás mientras caminaba. El último niño de este grupo era un niño de 13 años que salió con las manos sobre los ojos, como si no quisiera tener que mirar a la multitud. Salió al área de exhibición con una erección, y nunca intentó cubrirla, ni sus nalgas.

Cuando los muchachos se giraron y miraron hacia los bancos, se arrodillaron en reclinatorios acolchados. Estos estaban separados por un área alfombrada, lo que significaba que, en el proceso de arrodillarse, sus partes íntimas se exhibían por completo. Debido a la separación, incluso sus perineos y rectos estaban completamente abiertos a la vista. Se inclinaron hacia adelante y fueron atados con correas en las piernas, sobre los tobillos, la espalda y los hombros, y se les obligó a sujetar las muñecas en el suelo. La pared trasera de la pantalla estaba completamente cubierta por un espejo, para que sus rostros también se vieran y pudieran ver las caras de la multitud mirando sus traseros y áreas privadas.

¡Qué rojas estaban sus nalgas! Era evidente que dos habían recibido la paleta de plástico, ya que se podían ver pequeñas marcas en relieve donde había dejado su firma en sus nalgas. A un niño le habían puesto la correa, y se podían ver marcas de correas enojadas en ambas mejillas, e incluso dentro de las mejillas, sobre su pequeño agujero, que parecía más rojo que el resto de su trasero.

En ese momento, los dos niños mayores entraron por la puerta. Ambos tenían vello púbico y penes bastante más grandes, en comparación con sus amigos exploradores más jóvenes. Ambos se cubrieron lo mejor que pudieron, excepto que la sorpresa de sentir sus penes a la vista hizo que ambos se pusieran erectos, lo que sí pareció deleitar a la multitud. Ambos muchachos habían recibido el bastón, y las marcas vívidas del bastón estaban arriba y abajo de sus nalgas, incluidas algunas que estaban hacia arriba y hacia abajo, causando una especie de patrón de "tres en raya" en sus traseros.

Una foto de gran angular de la multitud y cinco niños apareció en la primera plana y fue recogida por dos de los servicios de noticias. El sistema telefónico y el fax del juez Hiram se vieron abrumados por los muchos comentarios que recibió, el 95% de los cuales fueron positivos.

Aparte, la tropa de niños exploradores votó para mantenerlos como miembros, y toda la tropa se ofreció como voluntaria para limpiar la pintura de la pared que sus amigos habían pintado. Se citó al jefe de exploradores diciendo que estaba decepcionado de que hubieran hecho tal cosa, pero honestamente creía que ni ellos ni ningún otro explorador volvería a hacer algo así.


miércoles, 30 de marzo de 2022

Azotes del futuro 6: Paleta rota


por Millard

Los trece años fueron una edad traumática para mí. Mi padre nos había dejado a mi madre, a mi hermana menor ya mí, y prácticamente tuvimos que hacerlo solos. Mamá tenía 2 trabajos, camarera durante el día y clasificadora de correo por la noche. Ella no podía pagar una niñera, así que me convertí en una combinación de hermano mayor/niñera para mi hermanita Abby de 7 años. Una cosa acerca de tener a mamá fuera la mayor parte del tiempo es que me dio tiempo para invitar a mis amigos. Por supuesto, nadie quería tener nada que ver con Abby, así que se quejó con mamá de que yo siempre invitaba a chicos a casa y que no la dejaba invitar a ningún amigo. Creo que golpeó a mamá en una noche equivocada, porque procedió a gritarle a Abby Y a mí. Me dijeron que no podía invitar a ningún amigo a menos que mamá estuviera en casa, y le dijeron a Abby que dejara de chismear. Ahora,

Empecé a pensar en una forma de "vengarme" del pequeño chismoso. ¡Pensé que, dado que no podía invitar a ningún amigo, esperaría a que ella hiciera algo malo y le haría ampollas en el trasero! Sé que mamá la ha azotado antes, tal como me ha azotado a mí. La diferencia es que a mí no me han azotado desde que tenía 12 años, ya Abby no la han azotado desde que papá se fue. De todos modos, nunca me pareció justo. Siempre lo compré con una paleta de madera que tenía este pequeño dicho "Para el lindo cervatillo con el oso detrás". Tenía animales pintados en él. Hombre, esa cosa podría picar. Mamá siempre me hacía quitarme los pantalones y la ropa interior y pasar por encima de su rodilla izquierda. Luego, ella sostenía mis piernas con su rodilla derecha, manteniendo así mi trasero doblado en un ángulo agudo, mientras mis manos colgaban frente a mí. Entonces ella simplemente explotaría en mi trasero. No sé si contó los golpes o simplemente azotó hasta que le dolió el brazo. Sé que lloré después de cada azote y que llevaría marcas rojas durante días después.

A Abby, por otro lado, generalmente solo la golpeaban sobre la base de sus bragas (si tenía puesto un vestido) o sobre sus jeans. Solo puedo recordar que se lo quitó cuando estaba desnuda en la bañera y salpicó agua por todas partes.

Entonces, mi plan era vengarme de ella azotando su pequeño trasero cada vez que hacía algo "malo". Tendría que ser algo malo, o mamá vería a través de mí. Ahora que tenía que estar a solas con ella por las noches, ¡tendría mucho tiempo para cuidarla! Efectivamente, unos dos días después, derramó jugo de uva en el sofá y cuando le grité que lo limpiara, me respondió y dijo que yo no era su madre. ¡Vi mi oportunidad y la aproveché! Al ir al armario de mamá, encontré la paleta colgada de un gancho y la llevé a la sala de estar, donde Abby estaba sentada viendo Tela-Tubbies. Cuando vio la paleta, se le salieron los ojos de las órbitas y pude verla bajarse el borde de la falda por delante. Me preguntó por qué tenía la paleta y le dije que mamá había dicho que debería darle una nalgada si hacía algo. y su pequeño berrinche derramando y gritando era demasiado. Había decidido que necesitaba aprender una lección. (Ahora, Abby estaba en un lío. Ella también había escuchado a mamá decirme que podía azotarla si tenía que hacerlo, pero tampoco pensó que la azotaría con esa paleta).

¡Me senté en el borde de un taburete acolchado y le dije que viniera para poder azotarle bien el trasero! Empezó a gemir y se quedó sentada allí. Le dije que iba a contar, y que si llegaba a diez, vendría y la azotaría allí, luego me sentaría y la azotaría de nuevo cuando finalmente se acercara. Se deslizó hacia adelante en el sofá, apagó sus lágrimas y comenzó la rutina de negociación con la que todos los niños están familiarizados. Ya sabes en el que dices que lo sientes y nunca lo volverás a hacer, etc. La interrumpí contando. A las 5, se puso de pie y caminó lentamente hacia mí. Se agarró el trasero mientras se acercaba. También siguió preguntando sobre la paleta, diciendo que mamá nunca la había remado y por qué la tenía fuera. Le dije que pronto lo descubriría. Finalmente llegó a mí, y bajé la paleta, le levanté la falda, y metí la mano en los agujeros de las piernas de sus bragas, y las bajé hasta los tobillos. ¡Ella realmente comenzó a gritar entonces!

La puse sobre mi regazo, levanté su pequeña falda plisada y miré su pequeño trasero. Estaba apretando sus nalgas juntas y tratando de cubrirlas con sus manos. Agarré sus manos y las sostuve en su espalda, con mi mano izquierda. Luego procedí a azotar su pequeño trasero con mi mano derecha, hasta que quedó de un color rosado. Estaba llorando, pero me di cuenta de que en su mayoría eran llantos falsos. Luego la moví más lejos en mi regazo, tomé la paleta y simplemente la golpeé en su pequeño trasero.

Sucedieron tres cosas, ella gritó tan fuerte que pensé que los vecinos llamarían a la policía, pateó sus piernas tan rápido que sus bragas volaron y levantó su trasero en el aire justo cuando estaba dando el segundo golpe.

Supongo que las leyes de la física trabajaron en mi contra, o realmente no sabía cuánta fuerza había en mi brazo, o la combinación de ella subiendo en el aire y la paleta bajando ejerció presión sobre él, ¡porque se rompió en el mango!

Abby gritó como si la estuvieran desollando viva, y su pequeño trasero se volvió de un rojo brillante. La dejé plantada y le dije que había terminado, y dije algo tonto sobre obedecerme, pero incluso a su corta edad, ella sabía que me tenía, y me tenía bien. Se puso de pie, con las manos en el trasero, sin molestarse siquiera en bajarse la falda por delante, y simplemente dijo entre sollozos con hipo. "Espera a que le diga a mami lo que me hiciste". Le dije que se fuera a bañar y se fuera a la cama, pero también sabía que era un niño muerto.

Entré a ver a Abby un poco más tarde, y ella estaba acostada en su cama, acostada boca abajo, con su trasero desnudo y rojo sobresaliendo. Dijo que estaba esperando a mamá. No pude evitar notar que había pequeños moretones en su mejilla derecha. Traté de decir que lo sentía, pero ella se volvió y me sonrió.

Efectivamente, mamá llegó a casa, y tan pronto como se abrió la puerta, y antes de que pudiera decir algo, Abby comenzó a llorar desde su habitación. Mamá se acercó a ella y escuchó toda la historia. Pasó un tiempo "consolando" a Abby, y luego salió, con fuego en los ojos. Traté de explicarle lo que había pasado, que todo fue su culpa, por levantar el trasero, pero ella no me escuchó. Simplemente recogió los pedazos de la paleta y fue al cajón de la cocina. Sacó una hoja de papel y escribió algunas cosas en ella. Luego se volvió hacia mí y me dijo con dulzura que, dado que disfrutaba tanto con el remo, se encargaría de que pasara algún tiempo con uno. Me dio la hoja de papel y me dijo que fuera al Disciplinarium que estaba a dos cuadras de Franklin Street.

(Lectores, si no han oído hablar de un Disciplinarium, consulten el artículo original de FutureSpank para obtener más detalles).

Sabía lo que era un Disciplinarium, ya que todos mis amigos habían estado en uno en un momento u otro. Traté de rogar para salir, pero mamá estaba cansada y molesta. Me dijo que las máquinas estaban abiertas toda la noche y que tenía solo 30 minutos desde el momento en que firmó el comprobante de castigo para llegar allí, o recibiría más. Luego se dio la vuelta y volvió a entrar en la habitación de Abby.

Sostuve el temido papel en mi mano. Decía "4" en el nivel de castigo, y ella había marcado el código que ahora permitía a los padres elegir los medios de castigo, en lugar de que la máquina lo hiciera por ellos. ¡Sabía que un "4" significaba 4 veces mi edad, o (matemáticas rápidas aquí) 52 golpes! Estaba temblando y temblando, pero no podía hacerle saber lo mal que me sentía, o ella me enviaría allí todo el tiempo, al igual que la madre de mi amigo Víctor.

Salí del departamento y caminé las dos cuadras hasta el Disciplinarium, que, según su letrero, estaba abierto las 24 horas "para servirte". ¡Puedo pensar en mejores maneras de ser "servido" que tener una máquina que te patee el trasero! Deslicé mi tarjeta de identificación en el lector de tarjetas y luego ingresé la hoja de castigo de mamá. Luego entré en la habitación, ¡que estaba desierta! En segundos, mi número de seguro social apareció en un tablero y me dijo que me reportara a la "Unidad 1". Me acerqué a la puerta y la abrí. Era una puerta pesada, que se movía sorprendentemente fácil. Al entrar, pude ver que había 4 máquinas, y de hecho, una de las máquinas estaba "en funcionamiento" y tenía la puerta cerrada. "Mi" máquina tenía una luz parpadeante y fui al frente. Había un letrero que me decía que me quitara toda la ropa por debajo de la cintura, incluidas las camisas que pudieran caer por debajo de la cintura. Me indicó que me dejara los zapatos puestos. También decía que tenía dos minutos para desvestirme, entrar en la máquina, pisar las almohadillas amarillas y agarrar las correas amarillas. Luego, el reloj comenzó a correr desde 120.

Víctor me había dicho que no me metiera con la máquina. Si fuera demasiado lento, solo agregaría más trazos a su oración. Me temblaban las manos cuando me desabroché el cinturón y me deslicé los vaqueros y la ropa interior hasta los tobillos. Me costó mucho quitármelos sobre los zapatos, y el reloj marcaba las 28 cuando por fin me puse de pie. Me di cuenta de que el faldón de mi camisa colgaba hacia atrás, así que simplemente me lo saqué por la cabeza y lo tiré sobre el banco. Allí me quedé, desnudo a excepción de un par de Nikes, cuando la puerta se abrió a la otra máquina, y salió un niño de unos 15 años. Estaba llorando a mares y luciendo una erección furiosa en lo que me parecía ser un pene enorme. Estaba empezando a tener un mechón de cabello rubio allí, y mis bolas se estaban haciendo más grandes, ¡pero me avergoncé de mi pequeño cuando vi a este niño! Vi el reloj en "9" y corrí hacia la máquina.

Con un sonido sibilante, las ataduras se formaron alrededor de mis tobillos y muñecas. Pronto me di cuenta de que no podía mover las manos ni las piernas. Una cosa parecida a un banco frente a mí se levantó y se dobló por la mitad, y finalmente empujó justo contra mi hueso púbico, obligándome así a retroceder, mientras las restricciones de los brazos me empujaban hacia adelante. Me encontré agachado, desnudo, dentro de una extraña máquina. Estaba asustado, pero también un poco asombrado. En ese momento, un gran monitor cobró vida frente a mí. Pude ver un primer plano de un trasero, y con un movimiento rápido, ¡descubrí que era mío! Era extraño ver tu propio trasero así. Podía ver mi bolsa colgando, y cuando empujé, incluso pude ver mi agujero. Entonces, me pregunté quién más estaba viendo este pequeño espectáculo, y apreté mis mejillas.

Otro movimiento zumbante me devolvió a la realidad. Vi el número "52" encenderse en la esquina de la pantalla, y luego escuché, en lugar de sentir, que algo perverso me golpeaba el trasero. Lancé un "ay" involuntario y miré hacia atrás para ver un tipo de paleta de plástico, con muchos agujeros, retrocediendo, mientras un gemelo se estrellaba contra mi trasero desde el otro lado. Al principio, el dolor no era tan grave. La paleta de mamá en realidad dolía más que esto, recuerdo haber pensado. Luego, las paletas golpearon nuevamente, justo debajo de las dos primeras marcas. Parecían estar cronometrados para que uno pudiera estar golpeando mientras el otro se rearmaba. WHACK, WHACK, pausa, WHACK, WHACK, pausa, continuó. Las paletas comenzaron en la parte superior de mi grieta y se abrieron paso hacia abajo. Pude ver las marcas rojas en mi trasero en el monitor, ¡y me di cuenta de que estas cosas duelen más que la paleta de mamá! A estas alturas, estaban en el lugar donde termina mi trasero y comienzan mis piernas. Parecían detenerse allí y seguir golpeando en el mismo lugar. ¡Hombre, dolió! Sentí lágrimas corriendo por mi rostro y mocos saliendo de mi nariz, mientras las paletas seguían golpeando. Miré la pantalla y vi "26" encenderse, hubo una pausa y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes! ya que hubo una pausa, y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes! ya que hubo una pausa, y otro silbido. ¡Aparentemente, las paletas se estaban reprogramando para la última mitad de mis azotes!

Otra correa inflable apretada sobre mi cintura, junto con una en cada muslo. La máquina separó mis piernas y luego las paletas volvieron a funcionar. Ahora funcionaron de modo que en realidad entraron en mi área de grietas mientras volvían a bajar por mi trasero.

No recuerdo haber conocido tal dolor y terror. Si esta cosa puede doler tanto, ¿qué más es capaz de hacer? ¡Lo descubrí en los números 11 y 10 en el monitor, cuando las paletas comenzaron a golpear justo encima de mi ano! Luego, se movieron hacia abajo, hasta que estuve seguro de que mis bolas, que ahora arrojaban salvajemente, serían golpeadas. Aparentemente, la máquina es demasiado buena para permitir que eso suceda.

Tan rápido como comenzó, terminó. Pude ver que mi trasero estaba en una forma terrible, con ronchas de las paletas y pequeñas ampollas levantadas como cosas de los agujeros. La máquina me puso de pie, encendió las luces y me soltó, mientras la puerta se abría con un silbido. Ahora, fui yo quien salió a la luz, tocándome suavemente el trasero y sollozando lágrimas que parecían no parar. No había nadie más allí, me vestí con cautela y me fui. Deslicé mi tarjeta para mostrar que había terminado, y la máquina, con una voz metálica, dijo "gracias". Recuerdo que pensé qué tontería era decir eso. Caminé lentamente a casa, sintiendo el dolor en mi trasero con cada paso. Sé que mamá estará feliz con los resultados. ¡No puedo esperar para decirle que Abby también tiene la edad suficiente para ir!

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Azotes del futuro 5: Fase de Penalización



por Millard

Consulte FutureSpank 4 para conocer los antecedentes y el artículo original de FutureSpank para obtener detalles específicos.

Aaron se había olvidado de los golpes de penalización que se había ganado por demorarse en desvestirse y entrar a la máquina. Hubo un ruido de rechinamiento, y el acolchado contra el que estaba recostado comenzó a empujar contra su área púbica de manera alarmante. Al principio, fue un empujón suave, luego realmente empujó y realmente dolió. Sus brazos ahora estaban siendo tirados muy fuerte, y sus piernas estaban siendo tiradas hacia abajo. De repente, un rayo golpeó su trasero ya rojo, cuando un bastón de lexan cortó en el medio de su trasero. Podía ver en el monitor que el bastón todavía estaba tratando de enterrarse en sus nalgas. El dolor era asombroso. Gritó y gritó pidiendo ayuda, y tiró de sus ataduras, pero nada detuvo el bastón de empujar sus mejillas. De repente, retrocedió, y antes de que pudiera respirar de nuevo, golpeó de nuevo, en el lugar exacto, más duro que la primera vez. ¡Gritó de nuevo! ¡Esto no era un castigo, esto estaba más allá del castigo!

Con los ojos llenos de lágrimas, miró el monitor y vio que el bastón se apartaba repentinamente de su trasero. Podía ver una tremenda roncha roja donde habían golpeado los dos golpes. Su trasero estaba en llamas, y se sentía como si hubiera sido cortado por la mitad por el bastón. El monitor mostró "Penalty Strokes 2", mientras el bastón golpeaba de nuevo su ahora desprevenido trasero. Esta vez, el bastón golpeó en la división de su trasero, donde terminaba su trasero y comenzaban los muslos. De nuevo, ¡el derrame cerebral fue terrible! ¡La mente de Aaron hizo sonar una campana de peligro! ¡Iba a recibir dos golpes de penalización, no tres! Entrecerró los ojos de nuevo para mirar el monitor, y todavía decía "Penalty Strokes 2" cuando el bastón visitó el mismo lugar en su trasero. Esta vez, trató de enterrarse en su piel nuevamente. Podía ver el bastón comprimiendo la carne de su trasero, como si estuviera tratando de empujar hasta el final. Lloró de dolor, las lágrimas ahora corrían libremente por su rostro, mientras que los mocos también fluían de su nariz y caían al suelo. Su mente estaba dando vueltas, mientras el bastón zumbaba de nuevo en su trasero con la ferocidad de 1000 abejas picando a la vez. Esta vez recibió un golpe en la parte superior de su trasero, donde apenas comienza su fisura. Nuevamente, la caña trató de penetrar y nuevamente se repitió el golpe.

¡La mente de Aaron estaba entumecida! ¡Esto no podía estar pasando, tenía que haber algún error! Podría haberse ganado 2 golpes por ser un estúpido, pero no 6: haz eso SIETE cuando el bastón golpeó una vez más su trasero indefenso. De nuevo, gritó y gritó pidiendo ayuda, y de nuevo su única respuesta fue otro golpe, seguido de otro, y éste de otro.

Sollozaba tanto que apenas podía respirar. El dolor llegó en oleadas mientras su tortura parecía no tener fin. ¡Estaba más allá del pánico! El monitor mostraba grandes ronchas rojas que se oscurecían por todo su trasero. De repente, las luces se encendieron, sintió que la almohadilla se alejaba lentamente de él, sintió que la tensión en sus piernas disminuía y lentamente se puso de pie. En cuestión de segundos, fue liberado, la puerta se abrió y una voz metálica de computadora dijo "que tengas un buen día". Salió tambaleándose y pudo ver que la puerta de salida se cerraba cuando alguien se fue. Estaba solo en la antesala, ya que las puertas de las otras dos máquinas estaban cerradas y tenían carteles rojos de "en uso". Sabía que tenía que decirle a alguien que la máquina se había estropeado, que le habían dado diez veces los golpes de penalización que le habían otorgado. Rápidamente, recogió sus calzoncillos y se los puso. pero el elástico cerca de la parte superior de su trasero estaba demasiado apretado. Con un grito, se los quitó con cuidado y se puso suavemente los pantalones cargo, que, por diseño, cayeron hasta la mitad de su trasero y se adhirieron a la piel que estaba tratando de proteger. No podía sentarse para atarse los zapatos, tenía que poner los pies en un banco, y eso también le metía los pantalones en las nalgas. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida. y eso también tiró de sus pantalones en su parte inferior. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida. y eso también tiró de sus pantalones en su parte inferior. Finalmente, se puso su camiseta y, sosteniendo sus bóxers en la mano, se subió los pantalones cargo lo mejor que pudo y caminó por la puerta de salida.

Mac estaba sentado allí, con un grupo de 6 niños de todas las edades. Los ojos de los niños se salían de las órbitas mientras miraban de Aaron al monitor de la pared y viceversa. Aaron supo en un instante que Mac había usado su llave y vio todo el programa. También sabía, por la expresión de los rostros de los niños, que ellos también habían observado. Trató de controlar sus sollozos lo suficiente como para contarle a Mac sobre el problema de Penalty Stroke. Quería que supiera que había recibido 20 golpes cuando solo merecía 2. Mac escuchó por un segundo y luego interrumpió y dijo que no sabía nada acerca de cuántos golpes de penalización había ganado. ¡Todo lo que sabía era que estaba sorprendido de que Aaron fuera tan estúpido como para ganárselos! Luego le dijo a Aaron que nunca más quería verlo fumando en su esquina, ¡o le dolería mucho el trasero! Con eso, se levantó y se fue.

Aaron se secó los ojos con los calzoncillos y buscó a alguien a quien contárselo, pero no había nadie allí excepto las próximas víctimas. Uno de los cuales, una adolescente, estalló en fuertes sollozos cuando pasó caminando, mostrando su trasero rojo a medias. Aaron se dio cuenta de repente de que no tenía a quién acudir, nadie ante quien quejarse. El Disciplinarium fue totalmente automatizado y totalmente anónimo. Enganchó sus cargas y caminó lentamente hacia afuera. Sabía que había sido agraviado, pero también sabía que, sin importar qué, ¡nunca volvería a este lugar!

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