domingo, 6 de marzo de 2022

Vida de Chris - Capítulo 6: Un día más



Era el día siguiente tras mi cambio de pañal en el centro comercial. Me había despertado y mamá me estaba cambiando el pañal. Yo tenía la mirada perdida en el techo, concentrado en lo que me había dado mamá y haciendo ese sonido tan característico suyo cuando lo tienes en la boca puesto.
La noche había sido movidita. Mamá me acababa de acostar y en seguida me quedé dormido abrazando a Rhino. Soñé que estaba en un desierto parecido al que sale en el Coyote y el Correcaminos con Rhino a mi lado, que era un rinoceronte de verdad pero en pequeñito. Íbamos corriendo y saltando por las rocas que había por allí. Éramos muy felices los dos. Estábamos en plena carrea hacia un cactus cuando de repente se produjo un terremoto y el suelo empezó a temblar. Creía que era mi fin, me asusté mucho, tanto que me hice pipí encima, pero no importaba porque en el sueño también llevaba pañales.  De pronto, una avalancha de piedras se nos vino encima. Eché a correr hacia donde pude con Rhino detrás mía hasta que no quedaba camino, pues teníamos un barranco delante. Estaba meditando si saltar o no, cuando el suelo se desplomó a mis pies y me precipité hacia el vacío. De pronto llegué al suelo y me desperté sobresaltado.
Estaba en el suelo de mi habitación liado en las mantas y me había dado un fuerte golpe en la cabeza. Rhino también se había caído y estaba en la otra punta de mi cuarto. ¡Me había caído de la cama! ¡No me lo podía creer!
En ese momento me puse  llorar desconsoladamente llamando a mamá. En realidad podía haber subido yo solo a la cama pero la ansiedad, que había vuelto muy fuerte y me había puesto muy nervioso, hizo que mi instinto llamara a mi mamá para que viniera. De pronto, me di cuenta de que me había hecho pipí. Ahora si tenía una razón para que viniese mamá. Me puse a llorar con más ganas. Muy fuerte. Estuve llorando hasta que oí que mamá se levantaba. Cuando entró en la habitación y encendió la luz, me vio hecho  un lío de mantas en el suelo. Ella se acercó enseguida y me aupó.
-¿Qué te ha pasado, Chris? ¿Qué hacías en el suelo? -me preguntó con mucha ternura.
-¡ME HE CAÍDO DE LA CAMA! -dije llorando.
-¿Tienes pipí?
-¡SIIIIII!
-Tranquilo, relájate -dijo mientras me dejaba en la cama-. Voy a cambiarte y te vuelvo a acostar.
Yo no podía tranquilizarme, la ansiedad había vuelto fuertemente y no podía calmarme. Pataleaba y me revolvía en la cama como un niño pequeño. Mamá intentaba quitarme el pañal pero yo de lo nervioso que estaba no la dejaba. Había conseguido por fin desabrochármelo cuando se dio cuenta de que no podía seguir. Salió de la habitación y me dejó allí a medio cambiar. Yo me puse más nervioso aún y lloré con más fuerza. Habría despertado ya a todos los vecinos, como si fuera un bebé. Mamá vino enseguida con la bolsa de globos y ositos y extrajo el paquete que llevaba dentro. Lo abrió. De su interior sacó un chupete azul y me lo puso directamente en la boca. En ese momento me tranquilicé. La ansiedad despareció. Sentí el chupete en mi boca y me concentré en chuparlo. Hacía un ruido muy tranquilizador: chupchup. Al principio lo chupaba rápidamente. Luego se convirtió en un sonido más lento y monótono. Estaba tan a gusto con él que ni me di cuenta de que mamá había terminado de cambiarme. Me miraba desde arriba mientras veía como su hijo de 13 años se aferraba a un chupete como si tuviera 2.
-¿A qué ahora estás más tranquilo? -me preguntó.
-Shiii -dije yo. El chupete hacía que dijera las eses de esa manera tan graciosa. Quiero decir, graciosha.
-Sí, ya sabía yo que un chupete podía ayudarte, pero no me parecía lo más lógico para un niño de tu edad. Aunque -continuó- ya que todavía llevabas pañal dije: total, por lo menos que mi bebé esté a gusto.
Yo sonreí desde detrás del chupete y estuve todo el rato haciendo chup chup mientras ella ponía bien las sábanas de mi cama. Me sorprendí de lo mucho que había conseguido el chupete tranquilizarme. Cuando mamá terminó, cogió a Rhino del suelo y lo puso a mi lado. Me arropó, me tiró cariñosamente del asa del chupete de broma para quitármelo, yo lo agarré más fuerte y puse cara de enfado, ella sonrió, apagó la luz y salió de mi habitación
 Con el chupete no me costó nada dormirme. Me concentraba en ponerlo a hacer chup chup y así…poco a poco…cerré los ojos…y me quedé dormido…
Ahora estaba recién cambiado, con mi chupete nuevo en la boca y un peto vaquero puesto que hacía que me pudiera mover con total comodidad por la casa. Mamá estaba muy contenta, y yo también. Desde que había vuelto a llevar pañales por fin podía tener una manera de vivir más cómoda. Antes no podía dormir con un pijama normal, ahora tenía estos tan cómodos y calentitos; antes me daba una ansiedad que me ponía muy nervioso, ahora tenía el chupete para calmarla; antes no podía ir por casa con un pañal y ropa cómoda, ahora tenía toda la ropita nueva que me había comprado mamá. Por fin era un niño de 13 años con pañales completamente feliz.
Mamá se fue a hacer las cosas de la casa y yo me quedé en la habitación. Me puse a jugar con mis playmobil como hacía cuando era más pequeño. Pasé una mañana bastante agradable. Hacía tiempo que no hacía esas cosas, también hacía tiempo que no estaba en mi habitación llevando pañales y con un chupete en la boca.
Sin darme cuenta dieron las 2. Mamá me llamó a comer. Dejé el chupete en la mesita al lado de mi cama  y fui a la cocina. Si mamá se sorprendió porque no llevara el chupete no dio muestras de ello. Se comportó con total normalidad, como si su hijo no llevará puesto un pañal que luego ella tendría que cambiar. Cuando terminé de comer me entró sueño, mamá lo notó porque me vio dar un par de cabezadas en la mesa.
-¿Tienes sueño, Chris? ¿Quieres que te acueste? -me preguntó.
Dije que sí, que quería echarme la siesta. Mamá entonces intentó tomarme en brazos pero le dije que no, que ya iba yo a acostarme, que como ya llevaba puesto el pañal no hacía falta que viniera, solo para ponerme el pijama. Cuando terminó, me metí en la cama, me puse el chupete en la boca, cogí a Rhino, bajé la persiana para que no entrara la luz de la tarde y me dormí.
Al despertarme, miré el reloj de mi mesita de noche y vi que había dormido 2 horas. Me sorprendí muchísimo porque en las siestas que dormía antes lo normal era que fuesen de una hora como mucho. De lo que no me sorprendí fue de haber mojado el pañal, pues era ya normal que lo mojase mientras dormía. También me sorprendió  que no me pusiera nervioso por tener pipí. No sé si se debía a llevar el chupete o a que ya me había acostumbrado a hacerme pipí encima. Me quedé un rato en la cama jugando a la Nintendo DS. Cuando llevaba ya un tiempo me entraron ganas de hacer caca. Acordándome de lo que me pasó en el centro comercial, me levanté corriendo para decirle a mamá que me quitara el pañal para ir al baño, pero en cuanto puse un pie en el suelo me la hice encima. Me puse a berrear como un bebé. Me tire en la cama y me tapé con las sábanas de la vergüenza que tenía. Pero mi llanto se tuvo que oír porque mamá llegó enseguida.
-¿Por qué lloras ahora, Chris? -preguntó al entrar- ¿Y qué haces debajo de las sábanas? -añadió mientras intentaba destaparme, pues no podía porque yo tiraba de ellas hacia abajo y me revolvía con ellas.
El chupete se me había caído en un momento entre las sábanas y no lo encontraba. Mamá debió de notar el olor a caca porque me preguntó si me había hecho. Le dije que sí y lloré con más fuerza. Sentía la caca dentro de mi pañal, podía ponerme la mano en el culete y sentirla dentro. Y cuando me movía de un sitio para otro la sentía rozándome. Me había hecho caca encima como un bebé cagón. Mamá por fin consiguió destaparme y me quedé tumbado en la cama bocarriba agitando mis puñitos y mis piernecitas como si fuera un bebé. No paraba de llorar. Miraba a mamá y no paraba de llorar. Me había hecho caca encima por segundo día consecutivo y no podía soportarlo, me estaba convirtiendo en un bebé. Mamá por fin encontró el chupete y me lo puso en la boca.
-Toma, que si no, no voy a poder cambiarte -dijo.
No me tranquilicé del todo, pero al menos dejé de llorar. Me concentré en mi chupete: chupchupchupchupchupchupchup.
Mamá empezó todo el proceso del cambio. Me fue soltando uno a uno los botoncitos de mi pijama. De esa manera el pañal quedó más descubierto mostrando los dibujitos que tenía en las líneas de la cintura. Cuidadosamente y con mucha ternura, me desabrochó las cintas de mi pañal. Lo extendió hacia delante y todo lo que me había hecho quedó al descubierto. Yo miraba para otro lado concentrado en el chupete, que a medida que mamá me iba cambiando hacía un ruido más pausado: chupchupchupchupchup.
A continuación, mamá me levantó las piernas con una mano y extrajo el pañal de mi culito. Después empezó a limpiarme cuidadosamente por todos los sitios en los que me había manchado. La verdad es que lo estaba haciendo con mucha más calma que cuando me la hice en el centro comercial. Cuando terminó de limpiarme, fue hasta el armario para sacar un pañal limpio. Me lo puso también con mucho cariño. Me levantó las piernecitas y echó mi cuerpo hacia atrás, me pasó la parte del abultado pañal por el culete y luego lo pasó por delante. Cogió una de las cintas para sujetarlo y la pegó fuertemente a la parte de delante del pañal, luego hico lo propio con la otra dejándome más agarrado que otras veces. Yo podía sentir el pañal limpio, bien sujeto y abultado en mi cuerpo, y me sentía muy bien. Me puse a sonreír desde detrás del chupete y se me escapó una risita como de bebé. Mamá entonces me aupó en brazos y me apretó junto a ella. Le tiraba cariñosamente al asa de mi chupete y yo lo agarraba con más fuerza.
-Tranquilo, Chris, que no te lo voy a quitar -me dijo acompañado de unos palitos en mi pañal.
Me llevó en brazos al sofá y me sentó allí.
-¿Puedesh traerme a Rhino? -le dije, pues no me gustaba estar sin él.
Ella llegó enseguida con mi peluche, pero se fue a seguir haciendo cosas de la casa. Yo me quedé toda la tarde viendo dibujos animados en la tele, ya los veía antes de empezar a llevar pañales de nuevo, pero ahora los disfrutaba más. Miraba la televisión mientras me tocaba distraídamente el asa del chupete, me lo quitaba a ratos y me lo volvía a poner. En un momento dado me entraron ganas de hacer pipí, pero ni me puse nervioso ni me inmuté. Dejé que saliera y que se quedará allí, en el pañal. Fue una sensación muy guay. Estar en el sofá viendo la tele, hacerme pipí encima y que no pasara nada. Tampoco llamé corriendo a mamá para que me cambiara, pues el capítulo de Looney Tunes que estaban dando me gustaba y podía esperar.
Al llegar la hora de la cena, mamá vino a buscarme al salón y me preguntó si estaba mojado. Le dije que sí y me llevó a mi habitación para el cambio. Salí de ella ya sequito y preparado para cenar, andando con mi pijamita puesto.
Mamá había preparado para cenar filete de ternera. Estaba cortándolo con el cuchillo cuando este se me escapó y me corté. Me hizo un corte en el  dedo, no muy profundo pero me empezó a salir sangre. Yo me puse muy nervioso porque no me gusta la sangre y empecé a llorar. Mamá enseguida me metió el chupete en la boca. Después me llevó en brazos al cuarto de baño para curarme el corte. Me lo limpió con agua, yo lloraba porque me escocía, pero me dijo que los niños grandes no lloran por eso, y, aunque yo llevara pañales y chupete,  era un niño grande así que intenté parar, pero no podía. No hacía ruido porque llevaba el chupete en la boca pero me seguían cayendo lágrimas por las mejillas. Solo cuando mamá terminó de curarme y me puso una tirita pude tranquilizarme un poco. Ella me dio un beso en el dedo para que se me curase como le hacen a los niños pequeños, aunque no sirve para nada. A continuación, me levantó en brazos y me llevó a la cocina, donde fue ella la que terminó de darme la cena, en parte porque yo ahora no podía usar los cubiertos, pero también en parte porque creo que sentía un poco de lástima por mí. Cortaba trocitos de ternera muy pequeñitos y me los iba dando con el tenedor. Yo no decía nada, masticaba la comida mientras tenía la mirada perdida.
En una de esas me atraganté. Se me quedó el trozo de ternera en la garganta y no me lo podía tragar. Lo intenté con agua, tampoco. Me empecé a poner muy nervioso y se me escapó algo de pipí. Tosía y no podía. Me estaba poniendo rojo. Mamá también se asustó y me dio golpes en la espalda. Al final conseguí echarlo. Me puse a llorar. Me había asustado mucho y solo quería que mamá me abrazara. Lo hizo, pero antes de eso me puso mi chupete en la boca. Yo lo agarré con fuerza, y mientras ella me tenía en sus brazos yo hacía el ruido que tanto me calmaba, muy rápidamente: chupchupchupchupchupchup.
Al final, mamá tomó por misión imposible hacer que me comiera el resto de ternera, pues yo me negaba y no me quitaba el chupete de la boca, y pasó a darme las natillas. Me las tomé sentado en su regazo mientras caía en la cuenta de lo que estaba pasando. Tenía 13 años y mi madre me estaba dando de comer sentado encima suya, sabía que no era normal para alguien de mi edad, pero yo me sentía muy cómodo y a gusto de esa manera. Tardé un poco en asimilarlo, pero lo acepté y terminé de comerme las natillas tan ricamente. Cuando terminé, mamá me limpió la boca porque me había manchado y me levantó en peso.
-¿Quieres que nos pongamos a ver una película antes de acostarnos, Chris? -me preguntó.
-¿Puedesh cambiarme antesh de pañal? -le dije
-¡Claro! -contestó-.¿Qué tienes, pipí?
-Shi
Me llevó a mi habitación y me dejó en la cama boca arriba. Cuando terminó todo el proceso del cambio me hizo cosquillitas en la barriga cantándome una canción de un anuncio de pañales y de lo secos que estaban siempre los bebés con ellos. Me puse serio y le dije que se estaba pasando, que yo no era ningún bebé.
-Tienes razón, Chris. Lo siento -me dijo ella.
Le contesté que no pasaba nada, que nos fuéramos ya a ver la película. Nos pusimos una de Piratas del Caribe, que duran bastante. Cuando terminó, y a pesar de haber dormido mucho la siesta, yo estaba que me caía de sueño. No se me quedaban los ojos abiertos y daba cabezadas. Mamá me llevó a la habitación para acostarme. Me había hecho pipí durante la película así que me tuvo que cambiar de nuevo. Hoy había batido mi récord, pues había usado 5 pañales. Mamá no dijo nada y me puso el pañal como siempre, aunque desde que me hacía caca lo agarraba más fuerte para que yo estuviera más seguro. Yo sonreí desde el chupete. Me encantaba que me cambiaran el pañal, me gustaba estar sequito. Cuando mamá me metió en la cama y puso a Rhino al lado mía, salió de la habitación sin apagar la luz.
-¡Mamá, she te ha olvidado apagarme la luz! -dije.
Pero ella volvió enseguida con una caja más grande entre las manos. Por un momento me temí que fueran más chupetes, pero entonces sacó unas especies de walkie-talkies, pero uno era más grande que el otro.
-¿Qué esh esho? -le pregunté.
-Esto es un vigila-bebés, Chris -dijo tendiéndome el que era más pequeño-. Los compré esta tarde mientras tú dormías la siesta. Este te lo pones aquí en la mesita de noche y este otro me lo llevo yo a mi habitación, de manera que si por la noche te caes de la cama o mojas el pañal, en lugar de gritar, con esto podré oírte desde mi habitación.
La misma palabra lo decía: vigila-bebés. Y yo no era ningún bebé.
-¡Pero eshto esh para vigilar a los bebés! ¡Y yo no shoy ningún bebé! -protesté.
-Ya lo sé, Chris -contestó-. Pero esto es más cómodo que pegar gritos en medio de la noche y que despiertes a los vecinos -dijo cogiéndome de las manos el que me había dado-. Y que éstos se enteren de que llevas pañales -añadió.
Como creía que tenía razón, dejé que me pusiera el vigila-bebés en la mesilla. Me revolvió el pelo, apagó la luz y salió de la habitación.En la oscuridad de mi habitación se veía el pilotito rojo del vigila-bebés brillando. No me gustaba mucho, así que me abracé más fuerte a Rhino, me di la vuelta y me dormí plácidamente con mi chupete: chupchupchup...


ESCRITO POR 

Vida de Chris - Capítulo 5: Cambio de pañal en el centro comercial



Al día siguiente después de haberme quedado solo en casa me levanté muy inquieto, me había vuelto a mojar el pañal pero no era por eso. Era porque había vuelto a venirme la ansiedad. Necesitaba algo y no lo sabía, por más que me esforzaba en estrujarme el cerebro para ver que podía ser no se me ocurría nada. Parecía que me iba a volver loco. Estaba en la cama moviéndome de un lado a otro con Rhino esperando a que mi madre viniera y me cambiara. Cuando por fin entró por la puerta y me vio en el estado en el que estaba, intentó cogerme en brazos pero yo me retorcía, aunque al final lo consiguió.
-¿Qué te pasa, Chris? ¿Por qué te mueves tanto?
-¡No lo sé! -contesté-. Necesito algo y no sé lo que es. Es como si me faltara algo -dije contra su pecho.
-Vaya…Tranquilo, ¿vale? Voy a cambiarte y luego lo vemos.
Cuando ya estuve con un pañal limpio, fui a sacar mis juguetes de la caja de cartón y a ponerlos en el viejo baúl donde habían estado siempre.  Se me había pasado ya la inquietud, y me sentía mejor. Oí que mi madre me llamaba para comer. Bajé corriendo las escaleras (todo lo que me permitía el pañal) y me senté en la mesa.
-¡Vaya, que rápido has venido! ¿Tienes hambre, no? -me dijo mamá cuando me vio entrar.
-¡Si! -contesté.
Mamá había hecho pescado y me sirvió dos trozos. Estaba terminándome el primero cuando me atraganté con una espina. Empecé a toser, mamá enseguida lo vio y me dio de beber agua. Esta vez se me pasó enseguida.
-¡Menudos sustos me estás dando para comer! -dijo al darme un trozo de pan.
Era verdad, era la segunda vez que me atragantaba comiendo.
Estábamos terminando de comer, cuando mamá me dijo:
-Chris, ayer estuve con tu tía en el centro comercial y vi unas cosas que te pueden venir bien. Era ropa para niños de tu edad, pero como la que llevan los que son más pequeños. Habían petos vaqueros, pijamas como los que ya tienes, camisetas y algunas cosas más. Les estuve echando un ojo y parecía que te venían bien, que te los podría poner con el pañal,  pero lo mejor será que vengas  y te los pruebes tú, ¿vale?
La verdad era que no podía ir siempre con unos pantalones de deporte, pero por otro lado la idea de salir de casa e ir a un sitio público en pañales tampoco me gustaba nada, pero en algún momento tendría que ver el mundo exterior. Podía intentar convencer a mamá de que me quitase el pañal para ir pero ya sabía que no iba a querer, de hecho yo tampoco quería. Si me hacía pipí encima lo vería todo el mundo pero si me ponía una chaqueta atada a la cintura quizás, el bulto del pañal parecería más discretito. Le dije a mamá que vale, que iría. Ella sonrió y me revolvió el pelo, pues sabía que salir de casa con un pañal era un paso muy importante para mí en este momento.
Pasé la hora de la siesta jugando con mis juguetes a peleas en la alfombra de mi habitación. Me dieron unos cuantos pinchazos en la barriga que me causaron un dolor momentáneo pero pasaron enseguida.
A las 6, mamá se asomó por la puerta, me dijo que me preparase que nos íbamos. Le contesté que ya estaba listo, pero ella pasó dentro y sacó 2 pañales del armario y los metió en un bolso que llevaba colgado además del suyo.
-Por si tenemos que cambiarte -dijo.
Me puse muy nervioso porque no había contado con que me hiciera pipí y mamá me cambiara en público.
-No te los lleves -dije-. Me cambias cuando volvamos a casa.
-Tranquilo, no te voy a cambiar en público, en un banco en medio de un parque. Si te haces pipí te llevó a un sitio donde no haya mucha gente y allí te pongo otro pañal.
Subimos al coche, yo me senté en la parte de atrás, mamá vino y me puso el cinturón porque me estaba costando con el pañal puesto, y dejó la bolsa de los pañales al lado mía.
Tardamos menos de lo que me hubiera gustado en llegar al centro comercial. A mí ni siquiera me había dado tiempo a aceptar que iba a ir con pañales a un lugar público. Ojalá que nadie se diera cuenta o peor aún, que no viéramos a ningún conocido.
Me bajé del coche y lo primero que hice fue atarme la chaqueta en la espalda. Caminaba detrás de mi madre con las manos disimuladamente puestas por delante del pañal, que hacía frunch frunch con cada paso mío, por no hablar que de lo abultado que era me hacía andar de esa manera tan pomposa que llamaba mucho la atención. Cuando entramos dentro, mamá dijo que quería ir a ver unos zapatos para ella, le contesté que si podíamos ir directamente a ver mi ropa e irnos cuanto antes.
-¡No seas pesado, Chris! ¡Que siempre que venimos de compras empiezas a dar mucho follón!
Tenía razón pero esta vez yo tenía un motivo bastante importante: tenía 13 años y llevaba un pañal puesto delante de mucha gente.
Cuando estaba ella viendo los zapatos me volvieron a dar pinchazos en la barriga. De pronto me vinieron ganas de hacer caca, pero me aguanté, porque si se lo decía a mamá me quitaría el pañal para que fuera a un aseo, y me había propuesto estar toda la tarde con el mismo pañal y que mamá no me cambiara.
Después del interminable tiempo viendo zapatos, fuimos por fin a por mi ropa. Yo notaba que la gente me miraba al andar, y que se me quedaban mirando de una manera extraña pero preferiría creer que ignoraban que llevaba pañales. En una ocasión, una niña pelirroja que tendría 2 años menos que yo y que iba también con su madre se me quedó mirando bastante tiempo mientras mamá miraba un escaparate. Yo intenté hacer que no me daba cuenta, pero cuando ya no pude ignorarla más me giré para mirarla yo a ella y enseguida apartó la vista.
Por fin llegamos a la dichosa tienda donde comprar mi ropa. Lo que había dicho mamá era verdad, había mucha ropa que sería para niños que tendrían 4 o 5 años, pero para más mayores.
-Es una promoción única -le dijo la vendedora a mamá-. La tendremos solamente por esta vez.
Mamá no perdió el tiempo y empezó a buscarme la ropa. Yo la esperaba de pie aguantando su bolso y la bolsa con mis pañales. Por fin se acercó a mí con un buen motón de ropa.
-Ten, Chris -dijo-. Vete al probador y ponte esto. Yo iré a mirarte unos petos de allí.
Llegué al probador tambaleándome por el peso de toda la ropa. Al entrar la dejé toda encima del taburete que allí había. Pude verla más detenidamente y me dí cuenta de que todo eran camisetas y pantalones, pero estos eran más anchos que los normales. Las camisetas eran de mi talla pero con dibujos infantiles. No me gustaban, pues yo ya tenía camisetas que estaban muy bien, acordes con mi edad. Aún así, ya que estaba me las probaría.
Me quité la camiseta y el pantalón, con lo que me quedé desnudo completamente a excepción del pañal. Cuando me acaché para coger un pantalón de la montaña de ropa me vinieron de nuevo las ganas de hacer caca.
Rápido y en el acto.
No había terminado de darme cuenta de que quería hacer caca cuando ya me la había hecho encima. Me puse nerviosísimo. Volvió la ansiedad multiplicada por 1000. Estaba en un probador y con caca en el pañal. Era la primera vez que me hacía caca encima. Al principio solo sollocé silenciosamente pero luego acepté completamente la situación. Estaba cagado en público. Se me olvidó completamente que estaba en un centro comercial donde había mucha gente y empecé a llorar. Lloraba con muchas ganas. Ya no importaba nada, solo mi pañal con caca. Mamá llegó enseguida.
-¿¡Se puede saber que te pasa para que estés llorando aquí de esa manera?! -gritó al abrir la cortina del probador.
Sólo tuvo que mirarme para saber que había pasado algo muy grave. Estaba en el suelo llorando a moco tendido y había un olor a caca muy fuerte en el probador. Yo lloraba agarrándome el pañal. Ella entonces dejó los petos que llevaba a un lado y me cogió en brazos y me levantó la parte de atrás del pañal como yo había visto muchas veces que hacían a los bebés.
-¡Pero si te has hecho caca! -dijo.
Yo lloraba muy fuerte, no solo por la caca sino porque la ansiedad esta vez era muy grande. Ya me daba igual todo, solo quería que mamá me cambiara de pañal.
Mamá empezó a vestirme con la ropa nueva mientras yo le decía agarrándome el pañal por detrás:
-Mamá…por favor, cámbiame el pañal…porfa, mami…tengo caca…
-Ya sé que tienes caca, Chris. Pero tengo que vestirte, no querrás salir ahí fuera solo con un pañal.
Terminó de atarme las cordoneras, cogió toda la ropa y me llevó de la mano para pagarla. Cuando salimos todo el mundo nos miraba, buscaban al niño que había formado semejante espectáculo. A mí no me importaba, solo quería que mamá me quitase el pañal y me pusiera uno limpio.
En la cola para pagar la ropa seguí igual de inquieto. No era consciente de nada, solo de que tenía caca en el pañal.
-Cámbiame mami, tengo caca -le decía mientras le tiraba del pantalón.
-Ya lo sé, Chris. Pagamos la ropa y te cambio el pañal.
Se notaba que ella también estaba inquieta. Sería porque ella era la madre del niño de 13 años que se había hecho caca encima. Terminamos de pagarlo todo y salimos de la tienda. Si cuando llevaba el pañal limpio andaba ya con las piernas separadas, en ese momento parecía un auténtico cowboy. Mamá me llevaba de la mano. Yo estaba muy inquieto. Quería que me cambiara el pañal, y pronto. Me había hecho caca encima. Era pensar eso y ponerme a llorar, ¿qué me estaba pasando? Por no mencionar la ansiedad, que estaba más fuerte que nunca.
Mamá me llevó al aseo de chicas. Dentro había un cambiador para cambiar el pañal a los bebés. Agradecí que no hubiera nadie dentro en el momento en que mamá me subió encima. Estaba quitándome los pantalones cuando entró la niña que había estado mirándome cuando yo estaba en el mostrador. Cuando me vio le susurró algo a su madre, ella parecía que le estaba regañando y se la llevó hacia los lavabos. Yo estaba muerto de la vergüenza, sentía más que en toda mi vida. No sólo me había hecho caca encima sino que me la había hecho en público. Y a mis 13 años estaba tumbado en un cambiador como un bebé esperando a que me cambiaran. Pero yo quería que me cambiaran. No me gustaba tener pipí en el pañal pues mucho menos me gustaba tener caca. Acepté que me tenían que cambiar y me calmé bastante, aunque seguía sollozando cual bebé. Lo que quería era quitarme esa ansiedad de una vez, me ponía muy nervioso y me daban ganas de llorar. Mamá empezó a desabrocharme el pañal. Me levantó las piernas para arriba y desabrochó las cintas. En ese momento empezó a entrar gente al aseo. Se quedaban mirando al niño al que le estaban cambiando el pañal pero seguían andando. Cuando mamá me estaba limpiando entró una mujer con un niño de 2 o 3 años en brazos y se acercó a ella.
-Perdone, ¿le falta mucho? -preguntó-. Es que mi hijo también se ha hecho caca.
-No mucho-contestó mamá -. le pongo el pañal limpio y ya está.
Abrió la bolsa de los pañales y sacó uno nuevo. La señora que llevaba al niño en brazos siguió hablándole a mamá.
-¿Y cómo es que un niño…ya mayor…se sigue haciendo caca?
-No es que se siga haciendo caca encima- contestó mamá mientras me pasaba el pañal por debajo. Yo miraba al techo sollozante y con la mirada perdida-. Es que lleva pañales porque se hace pipí pero hoy ha sido la primera vez que se ha hecho caca-me abrochó las cintas del pañal-. Pero no pasa nada, yo le cambio y listo, ¿a que si, Chris?
Me sentía increíblemente mejor con el pañal limpio, incluso llegué a esbozar una sonrisa. Le dije que sí con la cabeza. Mamá tiro el pañal sucio a la papelera y me subió los pantalones cortos. Me bajó del cambiador, se despidió de la señora con la que había estado hablando, que ya empezaba a cambiar a su hijo, me tomó de la mano y salimos del aseo.
Fuera le dije que yo sabía andar sin que me llevaran de la mano, mamá me miró de una manera extraña y la soltó. Llegamos al coche y me sentó en la parte de atrás. A continuación me abrochó el cinturón y metió las compras en el maletero. Se subió al asiento de delante para arrancar pero justo antes giró la cabeza y me miró. Yo estaba sollozando porque la ansiedad no se había ido todavía. Sollozaba y miraba a mamá. Ella entonces salió del coche y me dijo que la esperara allí. Echó los seguros a las puertas y volvió a entrar en el centro comercial. Yo me quedé allí, sentado, en silencio, intentando no pensar en lo que acababa de pasar. Me había hecho caca encima y me habían cambiado en público. Yo miraba por la ventana mientras sentía el pañal puesto, como me abultaba e impedía que pudiera cerrar las piernas. Me toqué la parte de delante del pañal. De no ser por él me habría hecho caca en los pantalones.
Mamá vino a los 10 minutos, llevaba un paquete cuadrado pequeño dentro de una bolsa con dibujos de globos y ositos. Cuando entró en el coche la guardó dentro de su bolso.
-Venga, Chris. Ya podemos irnos -dijo.
-¿Qué has comprado? -quise saber yo.
-Lo verás si alguna vez te hace falta. Es para controlarte ese nerviosismo que te entra a menudo. Se me ha ocurrido cuando hemos llegado al coche y pienso que podría funcionar.Llegamos a casa y mamá me preparó la cena. Esta vez no me atraganté con la comida pero cada vez que me tenía que llevar un trozo a la boca me preocupaba un poco.Mamá creo que lo notó. Después de cenar, me preparó para irme a dormir. Me cambió el pañal con más ternura de la habitual y ella misma me metió en la cama. Puso a Rhino al lado mía y o enseguida lo abracé. ¡Cuánto había echado de menos a Rhino durante este día! Me acurruqué  con él entre las sábanas preparado para dormir. Mamá me dio las buenas noches, apagó la luz y salió de la habitación. Me sentía muy cómodo y seguro con Rhino y con el pañal. Sonreí en la oscuridad y me dormí. Aunque no tendría un sueño muy profundo...


ESCRITO POR 


Vida de Chris - Capítulo 4: Sólo en casa




La noche tras la de mi sueño interrumpido la pasé bien. Dormí tranquilamente y mojé mi pañal. Pero cuando me desperté la sensación de que necesitaba algo me vino de nuevo. Estaba intranquilo en mi cama cuando entró mi madre. Enseguida me destapó y me tumbó bocarriba en la cama. Normalmente, cuando viene a quitarme el pañal yo me comporto dócilmente porque ansío que me lo quite, pero esa mañana estaba incómodo y me movía más de lo normal.
-¿Qué te pasa, Chris? Te noto inquieto -dijo-. Estate quieto que te quito el pañal enseguida.
Yo me calmé, pues parecía que la ansiedad ya se estaba yendo. Dejé que mi madre me quitase el pañal con el mismo procedimiento que de costumbre: me desabrochó los botoncitos del pijama, me abrió las cintas del pañal, lo extrajo y me limpió.
En ese momento yo iba a incorporarme pero mi madre me aguantó con una mano en el pecho y me dijo:
-Espérate que te tengo que poner otro.
¡¿Otro pañal?! ¡¿De día?! Yo no daba crédito. Había tenido 2 accidentes pero creía que no eran suficientes como para tener que llevar pañales durante el día.
-¿Por qué? -pregunté.
-Porque ayer te hiciste pipí 2 veces -contestó-. Pero no te preocupes. El pañal es solo por si se te escapa. Si tú quieres ir al baño a hacer pipí o caca me lo dices y yo te lo quito.
Dejé que me pusiera de nuevo un pañal. Cuando terminó me levanté de la cama fui al armario a por la ropa. El pañal era tan abultado que no podía cerrar las piernas y me daba unos andares muy patosos, como ya he comentado anteriormente.
-Date prisa en vestirte y en desayunar que me tienes que ayudar a hacer limpieza en el desván -dijo mamá cuando salió por la puerta de mi habitación.
Yo me puse a elegir mi ropa pero me di cuenta de que si no podía ponerme unos pantalones de pijama tampoco iba a poder ponerme unos de andar por casa. Entonces vi un pantalón corto de deporte que tenía el elástico de la cintura roto y que me entraba perfectamente. Me lo puse, satisfecho de mi suerte, y bajé a desayunar.
Me sentía muy raro con un pañal de día. No estaba acostumbrado y me sentía un poco indefenso con él puesto, pero también avergonzado por tener 13 años y tener que estar con un pañal por si se me escapaba el pipí.
Enseguida me reuní con mi madre en el desván. Había amontonado todas cajas viejas a un lado y buscaba cosas en las más nuevas para pasarlo a las viejas. También teníamos que coger todo lo que ya no valiese de los 2 montones de cajas y tirarlo a la basura. Fue una tarea dura que nos llevó casi toda la mañana hasta la hora de comer.
En un momento dado, sentí ganas de hacer pipí. Como no quería hacérmelo en el pañal nada más sentir las ganas le dije a mi madre que me lo quitara para que pudiera ir al baño. Lo hizo tumbándome en el mismo suelo de madera del desván. Fui al baño a hacer pipí y cuando volví ya me estaba esperando con el pañal en la mano para ponérmelo otra vez.
Cuando dieron las 2 de la tarde, mi madre consideró que ya era hora de que nos tomarnos un descanso y comer. Había hecho filetes de cordero y me sirvió 3 en mi plato. Estaba masticando un trozo del último filete y cuando me disponía a tragármelo, me atraganté, me empezó a entrar una tos que creía que me iba a quedar en el sitio. Por más que intentaba tragármelo no podía, me estaba empezando a poner rojo. Mamá se levantó corriendo y me dio golpes en la espalda para ver si lo echaba pero como parecía que no, llegó corriendo y me dio un trago de agua. Al final, y poco a poco, noté como el trozo de carne descendía por mi garganta. Me puse a llorar contra ella del susto que tenía en el cuerpo y enseguida me volvió a venir la sensación de que necesitaba algo. Mi madre me apretó a ella y sollocé contra su pecho. Al final estaba tan nervioso que no probé más bocado y fue ella la que me dio las natillas con una cuchara.
Después de comer volvimos al trabajo. Estuvimos moviendo cajas y sacando cosas de ellas toda la tarde. En un momento dado, mamá estaba sacando cosas de una caja en la que ponía ‘’Chris’’ y extrajo un rinoceronte de peluche. Yo lo reconocí al instante. Era el rinoceronte que me acompañaba a todos sitios cuando yo era pequeño, incluso a dormir. Se llamaba Rhino.
-¡Mira lo que he encontrado, Chris! -dijo mi madre cuando lo sacó.
Me puse muy contento porque no sabía que había sido de él y lo había dado ya por perdido. Hacía tantos años…
-¿Qué quieres que hagamos con él? ¿lo guardamos o lo tiramos?
Le dije que quería guardarlo y ponerlo encima de mi cama, que era su sitio cuando yo no lo tenía entre mis brazos.
Bajé a mi habitación a dejarlo allí, y después de ver lo bien que quedaba sobre la almohada volví arriba a seguir moviendo cajas.
Hubo un momento en que a mi madre se le iba a caer una caja que pesaba mucho y yo corrí todo lo que me permitía el pañal y logré sujetarla.
-¿Puedes aguantarla un poquito más, Chris? Tengo que sacar una cosa -dijo mi madre.
Le contesté que si pero que se diera prisa, que la caja pesaba mucho. En ese momento, me dieron ganas de hacer pipí. No podía bajar al baño porque tenía que estar aguantando la caja así que decidí aguantarme, pero no pude. No había pasado ni un segundo desde que sintiera las ganas de hacer pipí cuando ya me lo estaba haciendo encima, en mi pañal.
Me puse a llorar de nuevo y dejé caer la caja, con que lo que había dentro ya se terminó de romper. Lloraba de pie agarrándome la parte de delante del pañal como si quisiera detener el chorro de pis. Pero no podía. El pipí  seguía saliendo y yo llorando. Cuando terminé me dejé caer en el suelo y miré a mamá con ojos llorosos.
-Me he hecho pipí -dije simplemente.
Mi madre ya lo había deducido. Me tomó en brazos y me bajó como pudo hasta mi habitación.
-No llores más Chris, eres un nene grande. ¿Ves cómo llevando un pañal no pasa nada si te haces pipí? ¿Para qué te crees que es si no? Ahora yo te cambio y no pasa nada -decía mientras llegábamos a mi cuarto.
Al entrar me tumbó en la cama y empezó a buscar las cosas necesarias para el cambio. Yo me volví a agarrar el pañal por delante mientras miraba perdidamente al techo. Ni me di cuenta cuando empezó a cambiarme. Me bajó los pantalones y me dejó el pañal al aire. Luego me desabrochó las cintas y me quitó el pañal mojado. Me limpió cuidadosamente y con mucha ternura.
-No te preocupes, Chris. ¿Ves? Ya estas sequito.
Yo sabía que ahora me iba a poner otro pañal pero una parte pequeña de mí cerebro aún creía que no. Esa parte se equivocaba porque mamá me levantó las piernas con una mano y me pasó un pañal limpio por debajo. A continuación, me lo pasó por delante y me lo sujetó muy fuertemente con las cintas. Fue la vez que más seguro me sentí con un pañal. Mamá me subió los pantalones y me bajó de la cama.
-Ahora ya estas mejor, ¿a qué si? -me preguntó.
Yo no pude contener una sonrisa. Me sentía más cómodo con el pañal y se debía de notar en la cara, porque mamá también sonrió y me revolvió el pelo.
En ese momento sonó el timbre y mi madre fue a abrir. Yo me di cuenta de que si alguien entraba en casa me vería en pañales así que tenía que esconderme. Instintivamente cogí a Rhino y me fui a un rincón de detrás de una puerta y me senté a escuchar quién había llamado al timbre. Parecía una amiga de mi madre porque estaban hablando de salir al centro comercial. Al poco oí que las dos entraban en casa y que mamá me llamaba.
-¡Chris, ven aquí! ¡Es la tía Marian y quiere darte un beso!
La tía Marian, menos mal. Aunque tampoco me hacía gracia que me viera llevando pañales de día. Salí de mi escondite abrazando a Rhino y las vi las 2 en el recibidor. Lo primero que hizo mi tía es fijarse en el bulto de mis pantalones.
-¿Es que ahora lleva pañales también de día o se acaba de levantar de la siesta?-preguntó.
-No, que va-dijo mi madre-. Ahora se está haciendo pipí durante el día así que le estoy poniendo pañales.
-¿Y cuándo tiene que hacer caca?
-Cuando tenga que hacer caca viene, le quito el pañal, va al baño y cuando vuelve se lo pongo otra vez -contestó y me miró-. Escucha Chris, tía Marian y yo vamos a acercarnos un rato al centro comercial. Sabes que en su pueblo no hay y siempre viene aquí. Te vas a quedar solo un ratito, ¿vale? Si te haces pipí te esperas a que yo vuelva y te cambio, ¿okey?
Asentí. Ella cogió el bolso y las 2 salieron de casa.
-Adiós, Chris -dijo mi tía ya casi fuera.
Me iba a quedar solo. Sus voces cada vez se estaban oyendo menos.
-¿…Y te vas a volver en coche luego? Qué valor tienes hija, hacerte tantos kilómetros en un día y conduciendo de noche…-decía mi madre.
Luego mi tía le contestó algo que no llegué a oír.
En ese momento me di cuenta de que me había quedado solo en casa por primera vez desde que empecé a llevar pañales de nuevo. Me puse nervioso por si me hacía pipí, pero enseguida me di cuenta de que si no lograba tranquilizarme me haría pis seguro así que decidí pensar en otra cosa. Me di cuenta de que tenía a Rhino entre mis brazos por primera vez en mucho tiempo. Olía mal, tal vez mamá pudiera meterlo en la lavadora. Pero en seguida cambié de opinión. Rhino no había pisado nunca el interior de una lavadora y no iba a empezar ahora. Además, no olía mal, olía a él.
Me fui a mi habitación y me tumbé en la cama con él. Me puse a mirarlo fijamente a la cara recordando todos sus detalles: Sus ojos en blanco sin la pupila negra ahora borrada, su sonrisa grande sin enseñar dientes debajo del cuerno, su descosido por la parte de abajo (eso si le podía decir a mamá que lo cosiera), sus pequeñas orejitas…..No podía contenerme más y le di un abrazo bien fuerte. Había pasado tanto tiempo, Rhino…
En ese momento caí en la cuenta de que si Rhino había estado en una caja del desván, también estarían mis viejos juguetes. Subí todo lo deprisa que me permitía el pañal y empecé a buscarlos por las cajas que tenían mi nombre escrito con rotulador negro. Enseguida los vi. Se me llenó el cuerpo de emoción. Estaban todos: el Spiderman súper articulado, el Buzz Lightyear, el Sr. Patata Suave, los indios y vaqueros, todos. Me bajé la caja entera a mi habitación, los eché sobre las alfombra y me puse a jugar con ellos. Estuve varias horas ahí tirado como si tuviera 10 años menos, con un pañal y jugando a muñecos. De pronto me vinieron ganas de hacer pipí, me tranquilicé y deje que éste se saliera para quedarse en el pañal. En un momento me vi con el pañal mojado y sin nadie que me cambiara. Me entraron nervios y me puse inquieto. Volvió la ansiedad. Necesitaba calmarla y no sabía con qué. Ni siquiera sabía porque me venía. Me intenté tranquilizar, pues era una tontería que llorase ya que no había nadie allí. Pero tenía el pañal mojado, y como ya sabéis, no me gusta nada estar mojado. Me levanté y empecé a andar de un lado para otro. Consideré la idea de cambiarme yo solo, pero no era capaz ni de ponerme el pijama así que mucho menos de cambiarme el pañal.
Me fui al salón a ver la tele y a esperar que mi madre viniera y me cambiara. A la media hora oí que entraba por la puerta.
-¿Dónde estás, Chris? -dijo al entrar.
-En el salón, mamá -contesté.
-¿Qué tal? -preguntó nada más entrar.
-Me he hecho pipí.
-Vaya… ¿Y hace mucho que te lo has hecho?
-2 horas -contesté. Quería que se sintiera mal por haberme dejado solo y que no lo hiciera más así que mentí.
-Aaaay lo siento, Chris -dijo. Y vino corriendo a auparme. Con lo poco que yo pesaba no le resultaba muy costoso-. No volverá a pasar, te lo prometo. Venga, vamos a cambiarte este pañal mojadito que lo estarás deseando.
Me llevó hasta mi cuarto en brazos y al entrar tropezó con los juguetes que se habían quedado por el suelo.
-¡Vaya!-exclamó-. ¿Es qué has vuelto a sacar los juguetes del desván?
Como era una pregunta retórica no me molesté en contestarle. Dejé que me tumbara en la cama, y entonces cogió a Rhino y me lo puso al lado. Ella se sentía mal por haber dejado a su hijo solo y con un pañal puesto y se mostraba muy cariñosa. Yo se lo agradecí, pues aunque no hubiera estado mojado las 2 horas que le había dicho, había estado muy molesto el tiempo que había llevado mi pañal con pipí.
-Venga, ahora te bajo los pantaloncitos -dijo ella al tiempo que lo hacía-, te desabrocho el pañal mojadito -acompañaba cada acto que hacía con una voz llena de ternura- y te limpio, ¿te gusta, a que si? -sonreí-. Ahora cogemos el pañal limpito y te lo ponemos. Y ahora lo sujetamos con las cintas y te volvemos a subir el pantaloncito. ¿Ahora ya estás mejor, verdad?
La verdad es que me sentía mucho mejor. Con mi pañal limpio y con Rhino conmigo. Mamá me bajó de la cama y me llevó a la cocina a cenar.
Ella, o bien porque quería mimarme o porque no quería que me volviera a atragantar, me partió los trozos del filete ella misma y muy pequeños. Luego hizo puré de calabacín, que sabía todo lo que me gustaba. Después de cenar nos pusimos a ver una película y luego me acompañó a mi cuarto a ponerme el pijama y acostarme. Antes me tuvo que volver a cambiarme el pañal, pues durante la película me había vuelto a mojar, pero ahora ya no me ponía tan nervioso como antes. Cuando estuve ya cambiado y con el pijama puesto, mamá cogió a Rhino y lo puso conmigo entre las sábanas.
-No te vayas a dejar a tu amiguito -dijo.
Me dio las buenas noches y salió de mi cuarto. Yo abracé a Rhino, pues hacía ya mucho tiempo que no dormía conmigo y lo echaba de menos. Lo abracé bien fuerte y no tardé en quedarme dormido. Mañana sería otro día.


ESCRITO POR 


Vida de Chris - Capítulo 3: Sueño interrumpido



Esto pasó 2 noches después de haber pasado una noche en casa de los primos.
Había terminado de cenar y estaba viendo la tele y mi madre me llamó a mi habitación.
-¿Te acuerdas que te dije que tendríamos que comprarte otros pijamas por qué los pantalones de los que tienes no te valían? -me dijo cuando entré.
-Sí.
-Pues mira -dijo mostrándome unos paquetes de ropa que tenía en ambas manos-, he encontrado esta mañana estos pijamas en una tienda. Tienes 3 diferentes.
Me los tendió y yo los cogí. Eran pijamas mono, de esos que son de una sola pieza, es decir, de cuerpo entero, que llevan botoncitos para abrocharlos y también botoncitos en la entrepierna. Uno era azul claro, otro blanco y otro morado.
-Mira, Chris -dijo mi madre cogiendo uno y señalando los botoncitos de la entrepierna-. Con estos botones de aquí podré quitarte el pañal y no tendrás porqué quitarte el pijama. Además, podrás dormir tapado entero.
La verdad es que agradecía que pudiera llevar ese  pijama, pues todo lo que decía mi madre era verdad, la única pega que yo le veía es que eran unos pijamas que habría llevado un bebé. Pero dado que yo tenía que llevar pañales para dormir, veía lógico que también llevara un pijama que ayudara a mi madre a ponerme y quitarme el pañal y a mí a dormir más cómodo.
 -Vamos a probarlos -dijo ella-. Ponte primero el pijama y luego te pongo el pañal.
 Yo obedecí, y cuando estuve tumbado en la cama bocarriba con el pijama puesto mi madre se acercó con mi pañal.
Primero me levantó las piernas con una mano y empezó a desabrocharme los botoncitos con la otra. Cuando hubo terminado me di cuenta de que me dejaba un hueco bastante grande en la zona de la entrepierna y alrededores para que mi madre pudiera ponerme los pañales con total comodidad. A continuación tiró de mis piernas hacía arriba y me pasó el pañal por debajo, cuando estuvo ya colocado en su sitio me lo sujetó a la cintura con las dos cintas. Luego me bajó las piernas y me volvió a abrochar los botoncitos.
La verdad es que yo me sentía muy cómodo con ese pijama puesto, y era agradable dormir con las piernas cubiertas después de más de una semana.
Cuando mi madre salió de la habitación me quedé un rato más leyendo un cómic en la cama, al final me entró sueño, me metí entre las sábanas y apagué la luz.
En la oscuridad de mi habitación pude sentirme  bastante a gusto con el pañal puesto y con ese pijama, entonces me acurruqué abrazando a la almohada, pero de pronto estaba abrazado a un tronco de un bosque. Había animales que parecían sacados de una película de Disney. Corrían, saltaban y jugaban entre ellos. A lo lejos se oía el agua que corría por un río. Yo seguí a un conejo que me miraba de una manera curiosa y que empezó a saltar haciendo círculos alrededor mío. El conejo cada vez saltaba más rápido y se alejaba más y más. Me esforzaba por intentar alcanzarlo pero cada vez iba más rápido. Un río se oía cada vez más cerca. Cuando por fin estuve a punto de alcanzarlo vi que se había detenido en la otra orilla del río.
-¡Ven, vamos! ¡Crúzalo! -me decía él.
-No puedo, no sé cómo cruzar este río -contestaba yo.
-Es muy fácil. Sólo tienes que meterte dentro y andar.
-¿Pero y si me lleva la corriente?
-Tranquilo. Seguro que no.
Yo no estaba del todo seguro pero aún así metí un pie en el agua. Y luego el otro. Estaba muy fría y cuando intenté dar un paso más me caí y me mojé entero. De pronto, empezaba a llorar porque estaba mojado y yo no quería estarlo. Le gritaba al conejo que por favor me ayudase pero el conejo ya no estaba. Yo seguía llorando porque no quería estar mojado. Pero el río tampoco estaba. Estaba yo solo en mi cama, hecho un lío con las sábanas y también mojado.
Tenía el pañal mojado. Me había hecho pipí y me había despertado.
De pronto, me di cuenta de mi situación: tenía el pañal mojado y nadie que me lo cambiara.
Una de las cosas que menos me gustaban era estar con pipí en el pañal. Por suerte, no tenía que esperar mucho desde que me levantaba porque mi madre enseguida venía a quitármelo.
Pero en ese momento debería esperar bastante porque era de madrugada. Me empecé a poner nervioso e hice lo único que tenía sentido en ese momento. Empecé a llamar a mi madre a gritos, como un bebé cuando llora en medio de la noche, para que viniera y me cambiara.
-¡¡MAMÁ!! ¡¡MAMAAAAAA!! ¡¡¡ME HE HECHO PIPÍ!!! ¡¡¡ESTOY MOJADO!!! -gritaba yo llorando-. ¡¡¡MAMÁ!!! ¡¡¡VEN A CAMBIARME!!!
Aguardé a ver si oía a mi madre levantarse en la habitación de al lado pero como no escuchaba nada proseguí.
-¡¡¡MAMÁ!!! ¡¡¡MAMÁ!!! ¡¡¡MAMIIIIIII!!! ¡¡¡TENGO PIPÍ!!! ¡¡¡CAMBIAME DE PAÑAL!!!
Paré de llorar para escuchar si mi madre se había levantado ya y por fin oí pisadas en su habitación. Enseguida se abrió la puerta de la mía.
-¿Qué te pasa, Chris? -preguntó cuándo encendió la luz.
-Que me he hecho pipí.
-¿Y no podías esperar a mañana?
-No me gusta estar mojado -contesté.
-Bueno, venga. Vamos a cambiarte.
Me destapé para esperar el cambio y me quedé tumbado bocarriba. Mi madre se acercó con el pañal limpio para ponérmelo.
Comenzó a desabrocharme los botoncitos del pijama  y me desabrochó las cintas de mi pañal. Me lo sacó y comenzó a limpiarme. Yo seguía con mi cara llorosa haciendo pucheros, aunque la verdad, mientras me cambiaba de pañal me iba sintiendo mejor. Cuando hubo terminado, me izó las piernas y pasó el pañal limpio por debajo, luego me lo abrochó con las cintas y me abrochó los botoncitos. Yo me sentía como un bebé al que acabaran de hacerle un cambio de pañal, y de hecho era lo que me acababan de hacer. Mi madre quizá lo notó porque me levantó en brazos y empezó a acunarme.
-No llores, Chris -decía-. Ahora ya estás limpito, ¿ves? Tienes otro pañal puesto y no pasa nada.
Me sentía como un bebé total. Seguí llorando pero ella me calmó y cuando por fin consiguió que casi me durmiera junto a su pecho me depositó en la cama y me tapó.
En ese momento yo necesitaba algo. No sabía lo que era pero necesitaba algo. Tenía ansiedad y me hacía falta algo para calmarla. Mi madre ya se había ido pero yo me seguía moviendo inquieto en la cama y esa sensación no desaparecía. Finalmente, me decidí comportar como un niño de mi edad y me dormí sin volver a llamar a mamá.
Al día siguiente, amanecí de nuevo mojado. Mi madre se sorprendió porque no podía creer que yo me hubiera hecho pipí dos veces en la misma noche pero me quitó el pañal y no dijo nada más. Esa mañana, yo estaba viendo la tele tan tranquilo cuando me vinieron unas ganas de hacer pipí, iba a ir al baño pero mamá me llamó a comer.
Había hecho pechuga de pollo, y siempre le salía muy seca. Cada vez que cocinaba algo así tenía que beber mucho líquido para poder pasarla. Ese día, la carne estaba particularmente dura y tiesa así que necesité mucha agua.
Mi madre terminó de comer antes  y se fue a recoger la ropa del patio. Yo me quedé terminándome las natillas y viendo la tele. No había terminado de llevarme la última cucharada a la boca cuando sentí un chorro caliente que corría por mi pierna derecha. Me levanté de un salto y vi que me estaba meando encima. El pipí salía caliente y me bajaba por toda la pierna. Ni me había dado cuenta. Cuando terminé de mojarme encima me quedé un rato de pie sin saber qué hacer. Podía ir rápidamente a cambiarme de ropa y echar ésta en el cesto de la ropa sucia, pero mi madre se daría cuenta de que este olería a pipí. No había terminado de decidirme cuando ella entró en la cocina.
-Chris, ¿Es cosa mía o aquí se huele a… –se paró cuando me vio sobre el charquito de pis con las manos apretándome la entrepierna-…pipí...?
-Mamá, me he hecho pipí -dije, aunque no hacía ninguna falta.
Estaba muy asustado porque había pasado de repente, sin que me diera cuenta. Me acordé de cuando tenía que haber ido al baño y de toda el agua que había bebido durante la comida. Me puse a llorar de nuevo (estaba ya acostumbrándome a llorar) y no me di ni cuenta cuando mi madre me cogió de la mano y me llevó al aseo para ducharme. Hacía ya mucho tiempo que yo me duchaba solo pero mi madre, supongo que por la situación en la que estaba, consideró que sería mejor que me duchara ella. Yo no me opuse. Estaba todavía en una especie de estado de shock por lo que había pasado y volvía a sentir esa ansiedad tan incómoda de que me faltaba algo y no sabía lo que era.
Cuando terminó de enjuagarme me sacó de la bañera y me secó fuertemente con la toalla.
-Espérate aquí que te traigo la ropa -dijo.
-No -dije yo. Tenía sueño por lo mal que lo había pasado por la noche y quería acostarme a ver si me olvidaba de lo que acababa de pasar-. Quiero acostarme. ¿Puedes ponerme el pijama y el pañal?
-Vale, como quieras -contestó mientras me cogía de la mano y me llevaba a mi habitación.
No sabía porque se comportaba así, pero supuse que sería porque sabía que me encontraba en una situación difícil y quería mostrarse cariñosa. Pero yo, aunque lo pareciera, no era ningún bebé. ¡Y quería ponerme mi pañal y acostarme de una vez!
Cuando ya estaba acostado y con mi pañal puesto tenía ganas de dormirme y ver si pasaba ya todo esto pero de nuevo vino esa ansiedad de que necesitaba algo y no sabía lo que era. Me movía para un lado y otro pero no había manera de coger el sueño. Finalmente y después de casi una hora, conseguí dormirme.
     Cuando me despertó mi madre era ya casi la hora de cenar. Me quitó el pañal mojado y me dejó la ropa para que me vistiese. Al salir de la habitación y entrar en la cocina estaba ya esperándome en la mesa con el plato de sopa.
-De todo lo que has dormido esta tarde no vas a tener ni sueño -dijo al verme.
-Creo que sí -contesté-. Esta noche pasada tampoco he dormido muy bien y necesitaba esto para equilibrar.
-¿Después de cenar quieres que nos pongamos una película? -me preguntó.
Estaba decidida a no sacar el tema del pipí así que yo no pensaba insistir.
-Vale -dije mientras me relamía con la sopa.
Nos pusimos a ver la película y de pronto me entraron  muchas ganas de hacer pipí, iba a ir al baño rápidamente pero en cuanto hice un gesto para levantarme se me escapó encima. Me levanté de golpe al sentir el pipí en mis pantalones y mi madre se asustó.
-¿Qué pasa, Chris? -me pregunto mientras pausaba la película. No tuve ni que contestar. Al levantar la vista ya me vio mojado-. ¿Otra vez?
Le dije que sí y me puse a llorar. Había perdido ya la cuenta de las veces que me había puesto a llorar las últimas veinticuatro horas.
Ella entonces se levantó del sofá y me llevó al baño para lavarme de nuevo. Tenía una cara que mostraba que estaba ya un poco preocupada y molesta. Cuando me sacó de la bañera y me hubo secado dijo: ‘espera aquí’.
Yo me quedé sentado en el váter obedeciéndola, estaba tan paralizado por lo que había pasado que no conseguía pensar en nada más. Me había hecho pipí despierto. Dos veces en el mismo día, ¿qué me estaba pasando?
En ese momento mamá volvió con un pañal. Me dijo que me levantara del váter y a continuación se sentó ella y me dijo que me tumbara sobre su regazo. Ella entonces me puso el pañal. Cuando terminó me levantó y me dijo si quería que siguiéramos viendo la película o que me acostara. Yo había supuesto que si me había puesto un pañal era porque quería que me acostase así que me sorprendí.
-Terminar de ver la película -contesté.
Fuimos los dos al salón. Yo me sentía muy raro porque era la primera vez que iba con pañales fuera de mi habitación. Al andar con él puesto, hacía que mis piernas fueran separadas porque era muy abultado y me sentía un poco patoso.
Mientras veía la película, me sentía muy raro y un poco incómodo, al estar con un pañal sin estar durmiendo. Pude comprobar la sensación de llevar un pañal sin estar en la cama y la verdad es que le estaba prestando más atención a eso que a la película.
Terminamos de ver la película y mi madre dijo:
-Bueno, vamos a acostarnos. ¿Tengo que cambiarte el pañal o estás seco?
-Si…osea no. Estoy seco -contesté yo, que la pregunta me había pillado por sorpresa.
-Pues venga, a la cama -dijo mientras me pegaba cachetes en el pañal-. ¡Hop! ¡Hop!
Yo me molesté por lo que había hecho pero estaba ya bastante preocupado por otras cosas.
Cuando entré en la habitación y fui a ponerme el pijama me di cuenta de que estaba hecho un lío de ropa y había muchos botones y no sabía cuál iba en cada agujero. Era muy ridículo, pero no sabía cómo ponerme el pijama.
Llamé a mi madre para que viniera.
-¿Te has hecho pipí? -me preguntó al entrar.
-No -contesté-. Es que no sé cómo se pone este pijama.
Mamá me dijo que me tumbara y empezó a ponérmelo.
-¿Ves? Este botón va aquí, este aquí y el otro en el del otro lado –dijo mientras lo hacía-. No es tan difícil, ¿verdad?
Cuando terminó yo la miraba desde abajo con mi pañal puesto y con una mirada de pena. Ella la entendió.
-No te preocupes, no pasa nada. Has tenido dos accidentes hoy pues tranquilo-me acarició la cabeza suavemente-. Venga, a dormir. Si te mojas por la noche me llamas y te cambio.
Me metí en la cama, y a pesar de la dichosa ansiedad que me había venido otra vez, aunque no tan fuerte, me dormí bastante rápido. supongo que se debía a que este día terminase de una vez.


ESCRITO POR


Vida de Chris - Capítulo 2: Noche en casa de los primos



Había pasado una semana desde que mi madre me puso un pañal para dormir. Yo seguía igual: mojándome por las noches y esperando a que mamá viniera por la mañana y me lo quitase. La verdad es que es un poco humillante para un niño de 13 años que su madre le revise el pañal todos los días, pero con él puesto yo dormía seco y seguro toda la noche y era algo entre ella y yo que no sabía nadie más, ya que mi madre ya le había dicho a la madre de Harry que yo no había vuelto a hacerme pipí en la cama.
Esa mañana, me levanté mojado como de costumbre. Poco a poco, me había ido acostumbrando a dormir con el pañal, aunque por supuesto no me gustaba llevarlo. Por otro lado, sabía que era lo mejor para mí, así que cuando me lo ponía mi madre no me mostraba tan receloso como al principio, aunque si bien es verdad que me sentía muy avergonzado de que ella tuviera que venir todas las noches y todas las mañanas a ponerme y quitarme el pañal.
Cuando la vi aparecer por mi habitación me puse muy contento, porque no me gustaba nada llevar un pañal mojado y quería que mi madre me lo quitase.
Ella empezó todo el proceso tumbándome en la cama y desabrochándome las cintas y sacando el pañal (‘vaya, estaría bien que un día no estuvieras mojadito’), después, me limpió como si de un bebé de verdad se tratase y me puso los calzoncillos.
Cuando terminó se puso a guardarme la ropa del día anterior y a sacarme la de éste y me dijo:
-Mañana por la noche iremos a dormir a casa de los primos Jim y Kevin.
Yo me horroricé porque eso significaba muchas cosas, ninguna buena.
-¿Cómo que a casa de los primos? -dije- ¿Por qué?
-Porque nos han invitado y hace mucho tiempo que no os veis, además yo quiero ver a mi hermana que llevo también mucho tiempo sin verla. Y como sabes que en un mismo día no da tiempo a ir y venir nos vamos a quedar allí una noche.
-¿Pero entonces que vamos a hacer con el tema del pañal? -le pregunté directamente lo que más me aterrorizaba.
Ella se lo pensó un momento antes de contestar.
-Le tendremos que explicar tu problema a la tía Marian y le pediremos que duermas en una habitación solo, así yo entraré, te pondré tu pañal y al día siguiente por la mañana te lo quitaré sin que nadie se entere.
El día pasó rápido, llegó la noche, y mamá, después de ponerme el pañal para ir a la cama empezó a prepararme la maleta para el pequeño viaje a casa de los primos. Yo, sentado en la cama con mi pañal puesto la miraba.
 -Te meteré estas camisetas, estos pantalones de aquí y…. ¿Cuántos pañales te harán falta? Yo creo que con 3 siendo 2 para emergencias, estaremos bien, aunque…pensándolo mejor te echare 2 más, no se sabe, a lo mejor un día quieres dormir la siesta, ¿te parece?
-Si…
Yo lo único que quería es que mis primos no me vieran con un pañal, el resto me daba igual, aunque la idea de llevar casi media mochila llena de pañales no me hacía especialmente gracia. Mis primos eran muy graciosos y siempre se estaban metiendo con alguien, cuando nos juntábamos los 3 éramos muy revoltosos, en parte porque yo me dejaba influir por ellos pero nos lo pasábamos muy bien. Aunque esta vez,  tenía la sensación de que no nos lo íbamos a pasar tan bien y del que se iban a reír sería de mí.
Cuando mamá terminó de prepararme la mochila me dijo que me fuera a dormir ya, que saldríamos por la mañana temprano. Yo me metí gateando entre las sábanas y ella me dio un cachete en el culito. Una vez tapado se acercó, me dio las buenas noches y me palpó en las sábanas por donde se encontraba mi pañal.
-¡Aaay! -suspiró-. Pero que bebé más bueno tengo.
-¡Yo no soy un bebé! -dije enfurecido, pues lo último que me faltaba en ese momento era eso.
-Ya lo sé. Era una broma -dijo ella.
Apagó la luz y cerró la puerta.
A la mañana siguiente, mientras mi madre me quitaba el pañal, empecé a pensar en lo que se me podía venir encima si mis primos descubrían que llevaba pañales para dormir. Sería tan vergonzoso que quizás no podría volver a mirarles a la cara. Cuando mamá terminó nos subimos al coche y empezamos el viaje. Duró unas 3 horas. Mi madre me preguntó si me quería echar un sueñecito, yo le dije que me hubiera gustado pero que no me fiaba al no llevar un pañal.
-Si quieres paramos en la estación de servicio que hay más adelante y te pongo uno
-No -contesté. Lo último que quería era ponerme un pañal en un sitio público.
Llegamos a casa de los primos a la hora de comer. Comenzaron los típicos saludos, que si cuanto has crecido, que si pareces un hombrecito…un hombrecito que lleva pañales, eso es para verlo.
Jim y Kevin vinieron corriendo a saludarme, nos chocamos la mano y enseguida nos fuimos a jugar al fútbol. Jim tenía mi edad y Kevin era 2 años menor que nosotros. En cualquier caso, ninguno de los 2 llevaba pañales para dormir.
Llegó la comida, y tan bien. Llegó la tarde, y pasó tan bien. Llegó la cena, y muy bien también. Y llego la hora de acostarse.
La tía Marian se acercó a mi madre.
 -Gwen, escucha. Al final ha habido un problema. La habitación donde se iba a quedar Chris tiene la cama rota, no me acordaba. Así que tendrá que compartir habitación con Jim y kevin.
-¡Bien! ¡El primo duerme con nosotros! –exclamaron.
 Yo me puse muy nervioso, pero intenté que no se me notara, pues en cualquier otro momento eso habría sido motivo de alegría.
-De acuerdo -dijo mi madre. Y después me echó una mirada que creo que era de compasión.
Esperé a que acabara la cena para poder hablar con mamá, sobre el tema de los pañales.
-¡Yo no quiero que me vean con un pañal! -le dije a cuando estuvimos en el cuarto en el que dormiría ella-. ¿Por qué no me puedo quedar aquí?
 -¿En serio te quieres quedar a dormir con tu madre? ¿Qué opinarían sobre eso Jim y Kevin? -me preguntó sarcásticamente-. Mira, vete a la habitación, que antes de que lleguen los primos te pongo el pañal y te metes en la cama.
Y eso hice. En la habitación de Jim y Kevin había 2 literas. Yo me puse en la parte de abajo de la de la derecha ya que las partes de arriba eran para ellos. Me puse el pijama y al poco entró mi madre con el pañal bajo el brazo.
-Túmbate en la cama, venga.
Ella empezó a ponerme el pañal. Me bajó los pantalones y los calzoncillos, me levantó las piernas con una mano e introdujo el pañal debajo, estaba a punto de pasármelo entre las piernas cuando se abrió la puerta de golpe y entraron Jim y Kevin acompañados de la tía Marian.
Se quedaron de piedra cuando vieron que me estaban poniendo un pañal. Yo no sabía dónde meterme. Me empecé a poner rojo de la vergüenza y estuve a punto de llorar. Esperaba a que alguien dijera algo, mi madre siguió poniéndome el pañal.  La primera en hablar fue la tía Marian.
-¿Y eso que todavía le pones pañales al chiquillo?
Mi madre le contestó mientras me seguía poniendo mi pañal. Nos habían pillado así que no merecía ya la pena negar nada.
-Pues que hace unos días empezó a hacerse pipí en la cama, entonces decidí volver a ponerle pañales para que no mojara las sábanas y durmiera cómodo toda la noche -continuó mientras me sujetaba el pañal con las cintas.
Yo estaba realmente mal. Avergonzado y humillado delante de mis primos. La situación no era para menos: yo estaba tumbado en la cama delante de ellos con un pañal recién puesto. Mis primos habían descubierto que llevaba pañales como si fuera un bebé de 2 añitos. Empecé a llorar como lo habría hecho ese bebé. Me incorporé un poquito librándome de las manos de mi madre, que iba a subirme el pantalón del pijama y fui gateando rápidamente al rincón de la cama y pegué la cabeza a la pared mientras intentaba taparme el pañal con las 2 manos, cosa muy difícil porque era bastante grande. No sabía que cara estarían poniendo mis primos, mi tía o incluso mi propia madre al ver mi comportamiento, pero no me importaba, solo quería que no me vieran llevando pañales y cualquier comportamiento por patético que fuera valdría. Mi mamá entonces, supongo que sorprendida por la reacción que estaba teniendo su hijo, me levantó en brazos y me sacó de la habitación. Me llevó a la suya y una vez dentro intentó calmarme. Le costó un rato ya que estaba muy alterado. Si yo hubiera sido un bebé de verdad seguro que me habría dado un chupete. Cuando ya me había tranquilizado y dejado de llorar me puse a mirarla con unos ojos que trasmitían mucha pena.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué te has puesto así?
-Porque…los…¡hic!...primos…¡hic!...se han enterado…¡hic!...que llevo pañales… - y me puse a llorar otra vez.
Me había dado mucha vergüenza que mis primos, uno de mi edad y otro 2 años menor que yo me vieran con pañales. No podía soportarlo y por eso lloraba. Me sentía como un bebé al lado suya cuando siempre habíamos estado de igual a igual. Ahora todo sería diferente ya que se habían enterado de lo último que quería que se enterasen, y que seguro que se iban a reír de mí.
Después de que mi madre consiguió tranquilizarme de nuevo; acariciándome el pelo, hablándome con calma, diciendo que no tenía de que avergonzarme y cosas por el estilo, pero lo cierto era que yo tenía 13 años, llevaba un pañal puesto y estaba en una casa ajena con ese pañal al descubierto. Una vez estuve más calmado, me acompañó de nuevo a mi habitación. Era muy extraño y vergonzoso verme andando con un pañal puesto, como si fuera un cowboy a punto de bajarse del caballo porque el pañal no me permitía cerrar las piernas y en una casa ajena. Cuando llegamos a la habitación, estaba ya la luz apagada y Jim y Kevin en sus literas. Nosotros no encendimos la luz, y con la poco que entraba del pasillo conseguí acostarme.
En cualquier otra ocasión, después de nos hubiéramos metido en la cama, Jim, Kevin y yo nos habríamos puesto a hablar, hacer tonterías o a jugar a encender y apagar la luz, pero en esta ocasión ellos estaban ya dormidos, aunque era imposible porque nadie es capaz de dormirse tan pronto, y menos Jim Y Kevin, que son 2 torbellinos en potencia. Tía Marian les había dicho que me dejaran tranquilo. Agradeciéndole el detalle a la tía, yo intenté ponerme cómodo en la oscuridad de la habitación, procurando no moverme mucho para que no se oyera el pañal. Aunque era una tontería porque ellos ya sabían que lo llevaba, yo me sentía mejor cuanto menos se oyera.
A la mañana siguiente me desperté después de haber dormido poco y mal, porque estuve en una posición incómoda hasta que me aseguré de que mis primos estaban dormidos para moverme, porque no quería que se oyera el pañal. Esperé bastante para asegurarme. Cuando abrí los ojos, Jim y Kevin ya estaban despiertos y hablando el uno con el otro sobre cierta serie de televisión que les gustaba a los 2. Enseguida se escucharon las voces de tía Marian y mi madre diciendo que ya era hora de ‘’despertar a estos dormilones’’. Entraron en la habitación las 2 juntas y mientras la primera nos decía que ya era hora de levantarse, mi madre subía la persiana.
-¡Venga hurones, ya es hora de empezar el día! -decía mi tía. A continuación empezó a sacarles la ropa del armario mientras ellos saltaban de las literas de arriba. En ese momento, mi madre se acercó a mí, que había hecho caso omiso de las palabras de mi tía y seguía tapado hasta el cuello.
-¿Cómo tenemos el pañal hoy?- me preguntó. Yo había supuesto que me quitaría el pañal en otra habitación e intenté decírselo con la mirada, ya que yo seguía mudo desde anoche, pero ella habría supuesto que ya que sabían que llevaba pañal quitármelo delante de ellos.
A mí no me gustaba nada la idea de ser ‘’tratado como un bebé’’ delante de mis primos y mi tía pero se ve que mi madre pensaba que no pasaba nada.
Me destapó y me dijo que me tumbara en la cama. Como dormía sin el pantalón del pijama desde que llevaba pañales porque no me cogía no me lo tuvo que bajar. El pañal estaba al aire libre. Yo estaba lo siguiente a avergonzado, ¿es humillado, puede ser? No me gustaba nada la idea de que mi madre me quitase el pañal ahí en medio, pero ella pensó que no pasaba nada, seguramente porque cuando yo era pequeño también me cambiaba delante de la gente. Aunque lo cierto era que yo ahora tenía 13 años, aunque todavía llevase pañales. Mamá entonces, comenzó a quitarme el pañal. Me desabrochó las cintas y vio que estaba mojado, pero no dijo nada. Me sacó el pañal y me limpió. Todo esto delante de ellos. Jim y Kevin procuraban no mirar mientras mi madre me quitaba el pañal, aunque de vez en cuando se les escapaba una fugaz mirada hacía mí o hacia mi grueso pañal o sus dibujitos en la cintura. Supongo que ver a un niño de 13 años todavía con pañales les resultaba curioso y extraño, y seguro que también gracioso. Yo estaba rojo como un tomate al ser tratado como un bebé delante de mis primos, pero por lo menos ya no llevaba puesto un pañal.
Desayuné con mis primos, ellos hablando y yo en un silencio que se mantenía desde que me vieron en pañales. Después, fuimos arriba a recoger las maletas y tras despedirnos de mi tía y mis primos (yo no dije nada, solo di un beso y 2 apretones de manos) nos montamos en el coche.
Cuando ya llevábamos unos 15 minutos de trayecto mi madre notó que yo daba cabezadas en el asiento.
-¿Tienes sueño? -me preguntó.
Le respondí que sí, que había dormido mal esa noche.
-¿Quieres te ponga un pañal y te echas hasta que lleguemos?
Le dije que sí, que tenía mucho sueño.
Paramos en un hueco que había en el camino antes de salir a la autopista y se bajó del coche. Abrió el maletero y buscó en mi mochila un pañal. Yo me tumbé en la parte de atrás y ella me lo puso lo más rápido posible. Se volvió a subir al coche, yo eché mi asiento para atrás y pusimos rumbo a casa.


ESCRITO POR


Vida de Chris - Capítulo 1: Un pañal para dormir

Extraído de 
 ¡Hola!
 Me llamo Chris y tengo 13 años. Estoy en la oscuridad de la noche abrazado a mi peluche, a punto de dormirme. Voy a contaros la historia de cómo acabé en esta situación y volviendo a llevar pañales.
Yo dejé de llevar pañales cuando tenía 2 o 3 años pero hace ya algún tiempo me pasó esto:
Una mañana me desperté y vi  que había mojado la cama. Cuando mi madre vino a llamarme para ir al instituto y lo vio, me puse muy nervioso por lo que había pasado pero ella me tranquilizó y me dijo que no importaba, que de vez en cuando a los niños se les escapaba el pipí por la noche.
 A la mañana siguiente me desperté seco y ya me puse más contento. Durante esa semana no volví a mojar la cama pero el martes de semana siguiente me lo volví a hacer. Cuando llegó mi madre me puse a llorar.
 -¡Me he hecho pipí otra vez!
 -Tranquilo –me dijo ella-. Ya verás como no vuelve a pasar. Te habrá entrado frío. Esta noche te pondré una sábana más y listo.
Esa noche dormí más tapado y no mojé la cama pero a la siguiente, cuando me estaba despertando, noté las sábanas húmedas y se lo achaqué al sudor, pero al levantarme, me di cuenta de que me había hecho pipí otra vez.
Esta vez si que me puse a llorar con más ganas, y cuando llegó mi madre me dijo que me calmara, que me tranquilizase.
Estuve mojando la cama varios días durante las siguientes semanas. A lo mejor me hacía pipí 2 días seguidos, luego estaba tres o cuatro sin hacérmelo, luego me hacía algún día suelto. Yo me avergonzaba mucho cada vez que mojaba la cama, pues no era nada normal que un niño de mi edad lo hiciera. Mis amigos se reirían de mí si lo supieran. Una semana mojé la cama todos los días. Mamá, ya un poco preocupada, me dijo que seguro que ya no volvería a pasar más.
Pero es que a la noche siguiente volvió a suceder.
-Bueno, no pasa nada -dijo ella cuando me despertó y me preguntó si me había hecho pipí otra vez-. Encontraremos una solución.
A la noche siguiente, antes de que yo fuera a acostarme, mi madre entró en la habitación.
 -Mira -dijo mostrándome lo que sin lugar a dudas eran unos pañales-, le he pedido a nuestra vecina Gerty dos pañales de su hijo Harry, él tiene 8 años pero su madre dice que estos te pueden valer a ti.
No me podía creer que mi madre le hubiera contado a la vecina que yo estaba mojando la cama, pero tampoco me podía creer que quisiera ponerme pañales de nuevo como si fuera un bebé.
-¡¿Le has contado a la vecina que mojo la cama?! -pregunté horrorizado.
-Sí, pero no pasa nada -contestó ella-. No se lo va a decir ni a Harry. Ahora túmbate en la cama y quítate los pantalones que te ponga el pañal.
-¡Pero yo no quiero ponerme un pañal! -protesté- ¡No soy un bebé!
-Ya lo sé, pero te haces pipí en la cama y un pañal evitará que mojes las sábanas y que yo tenga que lavarlas todos los días.
-Pero, mamá. No puedes estar hablando en serio. ¿Cómo vas a ponerme un pañal? Eso es para bebés y yo tengo 13 años.
-Chris, ya sé que tienes 13 años, ya sé que no quieres que te ponga pañales, ya sé que son para bebés, créeme, lo sé. Pero si te haces pipí encima yo te tengo que poner pañales. Te guste o no te guste.
 -¡Pero yo no quiero llevar pañales! -dije ya llorando- ¡No quiero! ¡No quiero! -me agarraba mi entrepierna, como si el pañal viniera hacia mí y con ese escudo hecho por mis manos lo repeliera.
-Chris -dijo mi madre ya muy seria-, ven aquí que te ponga el pañal de una vez.
Obedecí.
Me tumbé en la cama boca arriba y mi madre me quitó los pantalones, ella entonces pasó el pañal por detrás de mí y luego por delante entre la entrepierna hasta que se me quedó por debajo del ombligo y luego me lo sujetó con las dos cintas.
Me puse de pie y noté como me apretaba el pañal y como hacía ruido con cada movimiento mío. Me lo palpé con las manos y me di cuenta de que no era muy abultado; lógico, ya que estaba hecho para alguien más pequeño que yo. Me sentía súper raro con el pañal puesto.
Mi madre salió de la habitación y yo me metí en la cama. Me tapé con las sábanas y pude notar el pañal debajo de mi pantalón del pijama. Tardé mucho en dormirme, porque el pañal hacía ruido con cada movimiento mío. Lo notaba apretado a mi cintura. Encogí las piernas, que es como me gusta dormir, y cerré los ojos hasta el día siguiente.
Al despertarme, noté que el pañal pesaba más que por la noche. Cuando entró mi madre me preguntó como me había levantado.
-Me parece que me he hecho pipí –contesté.
-A ver, veamos -dijo ella mientras me tumbaba y me desabrochaba las cintas del pañal.
 Yo me sentía muy mal. Tenía 13 años y mi madre estaba comprobando que no hubiera mojado un pañal por la noche como si tuviera 2. Yo intentaba mirar hacia otro lado mientras ella seguía con el proceso.
-Vaya -continuó-. Sí, parece que nos hemos hecho pipí. ¿Pero has visto que con el pañal has estado seco y has dormido mejor? Aunque eso sí, al estar hecho para alguien más pequeño que tú, se te ha salido un poco de pipí. Esta noche te pondré el otro pañal de Harry y si vuelves a mojarte, te compro unos más grandes para ti.
A la noche siguiente, repitió la misma operación a la hora de ponerme el pañal. Cuando me abrochó las cintas se dio cuenta de que yo estaba llorando un poco y me tomó en brazos.
-Tranquilo, no llores. ¿Ves? –y me dio unos golpecitos en la parte de atrás del pañal-. Con este pañal vas a pasar la noche seco y cómodo.
-¡¡¡Pero yo no quiero llevar pañal!!! -lloré- ¡¡No soy un bebé!!
-Ale, ale, a la cama -dijo. Me dejó en la cama y me tapó con las sábanas-. Ahora a dormir que si te haces pipí otra vez mañana te compraré pañales que te estarán bien.
Yo me empecé a sentir mal, porque si me volvía a mojar por la noche me comprarían pañales y a saber hasta cuando tendría que llevarlos. Pero por otro lado, era verdad que el pañal me había mantenido seco y, aunque se me hubiera salido un poco de pipí, había podido dormir a gusto toda la noche, como hacía tiempo que no pasaba. Pero un niño de 13 años no puede llevar pañales todavía, no es normal, ¿qué diría la gente si me viera?  En realidad, no quería llevar pañales, pero sabía que eran la mejor solución para mi problemilla nocturno.
Al día siguiente, el último día antes de las vacaciones, amanecí mojado. Mi madre, mientras me quitaba el pañal me dijo que esa tarde iría a comprarme unos más grandes para mí, que se me había vuelto a salir un poco de pipí.
Esa noche me senté en la cama a esperar a que mi madre viniera y me pusiera el pañal. Cuando entró en la habitación abrió la bolsa y sacó un pañal.
A simple vista ya parecía más grande y más abultado que los de Harry y tenía dibujitos en la cintura de osos y globitos. Mi madre me dijo que me tumbara y me bajara el pantalón. Ella, a continuación, me levantó las piernas con una mano y me pasó el pañal por debajo, luego me lo pasó tapándome la entrepierna hasta que también me hubo cubierto el ombligo y me lo agarró con las dos cintas.
Al levantarme de la cama me di cuenta de que el pañal me abultaba mucho, era enorme, tanto que no podía ni cerrar las piernas, lo que me daba unos aires muy patosos al andar. Me miré el pañal por delante y por detrás en el espejo y me lo palpé con las 2 manos.
Mi madre, que había estado mirándome todo el rato, me dio el pijama para que me lo pusiera.
Yo volví andando vestido solo con el abultado pañal a donde estaba ella y me puse la parte de arriba del pijama. Al ir a ponerme el pantalón me di cuenta que de lo que abultaba el pañal, el pantalón me apretaba bastante y tiraba hacía arriba. Mi madre se percató y dijo tirándome un poco del pantalón:
-Vamos a tener que comprarte otro tipo de pijamas porque con éstos que llevas vas a estar muy incómodo para dormir.
Al final, me tuve que quitar la parte de abajo del pijama y dormir sólo con la camiseta con lo que el pañal se quedó al aire.

Ya dentro de la cama, solo y a oscuras en la habitación, me di cuenta de que mi vida en los últimos 2 días había tomado un camino diferente, me daba a mí que a partir de ahora dormiría con pañales durante mucho tiempo, pues no parecía que fuera a dejar de mojar la cama. Era humillante para mí verme en esa situación. Me imaginaba a alguno de mis amigos llevando pañales para dormir y la idea se me antojaba rocambolesca, igual que se les antojaría a ellos si me imaginaran a mí con pañales, Sin embargo, aquí estaba yo, durmiendo con un pañal seguramente durante mucho tiempo. Con el pensamiento y la aceptación de esta nueva etapa de mi vida, encogí lo poco que pude las piernas, me abracé a la almohada y me dormí.


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